LUZ EN LA NOCHE


La noche había roto por completo mi delicada consistencia nerviosa; todo el mundo sabe acerca de lo horrible que puede llegar a ser la estancia en una cama sin que el sueño aparezca y sin que, a la vez, tengas fuerzas para decidir levantarte: las vueltas de un lado a otro, el brazo agarrado a la almohada como exigiéndole que convoque, como sea y en la forma que sea, al escurridizo sueño: ahora, hacia arriba; ahora, de lado; ahora, boca abajo; ahora…, qué más da; hasta que, por fin, agotado y extenuado, sin saber muy bien por qué, terminas por abandonar la cama sin tener claro qué es lo que vas a hacer y con la certeza de que volverás en breve, una noche más.

La noche del veinticinco de noviembre fue una de esas noches en las que mi llegada a la cama vino a resumir el día vivido como si fuera el recordatorio de lo que últimamente me estaba pasando; sí, sentía que el mundo entero se había puesto en mi contra, que todo salía al revés de cómo lo había planeado y que nada de lo que tocara o en lo que participara se ejecutaba en la medida de mis deseos; en consecuencia, la cama, como no podía ser menos, vino a aliarse con ese mundo agresivo y me negó el descanso en forma de sueño: ¿castigo?, ¿represalia?, ¿reacción lógica?…; ni lo sé, ni me interesa saberlo, el caso es que mi normal y de por sí difícil deambular por sus algodonales blancuras vino a convertirse en un neurótico y obsesivo habitar sus tendidos y agresivos silencios: pensamientos erráticos, obsesiones imposibles; negación por aquí, negación por allá.

La noche del veinticinco de noviembre con una lógica no exenta de fatales expectativas mi cabeza, haciéndose eco de un cansancio acumulado en el transcurso desvelado de muchas y diversas noches, pidió ayuda a los sentimientos para intentar vencer y desbloquear la fuerza del instinto; solicitó de ellos que se abandonaran por completo a los más negros presagios y que procedieran a hundirse definitivamente en un fondo de abatimiento dónde el desánimo y el desaliento permitieran que la desolación subsiguiente se hiciera fuerte para que sin solución alguna no hubiera posibilidad de retorno: el instinto, con toda seguridad, claudicaría.

La noche del veinticinco de noviembre con una lógica no exenta de fatales expectativas encontré, por fin, el sueño.

3 Respuestas a “LUZ EN LA NOCHE

  1. ¡ Tenía que ser el mes de noviembre ! No podía ser otro… es un mes que me produce tristeza, está ahí entre Octubre y Diciembre cómo estorbando…Me ha producido trizteza,melancolía,y sobre todo, angustia si mucha angustia aunque no por ello me ha dejado de gustar y enriquecer su lectura en una tarde cómo hoy lluviosa y gris.

  2. A la desesperada, una fórmula magistral

  3. Me gusta mucho la idea antitética de que el hundimiento, salve.

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