UNA CAJETILLA DE TABACO A MEDIAS


El paso del tiempo, ése y no otro es el verdadero problema.

Nadie me entienda mal, no soy filósofo ni tengo intenciones de jugar a serlo, hablo de otras cosas, de esas otras que se han ido acumulando en el día a día sin apenas darme cuenta y que sin saber cómo ni por qué se han presentado ante mí en toda su cruda realidad:

Un acumular y acumular de pelos desprendidos, aquí y allá, en toda la casa; un encanecer de blancuras chillonas y acusadoras; un mal desprenderse de cansancios que son más interiores que físicos; un mirar más atolondrado a base de miopías y gafas antes no necesitadas; un desprenderse de inquietudes que ayer no, pero que hoy me resultan molestas; un agotarse en la ilusión y en la inconsciencia cuando antes eran el único estímulo; un mirarse huidizo y molesto en los mismos espejos de un ayer que no sé muy bien cómo ha podido pasar tan rápido y tan en silencio; un atolondrarse ante las expectativas siempre cambiantes y siempre distintas de la vida; un refugiarse en la condescendencia de uno mismo y en la contemplación conmiserativa; un alegrarse del sol y un entristecerse por la presencia de la luna; un tajarse por dentro de oportunidades perdidas que sin venir a cuento te ahogan en los momentos más insospechados; un descolgarse de esas decisiones que van construyendo realidad; un callarse porque: “no merece la pena…”; un abanicarse con las imágenes de un pasado que se te aparece aún cuando no le hayas llamado; un facilitar ideas seguras en detrimento de lo arriesgado e incierto; un recuperar calientes sensaciones ya vividas porque desde lo nuevo se desprenden hielos amenazantes; un almacenar por si un acaso; un esconder proyectos más bien inútiles en pro de un utilitarismo adquirido por fascículos; un estropear la mirada encerrándola en una continuidad de perspectivas estrechas y trasnochadas; un deambular inseguridades que de repente se transforma en caminatas sosegadas, ciertas y seguras; un acomodarse en los sillones de las horas y un aposentarse entre las excelencias fáciles del minuto e incluso del segundo; un…

Tenía 33 años 4 meses y 3 días cuando dejé de fumar; hoy, justo 7 años más tarde, he recordado aquella cajetilla de cigarrillos que se quedó a medio consumir y que guardé como un ejemplo significativo de lo que fue la expresión de mi fuerza de voluntad; así que, hoy, sin demorarme un instante, voy a ejercitar mi parte más creativa y más incierta y voy a dar vida, nuevamente, a todas las humaredas que se quedaron frustradas en la expectativa de un tiempo futuro y que se quedaron encerradas en el pasado, en mi pasado.

 

 

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4 Respuestas a “UNA CAJETILLA DE TABACO A MEDIAS

  1. El tiempo que fragil es y huidizo por ello tan valioso… hace algunos años me dijeron una frase que no entendí del todo…actualmente y tras la lectura de este relato recobra su sentido: Da tiempo al tiempo que el tiempo, tiempo te da. ¡ Que verdad es !

  2. Una magnífica descripción del paso del tiempo. Casi tengo ahujetas de tanto asentir. Una reflexión muy aguda. Lo malo es cuando has perdido la cajetilla o no has fumado nunca.

  3. Dejar de fumar le volvió viejo, pero no perdió la memoria, sabía el remedio para volver a ilusionarse: la cajetilla estaba allí.
    ¡Si todo fuera tan fácil!…

  4. Un relato rebelde frente a este momento actual. Resulta esperanzador a pesar de todo. ¡Qué riqueza de imágenes!

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