TIEMPO DE VALS


Los brazos y los pies se deslizan ágiles y graciosos recorriendo todos los espacios que conforman la habitación mientras el resto de mi cuerpo continúa anclado a la cama donde me encuentro tumbado; es algo muy raro, si he de decir la verdad, no tengo muy claro cómo y por qué se produce este efecto que me lleva, directamente, a pensar en una posible separación de cuerpos y de voluntades.

Un-dos-tres; un-dos-tres.

Mi comprensión de este fenómeno disociador pasa por centrarme en las diferentes posibilidades de vivir la realidad: una, la que deviene de los sentidos subordinados a la razón y otra, la que exige lo sensorial cuando se esconde en los bordes nunca comprendidos del deseo: mi cuerpo, lento y pesado, había decidido sumergirse en la comodidad banal de un colchón sin otra intención que descansar esfuerzos aburridos y cotidianos, mientras mis brazos y mis pies, aventureros e inconformistas, pugnan por perseguir una visión que el deseo reproduce una y otra vez en los intersticios desconocidos de sus pliegues; la ruptura era cosa cantada.

Un-dos-Ella; un-dos-Ella.

El cuerpo racional, al servicio de la cabeza, huye de cualquier pregunta y de cualquier explicación, simplemente espera que los rebeldes brazos y piernas tornen a su ser y el acontecimiento vivido no pase de ser nada más que un devaneo extemporáneo y caprichoso; sí, sólo eso.

Un-Yo-Ella; un-Yo-Ella.

Los brazos y los pies, desprovistos, como están, de una mente regidora y de un pensamiento esclavizador se precipitan en la alegría de una melodía dulzona y envolvente porque, sin querer o queriendo, han descubierto el placer que se encierra en el movimiento que nace de un ritmo interior asumido y deseado, pero que ha sido obligado, por no se sabe qué oscuras razones, a no-ser.

Ella-Yo-Ella; Ella-Yo-Ella.

Difícil decir que ocurrirá después, ambas partes tienen razones suficientes y necesarias para persistir en sus posturas porque ninguna de las dos quiere equivocarse, pero tampoco aceptar los motivos de la otra; al fin y la postre, el verdadero descubrimiento viene dado por la certidumbre de que la vida pudiera muy bien resumirse en unos cuantos pasos de baile que, en un momento dado se asumen o se rechazan.

Cuánta dificultad, cuánta; Cuánta belleza, cuánta.

4 Respuestas a “TIEMPO DE VALS

  1. ¡Cuantas veces he sentido que mi mente me manda una orden para ejecutarla pero mi cuerpo no es capaz de hacerlo…por ejemplo en el momento de de sentir una melodía como puede se el valls!

  2. Reconciliar lo irreconciliable. Pero, ¿Estamos seguros de que son irreconciliables ? Ansias de libertad. Solo sé que no sé nada.

  3. Un título muy apropiado para un relato lleno de ritmo.

  4. Cuánta filosofía, cuánta. Ninguna hace falta para garrapatear ( ¿cómo se dice cuando se hace con los pies?) sino, simplemente se baila cuando se oye la música o se taraea o, nada más,pensándola.

Tu opinión importa

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s