PARQUES, LIBROS Y MARIPOSAS


De las mariposas, que yo sepa, se ha escrito casi todo, que si “el maleficio”, que si “el lenguaje”, que si “el efecto”, que si…; en fin, prácticamente, todo, así que ponerse a escribir, una vez más, sobre este tema parecería una osadía o el acto propio de un pedante pretencioso.

Me encontraba tendido sobre la hierba bajo la protección traicionera de un pino e intentando leer el último libro de J.J., un tomo de quinientos ochenta y tres folios que venía precedido de las mejores reseñas críticas; había llegado hasta allí llevado por la necesidad de ejercer en la práctica esa idílica pretensión, tan idealizada entre nosotros, de disfrutar de lo que es una lectura tranquila bajo la sombra de un árbol; en consecuencia, allí dejé reposar mi cuerpo y, junto a él, mi inmensa capacidad para la concentración en la lectura.

Bastó ojear las primeras setenta y cinco páginas del libro para saber con certeza que dedicar un minuto más a J.J. era perder el tiempo, que los personajes estaban mal construidos, que la trama era burda y previsible y que los diálogos carecían de contenido alguno; sin poderlo evitar, me invadió un sentimiento de frustración, el mismo que nace cuando me siento traicionado en las optimistas posibilidades que la lectura de un libro siempre genera; sinceramente, me había agotado en el intento de mantener una continuidad literaria que resultaba imposible de prolongar un minuto más; podía marcharme cuando quisiera, pero, sin saber muy bien el porqué, decidí alargar mi permanencia aún cuando no hubiera un motivo definido al respecto; dejé el libro sobre el suelo y me incorporé a medias intentando encontrar algo que captara mi atención y distrajera mi mirada: el parque se encontraba vacío, completa y extrañamente vacío y la fuerza del sol era tal que resultaba aconsejable no abandonar el resguardo tan fácilmente obtenido, así que por el momento, y sin problema alguno, me entregué a ello, aunque eso supusiera seguir peleándome con las finas agujas que, provenientes de mi cielo verde, cubrían el suelo y acribillaban mi espalda, y con las estúpidas y molestas hormigas que, en una negación obcecada de evidencias, mantenían sus itinerarios aún cuando se dieran cuenta de que yo estaba allí; en fin, había que resistir, porque estaba claro que el común de los mortales, al contrario que yo, aplicando la lógica más que el capricho, no habían salido de su casa un al mediodía del mes de julio para desafiar, de forma tan gratuita, la presencia del sol; ni siquiera los pájaros lo hacían, porque, y esto sí que resultó curioso, no sólo no podía verlos sino que no escuchaba el más mínimo piar que evidenciara su presencia; si estuviera en el mar y a bordo de un barco hablaría, sin lugar a dudas, de una calma chicha incontestable, nada se movía, nada se oía y la atmósfera era sofocantemente calurosa. Condenado a la quietud y al extraño abandono que otorgaba la generosa sombra del pino hubo un momento de mi estancia forzada en el cual, quizás, hasta hubiera agradecido la aparición latosa de alguno de esos energúmenos llamados “críos” o, sin ir más lejos, esa otra presencia, igual o más pesada, de insectos revoloteando a mi alrededor que, por cierto, y ahora que me daba cuenta, también, era del todo inexistente.

Como quiera que la carencia de cualquier actividad exterior no aportaba nada y que el estar semiincorporado me estaba resultando harto incómodo, decidí volver a tumbarme: “Formas de pasar el tiempo”, pensé; y en consecuencia, y sin otra cosa mejor que hacer, dirigí mi mirada y mi interés hacia el interior de mi cerebro a ver qué es lo que capturaba, fue curioso porque me di cuenta, casi sobre la marcha, de que en mi mente no había absolutamente nada, ¡nada!, salvo la visión de un parque completamente vacío y sin signo alguno de vida, la figura de un hombre desorientado y tirado bajo la sombra de un pino y la imagen de un libro, que, caído a su lado, parecía el ejemplo más claro de lo que representa una presencia ausente.

De repente, una mariposa, escapándose de la página setenta y cinco del libro de J.J., como si de una liviana aparición se tratara, se hizo presente ante mis ojos iniciando el vuelo perfecto de la perfecta levedad y con ella, llevado de su suave aleteo, lo más profundo de mi yo parecía ser rescatado del interior de una realidad cortazariana y continua que había nacido de la conjunción imaginaria de un libro y de un parque.

También, de repente, todo cobró sentido ante mí.

 

 

 

6 Respuestas a “PARQUES, LIBROS Y MARIPOSAS

  1. Nada más lejos que parecer un pedante pretencioso como dices al principio de este relato tan tierno, no es suficiente todo lo escrito sobre un insecto tan hermoso y liviano como puede ser una mariposa…¿recuerdas el color de sus alas…? te lo pregunto porque si por casualidad eran blancas es señal de la llegada de buenas noticia para ti. Espero que así haya sido o estén por venir…Comparto tu sentimiento como lector, Un saludo, Naty.

  2. He sentido ternura ante la sinceridad del relato y he compartido los sentimientos del lector, aunque en mi caso no dejo un libro sin acabar. Siempre pienso que quizás en una página posterior encontraré algo valioso que me compense por la inutilidad de la lectura anterior. Alguna vez se ha cumplido, las menos. El lenguaje cuidado y muy fluido.

  3. Valió la pena ir al parque. Muy bueno

  4. Esas molestas agujas, me han recordado a la suave caricia del terciopelo verde, leido hace tiempo de un tal “Salazar”. Me alegra mucho heberte encontrado en este lugar. Leo y releo tu cuento, y cada vez que lo hago, descubro nuevos detalles en él, que lo hacen PERFECTO. Qué buen detalle; descubrir la realidad a través de una mariposa. Con tu permiso, me quedaré por aquí disfrutando de la lectura.

    • Por supuesto, en “Salazar” están escritos ya casi todos los relatos, al común de los mortales sólo nos queda intentar llegar hasta su altura literaria, fíjate, que además de éste, se me había ocurrido escribir un relato ambientado en la Inglaterra victoriana dónde tuvieran lugar una serie de experimentos para lograr vida, pero luego me dije: “Yo creo que eso ya está escrito y si no a punto de terminarlo.”
      Gracias por tu comentario, de verdad.

  5. Precioso el final.

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