AUTOBIOGRAFÍA DE UNA SONRISA


En todo tiempo, en todo lugar y durante toda la vida.

Mi natural es nacer de forma espontánea, pero lo puedo hacer de manera consentida e, incluso, como ocurre en muchas ocasiones, muy a pesar de la persona en quien me deposito. Me pertenezco o pertenezco a los demás. No sé si me ubico en los ojos, en los labios o en ambos a la vez. Tengo dimensiones varias que suelen devenir de mi duración: esbozo, media y cuasi permanente. Mis hermanas mayores son la risa y la carcajada. Sirvo tanto para reflejar la inocencia más encantadora como para estar al servicio de la seducción más sofisticada. Vivo en cualquier ambiente, no importa cuál, de hecho me considero la manifestación viviente más democrática que posee el ser humano, habito por igual chozas que palacios, cadenas de montaje o consejos de administración.

Albergo en mí sencillez y naturalidad, no admito el forzamiento –aunque a menudo lo intenten–, no se me puede comprar, y, en general, soy reflejo del yo más sincero. Humilde en la forma, mi huella es profunda y duradera, quizás por eso hay estados de ánimo grandilocuentes, como la tristeza y el desengaño, que no me pueden ni ver. Tuerzo sentimientos, venzo negruras profundas, desarmo insinceridades y proyecto luces y brillos queriendo y sin querer.

Convengo a todas las edades: la infancia me reclama a todas horas, la adolescencia me prodiga como si de un juego se tratara, en los adultos pierdo cierta naturalidad y en la vejez, contraviniendo el sentido común, quisieran acostumbrarse a mi ausencia.

Poco más, si alguien pregunta algo acerca de mí, esto es lo único que puedo decir; ahora, me voy, me llaman.

Una respuesta a “AUTOBIOGRAFÍA DE UNA SONRISA

  1. Marisol Picarzo Cano

    ¡Qué bonito, expresivo real y exacto texto! (Y por esta vez los cuatro adjetivos son necesarios y otros que no escribo para no excederme demasiado) Me encanta como está descrita la evolución de la sonrisa a través de las distintas edades, es de una precisión increíble ¡Qué gran verdad! ¡Como se añora la risa ingenua, sin motivo aparente y desenfadada de la niñez y la adolescencia! Los años acumulados nos roban esas sonrisas dulces e ingenuas y tratamos de asimilarlo, pero nunca dejamos de desear esa sonrisa que nos dejó y en la vejez es tan difícil de hacerla aflorar salvo que la conciencia nos haya abandonado convirtiéndonos de nuevo en niños.
    No soy quien para juzgar su texto, pero me parece extraordinario

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