AUTOBIOGRAFÍA DE LA BELLEZA


Yo era feliz viviendo en mi paraíso de diosas intocables e inalcanzables, complacida por admiraciones lejanas y distantes, hasta que un día vi llegar hasta mí a un poeta –dijo llamarse Charles–, y cometí el error de escuchar sus palabras porque eran de alcohol y estaban malditas, porque me arrebataban al igual que excitaban mi ser estático, porque me seducían sin pudor prometiendo eterna adoración y abnegado sacrificio; rendido ante mí, acariciaba mis tobillos dejando caer besos de opio, y dijo que me querría virgen y pura como una lágrima que nunca se ha llorado, que sería incapaz de profanar mi cuerpo de silencio y misterio; y le creí, y lo amé como no había amado nunca hasta ahora.

Una mañana de sábanas y rocío, ahogada entre sus ojos, perdida entre las brumas de sus dedos, me pidió que le contara todo acerca de mí, y yo accedí, porque quería ofrecerme a su mirada tal y como soy, porque quería que me conociera desnuda, sin gasas y sin velos, como si no existiera la Perdición y el Destino; y, luego de todo esto, él, para mi espanto, hizo algo peor que engañarme, me mostró al mundo en versos inmortales, como si su tedio se hubiera agotado entre mis brazos de mármol, como si habiéndome visto, la noche, que tanto anhelaba, se reflejara nítida en sus temores y en sus espejos de delirios:
–Era poeta, ¡el mejor de todos!

Y lo abandoné porque no pude soportar la vergüenza; y lo dejé porque, en su compañía, mi corazón de cristal se empañaba de ciénagas y barro; y lo eché de mi lado porque los poetas son seres insatisfechos y veleidosos que no escuchan más que su dolor y su alegría, y cuando le hablé de mi pena, delirante, empezó a buscar alicientes entre los habitantes del Tormento y de la Oscuridad como si yo ya no existiera o hubiera sido un mal sueño sin imágenes reconocibles; y no quise saber nada de él porque no soportaba el desmayo que me producían sus versos.

Desde entonces, me siento desprotegida, a la vista de todos, expuesta a sus procaces miradas y a sus lenguas ramplonas, tal y como si fuera una baratija ordinaria que se exhibe en el escaparate de la Vulgaridad, cercada por la insolencia y el descaro de cualquier advenedizo que se haya empeñado en pronunciar irreverente mi nombre.

Y, sin embargo, aún hoy caigo en el vértigo de sus palabras porque eran las que él me dio para contarte cómo soy:

“Yo reino en el azul como una esfinge incomprendida;
Yo uno un corazón de nieve con la blancura de los cisnes;
Odio el movimiento que trastorna las líneas,
Jamás lloro y jamás río.”

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3 Respuestas a “AUTOBIOGRAFÍA DE LA BELLEZA

  1. Virgen y pura como una lágrima que nunca se ha llorado…

    Gracias Manuel

  2. Texto poético como no podía ser de otra manera. Precioso homenaje a “Carlitos” y a todas las horas de lectura y disfrute que el poeta ha regalado. Gracias por compartir esta Belleza.

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