OCTAVA VOZ, 28 de marzo de 2019


 

 

… Me gustan los pantalones vaqueros rotos, sí, claro que me gustan, me los pongo prácticamente todos los días, voy cómoda, me sientan bien, respira mi piel, respiro yo, y, además, me importa una mierda si por esos huecos se ve parte de mis piernas, si son las rodillas, los muslos o las corvas; al revés, me parece inquietante, no para mí, sino para quien mira, y me miran, ¡claro que me miran!…

… Y cantar a voz en grito, sí, en casa o por la calle, algo así como si el mundo hubiera sido creado para oírme y no hiciera otra cosa que esperar mi voz, me parto de risa…

… Otra cosa que me parece genial es sentarme en los bancos de los parques, sí, lo hago con bastante frecuencia, en cuanto puedo y tengo un rato perdido allá que me voy, así es como he podido conocer todos los parques de Madrid; es un hobby…, no, esa no es la palabra, es más como un descanso, un intermedio placentero que me concedo a mí misma, una distracción tonta que me permito de vez en cuando para crear paréntesis en el día —qué bonito me ha quedado eso de los paréntesis, ¿a que sí?—…, no quiero dispersarme, me ocurre con frecuencia…, vuelvo a lo de los bancos y los parques, que sepa que si lo hago no es por encontrar tranquilidad o por la cursilería esa de recuperar la infancia viendo a los niños y a las niñas jugando, que va, es por los pájaros, sí, es así, ¿no me cree?, la gente me importa poco, por no decir, nada, pero los cantos de los pájaros me ganan, me elevan, me transportan…

… En otro tiempo bebí bastante, sobre todo cerveza y ginebra, pero era algo lógico, ¿no?…, salíamos mucho, hablábamos más, se nos secaba el paladar continuamente, aunque luego ya no recordara de qué habíamos conversado, y eso que en el momento de hablar todo era importante, importantísimo, lo suficiente como para discutir acaloradamente hora tras hora…, bueno, eso, que se me secaba mucho la boca y la garganta, y entonces había que tragar y tragar; fumar, no fumé, no llevaba bien lo del humo en los pulmones, además, no encontraba atractivo ese chupar un cigarrillo cada poco de forma maquinal y sin venir a cuento, y luego, eso tan ridículo de expulsar humo, me imaginaba a mí misma como si fuera una chimenea fabril y…, ¿a que es bonita esa palabra?: ¡fabril!, claro, cuál va a ser si no, ¿chimenea?: ¡horrible!…

… Hubo un tiempo en el que trabajé en un gimnasio, un año o un año y medio, ya no me acuerdo, sí, se llamaba Body Center, qué nombre tan horrible, me encargaron atender a los clientes, comprobar asistencias y controlar abonos, ya sabe, el rollo ese de las finalizaciones; también llevaba las renovaciones, más que nada se trataba de mandar correos avisando del término del contrato e informar de las últimas ofertas…, sí, me daban comisiones por cada cliente nuevo que conseguía y un tanto por cada abono mensual que lograba endilgar; era gracioso, yo no tenía ni idea de mancuernas, cintas o bicicletas estáticas, eso les importaba un huevo, me pusieron un uniforme ajustado —dos tallas menos, seguro—, me escotaron el pecho y dejaron mis piernas minifaldeándose a la vista de los clientes… ¿Sabe lo curioso del caso?, pues que eso bastaba y era suficiente para que el cerebro de mosquito de la clientela se cegara por completo; las pastillas las llevaban los monitores, esos cobraban por los planes personales y por la venta directa, a mí no me permitían ni acercarme, además me miraban por encima de los hombros, sus músculos no les daban para más, estaba rodeada de atrofiados mentales con músculos hiperdesarrollados, el cuerpo termina por compensar, digo yo…

… La familia, vaya asunto, la verdad es que sí…, la mía, como a todos, me había llegado como el apellido: ¡obligada!…, primero, te colocan el nombre para toda la vida y luego, uno tras otro, sus miedos y sus frustraciones como marca identificativa…, pero, tranquilo, no voy a soltar ahora ese discurso fácil acerca de que me trataron mal, de que me marginaron y otras tonterías por el estilo, no sintonizábamos y ya está… Sí, era eso, nos caíamos como el culo; a mí, lo que ellos hacían o decían, me parecía un disparate total y seguro que ellos me veían como un puro grano en el culo que les había llegado tal y como caen los castigos injustos…, vamos, que ellos me jodían a mí y yo les jodía a ellos, aunque solo fuera por el mero hecho de vernos a diario en el comedor y en el salón o cruzarnos en el pasillo… Qué curiosa es la vida, ahora que ya no estoy en casa hablamos más…, en realidad, no crea que mucho más…, mejor dicho, casi nada…, son cosas que se dicen porque parece que es lo que todo el mundo piensa y desea…, la culpa es de los móviles, como ya no nos veíamos, pues casi que te da por hablar más a menudo, es lo que tiene esto de la telefonía…, ¿ese gesto?: ¿le ha gustado la palabra o es que pensaba que yo no podría utilizarla?… No me voy a enrollar mucho más, creo que he dicho lo suficiente, este es un tema que no quiero compartir, basta con saber que me fui lo antes que pude, ellos descansaron y yo mucho más…

… A él le gustaba, a mí, también. Sí, nos besábamos en todos los lados, a la gente le molesta que una pareja se bese, pero a nosotros nos ocurría al revés, como si tuviéramos que mostrarlo más cuanto más rechazo percibíamos a nuestro alrededor; es difícil encontrar un tío que le guste besar, lo normal, es que te soben rápidamente, que te busquen las tetas a las primeras de cambio o que se pongan a viajar muslos arriba como si no hubiera otro camino que recorrer, por lo menos eso era lo que me había pasado antes, sí…, pero este era distinto, un tipo raro, estuvimos saliendo poco tiempo, se fue, debe andar por algún lugar de Centroamérica que es adonde me dijo que se iba a marchar, estuve a punto de seguirlo, pero tengo problemas con los mosquitos y los bichos de pequeño tamaño, además, eso de las selvas y los climas tropicales no me llama mucho la atención…, y el caso es que me cayó bien desde el principio, fue él quien me buscó el curro con aquel traumatólogo rijoso, entré de recepcionista y me fui a los pocos días tirándole la taladradora a la cabeza, total como era traumatólogo no creo que le importaran los posibles desperfectos…, no sé si se trataba de un simple conocido, un amigo o algún  familiar lejano, tampoco llegué a preguntarle, bastante teníamos con besarnos: el beso aquel que quiso cavar los muertos y sembrar los vivos

… Quien piense que no me he preocupado de cultivar mi mente —qué bien suena eso de “cultivar”— está equivocado, no he parado de leer; estudios, los normales, pero devorar libros, ya digo, sin parar; quizá tendría que haber estudiado más, pero no llevaba bien lo de las clases, eso de que un profesor o una profesora te soltara un día sí y al otro también un rollo tras otro no iba conmigo…, porque para dos o tres clases que me llamaron la atención, el resto se las podían haber dado a los gatos, sí, a ellos, que me han dicho que son muy atentos y te escuchan con la precaución propia de la felina condición… Lo que sí es cierto es que me gusta leer, pero no todo…, tengo un método infalible, si empiezo el libro y al poco rato empiezo a mirar de un lado para otro, lo dejo, ahí se queda, ni puto caso, un libro debe atraparme y si se produce lo contrario es que no merece mi atención, tendría que estar contraindicado, ah, y lo deberían indicar en la portada o en un prospecto aparte como se hace con los medicamentos…, me desvío…, más que nada, novelas, de toda época, eso de vivir otros mundos y otros personajes me gana fácilmente, y poesía, mucha poesía, si el poema me golpea, me emociona, es así, aunque mira que es difícil entrar en ella…, me paso las horas tontas en la biblio, comprar no puedo…, es fácil de suponer, muchos gastos, entre el alquiler, la ropa, la comida, el móvil y las copas, no me queda ni para pipas…

… Siempre he estado a la cuarta pregunta, lampando, la verdad es que no me ha preocupado mucho todo lo relacionado con el dinero, siempre se vive de algo, si no tienes muchas pretensiones, puedes sobrevivir con lo mínimo, pero lo que no soporto es que me falten al respeto, o como se diga…, que me traten como un despojo, que pasen de mí, que me usen como si fuera un trapo sucio, eso sí que me jode, ahí sí que no respondo, me da lo mismo que sea hombre o mujer, joven o anciano, me cortocircuito y ya no veo, me salen las palabras a borbotones, es superior a mí, no puedo, me repatea la facilidad con la que mucha gente las usa para hacer daño a propósito…  Hablar es otra cosa distinta, ¿no cree?… Mejor, no conteste, déjelo, veo en su cara que está a punto de estallar…, es lo que tienen los trabajos —todos, no vaya a pensar que es solo el suyo—, esa parte insoportable que aparece cada poco y nos repatea porque sabemos que está ahí, pero no queremos verla…, y encima, yo, aquí, hablando y hablando y usted, ahí, sin otra posibilidad que oírme decir…, seguro que ahora añadiría “gilipolleces”, no lo haga, le recomiendo “sandeces”, es un vocablo más culto, pruebe…

… Bueno, basta, ya he dicho bastante, esto es todo… ¿Puede llamar para que me traigan otra ropa?, la que llevo está completamente manchada de sangre… ¡Ya!… Pues eso va a tener que esperar un tiempo… No voy a decir nada más… Sí, claro que sí… A ver si encuentro la palabra, sí: “mutismo”…, pues eso, mutismo absoluto, es lo que haré…, por lo menos hasta que se aclare un poco mi cabeza, hasta que me salga de ahí mismo o hasta que llegue mi abogada…

 

2 Respuestas a “OCTAVA VOZ, 28 de marzo de 2019

  1. Isidoro López Braña

    Minifaldeándose. Me gusta tu manejo del lenguaje. la voz parece joven, pero a partir de la experiencia unos cuantos años.

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