ANIVERSARIO. ANIPROSARIO / #jamesjoyce #johnberger


 

 

Desayuno, almuerzo, comida, merienda, cena. Poco a poco. Primero es lo primero. Si lees el periódico corres el peligro de saber, sesgado, manipulado, pero saber. Leopold, sentado sobre un taburete de la cocina, bebe el té de las páginas escritas mientras lee las noticias de la taza sorbida, qué le llegará, qué le llegará, intereses, deuda, crisis, peligros etiquetados, trumpasandeces, onomásticas, efémerides, conmemoraciones, muertos que se rebelan a la condena del Addio terra addio cielo. ¡76 años! Pues sí que se ha conservado bien. Cara fina gafitas redondas bigote recortado. Así que hoy, trece de enero, hace 76 años. Aggg, filtros nuevos, por favor, Molly, filtros nuevos, té con posos no es té. Escribiste el día con más horas de la literatura. Me condenaste a la noche eterna. Quién lo iba a decir. Valiente embaucador. Una palabra, una flauta. Una serpiente, un lector. O’Rourke, O’Connors, O’Reilly, cualquiera de los O’, pónganme una pinta más de frases dislocadas, no hay límite, el título de “Doctor en Ebriedad” está al alcance de todos, democracia avanzada del saber. Incauto lector, tú pones ojos yo pongo el delirio, pensó el que hoy cumple 76 años del inicio de su gusaneo vagabundo. Dublín se hizo pequeño, se contrajo y se contrajo como la espalda de un estibador. Irlanda, aún más. ¿Fue una buena idea abrir la academia de inglés en Madrid? Maldito jovenzuelo artista, me has dejado con el culo al aire: Stephen y sus ansias de procrear palabras follando ojos incautos. Qué términos son esos, Leopold, usted es el director, debe cuidar cómo expresarse, los alumnos son los alumnos y de todo se impregnan, arcilla roja que botijo será. Me ha dejado colgado. Al final voy a tener que ir yo con la vara del To: to be, to have; to, tó; tororó, tó. Tranquilo, vigila tu nivel de ansiedad, no vayas tan deprisa, todo se arreglará, otro estudiantillo irlandés, galés o escocés está rellenando en estos momentos los papeles de ingreso en el cielo de lo laboral y se dejará caer desde allí para alumbrarnos de Shakespeare concentrado: «Te vi o no te vi». Llegarán los alumnos como las oscuras golondrinas, niños sin niñas, infantas con infanzones, adultos con adúlteras, five-day: mon, tues, wednes, thurs, fri… Fri-fri-fri cantaba el gri-gri de tus bragas, fri fri fri, repetía bloom-bloom, la cosita de mi pantalón, fri fri fri, un claro día te lo pedí, fri fri fri entre las sábanas lo comí. Me fui de Irlanda por tu culpa, no pienses que voy a festejar tu septuagésimo sexto año, me miraban con odio, me hablaban con desdén, me mortificaban con comentarios velados, qué tal molly, cuántas veces va blazes a su casa, será difícil aprenderse una canción acostados, cantar con la boca llena es complicado, jijijí, jojojó:

Mary, ten cuidado

Cuatro calles son.

Mary, ten cuidado

Cuatro calles y un amor.

Mary,

Mi cerveza,

Mary,

tu flor…

Setenta y seis. Uno tras otro. Todos seguidos, Sin descanso. Día a día. Sin saltarme ninguno, siempre, ese mismo recorrido disparatado. Sísifo, me llamo. Piedra que sube hasta la cima, piedra que rueda y vuelta a empezar. Otros trescientos sesenta y cinco por delante, a la espera de la variación bisiesta y uno más…

─¡Poldy!

La dulce cachonda me llama, eso no es lo peor, tampoco lo mejor, yo iré, me agacharé, me restregaré contra su ropa, a sus pies, a sus deseos, a su capricho. Por qué no.

─Poldy, qué hora es.

─La hora de la confusión, de la pérdida y de la ingestión.

─No entiendo nada de lo que dices. ¿No me habrás hecho té? No, claro que no, tú me conoces, un café, un suizo tierno y dos rebanadas tostadas de pan vienés.

«A la orden de usted, señora esposa, hija de militar, yo le daré lo que su cuerpo pida, usted verbalice y será servida», piensa o cree que piensa su cabeza.

Sin más, se da la vuelta, el pasillo espera su llegada, presto para deglutirlo, sabiduría de intestino, lógica digestiva, al poco, lo cagará por el recibidor, directo hasta la cocina y ya estará en disposición de pensar. Catábasis, pura catábasis. Ahueca el periódico buscando la compensación, lo dobla y lo abandona a su silencio, él, mientras, se escapa entre los platos sucios del fregadero, los trapos secos para secar y el fuego rojo sobre fondo negro de inducción, leche, café, cuchillo, mantequilla, mermelada, plato para taza, plato para manduca. Catábasis.

─Tienes que acercarte hasta la calle Fernando VI, Leopold. Seguro que se te había olvidado.

Voz fina sobre lengua suave, partitura de soprano sobre melodía de tiple, Grases sobre Riera, modernismo Longoria, palacio de autores, allí estará, puntual como un español, doce sin punto, hora de recoger.

─No te preocupes, Molly; cuida tu garganta, esposa; no fuerces la voz, mujer; lo que sea por ser estará en tu poder.

─No des portazo, cierra con cuidado, acércame el móvil antes de irte.

Un momento de retrete para retratar mis miedos y mi obsesión. No voy a dar portazo, yunque, me deslizaré suavemente, martillo, cerraré con cuidado, estribo, el móvil para qué, caracol. Si te llama qué te dirá, qué te susurrará al oído que te hará reír y desear: su voz abrirá tu tímpano y llegará hasta la trompa de tu Falopio escondido, adiós Eustaquio, hoy, no me interesas, y te acariciará hasta estremecerte, bragas de raso que yo te regalé, bragas que llevas puestas hoy, ahí, en el fondo más ajustado de tus piernas, más arriba de tus muslos abiertos, rojas, de encaje, un encaje que me impide encajar, oh, Molly, y luego de que él te abra la bata con su voz de teléfono deseoso,  tú apostarás tu cuerpo sobre el sillón, dulce manzana, interior de horno, auricular que abrasa, mano que acompaña, oh, Molly, me voy Molly, me voy del todo. Recogeré tu partitura.

Ascensores. Ascensor.

Del cielo al sótano, seis pisos y una entreplanta. Parada en el cuarto. Qué mala pata. No se puede tener prisa. Aparece Don Segismundo, español por parte de padre y de madre. Cuatro pisos se convertirán en una eternidad. Cuatro pisos como cuatro actos, maldita condena calderoniana sin sueño al dormir, eso no es vida.

─Buenos días ─ha dicho él.

Viene con ganas de hablar. Carezco de defensas.

─Buenos días ─contesto yo.

─Hacía mucho tiempo que no lo veía, ustedes los ingleses cómo son.

Irlandés, irlandés. La repetición no causa el efecto deseado, tendré que insistir. Más cómo serán los ingleses, eso es algo por ver y entender. Por mí que les den lo que les tengan que dar, únicamente dar gracias por don Guillermo y su teatral palabra, él y unos pocos y pocas más.

─Soy irlandés.

─Ah, bueno, sí, da lo mismo, ya sabe usted, la lengua une lo que las fronteras separan, hamlets hay por todos los lados, por cierto, guárdeme usted un sitio para mi hijo, unas cuantas clases serán suficientes, es muy espabilado, este verano lo enviaremos a Edimburgo y queremos que refuerce algunas cosillas, pocas, más que nada no se nos vaya a perder.

─Cuando quiera. Nivel superior, claro está.

─Sabe y no sabe, él dice que sí, tampoco es cuestión de ponerle en un brete al chaval, usted le moldea para que se pueda desenvolver, que para eso somos vecinos.

Elementary: Yes, name, country, girl, boy, si es que siquiera eso sabe. Que lo mande hasta mis fauces, yo lo cagaré.

─Hace mucho que no se pasa por el Círculo, hoy mismo hay una conferencia muy interesante sobre un compatriota suyo que falleció el día 2.

Catábasis. Nueva catábasis. Vecino, please, vengo del cielo, cállese.

─No tengo mucho tiempo, esa es la verdad, la Academia, los ensayos de mi mujer, si puedo, me pasaré, ¿cómo ha dicho que se llama mi compatriota?

─Creo que John; sí, John Berger.

Otra vez inglés por irlandés. Se trastoca la nacionalidad como se trastoca el piso elegido para vivir. Ya llegamos. La calle, por fin. Descanse de su paz, querido Segismundo, encuentre usted a su Rosaura y a su hipógrifo violento. Yo camino la acera. Tiempo para ti, John. John Berger. Pensaré en ti, aunque, como comprenderás, todo lo que se puede pensar desde el dolor que llega en el espacio de cuatro pisos. Amigo mío. Compañero de letras y escrituras. Lecturas plenas, sentimientos serenos. Europa es un mundo. Qué te ha matado, ¿la edad o el brexit? Hoy te dedico mis pensamientos, pero sabes que te abandonaré pronto porque la vida es olvido. Y qué queda de nosotros. Qué queda. Nada. Camino de la resurrección. Descenso a los infiernos. El metro. Destino Alonso Martínez. Ahí está la boca que huele a todo, ascienden y descienden los olores porque eso somos y eso desprendemos. Fuegos fatuos. Beatriz Galindo, es la propietaria. Cinco estaciones nada más. John, nunca es tiempo para morir. Nunca. Qué pensarías de mí, cornudo y caminando por y a través de la infidelidad. Yo también tuve a mi Martha epistolar. ¿Es eso también infidelidad? Un andén. Cuánta gente cabe en un andén. Cinco de fondo, medio metro, cuarenta metros, cuatrocientas personas, aquí hay más, lo dejo pasar o no lo dejo pasar, si solo bajan setenta, más o menos, y ya viene lleno, dónde caben las otra trescientas treinta. La materia, la masa, el peso específico y su relatividad. El próximo irá peor, no me tenía que haber quedado aquí. Mirar. Puerca tierra. Este de al lado tiene un piercing. Molly, ponte un anillo metálico donde más me gusta, yo me lo pondré donde más te gusta, choquemos los círculos, busquemos el sonido de la fricción, ¿se engancharán? Podría preguntárselo. Molly, lo tenemos que probar. Me mira, se está mosqueando, vamos tan apretados, su aro me hipnotiza como tu pezón, lo que se eriza, lo que se prende, ahí justo, enhiesto, duro, redondo, metálico. Mi estación. Aire que ya no es aire por culpa de los nitrosos. Bárbara de Braganza, madre mía cuántas aes, sonido a bóveda, sotana y consagración.

Longoria. Mi destino. Mi dilema.

Todos hablan por teléfono. ¿Quién lo hará con Molly? ¿Quién estará intentando que su rojo caiga a plomo hasta desaparecer? Si recojo la partitura de las bodas de amor, quién interpretará a ese conde Almaviva que quiere hacerse con mi Susana. Lo mejor sería no entrar, no facilitar el encuentro de ambos, ¿qué Rosina vendrá en mi ayuda?, ninguna, de eso estoy seguro, sería mejor marcharme con una excusa nimia, no estaba, no la han dejado, la han perdido, otro día será.

¿Qué hacer?

¿Qué harías tú, John? Libertad o Fidelidad. Tenerla o perderla. Amarla o ¡amarla!

Catábasis.

Y nuestros rostros, mi vida, breves como fotos

.

(Crónica de la sesión Joyce-Ulises correspondiente al jueves 12 de enero de 2017.)

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