CANSANCIO


¿Quién eres?, ¿a quién escribo?

Llevo miles de años tras una ilusión que me hace creer que apreso la realidad, la introduzco en mi interior y te la devuelvo transformada en unos espacios inexistentes salvo en mi imaginación: “la mancha”, “macondo”, “comala”, …, donde yo termino por desaparecer, donde acaso me diluyo y me diluyo sin saber nunca si algo de ellos te terminó por llegar; llevo miles de años inventando “alonsos quijanos”, “fortunatas” y “aurelianos buendía” que sean capaces de hacer más llevadero y comprensible el hecho de existir y que correspondan a lo que tú quieres ser o a lo que detestas; llevo tanto y tanto tiempo ejercitándome en la creación que me siento instalado en el delirio porque éste es el momento en el que pienso en ti como en alguien inexistente, producto de la ficción, mientras que yo obedezco a la pura realidad.

Pero es esa seguridad en tu indiferencia la que más daño me genera, porque me hace considerar esa cruel y horrible posibilidad, la de tu negación, la negación de mi existencia: el anonimato.

 

 

 

4 Respuestas a “CANSANCIO

  1. Me uno a las opiniones de mis compañeros. Me atrevo a decir que lo único que no nos produce tus relatos es indiferencia todo lo contrario nos engrandece cómo lectores y cómo bien dices nos hace más llevadero y comprensible el hecho de existir y que nos corresponde a lo que queremos o detestamos. ¡ Ah, por cierto, no me gusta absolutamente nada el título de este relato y más viniendo de ti !

  2. Manuel, a tí te leemos, te difrutamos. Tu escritura fructifica, no acaba en sí misma. A mí me ha sorprendido mucha veces, la he paladeado intentando sacar todos los sabores, aunque se me escaparán muchos de ellos. Gracias por escribir.

  3. Siempre he pensado que la necesidad de escribir, o de relatar existe a pesar del lector y a pesar del que escucha. Es una necesidad del individuo, ¿de todos? Después, los más afortunados, aprendimos a escribir y a leer. Algunos nos decantamos más por el placer de la lectura y por aquí andamos. Gracias por las letras…

  4. Con un solo individuo que se haya conmovido o, siquiera interesado, al leer una historia, vale la pena conservar la ilusión.
    No hay lugar para el cansancio, señor escritor. Te leen muchas personas

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