AUTOBIOGRAFÍA DE OPTIMISMO y PESIMISMO


Dedicado a un tal Plutarco de Queronea
Levanto la persiana, miro a través del cristal, sonrío, ahí está todo lo que merece la pena, ¡hay que salir a por ello!…

Sí, soy yo, Optimismo, quería presentarme en mis hechos, en lo que hago y en lo que continuamente me propongo hacer, perdona, pero no veía mejor manera de llegar hasta ti; aquí, a mi lado, sentado en el sillón, está mi hermano mellizo, Pesimismo, él también levantó la persiana, asqueó sus ojos, frunció el ceño y expulsó de sus labios algo así como: ¡vaya porquería!, luego, directamente, se sentó.

Vamos juntos los dos, llevamos impresa esa necesidad, en qué proporción, eso ya lo tienes que decidir tú; no podemos vivir separados porque la presencia única de uno de los dos en ti podría tomarse como algo enfermizo: un optimista total sería tan irreal como insoportable nos resulta un pesimista total.

Que sea optimista no quiere decir que no tenga nociones de Realidad.

No estamos en la naturaleza, en el limbo o en cualquier otro lugar que puedas pensar, tampoco venimos desde el más allá o el más acá; vivimos contigo, en tu interior, en ese universo complejo y difícil de manejar que son los sentimientos, en mi caso, ligado a Entusiasmo, en el suyo, Abatimiento o Tristeza; en el mismo instante que llegas a la Vida, ahí estamos contigo, dispuestos a acompañarte hasta el final, la forma de mirar el mundo o las decisiones que tomes con respecto a él, te acercarán hasta uno o hasta otro y, poco a poco, decantarán tu humor y tu forma de ser. Recuerda, antes de echarle la culpa a alguien, que, en el fondo, has sido tú, ni la vida ni la sociedad ni los demás, solo tú.

Que por qué he decidido hablar yo por los dos, muy fácil, porque él no lo haría en ningún caso, se encogería de hombros y diría algo así como “Total, ¡para qué!” u otra expresión lacónica que diera por finalizada cualquier posibilidad de discurso; de todas formas, no podrás negar que estoy intentando ser completamente ecuánime y en ningún momento te planteo que me elijas solo a mí, además, alguien tenía que hacerlo, y quién mejor que yo.

Si veo el sol por la mañana, él dice que vaya engorro de día, que vaya calor, o que mire con cuidado porque por ahí aparece una nube; Si está nublado y digo que qué bien, que por fin lloverá, él dirá que vaya p… que cómo se pondrá el tráfico, las calles y que vaya desgracia; Si me alegro por la suerte de alguien que es feliz, que no vaya tan deprisa, que espere solo un poco y ya veré la que le espera porque de las enfermedades y de las desgracias no se escapa nadie; Si nos ocurre algo bueno que cuidado, que la Fatalidad siempre acecha y que siempre hay que desconfiar; cuando ocurre una catástrofe, me mira y me dice que ahora qué tengo que decir, y yo no digo nada porque me quedo mirando cómo juegan su infancia de tobogán y columpio unos cuantos niños tan risueños como felizmente llorones o paladeo el sabor de los primeros besos que recibí o me pierdo en las conversaciones sin doble fondo y los paseos compartidos… ¡Es un poco incorregible, no creéis!

Me voy a despedir, y, ahora, que no me oye –o sí, me da lo mismo– lo haré con un tópico, quizás remilgado, ya lo sé, pero por qué no permitírmelo, al fin y al cabo soy optimista y no causará mal a nadie:
–¡Qué día más hermoso amaneció!

2 Respuestas a “AUTOBIOGRAFÍA DE OPTIMISMO y PESIMISMO

  1. Muy bien Manuel. Según mi prejuicio personal, estos gemelos, en realidad son mellizos. Pero, la dedicatoria al buen Plutarco y sus vidas paralelas, es un acierto. Un placer leerte.

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