2666 / OSCAR FATE Y LOS AMALFITANO / #RobertoBolaño


 

Un caballo negro, cuatro pájaros negros, unas gafas negras, la indumentaria negra de los jugadores de un futbolín, unas baldosas negras, un Peregrino negro.

Qué pensaba papá de los hexágonos. Qué pensaba Fate del libro tendido sobre la cuerda del patio. Qué pienso del Chucho Flores. Qué habrá sido de Rosita Méndez. Qué habrá ocurrido con Charly Cruz y Juan Corona. Qué será de los cientos de mujeres que desaparecen día a día en el mundo. Qué piensa el mundo.

Si uno deja las cenizas de su madre en un lugar visible de la casa, tipo salón o tipo comedor, ¿tendrá la sensación de que algo enturbia el descanso de su madre?, ¿alteraré el viaje de mamá hacia el más allá?; si enciendo la luz al llegar, ¿la molestaré?, si pongo la televisión, ¿interrumpiré algo de su estar allí metida?, o si hablo por teléfono con la secretaria del jefe o con el jefe que siempre termina por crisparme ¿no provocaré desazón en su espíritu?, al fin y al cabo, es una madre, ¡es mi madre!, y como todas las madres se tiene que preocupar aunque esté muerta porque el ser de las madres es estar siempre preocupadas por la situación de sus hijos y esto que es indeleble en las madres no se puede eliminar de la noche a la mañana por mucho que te hayan incinerado, hay cosas que no tienen que estar al capricho de cien, doscientos o más grados de calor, son así y no se hable más; pero, entonces, qué hacer con ella, qué harán los demás cuando les entregan la urna cineraria, no lo sé, así de claro, se me ocurre que tendría que averiguarlo, que tendría que hacer un estudio al respecto y se me ocurre que seguramente este sería un buen reportaje para la revista, un reportaje donde pueda constatar qué hacemos los vivientes con las cenizas de las madres cuando nos las entregan luego que decidimos dejarlas con nosotros en casa, si entablamos conversaciones con ellas, si las arrinconamos por su propio descanso y su propio bien, si las escondemos para nuestra tranquilidad o nuestra inútil salvación, si las mantenemos a la vista para saber que están ahí y siempre van a estar; que no se me olvide que, por supuesto, tendré que incluir más de un cincuenta por ciento de familias afroamericanas para que interese en el periódico, ¿y si se caen al suelo y se desparraman?, he de elaborar una encuesta con todas las posibles preguntas, el artículo debe reflejar rigor y profesionalidad. .

Pensar en la verga de Chucho mientras estoy desnuda con Oscar. Pensar en los hexágonos de papá. Pensar en el videoclub de Charly mientras miro hacia la noche. Pensar en la universidad. Pensar en Barcelona. Pensar que no pienso. Pensar que es inútil pensar. Pensar en Guadalupe Corral. Pensar en el combate de boxeo buscando bragas limpias. Pensar en el sabor salado del semen del Chucho. Pensar en mi padre sin pensar en él.

Los camiones que se llevan todo por delante. Los fantasmas de la noche pasando el testigo a los fantasmas del día. Vendedores de almas apostados en las aceras. Los recepcionistas de hotel que leen filosofía sobre las nubes que se hacen cirros cuando ellos las piensan. La belleza que trae la muerte porque la muerte la traen los que asesinan belleza o inocencia o candidez o lo que les sale de los cojones porque son asesinos y se creen con derecho a todo. Todos, ¡todos son culpables!

¡Llévatela!, ¡llévatela!, me dijo el padre de Rosa. Yo me la llevo no se preocupe usted. Y se la llevó a través del desierto como si fuera el mismísimo viento que se levanta cuando el sol amenaza con irse. Pero Rosa no dijo lo que yo quería oír, que quería venir conmigo, claro, que no dijo mucho más, ¿estaría drogada?, o ¿es así?; se durmió mirando las sombras que es una forma de dormirse perdiendo la vigilia. Yo querría haberla acariciado los muslos como acariciaba la palanca del cambio o como acariciaba el coño de esas otras mujeres que aparecieron junto con mis reportajes, pero no fue así porque no pude dejar de ver el rostro de su padre delante de mí, como si fuera mi madre dentro de la urna o al revés y claro así no hay dios que se ponga cachondo, ¿o sí?, que alguien me diga quién se puede empalmar teniendo los ojos de los padres como testigos fijos e inamovibles, y el caso es que en la cárcel lo conseguí, el empalmarme, pero quizá fue el ambiente o ver el miedo en Guadalupe, porque una mujer que se desmadeja incita a la compasión y la compasión es una buena puerta para que la sangre circule concéntrica en torno al capullo, quizá esto podría ser otro reportaje, situaciones en las que la gente se pone a cien y le da por darle al sexo, claro está que no se me debe olvidar que en su mayoría tienen que ser afroamericanos, negratas de mierda como yo que van por el mundo diciéndose soy negro pero me importa una mierda hasta que llega un blanco nazi de mierda que me lo restriega por mi cara negra y yo pierdo la compostura y le pongo el cucurucho del Klan en el culo y empujo y empujo hasta que las amígdalas se le hinchan en torno a los ganglios y amenazan con romper todo el sistema linfático o como quiera que se llame lo que se tiene que llamar pero yo consigo que mire al negro con miedo y yo me creo que ya me respetan que es otra forma de sentir una erección como la que ahora estoy sintiendo y Rosita aquí a mi lado y su padre mirando y mi madre mirando a su manera desde la urna donde está ahí con la vecina de toda la vida y con el piso de toda la vida y con la muerte de toda la vida.

Pienso que todo es más complicado de lo que pienso. Pienso que el sexo reconforta. Pienso que no sé nada de mi madre. Pienso que quizás ella fuera la primera desaparecida de mi vida. Pienso que la primavera en el desierto debe ser amarilla y no anaranjada como pensé en su día. Pienso que una frontera me salva y otra me hunde. Pienso en cuál es el destino de las mujeres. Pienso como mujer. Pienso que la vida no tendría que tener pensamiento alguno.

Un neón con un niño y un caballo. Un mural que es un reloj repleto de estaciones como si fuera un vía crucis. Un mural con una virgen tuerta que te ve sin ver. Un montón de basura que es el basural de la Historia. Un sueño que se cumple. Un coche que nos lleva sin que sepamos dónde…

Porque nunca lo sabemos, nunca.

El viento onírico arrastraba granos de arena que se pegaban en la cara. Un baño de oro. Qué paz, pensó Fate. Qué simple es todo. Luego vio el autobús y lo imaginó de color negro, como un enorme coche fúnebre.

Para usted, profesor Óscar Amalfitano, con respeto, allá dónde esté.

(Crónica “fantástica” de una sesión fantástica, la del jueves 21 de abril)

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