AUTOBIOGRAFÍA DE LA MIRADA


Abre tus ojos al mundo, a la realidad, a la fantasía, a lo que existe o a lo que no, como te apetezca, pero no los cierres, te necesito, ¡quiero ser!, ¡quiero aparecer!

Llevo conmigo una sed de imágenes tan antigua como el Tiempo, tan ávida como la de un peplo que suspira por la humedad del cuerpo que cubre o tan desértica como la del remo que se cuartea acariciado por la sal. Para mí se hicieron los pozos, los espejos y el horizonte; para reflejarme, para ahogarme o para perderme. Inundo sueños con todas aquellas que rescato del deseo y de la realidad y ahogo realidades con esas otras que se moldean en la imaginación y la fantasía. Consérvame despierta, no hagas de mí el alimento del sueño, no permitas que tus párpados sucumban al cansancio o al pesar.

Ahí está el mundo, ¡toda la vida ante ti!; Ahí está el mundo, ¡toda la vida para mí!

Demos un paseo, yo te llevo, yo te guío: Fíjate con detenimiento y verás cómo en este rincón casi escondido, ahí dónde nadie espera nada, anidan las señales del roce y de la caricia, sí, ¿no las ves?, son tatuajes sutiles que indican dónde se creó el abrazo y dónde las manos se perdieron mudas y ansiosas; Fíjate ahí, un poco más adelante, qué garbo luce esa bandada de aves gritonas, saltan de tendal en tendal, y luego, para descansar, bailan su plumaje de equilibristas sobre una rugosa cuerda que se balancea alegre; Fíjate sin fijarte, con disimulo, mira cuán intensas son las imágenes del encuentro deseado, las de la risa que trasciende la norma y escandaliza al tieso moralista o esas otras tan graciosas de los pasos vacilantes que se tropiezan entre la indecisión y la duda; y, ahora, Fíjate, también, en todas las que nacen de la mano del hambre, la injusticia y el desespero; son manipulables, las esconden porque velan por ti, ¡cuán grande es su misericordia!, o las pasan una y otra vez, sin descanso, porque quieren matarlas en su propia repetición, pero existen, igual que la vergüenza y el dolor.

Llevo conmigo un mercadillo ambulante donde cabe de todo, no tiro nada y almaceno todo; a ver, qué quieres: ¿Hechizos, prodigios?, ¿huracanes, brisas?, ¿ausencias descoloridas, presencias rutilantes?, ¿nubes, estrellas?, pide lo que quieras, te lo he dicho, tengo de todo; si me lo propusiera podría desplegar delante de ti un colorido almanaque donde cada día vendría marcado por una postal que lo celebrara, los lunes, por ejemplo, y si te parece, lo dedicamos a las calas perdidas y a las puestas de sol, el martes, a la gente que pasea con los ojos entrelazados y dándose la mano, el miércoles, a los perros que saltan en torno a los niños como si eso fuera lo único importante que habría que hacer en esta vida, los jueves, unos hilos de azafrán y un flauta de canela, el viernes, crepúsculos naranjas y violetas, el sábado, camas deshechas y cafés humeantes, y el domingo, campos de amapolas y mariposas de nieve. Todo por descubrir.

Poco más, se despide con cariño, siempre a tu disposición, quien estas letras ha dictado:

Tu mirada.

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