AUTOBIOGRAFÍA DEL VIAJE


 
Me gustaría pensar que sí es cierta, que de verdad se cumple aquella diferenciación antigua que dividía el ser en cuerpo y alma, y que yo, en esencia, soy eso: “un alma” –un espíritu puro donde los haya–: un alma que impulsa a devorar horizontes, un alma que se introduce por cualquier lado y que crea inquietud y expectación en lugar de conformismo y aburrimiento, un alma que mezcla espacios por habitar con tiempos para llegar y detenerse en ellos, sí, en esencia eso es lo que desearía; por favor, no confundirme con la maleta, con el avión, el barco, el tren o el automóvil, y mucho menos con ese contrato de agencias legalmente reguladas que confeccionan deambulares seguros y programados por este y por aquel lugar. Un respeto, por favor.

Inquieta, aventurera, incansable, resuelta, decidida… qué sé yo cuántos adjetivos más podrían definirme, aunque quisiera, no puedo decantarme por ninguno de ellos en concreto, solo sé que van conmigo, me pertenecen y, juntos, hablan de mí; en unas ocasiones, predominará uno, en otras, otro y quién sabe si en algún momento puede que aparezcan con la misma intensidad todos y a la vez: ojalá.

Hay tanto por ver, por apreciar y por conocer; hay tantos lugares donde perderse para encontrarse con uno mismo; hay tanta gente distinta con la que mirarse de ojos y de preguntas, piénsalo.

Todo empieza una mañana, una noche o en el transcurso de una hora, un minuto o un segundo, me miro en el espejo y lo que veo no me complace, necesito otra experiencia, otro paisaje, otro lugar, me canso de lo que creo conocer, no encuentro aliciente que me motive a permanecer donde ahora esté, se me agitan los deseos y se despierta el torbellino vehemente que llevo dentro; mis ojos se hastían y el cansancio vital me devora: algo nuevo, algo distinto, por favor.

Yo te propongo, tú decides. Sin miedo, sin reservas, sin temor. Yo te agito, tú me llevas, allá un hormiguero de camellos cruza un río de sal y más allá un bergantín con velas y mesanas se mece mareado en la tormenta de un cabo sin hornos; hay nombres que me reclaman sin más, Samarkanda, Tombuctú, Patagonia, Samoa, Gobi o Dar es Salam, llevan consigo el misterio, llevan consigo la tentación.

Piensa en mí como si fuera el depositario de un juego atractivo con aventuras no escritas; hay una palabra de tu diccionario que me gusta, me reflejo en ella tal y como tú te miras en mí: Trotamundos.

Perdón, me reclaman, esta noche interminable sin sueños está haciendo estragos, me voy; así pues, solo me resta un deseo:
¡Buen…

Una respuesta a “AUTOBIOGRAFÍA DEL VIAJE

  1. Excelente viaje Manuel, por el continuo espacio tiempo literario. Saludos.

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