DESPUÉS DE TI


Había llegado a un pacto con sus pensamientos: Él, no haría un uso gratuito del espacio debido a ellos y Ellos se mantendrían quietos y tranquilos en el interior de su cabeza; esos, y no otros, eran los términos del acuerdo.

Parecía justo, Él, se aplicaría en la prudencia y Ellos, los pensamientos, se dedicarían al descanso complacido y mantenido como el de aquél que ya lo tiene todo resuelto en la vida y sólo espera darse una vuelta, la última vuelta, antes de entrar en otros barrios distintos; en el fondo se trataba de preservar la soledad, la que precede a la locura.

Hasta aquí, todo bien; ahora, la historia:

Él llevaba un silencio prendido en su mente al que recurría de forma frecuente, cada vez más frecuente, bastaba una frase de intención dudosa, una mirada supuestamente aviesa o una negativa a reconocerle como miembro integrante e integrado en la sociedad para que toda su estructura mental sufriera de unos extraños y raros picores que le llevaban hasta la desazón más patética que se pudiera ver o percibir. Siempre eran suposiciones, nunca certezas; siempre suspicacias mudas que nunca se resolvían en la pregunta directa, así y de este modo se iniciaba el mecanismo de distorsión que le llevaba a iniciar procesos ilógicos de razonamiento que naciendo desde una duda e incluso desde el mismo error le llevaban directamente a la pérdida más absoluta: el desajuste entre percepción de la realidad y reflejo sentimental.

Pero quién es capaz de garantizar que lo ajeno, lo que nos rodea y nos envuelve, no se nos aparezca de forma súbita e indeseada causando lo que no está escrito en ningún lado: ¿quién?

Ella avanzaba pasos graciosos descontando distancias lejanas que se acortaban en la misma medida que su figura se iba concretando más y más en los ojos de Él. La gracia, que es cualidad innata e imposible de adquirir tanto al por mayor como al detall, explicaba sin explicar sus movimientos, esas menudas pinceladas que sobre el suelo se iban dibujando, e incluso hasta el menor de sus gestos que en el aire quedaban como suspendidos; Él lo sentía así; Él que permanentemente marchaba con su mirada fija en un punto indefinido que tenía que ver más con el interior de su propio yo que con todo lo que le rodeaba y que, en un momento dado, reparó en cómo la presencia de Ella dibujaba una sonrisa esperando que Él pasara: “Después de ti”, vino a decir y a Él esto le pareció del todo significativo porque para Él los detalles eran todo: el lugar donde se encontraba la respuesta adecuada para la pregunta inquietante; Ella pasó a ser el aire fresco que renovaba sus habitaciones interiores alejando esos rancios pensamientos que indefectiblemente siempre le conducían hacia el yo menos deseado, ése que siempre aportaba razones para aislarle aún a costa de perturbar su mente y su ánimo.

Como era de esperar los pensamientos se sintieron traicionados en esa exclusividad que suponía poblar la cabeza de Él con otra cosa que no fueran Ellos, porque Ellos y sólo Ellos podían habitar ese espacio, y se revolvieron y se rebelaron y se tornaron agresivos en su búsqueda de dudas y desconfianzas, en su capacidad para la suspicacia y la susceptibilidad.

Lamentablemente Él no podía evitar que este proceso tan dañino para su propia integridad se produjera una vez sí y otra también, estaba perfectamente interiorizado en su ser y aunque intentara pactos puntuales con su otro yo, el que le hacía ver lo que no se ve, rara vez terminaban cuajando, siempre ocurría algo que por nimio que fuera le devolvía a su estado natural de distorsión y ruptura con la realidad, y todo, claro está, en la misma medida en la que Ella se alejaba sin remisión; por eso Él recurrió a la densidad del silencio, se apoyó en mutismos desafiantes y se escondió detrás de una impenetrable ausencia y ni siquiera la posibilidad de un nuevo pacto pudo traerle de nuevo porque había encontrado un lugar para hablar consigo mismo sin que ningún pensamiento viniera a interrumpir la visión hipnótica de Ella dirigiéndose a Él: “Después de ti”.

 

Invitación a la locura, Cap. V; Artemidoro de Susa (56 a.c.-11 d.c.)

 

3 Respuestas a “DESPUÉS DE TI

  1. No me gusta esta frase me angustia me produce rechazo: La soledad, la que precede a la locura…En cambio ésta: El desajuste entre percepción de la realidad y reflejo sentimental. ¿Nos nos ocurre un poco esto cuando nos enamoramos…?. Me acabo de enamorar del siguiente párrafo: Pero quién es capaz de garantizar que lo ajeno, lo que nos rodea y nos envuelve, no se nos aparezca de forma súbita e ideseada causando lo que no está escrito en ningún lado ¿quién?

  2. Me he equivocado : el comentario de más arriba pertenece a EL FRIGORÍFICO.

    Invitación a la LECTURA de Artemidoro de Susa.
    ¿Pueden llegar la susceptibilidad y la suspicacia a producir tantos estragos?

  3. Muy buena descripción de una trifulca doméstica

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