INGENIOSO RESULTADO


No podía seguir así; no, no podía seguir. Sin saber muy bien el porqué llevaba demasiado tiempo sumido en las profundidades de un problema tan complejo que, poco a poco, me había ido superando hasta consumir y agotar mis fuerzas en la misma medida que su solución se me hacía cada vez más imposible:

¿Portan sombrero o no, los carteros en Dinamarca?

¡Cuánta dificultad!, ¡cuánta incapacidad la mía! Lo peor de todo: estaba completamente paralizado; sabía con toda seguridad que hasta que no resolviera este enigma mi vida estaría incompleta y no podría avanzar ni un centímetro en eso que llamamos conformar la propia personalidad; sin lugar a dudas el momento era delicado, me hallaba inmerso en una de esas encrucijadas claves de la vida, una especie de ser o no ser dramáticamente asimilado por mis neuronas y por todo mi interior que me hacía vacilar ante cualquier otro dilema: no habiendo resuelto éste, cómo afrontar cualquier otro, por insignificante que fuera. Me encontraba en una vía sin retorno en la que la única posibilidad era avanzar en busca de una solución, la que fuera. Reconozco que en mi penosa existencia ya no había lugar para eso que se llaman mañanas insignificantes e intrascendentes, o esa otra categoría, la de las tranquilas y serenas; me acostaba con el problema, me levantaba con él y convivía todo el día con él a cuestas, un verdadero suplicio.

Alguien pensará, pasa siempre, si habría hecho todas las gestiones oportunas al respecto, si habría agotado todas las posibilidades para contestar dicha pregunta; sí, sí lo había hecho y si alguien de ese alguien pone en duda lo anterior reto a cualquiera de los que lean todo esto a conseguirme una respuesta que cumpla con todos los requisitos propios de la buena respuesta: verosimilitud, credibilidad y fe ciega en el progreso, ahí queda lanzado el guante por si alguien quiere recogerlo.

Mas no se preocupen, queridos y estimados lectores y/o lectoras, porque la solución, el resultado del problema, como casi siempre se presentó con una facilidad que aún hoy, sólo de pensar en ello, me aterra, aunque no deja de sorprenderme por lo ingenioso y por su sorprendente sencillez:

Señoras y señores, en Dinamarca, los carteros desaparecieron durante la epidemia del sello de 1956, ah, que por qué lo sé ahora y no lo supe antes; elemental, acaban de denegar mi acceso al restringido Cuerpo de Carteros Reales Daneses en base a que el diámetro de mi cabeza sobrepasa en una micra de centímetro el mínimo exigido para poder colocarme la obligatoria gorra de este prestigioso cuerpo.

El problema, como siempre, estaba en mi cabeza, ¡¿cómo no supe verlo?!

 

Elsinor, Dinamarca, 3 de julio de 1956.

Fdo. Yorick

 

 

 

4 Respuestas a “INGENIOSO RESULTADO

  1. Me ha parecido este relato una mezcla entre lo absurdo el humor y el ingenio que pones en ello con lo cual como resultado me quedo con la originalidad del mismo.

  2. !Lo que da de sí la cabeza¡ Es ingenioso pero lo de pedir el ingreso en el cuerpo de carteros me ha sonado algo forzado.. He visto al escritor más que al personaje.

  3. Que agudeza tuvo el pobre hombre para darse cuenta que era un cabezón.
    Mucho humor.

  4. Absurdo + humor :Buena mezcla.

Tu opinión importa

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s