LA DISTANCIA MÁS CORTA


Me he pasado la mayor parte de mi vida intentando encontrar la forma de optimizar el tiempo al máximo, luchando para que las frases “perder el tiempo” o “tiempo lamentablemente perdido” no tuvieran cabida en mi diario acontecer.

Era perfectamente consciente de la cortedad de nuestra existencia y quise sacar todo el provecho posible a la misma, aprovechar obsesivamente aquello que la constituye y es su esencia, el tiempo. Una de las decisiones básicas y fundamentales que tomé al respecto fue caminar, tanto en los trayectos físicos como en los existenciales, de forma directa intentando siempre marchar de acuerdo con la distancia más corta, el resto suponía una pérdida clara y descarada de ese escaso tiempo vital del que disponía; por eso el día en el que decidí suicidarme –necesitaría otro momento para explicar cuáles fueron las causas que me llevaron a tomar esa decisión, meditada al máximo, por cierto- creí conveniente y necesario ser consecuente y atenerme, entre otras cosas, a este principio vital, porque no era cuestión de que en el último momento de mi azarosa vida dejara de ser fiel a lo más básico de mí mismo: caminar acorde con la distancia más corta; la coherencia ante todo, por supuesto.

Fue el inicio de todos mis posteriores problemas, a decir verdad, ya nunca fui la misma persona, era imposible serlo, una decisión de ese calibre: abandonar voluntariamente este mundo, se me convirtió en un problema irresoluble, sí, ¡no era factible!, me explico, si quería lanzarme por una ventana, método aconsejado en cualquier manual al respecto, e intentaba ser consecuente conmigo mismo, no podía elegir más que las que se encontraban en un bajo y a nivel de calle, las consecuencias se las pueden imaginar, salvo unos ligeros arañazos a nivel del pómulo y la barbilla, nada, imposible y así, cualquiera de los otros intentos que llevé a cabo, acabaron todo en fracasos sonados; qué decir del ahorcamiento, otro de los métodos posibles, quién es capaz de realizarlo con una cuerda de una longitud exigua, ¡nada de nada!, rozaduras y despellejamientos puntuales; pensé, posteriormente, en el cuchillo, pero una incisión de una pulgada de longitud qué producía, ¡el ridículo más espantoso!, algunas veces hasta cosquillas; no tuve más remedio que husmear entre todos aquellos procesos de autoaniquilamiento que la historia había recogido de forma fría y un tanto sin piedad, y, sin ánimo de ser exhaustivo, he de indicar que con ninguno de ellos logré un resultado aceptable, bueno, a las pruebas me remito, aquí sigo; cualquier veneno, por muy letal que fuera, en mí se mostraba totalmente inofensivo, porque yo no podía dejar que sobrepasara mis labios, el recorrido hasta el estómago donde de verdad se muestra toda su eficacia llevaba demasiado tiempo y me hubiera puesto en contra de mis más firmes creencias y ya que había decidido morir, un mínimo de dignidad era lo más aconsejable en tan delicado trance; el ahogamiento, otra de las actuaciones posibles se mostró igual de ineficaz, en la bañera, un centímetro de profundidad, la distancia más corta, lo único que me produjo fueron unos moretones tremendos en la frente porque el apretar y apretar mi boca contra el frío y duro material de dicha bañera era lo único que producía y, por el contrario si entraba de pie, el asunto de por sí resultaba completamente ridículo, resfriados y ligeras toses debidas a un enfriamiento continuo; el atropello, que era otra de las opciones, ¡vaya tontería!, no hay ninguno de ellos que circule pegado a la acera, insultos y más insultos, es lo único que saqué en claro; podría haberlo intentado con un tren, se pensarán, pero el problema estaba en la distancia hasta él, el recorrido más corto me llevaba indefectiblemente hasta la estación y, ahí, ¡qué tragedia!, suelen estar parados.

En estos críticos momentos en los cuales tendría que ser ya un muerto y, lamentablemente, no lo soy, sin embargo, debía enfrentarme un día tras otro con mi presencia crítica de distancias a cual más corta en las que me hallaba inmerso, era incapaz de solventar el dilema en el que me hallaba instalado y que contraponía convicciones -mi lucha contra el tiempo- y deseos -abandonar la existencia-; así pues, inicié un estudio sobre un posible desaparecer que no entrara en contradicción con mis acendradas convicciones y que se mostrara efectivo resolviendo de una vez por todas mi paradójica existencia; después de muchas reflexiones (para mí no existe otro camino posible), por fin, llegué a una conclusión: ¡dejar de pensar!, porque es el pensamiento quien condiciona mi actuación, quien juzga mi proceder y quien me obliga a aplicar medidas tan absurdas como las que me veo forzado a seguir. Y a ello me he aplicado con una tenacidad y un empeño casi obsesivo, de día y de noche, en sueños y en vigilia: ¡no pensar!, ¡no pensar!; que sea el cuerpo quien decida, que sea él quien lleve las riendas de mi propia vida.

Y, hoy, puedo decir que lo he conseguido, que he dejado de pensar y que he cedido toda decisión a mi cuerpo, para que él, libre de cualquier atadura, me lleve por donde quiera y haga conmigo lo que crea oportuno:

“Llevo no sé cuántos días tendido sin moverme, sin moverme, quieto, completamente quieto en la distancia más corta de mi yo.”

 

Anuncios

3 Respuestas a “LA DISTANCIA MÁS CORTA

  1. Este es el típico relato para leer, leer y releer. Sería muy interesante a la par que enriquecedor el que todos lo pudiéramos comentar aunque no terminaríamos nunca… mencionas temas tan complejos empezando por el tiempo (en el primer párrafo) algo tan importante y tan valioso para seguir con el término suicidio y cómo lo va desarrollando a lo largo de él. Y me surge la pregunta del millón…El suicidio ¿es un acto de cobardía o de valentía…?la eterna pregunta.

  2. Seguro que de ahí no pasa. Dentro de un poco tiempo(demasiado largo para sus ansias), habrá conseguido la ilusión de su vida: acabarla.

  3. Me gusta mucho cómo se va desarrollando el relato y cómo llegamos al final. Pura literatura psicológica.

Tu opinión importa

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s