AUTOBIOGRAFÍA DEL VIENTO


Cómo deciros, cómo explicarme…

Mil nombres me nombran –uno o más diferentes y distintos por cada lengua y cada región– y una circunferencia de direcciones y sentidos como el contorno de una rosa me pierden. Imprevisible, inestable, desproporcionado, vital.

Se nace siendo el fruto de algo –una unión, una decisión, un compromiso–, o se nace, como es mi caso, lastrado por un destino que cumplir: encontrarla y abrazarla: buscar por todos los lados, perseguir.

Sin embargo, no lo consigo. Una especie de condena que, después de tantos siglos, me parece imposible de redimir, aunque, os digo la verdad, nunca cejaré, como sea, a toda costa.

Ella se dibuja y se perfila delante de mí; Ella es al mismo tiempo un deseo y una obsesión; una estela tras la que corro, vuelo, pero que, justo cuando llego, ya no está. Me levanto con cualquier indicio de su presencia, un mechón que se desplaza lánguido, un fruncir suave de su piel, un giro de su cuello, los latidos imperfectos de su corazón, sus delineados labios perfilándose aún más o cualquiera de esos pequeños detalles que solo yo conozco y que solo yo percibo. Hay veces, en esta búsqueda, en las que, iluso de mí, creo verla en cada esquina y pienso que nada más doblarla la alcanzaré, y que, entonces, por fin, descansaremos abrazados como dulces amantes en un rincón, ahí donde sean posibles los susurros de mi voz y las caricias de mis dedos alados, pero siempre hay un hueco o una hendidura por la que se va y se escapa, siempre.

Soy tozudo y tenaz, no hay lugar, por muy lejano que se encuentre, hasta el que no me desplace o deje de visitar, me izo hasta las montañas y me encajono entre piedras y desfiladeros o me pego a las laderas desesperado y sin control; en los bosques remuevo hojas y balanceo ramas, lo que sea preciso para que sepa de mí y de mi llegada; también gano los inabarcables mares, cualquiera, sin distingo, y ahí, sin obstáculo que me detenga, voy pegado a sus aguas mirando en toda dirección, es más, a veces, como no me fío, levanto las olas con fuerza para ver si Ella está agazapada o escondida bajo la espuma; en las ciudades es algo más complicado porque todas están cortadas por el mismo patrón y me pierdo en sus laberintos geométricos y repetitivos, me desoriento entre tanta igualdad y me confundo entre gente que vive ensimismada de rutinas y vestida de monótonas costumbres, y cuando eso ocurre, me enfado en mi propia frustración y volteo todo lo que encuentro a mi paso sin oír otra cosa que no sea mi ser enfurecido; es verdad que durante el día hay un momento de reposo y de tranquilidad en el que Ella se detiene, suele ser un poco antes del amanecer, justo cuando los amantes comienzan a desperezarse para imaginar nuevos abrazos o distintas caricias con las que sorprenderse, y es en esos breves instantes cuando creo estar más cerca y cuando tengo la seguridad de que esta vez sí…

Pero no la alcanzo, nunca la alcanzo; a veces creo que lo que persigo no es más que una Ilusión, la imagen de un imposible que nunca se concretará.

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Una respuesta a “AUTOBIOGRAFÍA DEL VIENTO

  1. Si me dices que es viento, viento; pero podrías poner otro título y aun así cada una de sus palabras tendrían sentido.

    Se levantó el día literariamente prometedor. Me encanta.

    Gracias, Manuel.

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