AUTOBIOGRAFÍA DE LO CÍNICO


Me dice este que se llama a sí mismo escritor que cuente en pocas palabras qué ha sido mi vida, algo de mi origen y cuál es mi naturaleza, ah, y qué más ha dicho…, sí, lo que me define; no sé si reírme en su cara, golpearle con un silencio o simplemente ladrarle unas cuantas frases.

En fin, escupiré lo que quieres oír porque es aquello que te niegas a escuchar: ¡renuncia a las convenciones, a la falsa apariencia y a lo artificial!; y si tuvieras valor, harías como yo: ¡ríete de las riquezas!, ¡no seas condescendiente con el poder!, simplemente, ¡aspira a ser feliz!

Pero no lo harás, estás atrapado en tu propia mediocridad.

Dentro de este algo tan inservible que supone escribir una autobiografía –no tengo ni idea de para qué puede valer y mucho menos a quién puede interesar–, aprovecho la ocasión para expresar mi disgusto con esta asociación gratuita que se hace de mi persona con gente que muy de lejos está emparentada conmigo, hablo de la Desvergüenza, no me reconozco en ella, si acaso un atributo más, pero estoy cansado de esta relación que ha tomado carta de oficialidad –miro el diccionario y me da la risa–; no creo que sirva de nada, pero si a alguien le interesa, estoy más cerca de la rebeldía que de la grosería, la segunda siempre al servicio de la primera y practico la coherencia en lugar del exhibicionismo. Pero, insisto, no servirá de nada, te etiquetan y vas derecho a la eternidad por el camino del tópico y del malentendido interesado.

Mis raíces son filosóficas, nacen de las preocupaciones de alguien como yo que ha visto con claridad la diferencia entre ser y tener así como las consecuencias que trae consigo decantarse por uno u otra opción, en definitiva, formas de vivir; nacen del inconformismo de aquel que evita ser arrastrado por las turbias aguas del medrar a cualquier precio en sociedad; y nacen, por último, del convencimiento orgulloso del que quiere existir sin doblegarse; esto y no esa maldita acepción con la que se me conoce hoy.

En fin, renuncio a cualquier otro mensaje, por inútil; lo dejo, he hablado demasiado; ahora, si no te importa:

“Apártate de ahí que me estás tapando el sol”

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