SÉPTIMA VOZ


(Fecha indefinida: ¿finales de febrero? Voz que fluctúa, va y viene, quiere convertirse en ficción, que la fijen en un papel. El no-lugar.)

 

… yo le dije que quería escribir… escribir en serio… que quería dedicarme por entero a ello… que necesitaba su ayuda…

… ella me miró fijamente durante un buen rato… ¿qué quería ver?… se me escapaba… daba la impresión de que con esa mirada quería radiografiar mi interior, ver si había algún doblez inapreciable a simple vista, o quizás algo roto, o quizás algo en mal estado… no lo sé…

… conocí a Mireia en unas jornadas que, hace ya tiempo, organizó mi antigua empresa… quizá seis o siete años… ¡una lata!… se trataba de esos encuentros que algunas empresas, de forma periódica y con carácter obligatorio, se plantean realizar para impartir/compartir conocimientos y, a la vez, fomentar supuestas amistades y fraternales camaraderías, vaya usted a saber… algunos exquisitos no se cortan y hasta las llaman convivencias… estaban destinadas a todo el personal que manejara y/o fuera responsable de cuentas consideradas importantes, bien por la cuantía o por el tipo de clientes… el contenido versaba sobre temas técnicos y legales, la nueva legislación sobre capitales de procedencia dudosa y no contrastada nos estaba creando problemas, había que dar respuestas satisfactorias a los clientes y, más que nada, unificar criterios… nos reunieron en un hotel de la sierra de Madrid, estuvimos encerrados allí durante tres días, no había posibilidad alguna de salir, pasábamos de sala en sala, de charla a coloquio, de coloquio a charla… nos veíamos a cualquier hora, coincidíamos en los mismos sitios, nos cruzábamos en los mismos pasillos… vistas con la lejanía del tiempo, solo cabe decir que fueron reuniones molestas y agotadoras… desde el inicio supimos que caminábamos de forma irremediable hacia el aburrimiento… Mireia apareció el primer día, estaba programada a última hora, cuando más cansados estábamos, cuando nuestras cabezas ya no admitían mucho más… escasas expectativas y, en la mente de todos, un deseo, acabar y descansar… pero, de pronto… cómo decirlo… algo distinto…  como si la noche se hubiera iluminado bruscamente de soles inesperados y un torrente de luz se colara a raudales entre tanto tecnicismo muerto… según el programa, iba a impartir un cursillo intensivo de tres sesiones, de una hora y media cada una, sobre CREATIVIDAD Y LENGUAJE CONTABLE… sí, así, todo con mayúsculas… cuando lo leí pensé que se trataba de una errata o algo parecido, desde mi punto de vista, esto era tan imposible como encontrar las afinidades entre una escoba y un portátil de última generación…

… después de aquella mirada escrutadora con la que me obsequió nos quedamos en silencio alrededor de un café que se enfriaba lentamente… me dijo que aceptaba, que me ayudaría, pero que no tenía ganas de darme una clase al uso, que estaba pensando en algo diferente… quedaríamos cada quince días a tomarnos un café y durante las dos horas que estuviéramos juntos solo hablaríamos de literatura, única y exclusivamente de literatura… y enfatizó tanto la palabra que, por un momento, me dio reparo… ella elegiría el tema de cada cita y yo investigaría, escribiría o haría lo que considerara oportuno al respecto… que, por supuesto, tendría que abonarle la cantidad normal que ella cobraba por hora de clase y que le dedicaríamos las sesiones que ella, siempre ella, creyera oportunas… «si te parece bien, mándame un correo, si, por el contrario, piensas que no es esto lo que tú quieres, sin problema, encantada de haber tomado un café contigo, disfruto con tu compañía… estás guapo, muy guapo»…

… y se levantó…

… y desde su altura de diosa y poeta fue recogiendo lo poco que había sacado del bolso, el móvil, la agenda, el bolígrafo…

… y se dio la vuelta…

… y dejó su espalda llenando mis ojos…

… y se alejó tal y como se alejan los sueños, sin la certeza de haberlos tenido…

… la primera sesión que impartió durante aquella reclusión obligada en el hotel de la sierra tuvo la firma de lo extraño que golpea sin preaviso… apareció puntualmente, llegó hasta la mesa de conferencias, se sentó en la silla, abrió su maletín, sacó unos cuantos folios, los dejó en un lateral, a su izquierda, y se presentó… «me llamo Mireia Barral y durante la próxima hora y media estoy obligada a mostrarles las diferencias entre un lenguaje para hablar y otro para escribir, entre lo que es hablar sin saber lo que se dice y hablar para convencer, entre lenguaje que distancia y lenguaje que facilita la aproximación… no me interrumpan, las preguntas para el final… si quieren, apúntenlas en su libreta y cuando acabe la clase las dejan encima de mi mesa, en la próxima sesión, las contestaré con gusto… ¿ustedes saben qué es el “activo circulante”?… sí, claro que lo saben… pero si yo les dijera que además de eso que ustedes saben, en realidad, es un sentimiento diferido, una emoción aplazada que podríamos definir como la capacidad que posee un sentimiento para hacerse presente en un momento determinado…»… ese fue su inicio, y ya no paró de hablar… no puedo dejar de recordar cómo, en este punto, el relativo al “activo circulante”, empezamos a mirarnos entre nosotros como si, de repente, no supiéramos qué pasaba o qué ocurría… ella, mientras tanto, sin inmutarse, seguía hablando, exponiendo razones y argumentos sobre ese lenguaje que expresa contenidos y busca persuadir… una parte de los asistentes, pocos, muy pocos, nos preguntábamos si esto estaba sucediendo o, por el contrario, estábamos imaginando que sucedía… su objetivo prioritario era que nos replanteáramos lo que ella llamaba el deficiente uso de los conocimientos adquiridos… que redujéramos a cenizas nuestros afianzados esquemas de pensamiento profesional para abordar un nuevo enfoque que tenía como vehículo un nuevo lenguaje… y creo que lo hacía sin que le importara nada cómo nos afectaría en un futuro o sus posibles consecuencias a corto plazo, pero sabiendo perfectamente la carga de profundidad que nos estaba trasladando y a lo que nos estaba enfrentando…

… la escribí, claro que la escribí… sin pensarlo… le dije que sin problema… que como ella quisiera, que, por mí, no había inconveniente… y, sobre la marcha, recibí su contestación: “Amanecer”…

… y, poco a poco, sin dejar de hablar, fue proyectando sobre la pantalla imágenes donde veíamos reflejado el mapa de las voces contables y económicas más usuales emparentado mediante una columna paralela con el de los sentimientos… y los fue emparejando, y los fue relacionando como si llevaran ligados desde siempre y nosotros hubiéramos vivido de espaldas a algo tan elemental como eso durante toda nuestra vida laboral… de vez en cuando, miraba a mi alrededor, observaba la cara de estupor de muchos de mis compañeros, no sabían qué hacer, dudaban si levantarse a toda prisa y de forma desconsiderada o seguir de manera educada el tiempo que fuera necesario… a medida que avanzaba la clase, lógicamente, nos dividimos en dos bandos, aquellos que deseaban que acabara el suplicio cuanto antes, los más, y aquellos, los menos, que pedíamos que el tiempo prolongara esta sensación de epifanía liberadora… que se detuviera el reloj, que no finalizara nunca en su lento e inacabable pasar… por lo demás, no pude detectar ningún rostro indiferente… el Plan General Contable se desvanecía ante nosotros, perdía su apariencia hermética de libro inmutable para convertirse en un prontuario de sentimientos a flor de piel y emociones latentes…

… «Cuando quieras, ¡te escucho!»… dijo, nada más sentarse… y yo le hablé de un amanecer llamado Bolaño, de mis búsquedas salvajes y de mis 2666 desvelos matutinos, también, de los cientos de tumbas de mujeres asesinadas que pueblan la tierra salpicando su rostro antiguo y planetario como si se viera afectado por un brote de nichos y de viruela, y de cómo esas tumbas amanecen sin rayos porque brillan de por sí con la luz de los fuegos fatuos que emanan de los cuerpos que encierran en su interior… y de lo que no es amanecer porque el amanecer es algo imposible en un lugar tan trágico… y de cómo ese mismo amanecer se niega a ser nada más que presencia porque no quiere convertirse en un simple y repetitivo acontecer que diferencie el día de la noche… también… de cómo las sombras construyen desiertos en torno a Sonora a medida que las montañas las desparraman sobre sus laderas… y del cansancio que produce la búsqueda de una poeta que no existió más que en el deseo de unos jóvenes poetas que necesitaban perentoriamente que la luz les llegara como fuera para ahuyentar la oscuridad… y de cómo cualquier amanecer es trasunto de un anochecer violento…

… Mireia acabó aquella primera clase de aquel cursillo de locos proyectando sobre la pantalla una fórmula conocida por todos:

Utilidad bruta – Gastos de operación = Utilidad de operación

… «reconocen la fórmula, ¿verdad?, bueno, pues ahí late una historia… encuéntrenla… el próximo día me la cuentan, si quieren escribirla, háganlo, si no lo hacen, no pasa nada, pero han de ser convincentes… no olviden que detrás de esa fría fórmula existirá un cliente-protagonista atribulado, o avaricioso, o contumaz, o inocente, o… ustedes deciden… mañana, será su turno»… pero ya no hubo más clases… esa parte mayoritaria del curso que miraba hacia el techo durante el discurso de Mireia o hacía gestos que ponían en duda su lucidez o su buen juicio se quejó… con vehemencia, con acritud… como si les hubieran ofendido gravemente, como si no hubiera derecho a ser tratados de esa forma… y ahí se acabaron nuestras sesiones con Mireia… seguramente, los Gastos de la operación que nos planteó como ejercicio creativo habían acabado con cualquiera de las Utilidades posibles que vinieran de ella… me faltó tiempo para mirar en internet, para buscarla, para saber cómo encontrarla… y lo hice… y me apunté a sus cursos… y le hablé de escribir y escribir… y, al final, nos conocimos tanto que un día, al amparo de una cama compartida, mientras desenvolvíamos nuestros cuerpos de sus rigideces diarias, ella sus clases y yo mis operaciones contables, me dijo de forma brusca que si sabía a qué estaba jugando… que la escritura no es novia ocasional para tiempos perdidos o algo por el estilo… que jugar es un verbo útil para negar sentimientos… y no sé cuántas cosas más que me parecieron inapropiadas y fuera de lugar… y ya se sabe qué pasa con las palabras que se dicen a modo de parapeto agresivo… separan… me fui, no nos volvimos a ver, no volvimos a decirnos nada… pero lo cierto es que, desde aquel día, no he podido dejar de oír su voz dejando caer aquella última frase con la que nos despedimos: «la decisión está en tu tejado, avísame cuando la tomes»…

… fue justo al terminar de hablarle de desiertos, del hipo de César Vallejo en París, de Pedrito Garfias en México y, cómo no, de poetas olvidadas, poetas eternas, como Auxilio o Cesárea, cuando le entregué un folio con algo escrito por mí en este nuevo tiempo de voces y fábulas:

En aquel pueblo los hombres y las mujeres desaparecían poco a poco, nadie decía nada, algunos echaban la culpa a las carroñeras, otros, a los depredadores, y los menos, hablaban de venganza y de justicia divina.

La noche los absorbía sin dejar huella, nos dábamos cuenta al amanecer.

Solo hoy, justo en este instante en el que los rayos del sol han disuelto la oscuridad de una nueva noche de desapariciones y los cuatro sonidos sueltos del día se han hecho con la mañana, ha sido cuando hemos podido desvelar el misterio que envuelve nuestro pueblo:

Son los silencios, los silencios nos están devorando…

… lo leyó y me lo devolvió… me hubiera gustado oír su opinión, pero no, me reclamó el importe de la inusual clase… se lo entregué en un sobre y me dijo… “Olvido”… luego, dio la vuelta y se marchó sin más…

… así era Mireia…

Manuel Cardeñas Aguirre

 

 

 

 

 

 

Tu opinión importa

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s