BOLAÑO 2016


1

–“Las heridas del tiempo”. Mira tú que cuando a las frases les da por cobrar vida, pues bien, esta frase había decidido venirse a vivir conmigo. Era una frase hecha como tantas otras que circulan por la calle, era una frase que leí en la portada de un libro hace ya algún tiempo, era una frase de dudoso contenido y de más compleja interpretación, era una frase que me perseguía. Y seguro que, en su origen, se encontrará algún poeta, los conozco, pobrecitos míos, claro que los conozco, y esos con tal de pasar a la posteridad, lo que haga falta, pero, claro, quién puede negárselo, ya sufren bastante atreviéndose a nombrarse poetas y mantenerse fieles a su condición de tal…, en fin, y de Miguel Hernández no es porque de ese sí que me acuerdo mucho y vi cómo, el infortunado de él, venía con tres heridas, pero ninguna fue la del tiempo… Decía que este año la frasecita me visitó sin ser invitada o, mejor dicho, se me apareció el día 31 de diciembre al filo de las doce de la noche –no hace ni quince días– unida al hollejo imposible de masticar de la segunda uva como si fuera un atragantamiento pulposo y congestionado (también esto de celebrar la llegada del nuevo año con uvas de piel plasticoidea y pipos seudomadereros tiene su aquel, stop, no soy yo quien se vaya a quejar de las tradiciones, no, claro que no, que luego pasa lo que pasa y yo, pues no), prosigo, y ahora la frasecita de las narices –porque es de las narices– me persigue tal y como si yo hubiera cometido algún tipo de acto innombrable que seguro que no porque yo no soy así, de verdad… (Suspiro)… Y en qué se traduce todo lo anterior, en Ansiedad y Angustia, estas y no otras son la consecuencia de estas mis nuevas heridas temporales, que no sé por qué me ha tenido que pasar porque yo todos los años me sumaba con docilidad a esa ilusión tan extendida en forma de necesidad obligatoria de que todo cambiaría con las campanadas, de que una nueva vida me tendería sus brazos hasta ahogarme de dicha o me invitaría a bailar un vals de primero de enero que viene a ser casi lo mismo de arrastrado y sentimental, insisto, el caso es que yo no dudaba ni lo he dudado nunca de que eso sería así, yo me lo creía sin problema aunque año tras año comprobara al poco tiempo que nunca se cumplía porque nunca ocurría nada distinto que no agudizara lo anterior; pero este 2016 no sé qué ha pasado que ni la feliz idiocia sidrosa ni los besos de cava brut han llegado hasta mí en forma de esperanza inútil. Solo estas dos pavas han aparecido. Y las dos a la vez. Y las dos apretándome los costados como si mis costillas tuvieran la culpa, vale, pero de qué, yo que peco por no hacer lo que tendría que hacer. Y hablo por hablar porque no sé muy bien qué cosa es una y qué cosa es la otra, y mucho menos sus consecuencias, y no será porque no he mirado diccionarios médicos, claro que sin haber hecho la carrera por mucho diccionario, pues no, que todas las enfermedades son iguales; al final me hice mi propia composición de lugar, porque es necesario siempre hacerse composiciones de lugar que eviten la pérdida, y os cuento, yo lo veo así, para mí, Ansiedad es un hueco lleno de vacío que se te instala en el interior, a la altura del pecho y del estómago y crece y crece con cada respiración que das sin que puedas evitarlo de ninguna manera, y solo te queda sentir la terrible sensación de que como eso siga creciendo te romperás por completo y entonces pasarás a ser parte del mundo sideral en forma de estrella que se aleja y se aleja sin brillo alguno, tal y como los sonidos que escuchaste hace tiempo y no puedes recordar, las palabras quedas que te dijeron al oído y se escaparon con el champú, o algo así; mientras que Angustia –ay, la pérfida angustia– es como si el mundo creciera y creciera ante tus ojos sin que haya nada capaz de detener este crecimiento desmesurado que agobia en sus dimensiones produciéndote miedo y horror de todo lo que te rodea, y cada día que te levantas ha crecido más y cada noche que te acuestas aumenta un poquito más; Ansiedad me destrozaba por dentro y Angustia me rodeaba acechante y amenazadora, imposible vivir, y entre las dos, ahí pegadas a mí, no me permiten salir de mi casita de tablas y cartón. Claro que…

–Para ya, Auxilio, ¡para ya, Auxilio Lacouture! Desde que te leí la última vez no lo has dejado, todo el rato igual, dale que te pego con la misma matraca, no ves que ya te he oído…

–Huy, qué sosainas eres, hijo mío, acaso no te das cuenta de que solo intento ayudarte, darte un poco de lo que yo soy, de esa pasión y esa entrega que tanto necesitáis los poetas y que derrocháis en forma de miradas banales e intrascendentes a la nada y al yo que sé; anda, no te me quejes que acabarás desdentado como yo y buscando dientes postizos de acá para allá en los basurales y en los cementerios o creando personajes que te los peguen a las encías de la misma forma que tú les pegas a ellos un destino que no quieren; aprende a llevarme contigo, aprende a convivir con mi sombra, aprende a oírme aunque te canse porque es seguro que algo tengo que decirte, aprende a no ser tú tan vanidoso y arrogante, aprende a dominar tu frustración de segundos robados a los minutos y minutos tirados a la basura porque no han valido para nada; mírame a mí lo mal que estoy con esto de la Angustia y la Ansiedad que padezco desde primeros de año, eso sí es importante, no ves que me está avejentando más que un soneto de Don Ramón, ¿del Valle?, no, claro que no, cómo puedes pensar eso, hablo del otro, de aquel otro Ramón, el de Campoamor que tanto miró por la estética versal y tanto se olvidó del verso estético; esto mío sí que es un dolor doble con dobles síntomas, dobles recetas y dobles sesiones de medicamentos, y que me ha llegado como va llegando la vejez, así, sin darte cuenta, a traición, justo allí para cuando cumples equis años –que no lo voy a decir porque se me enfada el personal– y pasados unos pocos años más desde ese día, qué digo años, ¡meses!, con eso basta y sobra para que te encuentres gimiendo porque el tiempo se marchó y nadie te avisó, y, luego, claro, las dos primas postizas esas, la Angus y la Ansi, te vienen a visitar como si quisieran quedarse de por vida contigo, y primero una y luego la otra se van repartiendo tu vida a pedacitos lo mismo que si hubieran firmado un contrato de notario y registro, que esos son los contratitos de verdad y no los que venden en los estancos como si fuéramos tan tontos y no nos diéramos cuenta de que todo lo que venden en un estanco acaba hecho cenizas, y esto me recuerda aquel año donde los poetas se encontraban reunidos en fotografías de blanco con negro o negro sin blanco, solo gris, y los críticos literarios –unos zoquetes redomados– creían que solo por eso, porque estaban enfotografiados, los poetas eran los que estaban y estaban los que eran que yo nunca lo comprendí por mucho que me lo explicara con un exceso de humildad mi amigo Pedrito Garfias…

–Auxilio, por favor, dame un respiro…

2

AMULETO. Auxilito, no dirás que te hemos tratado mal, te hemos buscado un nuevo espacio, nada de los cafés aventureros que hemos transitado en las primeras reuniones o los bohemios donde conociste el miedo a las sombras y a las geometrías que anuncian la muerte, te hemos entregado el vacío pletórico de una librería de bóvedas de ladrillo, cómics y cuentos de Poe y Lovecraft, y ahí te hemos dejado sentadita en una estantería, rodeada de personajes fantásticos, héroes y heroínas todos y todas, sí, así como tú lo eres y lo seguirás siendo, semidiosa incansable enfrentada a la arrogante Realidad, semidiosa inagotable ante las traiciones de tus poetas que todo lo intentan condenados como están al fracaso, semidiosa bisiesta en años sin febreros; Auxilito, ahora no podrás decir que no hemos hablado de tu Arturito Belano, y no dirás que no te hemos contemplado ensimismada de riesgo en tu wáter de la Facultad de Filosofía y Letras justo cuando llegaron los militares para matricularse en el arte de asesinar mejor; pero, ahora que lo pienso, qué vas a decir tú si mientras nosotr@s hablábamos de ti tú estabas de cháchara con un hombre verdehulk monstruoso, con una catwoman acechante y con una A de anónymus enmascarado y vengador, que mira que te lo he dicho veces, pero tú no puedes quedarte quieta ni un ratito y por eso no has oído cómo alabábamos tu capacidad para la repetición textual en busca del ritmo, para la intertextualidad y la cita latente o encubierta, para ponernos ante los ojos del cerebro los personajes que sin existir hoy en día existieron hace tiempo, o para la ironía amatoria de un profesor que ama más que nadie, pero nadie es capaz de explicarle lo que es amar y, entonces, busca la seguridad del amor en el romance apasionado de una cuerda y un cuello; no, no has oído cómo te subíamos al pedestal de la anáfora de la mano del florero misterioso de Garfias el melancólico o a las altas alturas del humor-amor de una Elena y un Paolo que no son ni representan el mismo amor que el de Romeo y Julieta, el de nuestros más próximos amantes humoristas de Teruel o los más lejanos, casi homéricos y humóricos, de Beatriz y Dante, pero que al igual que nuestro italiano y nuestra lisiada mexicana andaban igual de perdidos en sus deseos –porque todo amor es todo deseo– como anduviste tú por la cafetería de la universidad en tus trabajos gratuitos de francés o vislumbrando ese polvo que invade los libros uno por uno hasta convertirlos en desierto porque una vez que son desierto es más fácil que se conviertan en algo vivo, una especie nueva de escorpión o de alacrán que te hinca sus acentos en a y en o entre la cuarta y la quinta vértebra hasta que te sacan la masmédula por la nariz o por donde sea que pueda salir; y claro no nos has escuchado porque ya por entonces te habías ido con un hombre-araña batmánico a tomarte un gin-tonic prosaico de hilos de seda y oscuras noches del alma en el bar de la esquina, y por eso no has escuchado cómo nos hemos rendido ante tus muchas y variadas voces, cómo hemos admirado tus múltiples personalidades de madre de los poetas y cómo hemos cantado y alabado tu veleidoso ser temporal de presente pasado y futuro.

—–

NOTA A LA JORNADA DEL 14 DE ENERO:

Bienvenidas María José y Charo, bienvenidos Jesús y Juanma, bienvenid@s tod@s, nuev@s y menos nuev@s, a esta tertulia de voces distintas y variadas en busca de un mito literario llamado Roberto Bolaño, un placer haber compartido notas y opiniones.

La próxima cita, el jueves 28-1 a las 18 h., seguiremos con AMULETO, da para mucho la riqueza de este texto –hemos visto los tres primeros capítulos, el tiempo no dio más de sí–, ahí queda pendiente el recorrido por el rey de los putos, Remedios Varo, Lilian Serpas, la historia de Erígone, los poetas de las alcantarillas, los poetas funcionarios y la estancia interminable en el aseo de la cuarta planta de la facultad, entre otras cosas, que servirán para desvelarnos ese crimen atroz que nos cuenta la novela, y, por qué no, cómo la poesía puede convertirse en prosa porque la prosa admite todo tipo de recursos creativos de expresión y cómo una historia es lo que se cuenta, por supuesto, pero también e igual de importante ¡cómo se cuenta!

Ya sabéis, lo haremos de nuevo en la librería Generación X, si os apetece, allí estaremos.

Manuel

 

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