narci80


Su mundo era su mundo, una mezcla extraña de tiempo exacto y de espacio sin características físicas definidas: las nueve de la noche y la pantalla de su ordenador.

Infinitas posibilidades se abrían ante él nada más pulsar el interruptor que ponía en marcha la máquina; la realidad dejaba de ser realidad y pasaba a convertirse en algo virtual dónde él dejaba de ser Él para convertirse en “narci80” una explicación del ser a medio camino entre la gramática simple del apócope y la aritmética básica del encasillamiento generacional; según él, nada que ver con lo cotidiano, ese entorno frustrante y restrictivo de su yo que padecía ineludiblemente durante doce horas al día.

Porque era justo en el instante en el que la pantalla azul abría el depósito de sus inagotables esperanzas cuando él dejaba de sentir y se aplicaba en el mirar, y, a su vez, la mirada, se convertía en un camino de ida y vuelta mediante el cual su yo crecía en igual medida en la que se proyectaba en el interior inasible de la máquina y de la pantalla de la máquina: Búsquedas insólitas que alimentaban curiosidades vitales; Ventanas infinitas que desplegaban horizontes ilimitados; Enlaces que llamaban hacia viajes extraordinarios; Redes sociales que atrapaban los exhibicionismos gratuitos de lo anónimo; Intercambios de personalidades a base de apariencias enmascaradas; Conversaciones sobrevaloradas de egos a través de chats fantasmales; Mensajes vagos e imprecisos; no había límite.

Él no encontraba fin al proyectarse de su persona, esa mítica creación bautizada como narci80, y se ensimismaba en lo que podía llegar a ser; se observaba y se observaba en el reflejo ambiguo y profundo de un espejo sin fondo, aunque no llegara a comprender que se ahogaba y se ahogaba enamorándose de lo que no era.

 

 

 

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4 Respuestas a “narci80

  1. Antes era creido y ahora el chaval se cree perfecto.

  2. El reflejo de Narciso era real. Narci80 le supera. Se enamora de lo que existe y de lo que no existe, Muy buen relato, que deberían leer tantos adictos. Yo me llamo Narciso y soy,,,

  3. Este nuevo Narciso tenía una ventaja: no tenía que encorvarse para mirarse en el lago. Cömodamente sentado en su silla se veía en mil facetas, de las que eligería las más halagüeñas. Todo un progreso.

  4. Una bonita manipulación del mito con su hermoso final.

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