IV


UN MUNDO GLOBAL

ESPAÑA / Enero de 2009

Veinte años frente a una cadena de control y almacenamiento son muchos años: años para trabajar con detenimiento y detalle; años para algún despiste sonado; años para el aburrimiento e incluso años para soñar, pero con lo que no contaba J.F.G., después de tanto tiempo trabajando en Santa Bárbara S. A. L. -empresa dedicada a la fabricación de armamento y munición- es que un día, a través de la cinta transportadora, le llegara un pensamiento aparentemente inocuo que ligara actividad laboral y experiencia vital con finalidad existencial, aunque cabe suponer que en el caso de J.F.G. todo lo anterior careciera de significado y más que nada lo que le ocurrió es que, en un momento dado, y llevado de una cierta curiosidad que hasta la fecha no había tenido, ese día se hizo una pregunta cuya trascendencia, en un primer momento, no apreció:

“¿Para qué sirve mi trabajo?”

Detenido en una suerte de ensimismamiento autista y al igual que si se tratara de un autómata adelantó su mano hasta la cinta transportadora y de entre las miles y miles de balas 8 mm Parabellum, con las que todos los días tenía que bregar, escogió una al azar, la separó del resto y mirándola en forma fija se dedicó a intentar resolver el enigma que en forma de pensamiento no deseado se había atrevido a llegar hasta su cabeza.

BERLÍN – TEL AVIV / Enero-Febrero de 2009

Los contratos entre traficantes de armas son contratos ramificados, parten de un contrato legal firmado con una empresa legal de armamento legal que suministra a países legales con ejércitos legales y con legislaciones legales que sin saber cómo ni cuándo se encuentran desviando mercancía legal hacia los mercados ilegales de precios ilegales, con compradores ilegales que realizan operaciones ilegales, criminales y fuera de la ley.

Estoy viajando, salgo del aburrimiento de un tibio almacén, me desplazo con la parsimonia de un probo empleado que certifica que toda yo puedo ejercitar mi derecho a ser aquello para lo que he sido creada, ojalá que mi viaje no se dilate en el tiempo; noto los sellos oficiales, siento el crujir de albaranes correctos, la contundencia de unas etiquetas que hablan de unos destinos ficticios que encubren mi verdadero destino…

Mientras, las ganancias de todos ellos van aumentando de forma ilegal y criminal.

ALREDEDOR DEL MUNDO / Febrero-Marzo de 2009

…Tanta quietud me molesta, he nacido para el movimiento, pero para el mío, no para éste al que estoy sometida, que es diferente y pasivo, que me lleva de un lado para otro, que me ofrece a la vista de los demás y que me deja a expensas de ser elegida de forma un tanto caprichosa y arbitraria sin que yo pueda hacer algo al respecto y lo peor es que si no es así, ¡otra vez de viaje!,  viajes negros en las bodegas de algún barco de múltiples banderas o danzando a lomos de caballos, camellos y/o viejos camiones transeúntes de carreteras inexistentes que esperan noches que enmascaren y oculten mi presencia, como decía el poeta “del uno al otro confín”, ¿les extrañan mis conocimientos?, no sé por qué, son muchos los años, siglos ya, que nosotras llevamos presentes sobre la faz de esto que entre todos llamamos Tierra. ¡Qué cansancio! Si pudiera hablar con alguien, pero es imposible, los compartimentos están construidos de forma precisa y milimétrica, ni veo, ni me ven, y sé que otras como yo están ahí, igual de quietas e igual de calladas, pero no puedo hacer nada y, además, este estar todo el tiempo sin luz resulta tan depresivo y tan frustrante que siento que nunca alcanzaré aquello para lo que he nacido, que nunca llegaré a ser, que destino y azar no se encontrarán jamás y que yo, al final, me veré relegada a una especie de disolución en el anonimato que me aterra…

 

 

KIFFA (MAURITANIA) / Abril de 2009

El desierto profundiza en los secretos de lo que allí acontece, no puede hacer nada: asiste callado, vestido de arena, y traspasado por los vientos.

…Hemos parado, el convoy se ha detenido, caemos como fardos al suelo, golpeadas, maltratadas, no me importa si supiera que esta vez es la definitiva, que por fin… Cuánta luz, de repente, ¡cuánta luz!; arena por todas partes, sequedad, no hay problema me han diseñado para funcionar bajo cualquier condición meteorológica y en cualquier situación; soy resistente y fiable, mis medidas, mis proporciones no son un capricho, todo en mí obedece a un fin y lo único que necesito es un propulsor, un pequeño golpe sobre mi parte más detonante que permita que me impulse, el resto es aceleración; pero, ¡quieta!, siento cómo una mirada de negociante hábil se posa sobre mí y sobre todas nosotras, siento cómo sus ojos empiezan a hacer cálculos y determinan cuánto puede obtener de nuestra venta, parece interesado, sin embargo cuando vuelva a mirar al transportista pondrá ojos de indiferencia y mostrará su lado más frío, pero yo sé que éste sí que me quiere, que éste me sacará de mi especial y asqueroso anonimato. Bien por él, sé hábil, ¡cierra el negocio!

–¿Cuánto pides por este lote?

–¿Con qué vas a pagar?

–Con parte del material en mal estado que me vendiste la última vez

–Se deterioraría en tu viaje, no lo cuidáis como se merece.

–Puedo comprar en otro lugar.

–Hazlo.

Se ha roto el trato. El desierto sabe que no, la conversación es parte de un ritual antiguo repleto de códigos rigurosamente estipulados a través del tiempo: tiempo de sal, tiempo de esclavos, tiempo de tráficos prohibidos y tiempo de caravanas malditas; una negociación de siglos que se repite de nuevo, pero el desierto sigue sin poder hablar.

–En Dólares.

–¿Cuántos?

–No te importa, quiero este lote al completo.

–Este lote es el mejor.

–Si te hubiera pedido otro cualquiera hubieras dicho lo mismo, ¿cuánto?

–Una cantidad grande para ti y pequeña para mí.

–Negociaremos cuanto quieras.

–Si hay dinero, hay tiempo para negociar.

El desierto no duerme nunca, está condenado a la vigilia del que carece de árboles que le susurren hojas al oído y en ése su no dormir se obsesiona por identificar todas las voces que le recorren, conocerlas y saber de sus últimas intenciones, si pudiera contar.

–De acuerdo, entonces.

–De acuerdo, me llevo el lote completo: 200 fusiles de asalto, 60 pistolas, 2 lanzagranadas, 10 ametralladoras automáticas y 5 minas anticarro, ah, y las 25 cajas de munición para fusil y las dos cajas de munición para ametralladora.

–Hermano, siempre es un placer cerrar negocios contigo.

–Tráeme más y mejores armas la próxima vez y seguiremos siendo hermanos cuanto quieras.

–Los dólares, no olvides los dólares, ellos son los que crean la fraternidad.

Desde el interior de una de las cajas se oye un imperceptible suspiro de alivio, el desierto lo identifica al instante y quisiera avisar a posibles destinatarios acerca de peligros ciertos, pero el desierto no puede hablar.

BELLE YELLA (LIBERIA) / Abril de 2009

En la profundidad de una selva que un día habitó vida y ahora escupe escuadrones caquis de muerte, una sombra se mueve con sigilo, está al acecho, ha recibido órdenes de no sabe muy bien quién ni por qué, no le importa:

Yo soy lo que mi fusil de asalto limpio, engrasado y repleto de munición quiere que sea: si él habla, yo callo; si él descansa, yo no sé qué hacer; si él tiene sed, yo tomo generosamente y en abundancia el alcohol que más tarde me pedirá; si él desfallece en el hambre, yo asalto tiendas, depósitos, poblados y lo que haga falta para saciar su necesidad; si él se calienta de deseo, yo me aplico a enfriar su temperatura con las mujeres de todos los poblados que no reconozcan a mi fusil como único y verdadero fusil y si algunos de los hombres que se creen hombres distintos, diferentes y enemigos de mi fusil pretenden hacerle callar, entonces él y yo, yo y él, hablaremos un mismo lenguaje porque sólo son amigos míos los que son amigos de mi fusil y porque yo soy lo que mi fusil de asalto limpio, engrasado y repleto de munición quiere que sea, nada más que eso.

MONROVIA (LIBERIA) / Mayo de 2009

Amadou lleva abrazado a su espalda un gran bidón de zinc que sobrepasa con mucho su dimensión de cuerpo infantil; nunca sale de casa sin su presencia adosada; se ha acostumbrado como el que se acostumbra desde muy niño a llevar una cartera de cuadernos y de libros, se han hecho compañeros de caminos y de búsquedas callejeras, se necesitan, se llevan el uno al otro y hasta se llegan a hablar. Monrovia se despierta ante los ojos de zinc de Amadou que ha dormido poco y mal porque ayer y antier su bidón y él no llegaron a entenderse y ambos volvieron vacíos de la búsqueda: nada, absolutamente nada, demasiados amadous con bidones para tan pocos restos que encontrar. Monrovia es un amasijo de mercancías deterioradas y materiales varios que conforman construcciones complejas que son resto de muchas guerras habidas en poco tiempo y que colocados tal cual han llegado a configurar el paisaje de una ciudad que encierra peligros por todas partes; ellos, los peligros, han aparecido todos al mismo tiempo y obedeciendo al mismo desorden intencionado que naciera según se fueron descubriendo yacimientos mineros en las entrañas de la tierra liberiana, aunque de todo eso Amadou lo único que conoce es lo relativo al peligro, porque del resto todo lo ignora y porque a él y a su bidón lo que le gusta encontrar son los desperdicios que va dejando el caos en el que África se desangra: hierro de metralla al peso, cartones de marrón rojizo, fruta descompuesta al sol del hambre, ropa burda imitación de los deseos de imitación de los paraísos inexistentes de un burdo primer mundo, usada y vuelta a usar, lo que sea.

Ya estoy preparada, acomodada ante el ánima, instalada en el frío metálico de la recámara de un rifle, he tenido suerte, he sido la primera del cargador, acaba de quitar el seguro, su paso se ha hecho más cuidadoso, con toda seguridad que, por fin, voy a encontrarme con mi destino, podré ser, volaré a través del aire hasta tropezar con un objetivo, ojalá más blando que yo, ojalá que pueda penetrar en él, llegar al fondo y qué decir si además de penetrar en él pudiera traspasarlo e ir al encuentro de uno más, y luego de otro y otro y otro más

Hace algún tiempo que las calles de Monrovia decidieron un poco por su cuenta pasar de ser tránsito inocente a convertirse en trampas sutiles para caminantes despistados, las aceras mudaron espacios tranquilos por vigilancias de miras telescópicas traicioneras, las esquinas ya no doblan aire ni miradas sino que esconden ojos emboscados tras intenciones aviesas y la calzada cambia, poco a poco, asfalto por huecos dónde quedar tendido por el trastabillar de un impacto anónimo; pero no fueron las calles por sí solas quiénes esto decidieron. Amadou vuela de una a otra, hoy no le queda más remedio que llegar hasta esos sitios de la ciudad que no le gusta visitar, merodean las nuevas especies de animales que ahora pueblan la selva y que han venido a sustituir en ferocidad a leones, tigres y demás cazadores naturales, cree Amadou que son parientes directos de la hiena porque se suelen reír antes de matar, es más siempre se están riendo y él ni sabe ni entiende el porqué.

… Algo ha localizado, se ha detenido, se ha arrodillado y coloca el fusil en horizontal; uno de sus ojos se guiña inequívoco, el otro intenta acoplar mirilla con objetivo, estoy dispuesta, estoy lista…

Amadou ve algo brillante a mitad de la calle, puede ser un trozo de metal, pero él piensa que son algo así como unas gafas de sol, no quiere creérselo, sería demasiada suerte, no quiere pensar en cuánto conseguiría en el mercado negro, habla con su amigo el bidón, él no muestra preocupación alguna, lleva varios días sin llevar nada a su interior, desearía que fuera un ardiente pedazo de metal; acercarse es peligroso, hace rato que traspasó el límite garantizado, por aquí puede encontrarse con las hienas que venden sus armas a quien les proporcione mejor carroña, pero las fronteras del peligro cambian con tanta facilidad.

Se han visto los dos a la vez, mejor dicho El-hombre-que-es-lo-que-quiere-que-sea-su-fusil ya le había visto antes, su fusil quiere devorar, hoy todavía no ha tenido acceso a su dieta diaria y Amadou que, simplemente, tiene hambre, puede convertirse en el festín deseado, se prepara para ello.

… él lleva el dedo hasta el gatillo, acomoda la barbilla sobre la empuñadura, está tenso, traga saliva cada poco…

Su fijación por el brillo del objeto le ha perdido, no se ha dado cuenta de su presencia, no, y cuando lo ha hecho ya se ha sentido perdido del todo; Amadou, presiente que no hay vuelta atrás, qué pensará su bidón, pero éste que no quiere hacerse notar se ha quedado completamente callado. Se miran ambos, El-hombre-que-… y Amadou, uno suda, el niño, el otro, ríe, El-hombre-que-…; los dos están seguros de lo que va a pasar.

… aprieta el gatillo, ¡apriétalo, ya!, estoy viendo el objetivo, lo tengo delante de mí, a ver si vas a ser de ésos que en el momento justo de rematar la faena te pones nervioso y disparas sin apuntar, no, por favor, no puedo acabar perdida, tirada en cualquier lugar, me da verdadero pánico un final así, tranquilo, ahí le tienes, deja que termine yo…

 

Amadou ya no ve nada: no ve al Hombre que se está riendo, ni siquiera ve la calle, las casas o los detalles de las aceras y del poco asfalto que queda, no, su mirada se ha quedado fija en el agujero negro que es la boca del fusil, sabe que desde su negro interior vendrá el proyectil que busque su cuerpo de forma ansiosa, lo sabe porque ha visto a casi todos los habitantes de su tribu dialogar así con los fusiles y con los Hombres que ríen y también sabe que ese diálogo acaba en pocos o en muchos segundos según donde sea el encuentro con la bala, si en la cabeza, el corazón, el estómago o cualquier otra parte siempre vital, siempre necesariamente fatal de muerte…

… ¡por fin!, todo correcto, feliz, satisfecha, pocas décimas de segundo y al encuentro de la vida…

… Aunque parezca mentira ve perfectamente cómo la bala ha salido y cómo se dirige directamente a su cabeza, lo ve con la claridad que otorga la lucidez de una próxima muerte:

“Ojalá no dañe mi bidón”.

6 Respuestas a “IV

  1. Es un relato magistral en cuanto a su narración a su leguaje al tema que trata, al protagonista a todo, que te sales… Pero que pena que este sea el último…necesito más…todavía no estoy saciada de leer tus relatos…Quiero aprovechar para darte las gracias por aclararme aquella frase que no entendía…en uno de tus relatos, ya no me queda ni una mota de duda y también quiero pedirte disculpas porque estas últimas opiniones que he manifestado, por mi culpa y no expresarme bien te han llegado como una crítica negativa hacía ti nada más lejos de la verdad no era mi intención, es que el ordenador es tan frío a veces…cuando te decía que no tienes final me refería cómo escritor, no que te pillase que en ese relato concretamente que no lo tuvieras…Yo no soy nadie para echar por tierra todo lo que tú eres capaz de crear…me siento muy pequeñita a tu lado y soy un moco opinando de todo lo que escribes.Gracias por compartirlos con tus lectores (en los cuales me incluyo). Tienes una forma de escribir única e incomparable. Estoy deseando que llegue el 15 de enero para estar con todos vosotros y comentar el próximo libro. Feliz 2004, Felices Reyes Y ¡ Hasta Pronto! Un Abrazo, Naty.

    • Hola, Naty, cómo te va este año.
      En ninguno de los buenos comentarios que has hecho he tenido nunca la sensación de molestia, al revés, siempre los he leído como positivos y de forma halagüeña, y si has discrepado en alguno -que ni siquiera lo recuerdo-, me parece genial, para eso está el lector para ser crítico y exigir al escritor el máximo y, también, para evitar que caiga en la autocomplacencia. Así que no tienes por qué disculparte.
      Ha sido y es un placer que hayas compartido tu tiempo con mis relatos, gracias, de nuevo.
      Nos vemos dentro de poco.
      Un abrazo

  2. Un relato profundamente humano, con muchos elementos poéticos a pesar de su dureza. Muy bien construido, dando a cada párrafo lo que hay que darle. El periodo largo te enreda y no te deja escapar a la profundidad del mensaje. Las repeticiones intensifican el pensamiento y cierran el círculo de la idea. Magnífica la personalización de la bala. Es tan humana que no he conseguido odiarla aunque debería. Ella hace lo que tiene que hacer, para lo que ha nacido. Todo el relato rezuma ternura.

    Al releer el párrafo que he escrito, me doy cuenta de lo redicha y pedante que puedo ser, pero estoy impresionada y es mi forma de expresarme.

    De nuevo, enhorabuena.

  3. Estremecedor. El tráfico de armas. Las hienas humanas. El perverso placer de matar…

  4. Narración que, a medida que avanza, va ganando en intensidad. por lo tanto, requiere un buen final, que en este caso se cumple admirablemente.

  5. Esta mañana, con la escaramuza de las dos Coreas, pensé que alguna vez habria que dar salida a tanto armamento como se fabrica. A quien benefician las guerras? A las mafias y los fabricantes, a costa de pobres “Amadous” .Aunque creo que todos somos Amadou. Y qué fué primero, las armas para la guerra ó la guerra para las armas. La bala es responsable de su misión y la quiere ver cumplida, pero de qué se rien esos… Es que de verdad no podemos hacer nada contra esas miserias?.Tu relato me ha removido.

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