MELANCOLÍA


Que nadie diga que sabe con exactitud qué cosa es la Melancolía, cuál es su origen o de qué materia es su naturaleza: que nadie lo diga, porque, con toda seguridad, estará mintiendo.

Aquella mañana llegué al trabajo un poco más temprano que de costumbre, un concurso de coincidencias difíciles de cuadrar vino en mi ayuda: el tráfico rápido, el aparcamiento más fácil aún y el desayuno, servido con una prontitud inusual y despachado casi sobre la marcha, a lo que se unía una extraña sensación de ligereza que me hacía caminar como si me sintiera a mí mismo un ser más liviano; el caso es que todo venía como rodado, como si la vida, de repente, fuera fácil y sencilla, creo que esbocé una sonrisa, sí, creo que sí.

Decir que la jornada se desarrolló bien, sería una inexactitud negativa por mi parte, porque fue casi perfecta: la saca de correo llegó en punto y no tuve ningún problema en despacharlo a la hora exacta, cosa que ya ni recordaba cuando se produjo la última vez; la relación de facturas para abonar coincidía en su totalidad con las que se me adjuntaban y además, los importes, de forma increíble, eran los correctos; las visitas de los clientes se efectuaron acorde con las citas dadas de antemano y en el orden preestablecido; el archivo de contenciosos pendientes fue puesto al día, aunque aún no sé muy bien cómo; y estoy seguro de que si hubiera dispuesto de algo más de tiempo, habría resuelto las penalizaciones pendientes de envío, los contratos de pleno dominio y los listados de renegociables; tuve la sensación de que durante toda el día, en ningún momento, perdí la sonrisa, sí, creo que sí.

Recogí con prontitud, era tarde, muy tarde, y tenía ganas de marcharme; lo reconozco, me embargaba el aire de satisfacción propio del que sabe que ha realizado aquello que le compete con prontitud y diligencia; fiché mi salida y me dirigí hasta el ascensor, sólo quería llegar a casa cuanto antes, el sofá me acogería tal cual; pulsé el botón de llamada y esperé, estaba solo en el vestíbulo; la flecha de dirección iluminándose y un posterior sonido agudo me avisaron que el ascensor se encontraba ya dispuesto para mí; se abrió ante mis ojos como habitáculo presto a recogerme desde una presencia vacía y sin gente, seguramente ya no quedaba nadie en el edificio, mejor, diecisiete pisos son demasiados pisos para hacerlos en compañía.

Pude mirarme en el espejo con tranquilidad, sí, pude hacerlo, quería ver mi sonrisa y quería verme a mí mismo sonriendo:

… Pero la piel es azul, como un mar que nos llama y nos llama, como un mar que nos pide que nos adentremos en su intimidad con el único fin de devorarnos, como un mar repleto de deseos candentes y de frustraciones silenciosas, como un mar cuyo sonido late en nuestro interior y no se apaga nunca;

… Pero la mirada comienza a tornarse esquiva y se resuelve cabizbaja en la imposibilidad material de hallar una alegría que le produzca brillos, se vuelve opaca y se muestra incapaz para acoger los diferentes tonos que una sonrisa lleva aparejados, se niega a sí misma ese reflejo que toda mirada necesita para saber de su existencia: conciencia nítida del entender que existimos;

… Pero el pensamiento de lo imposible, que hoy había dormido silencios detrás de lo que se suponía un yo sonriente, surgió con ímpetu, se coló a través de los intersticios de mi negación continuada, y se hizo fuerte, y me reclamó atención, y me presentó la vida tal y como era, y se rio de lo que soy, y se jactó de lo que no soy, y ¡cobró vida!

… sí, creo que sí.

Dicen que al día siguiente me encontraron sentado en el suelo, en una esquina del ascensor y con una mirada azul entre perdida, suspendida e inexistente.

Dicen.

 

 

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6 Respuestas a “MELANCOLÍA

  1. Como un puñal que encontramos en el momento más inesperado, llámese espejo que devuelve una mirada, llámese una imagen que nos vuelve del revés, o una música que sin permiso se cuela hasta el alma. Precisa tu acepción de este día, precisa y mutante.

  2. Eso es justo lo que me ha provocado la lectura de este relato una profunda melancolía.

  3. El azul,el mar, la muerte. Conseguidísima la descripción de la melancolía. Lo efímero de la felicidad. El espejo. Tantos temas de pensadores y poetas, como tú

  4. Tremendo.

    Casi me he dejado llevar por ese estado de ánimo que has descrito tan gráficamente y que ha hecho aflorar mi sonrisa mientras acompañaba al personaje.

    Sin embargo, como a él, ese maldito espejo me ha robado la sonrisa.

  5. Perfecto el choque del optimismo con la realidad. Un contraste estupendo

  6. ¿pero cómo se puede morir uno de melancolía precisamente cuando todo sale bien? Paradojas.

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