CRÓNICA DE UN DESATINO / BOLAÑO SE DEFIENDE


 

Os juro que sabía que esta vez nos iba a ir como el culo. Que por qué: el día había sido un cúmulo de pequeños y miserables detalles de esos que te van haciendo pensar que hagamos lo que hagamos somos hijos del desatino y del desafuero. La mañana se había marchado sin darme cuenta enredado en una discusión conmigo mismo acerca de la huella dejada en el espíritu español por la copla y la habanera, sí ya sé que suena a antiguo y trasnochado, pero así funciona el mapa del pensamiento, en fin, me debatía entre la colectividad marxista de los coros de pescadores y la individualidad keynesiana de las voces rasgadas y dramáticas de las Castro, Piquer o Marifé (de Triana, por supuesto) sin que llegara a respuestas concretas porque los compases solidarios de voces anónimas pesaban tanto o más que los vedéticos graznidos de las vicetiples; conclusión momentánea nacida de las prisas: ¡el bolero! (gloria a sus letras arrastradas de sentimiento y casida), pero ya no había tiempo, Machín tendría que esperar, el segundo asalto, después.

Diréis que no, que exagero, pero debido al presentimiento no me decidía a ir directamente al lugar de la cita así que, necesitado de un preámbulo, me pasé por la tienda de muebles asaltada durante la anterior sesión para conocer su versión de los hechos: ¡he aquí un espíritu germánico puro!, todo en orden, todo en su sitio, ni la más leve señal del tiroteo, es más ni un desconchón, no pude por menos que preguntar que qué tal lo habían pasado, el encargado o el dueño que no lo supe adivinar, después de oír mi estético discurso, me miró torvamente y me dijo que si quería comprar algo, perfecto, pero que si iba a cachondearme de él con eso del estilo “robertozucco” u otra tontería más ahí estaba la puerta y váyase cuanto antes porque este es mi pie y eso son sus huevos, usted verá si mi pie se queda quieto porque sus huevos se mueven o al revés, argumento filosófico donde los haya me fui para el bar –lo que os decía, el día: ¡una mierda!–, qué iba a hacer, la verdad es que la sola idea de ver al Cachas y a Pelocano me daba grima, pero cuando traspasé la puerta… ¡ni uno ni otro!, en su lugar dos féminas robustas indiferentes a la clientela y aferradas a una radio a todo volumen que repartía gritos flamencoides por todo el bar –¡el fantasma de radio olé!, lo que he temido toda mi vida se empezaba a concretar–, primero un tal Ricky martin y luego una Vanessa martin y digo yo, es que acaso era la invasión de los martin a base de gritos con marchamo de cante popular, por favor, un poco de ayuda: ¡dónde estaría Ilsa!, el mundo se derrumbaba y a ella solo se le ocurría vestir de azul, estaba seguro de que a partir de ahora todo podía pasar.

Y pasó…

RESERVADO –pero quién puede reservar un antro como ese que no sean locos de la B como nosotros–. No nos quedó otra, el éxodo, así que tal y como si fuéramos un pueblo bíblico sin moisés y sin tablas nos lanzamos a un periplo por las calles de Madrid –claro que Madrid no es lo mismo que el Sinaí y qué decir de cualquier intento por separar las no aguas del Manzanares, pero eso es otra historia– así que caminamos cabizbajos y melancólicos como horda extraviada en busca de las tablas de la salvación Bolañeras. Mira que lo dije –no, no lo dije, lo pensé–, que la poesía es traicionera, que anda que no tiene Bolaño obras y zas a la primera de cambio, ¡poesía!, toma ya, castigado sin botellín que es el peor de los castigos para un aprendiz de borracho.

Me refugié en la depresión estética y me dio por la trascendencia metafísica: el origen está en la división esquizoide del yo, la realidad se llama azar y mala leche, y me cago en la puta intertextualidad… Para qué seguir, es la vida en su experiencia menos agradable, un día te ves coqueteando con la gloria y al otro tu mirada no supera el borde de tus zapatillas por no decir el apéndice ese que cuelga flácido de penas en la entrepierna que es donde nace toda poesía que se llame poesía. Días atrás, poco había faltado para que como literatos aplicados coincidiéramos con el espectro de R. B. en persona y, de repente, la nada, el vacío de las preguntas indeterminadas y de las respuestas más indeterminadas aún. El metro se mostró como destino necesario.

Que dónde te vas atragantar de uvas con pipos como calabazas, que si te gusta el asado vegano o los langostinos vegetarianos, que me cago en el turrón como invento de los dentistas; un beso a N. –claro está– y un abrazo a los bolañeros restantes, L. y T.: viva la depresión navideña, familia incluida, y como fondo “ay pena, penita, pena” –gana la copla, puñetero país.

Qué bien te has vengado de mí, Firmin, qué bien lo has hecho, prometo que el último día del año te lo dedico por entero a ti y a tus volcanes de infierno sin purgatorio, por cierto, qué prefieres, Rioja o Ribera…

Manuel

Anuncios

Una respuesta a “CRÓNICA DE UN DESATINO / BOLAÑO SE DEFIENDE

  1. Pingback: CRÓNICA DE UN DESATINO / BOLAÑO SE DEFIENDE | detectives salvajes

Tu opinión importa

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s