PRIMER DISCURSO / ESPECULATIVO


Lo único que he intentado es escribir una novela, una simple novela, mi Novela; de hecho, desde este mismo momento, esto que estás leyendo ya es la Novela. No voy a definirla ni a presentarla, lo hará ella por sí sola; en las páginas que siguen está todo, sirva este párrafo para hablar del primer aliento que la ha hecho posible: La Realidad es un Absurdo en sí mismo. Engañamos, pues, al Lector escribiendo novelas donde la absurdidad se sustituye por una realidad perfecta y perfeccionada donde cualquier problema encuentra solución, una realidad que es ejemplo de un orden exquisito que no existe ni se va a dar; no debemos olvidar que caminamos día a día por ese Absurdo y que lo hacemos en dirección hacia la Muerte, que es como decir el Silencio (el cual hemos de convenir que, a su vez, es origen y fin de la Música y de la Poesía).

Personaje 1 (1ª aparición):

«El yo es un viaje a ninguna parte…»

Preguntarse acerca de la escritura de la Novela es algo así como internarse allí donde habita la locura y pensar que, si lo haces, nada te ocurrirá, que volverás tal y como has entrado, cuán iluso, lo intentarás, y, en un principio, para no perderte, te apoyarás en ese discurso racional que te es tan conocido, pero, a medida que las imágenes se concreten y cobren vida, sentirás que necesitas algo más, incluso, que solo lo onírico y lo irracional pueden salvarte, porque, ten por seguro que la oscuridad devorará la luz, la luna al sol y la embriaguez a la serenidad, mas no te detengas, avanza con paso decidido por ese sendero de adoquines gastados que, ahora, pisas inseguro; síguelo sin miedo, aunque se pierda en el horizonte, y no pierdas detalle acerca de lo que te rodea, fíjate en esas sombras que se esconden detrás de los sauces, son Bacantes devorando los restos de Apolo, ¿las ves?, a que ya no te molesta la visión de la carroña, oh, amigo, estás tejiendo un destino del que ya no puedes volver, es tanta la inmensidad por descubrir.

Desde esta mañana muy temprano hasta ahora que anochece he estado yendo arriba y abajo en mi cuarto, Kafka, 25 de junio de 1914

En un futuro, la narración será múltiple, coral e infinita (como la vida, como la muerte, como el olvido), asistiremos al hecho de una escritura en la que convivirán historias diferentes, será, con seguridad, un intento del escritor por desdoblarse, destriplicarse o descuadruplicarse, o, simplemente, por abarcar el abismo de su experiencia; desaparecerá lo lineal y secuencial y presenciaremos la mezcla de historias que nada tienen que ver entre sí.

En un futuro, nada sabremos de nosotros si no somos capaces de escribir nuestras propias historias e incluirlas en el imaginario de aquellos que nos rodean.

En un futuro, la lucha se llamará narración. Una disputa encarnizada entre distintas facciones de escritores que pugnarán por imponer su visión de un presente escapista y sus certezas de un porvenir apocalíptico. El pasado será, tal y como es ahora, una estela que se difumina recordándonos lo que ha sido y ya no vemos, solo intuimos.

En un futuro, solo el presente puede que llegue a ser literario, el pasado se convertirá en presenteevocado y el futuro será un presentepordevenir.

De noche, tendidos de espaldas, contemplamos el cielo estrellado. Aquí es donde empiezan todas las historias…, John Berger.

Tensión interna. Fenómeno que, en la Escritura de novela, al modo de Jano, posee dos caras inseparables, una, la que comúnmente se da entre la forma de narrar que escoge el escritor y la propia narración: entre el autor y la fábula, entre lo que queremos contar y la forma en la que decidimos contarlo y, otra, la que late en el interior de la historia, entre lo que el escritor pretende narrar y lo que en realidad narra: la historia escrita y la que subyace en modo latente, y puede que exista un equilibrio entre ambas o puede que la una ahogue a la otra, en realidad, si hemos aprendido a narrar, lo escondido cerrará y dará sentido a lo escrito.

Personaje 1 (2ª aparición):

… Puedes gritar, puedes llorar, puedes gemir, no vale para nada, no responde nadie, no lo hacen nunca, aparecen cuando quieren, se quedan un rato, lo justo para que los intuyas vagando por aquí, los percibas en su indefinición y los comprendas y, cuando crees que ya los tienes, se van; ¿convendría salir y abandonar este lugar?, buena pregunta, ¿me dejo llevar por mi instinto que me invita a lo contrario o por mi cabeza que está callada?, me decanto por lo primero, el instinto, ya me ha sacado de más de un problema, por lo tanto, como si no existiera, aquí, agazapado, escondido. La complicación de vivir. Esto me recuerda aquella vez que iba paseando por el campo y una vaca de esas que dejan sueltas, sin amarres, sin ataduras, a su libre albedrío, casi salvaje, me miró fijamente y decidió embestirme, sí, claro, había una valla, pero hay veces que ni las vallas te salvan del peligro, además, qué puede hacer un ser humano, 70 kilos, contra un animal encorajinado que pesa cerca de 400 o los supera con creces, ¿echar a correr?, ¿subirse a una piedra o un árbol?, y claro que sí, grité y grité, pero nadie se dignó acercarse hasta allí, y no digo que lo hicieran para ayudarme, que hubiera estado muy bien, sino a interesarse por mi suerte, incluso, para aconsejarme acerca de la mejor solución, eh, ¡silencio!… ¿viene alguien?, ¿me reclaman?…, si acaso lo han hecho ha sido de manera muy sutil, apenas perceptible, ¿insisten?, no, parece que no, si no lo hacen es porque no han llamado o se trata de algún despistado, pero si me llamaran, aparte de ellos, ¿quién podría ser?, puede que no esté tan solo como pienso, ¿los vecinos?, imposible, carezco de ellos, esta casa es muy antigua, construida sobre los cimientos de otra aún más antigua y esa, a su vez, izada sobre los restos de algo que hace muchísimos años se construyó sobre un terreno baldío y abandonado donde aún no había llegado la especulación inmobiliaria aunque estuviera a punto de hacerlo, una vivienda con ventajas, estoy en el centro de la ciudad, ¿es eso una ventaja?, tendría que cambiar mis criterios, hace tiempo de ello, pero ni lo hice ni lo he hecho, cosas que me pasan, olvidos que me asaltan, certezas que no se cumplen, sí que lo era, lo de la ventaja, allá por los años-siglos de las calesas y las diligencias, ese portalón inmenso hacía de garaje y servía para todo, como entrada, como paso de carruajes y para esconder citas equívocas o salidas clandestinas, claro que hablo de hace mucho tiempo, ¿con quién hablo?, conmigo mismo, claro está, en su día no era casa de vecinos, eso fue después cuando los aristócratas propietarios, vagos por naturaleza, se quedaron sin siervos gratuitos y como fueron incapaces de renunciar al lujo y al derroche perdieron, poco a poco, el patrimonio hasta que, en el horizonte, se dibujó su mayor amenaza: ¡trabajar!, la mayoría no lo hizo, fueron capaces de todo antes que doblar el espinazo, unos, dilapidando haciendas y propiedades, otros, los más avispados, tirando de título y casándose con hijas o hijos de industriales, de comerciantes de éxito, de banqueros de tripa agresiva o de trileros de la Bolsa, a lo que iba, el caso es que parcelaron el edificio, lo fueron alquilando o vendiendo y aunque, en principio, se quedaron con las mejores estancias, luego, ni eso, terminaron yéndose al campo, allí donde sus posesiones mantenían vivas las palabras “siervo” y “esclavo” y donde ellos eran alguien, o eso se creían, porque luego vino lo que vino, poco tiempo, eso es cierto, pero se cagaron de miedo, madre mía cómo se cagaron, me estoy yendo de madre, he de volver, quizá sea el único vecino ya, el resto se ha ido muriendo o marchando, cosas de la demografía o de los poderes en general, cuestiones de las que no te preocupas cuando eres joven, en ese tiempo todo te da lo mismo, tu preferencia es la vida, sin añadidos, eh, que me escabullo, vuelta a la realidad: ¿quién me llamaría?: ¿algún despistado o despistada que se haya confundido?, ¿algún pariente que me deba dinero?, ¿algún compañero de carrera que tenga a bien invitarme a una refrescante reunión de antiguos alumnos?, ¿alguna amante anónima?, y poco más, ¿me daría cuenta?, no lo sé, en mi situación actual resulta complejo, muy complejo, como la vida misma, los fenómenos se producen y nosotros vamos olvidando lo más elemental acerca de ellos, lo primero el nombre, luego, su origen y, al final, sucumbimos a sus consecuencias sin saber su causa, motivo o procedencia, tampoco su intensidad; si me muevo, ¿me delataré?, ¿pondré en riesgo aquello que persigo?, es mejor intentar pasar desapercibido, me cuesta conseguirlo, cuando crees que has cogido la postura, te das cuenta de que no puedes aguantar mucho más, ¡qué caprichoso es el cuerpo!, qué le vamos a hacer, tiene sus razones, me levantaré a oscuras, no usaré la electricidad, tampoco las velas, dan miedo esas formas informes que nacen al amparo del pábilo, saldré a comprar a horas intempestivas, llegaré hasta la tienda de los chinos, 24 horas dedicados al noble arte del comercio al por menor, ¿cada día hay uno distinto? o ¿es el mismo?, pierdo la noción de diferenciar, en cada visita productos y más productos acumulándose en estantes antiguos: papelería diversa, almanaques, dietarios, libretas de cuadrícula, pegamento, borradores, herramientas, utensilios de cocina, no puedo seguir, recordar es agotador, se pierde la vida de forma inútil, lo mejor de esa visita clandestina es que yo creo que entienden mi comportamiento y lo comparten aunque apenas me miren, ¿vivimos de la misma forma?, no, ellos viven al revés, no intentan salvarse de la tragedia del mundo, ellos la usan en beneficio propio y, por eso, se esconden, porque saben que cuando vengan las represalias, porque, tarde o temprano llegarán, se buscará al culpable de las desgracias y como nunca somos nosotros mismos, cuando llegue ese tiempo de violencia, ellos deben estar ilocalizables, si puede ser, escondidos en los lugares más insospechados, en los sitios más oscuros, entre las grietas de la realidad, igual que hacen la carcoma, las termitas o la polilla, ¡no han vuelto a llamar!, he sufrido alucinaciones auditivas, nadie se ha interesado por mí, si esto no es la felicidad que venga dios y lo vea, sigo adelante, no decaigo, mi voluntad es más fuerte que mi miedo, mi soledad me hará fuerte y será mi salvación, la vaca saltó la valla, me persiguió durante unos veinte metros, me golpeó con la testuz, me tiró al suelo, me pateó y se fue con la tranquilidad que conlleva el trabajo bien hecho…

Tiresias o el discurso interesado: Para poder ver, previamente, hay que perder la vista.

Escribir desde el convencimiento de que es preciso ir alternando puntos de vista: poblar de ojos y voces la historia y dejar que esos ojos y esas voces la cuenten para que no se note la presencia del escritor (que está y nunca va a dejar de estar presente), para que se difumine en el tráfago de otras voces y otras miradas o para que él también se incluya y sea uno más a narrar.

(Repasar el Prólogo a Retrato de una dama, de Henry James sobre el edificio de la ficción: edificio con ventanas, piso que ocupas, diferentes perspectivas).

Los primeros que inventaron, que dieron un nombre a las constelaciones, eran contadores de cuentos (…) El imaginar las constelaciones no modificó las estrellas, ni tampoco el negro vacío que las rodea. Lo que cambió fue el modo de leer el cielo nocturno, John Berger.

(Nota: En Berger, siempre son “modos de…”).

Convengamos en decir que un error propio de la novela sería el uso excesivo de la descripción, esa tendencia a detener la narración para reemplazarla por largas y prolijas enumeraciones acerca de lo que encierra el espacio que rodea a los personajes, lo que sobresale de su físico, el vestuario, incluso el mobiliario; cabría pensar que el autor está diciendo: ¡querido lector, admira mi habilidad para inventariar la vida!

La tensión Vida-Muerte, al igual que ocurre en la Realidad, lleva la Novela en volandas hacia la intriga: de la Vida, ese aferrarse a ella por encima, incluso, de nuestras posibilidades, y de la Muerte, el cuidado, porque en la misma medida que sabemos de su certeza, tememos su aparición. Podría escribir que esta Novela se hace como si se tratara de un intento por obviar las consecuencias del morir: olvido y abandono, pero eso ya lo han escrito unos cuantos antes que yo, para qué repetirse, pienso en algo más modesto: eternidad y permanencia.

Procede dejar bien sentado que no se ha de borrar ni una coma de esta Novela, la totalidad es la respuesta, el fragmento, la característica, y la palabra se pliega a la idea para conducirnos hasta el objetivo.

Que el alma tenga existencia o no es materia compleja, no entraré en ello, pero sí puede interesarnos confirmar la facilidad con la que en torno a este tema surgen discursos abstrusos auspiciados por el don de la palabra fácil (“palabrería”), pero como no conviene extenderse en este tema, fijémonos en hechos artísticos contrastados: Munch pintó los estados del alma y Kafka les otorgó la palabra.

La Novela existe solo gracias a los Personajes, si careces de ellos, no te canses, es imposible escribir una novela, si te sirve de algo, siempre parto de lo mismo: En mí habitan todos los personajes.

PRIMER DISCURSO / ESPECULATIVO (Continuación por parte del Personaje 1)

«¿Qué especie de fatalidad domina hoy en la literatura española? ¿Por qué los que debían escribir callan cuando los que aún no saben leer escriben» Muchas veces, en el curso de la pasada década, he pensado en la amarga exclamación de Moratín…, Juan Goytisolo.

Personaje 1 (3ª aparición):

… Sigo trabajando, lo hago de forma intermitente, pero con ánimo, la mayoría de las veces a oscuras, no paro, ando liado con otros textos, con otras historias, pero no las escribo, más que nada por no hacer ruido y así invitarlos a que aparezcan, que se muestren y lleguen hasta mí, pero estaba hablando de las historias, las que no escribo, las que imagino, el método es siempre el mismo: las desarrollo pormenorizadamente y las memorizo, mi idea no es publicarlas, para qué, hay tantos y tantos libros, cada día más, un día la Tierra se verá obligada a hacer una limpia so pena de ahogarse entre tantas y tantas páginas publicadas, da lo mismo en papel que en forma digital: ¡son páginas, igualmente!, a lo que iba, luego, antes de archivarlas les asigno un número, mejor dicho, una referencia inventada por mí, en la que mezclo letras y números en proporción ya estudiada y con un orden preciso, al final, termino por guardarlas en mi cabeza, en el gran depósito de la memoria, a la espera de que algún día me apetezca, quiera o pueda seguir trabajando en ellas, son mis historias, por ejemplo, no, mejor, no, anticipar es el cáncer de la narración, bueno, sí, la cuento: un escritor lleva más de dos años encerrado en su casa, un día, debido a un motivo baladí como, por ejemplo, el de comprender que no vale la pena ser parte de la Realidad, se enclaustró y se dedicó a esperar la llegada de los Personajes, esa es la más actual, la que me tiene en vilo, he acabado otras, pero me es difícil recordarlas porque el depósito de la memoria está a rebosar y, en ese estado, es complicado sacar de ahí algo distinto a lo último que esté trabajando, se mezclan las historias, no puedo hacer nada al respecto, y no es por desidia o desgana, de verdad que lo intento, les muestro cómo va esto: un joven cleptómano se adentra en unos grandes almacenes, le ha costado decidirse, está en tratamiento, el juez fue claro, «o sigue el tratamiento a rajatabla, o va a la cárcel», pero quién puede detener aquello que ya te viene genetizado como si fuera una marca de agua, sabe que no está obrando bien, pero en su descargo hay que decir que lo está haciendo a modo de prueba, que está seguro de no llevarse nada a los bolsillos, que está curado; camina por los amplios pasillos, le ciega la luz que baña los productos, ¡es como una provocación!, sin darse cuenta se adentra en la sección de Perfumería, en principio, no hay problema, es la sección que menos le llama la atención,  sin embargo, las esencias también juegan su partida y se despliegan por el aire hasta introducirse en su pituitaria con tal fuerza que Carolina se sienta en un banco del parque, acaba de pelearse con un individuo que intentó sobarla, lo golpeó con fuerza, no en vano durante varios meses acudió a unos cursos de defensa personal, no tiene muy claro dónde, en qué parte del cuerpo, ¿la cabeza?, pero sí se dio cuenta de que el individuo cayó a plomo, le dio miedo, salió corriendo, se ha roto el tacón y no quiere saber nada de cómo los tres hermanos que, en su día, fueron capaces de crear una empresa artística dedicada a la construcción de nuevos espacios culturales se han convertido en unos asesinos, eran edificios grandiosos, una mezcla de salas multiusos, teatros modernos y locales para juntas de vecinos, espacios donde lo importante era la comunicación y en los que se pudiera representar todo tipo de obras aunque, en su primera idea, primaran los espectáculos de interacción: público abrazándose con actores, actores bajando a la platea, textos improvisados en cada actuación según un buzón de sugerencias, luces sin ambiente ni intención, cuerpos y más cuerpos desafiando distancias, buscando complicidades, un atraco en toda regla, en una joyería del centro, algo rápido, muy meditado y sin arriesgar mucho, en un día especial, con mucho tráfico, con mucha gente en las calles y gran actividad, un día único donde las ventas se disparan, los consumidores se convierten en masas descontroladas…, no puedo más, la memoria es un hoyo cuya profundidad crece con las vivencias, mundo que se colapsa según va devorando tiempo… 

La escritura es o debería ser la exploración de territorios o parcelas desconocidas de la realidad…, Juan Goytisolo.

Personaje 1 (4ª aparición):

… Prefiero contarlo, cuanto antes mejor, así me quedo más tranquilo, en su día quité todos los espejos de la casa, incluidos aquellos objetos que por su pulido pudieran reflejar algo de mi persona, no quería verme, me negué a enfrentarme con una sola de las imágenes que pudieran reproducirme en alguna de esas superficies lustradas por el deseo de reflejar todo lo que hasta ellas llegue; cualquiera podría decir que fue una decisión sin fundamento, caprichosa y sin base científica alguna: verse uno mismo forma parte de nuestra cultura más allá de cualquier civilización, va con nosotros, descubrirnos en lo que se encuentra delante, pero no para mí, la imagen que quiero ver y reproducir es la de ellos y ellas, yo no existo, no, claro que no, además, acaso lo que se ve en un espejo es tu yo, ¿verdad que no?, a veces, mirarte en ellos es encontrarse con lo que niegas de ti mismo y, entonces, qué sentido tiene contemplarse, bien, ya está contado, tenía que hacerlo, quizá así se me comprenda mejor, también he de comentar algo problemático, aunque pueda parecer que no viene a cuento, lo difícil fue desprenderme del teléfono móvil, encenderlo era verme, ya sé que no me llamaba nadie, pero estaba enganchado a su estela de miradas recurrentes: el brillo de su pantalla, la linterna incorporada, el reloj siempre a punto, las últimas notificaciones de lo último que ya no es lo último y ese buscador que encuentra de todo y en cualquier momento, todo ello me proporcionaban una compañía que puedo asegurar nunca he tenido, intro: Madagascar es una enorme nación insular frente a la costa sureste de África. Alberga miles de especies animales, como lémures, que solo se encuentran en este lugar, junto con bosques tropicales, playas y arrecifes

Toda mi labor de los últimos años ha sido un combate para alcanzar “otros” ámbitos de libertad expresiva, partiendo en cada caso del suelo conquistado en el texto anterior, en pos de esa escritura suelta, descondicionada, a que aspira a llegar mi último libro…, Juan Goytisolo.

Personaje 1 (5ª aparición):

… Referencia 4HIST2021: Julia se pinta las uñas de los pies con una parsimonia que atraparía a cualquiera que pudiera mirar cómo lo hace, podríamos hablar de un ritual profano con tintes sagrados, uña a uña y cada una de un color, no empieza la siguiente hasta que no ha acabado la anterior, hoy ha decidido usar dos colores, turquesa y fucsia, le gusta cambiar cada poco, además, está segura de que son colores que la favorecen, incluso, le dan buena suerte.

Julia no se llama Julia, su nombre real es Ekaterina, viene de una tierra impronunciable y de un lugar que no sabemos cómo encontrar en un mapa, se cambió el nombre, se lo cambiaron, más corto, más fácil, más anónimo.

Julia le ha puesto un cuchillo en la garganta, él se ríe, piensa que está jugando, que le está proponiendo un nuevo juego sexual, a continuación, ella coge la pistola de él, le obliga a agacharse, le coloca el cañón en la sien, él, que se ha dado cuenta de que ella no está jugando a nada, duda acerca de si ella apretaría el gatillo en el caso de que se negara, pero un sexto sentido, nacido al amparo de haber vivido muchas situaciones como esta, le dice que la presión del cañón en su cabeza es la que ejerce alguien que se encuentra desesperado, ella le coloca las esposas con las que tanto le gusta jugar a él, las que tanto le aprietan a ella mientras él hace todo lo que su imaginación da de sí, y es mucho, claro que es mucho, lo sabe su cuerpo, siempre a medio camino de la crueldad y del sadismo, y siempre riéndose, «de qué», se ha preguntado ella cada vez que él la convertía en su juguete, en su cuerpocoño, en su cuerpoboca, en su cuerpoculo, ahora que lo tiene de rodillas en el suelo saca un rollo de cinta, corta un buen trozo y se lo pone en la boca dando más de una vuelta, «ahora, puedes chillar, si quieres», él no termina de creerse lo que está pasando, no está acostumbrado, lo normal es que sea al revés, «tranquilo, terminaremos cuando yo lo diga, hasta que tu polla se encoja y se esconda», le dice ella.

 Julia ha dudado, no sabía si tendría que empezar por el fucsia o por el turquesa, cuál de ellos tendría que ser el dominante, y tampoco por cuál de los dos pies, a ella le gusta pensar en los pequeños detalles y en cómo solucionarlos, ha estudiado poco, ha aprendido mucho, y tiene claro que en los detalles se juega uno la vida, ¿por qué no aspirar a la perfección?, él gruñe cada vez que ella moja el pincel y lo extiende sobre la uña, «¿qué quiere esta hija de puta», ha pensado, si quisiera matarlo ya lo habría hecho, es verdad que muy lejos no iría porque fuera están sus sicarios esperando que su jefe termine su desahogo de rutina, pero si se ha vuelto loca, eso sí le preocupa, tanto que siente un ligero encogimiento del estómago, sabe perfectamente que una persona que no está en su juicio puede resultar totalmente impredecible.

Al final, Julia se ha decidido por el fucsia y empezar por el meñique del pie izquierdo, hace cinco días venció el plazo de su deuda con él, una deuda nacida allí donde ella sobraba a sus padres, allí donde sus padres pensaron que la mejor dote que podían recibir por una hija era su propio cuerpo y cuanto más joven, mejor, y, desde luego, les pareció mejor cobrarla antes que después, de poco valía esperar que otro pobre tan pobre como ellos viniera a pedírsela cuando el tiempo fuera ya irremediable, hace cinco días se lo recordó, él se rio como si le hubieran contado algo disparatado y gracioso, muy gracioso, luego le soltó un bofetón que la lanzó contra la pared, cuatro o cinco patadas más la dejaron tirada en el suelo, «tú terminarás tu deuda cuando yo lo diga, hasta que tu coño se seque y no se abra», y se fue.

Julia sabe que solo unos pocos metros le separan de la libertad, también sabe lo que hay fuera, dos perros de presa armados que no dudarán en hacer de todo con ella, pero tiempo al tiempo, ahora, lo más importante es pintarse las uñas bien, mejor que bien. Él, mientras, piensa en cómo salir de esta situación, llegar hasta la puerta, abrirla y salir porque fuera está el poder para cargársela, de la puerta para adentro, sin embargo, solo un tipo desnudo, sudoroso y grasiento que duda si saldrá vivo, «hija de puta, tú a mí no me vas a vencer», podía estar pensando, pero si fuera así dudamos que terminara de pensarlo porque ella le ha golpeado la cabeza con el tacón de su bota, «mírame, cabrón enfermo, no dejes de mirarme», y continúa su labor porque haciendo eso sabe que está un segundo más cerca de la perfección, y la perfección vendrá marcada por ese preciso momento en el que el pincel fucsia pinte sobre la frente caída de él el nombre de Ekaterina y en un lado de su rostro, el que ya no mira nada, con el pincel turquesa, Novo-Simanchuk. 

En una primera acepción, hoy olvidada, el término “pensador” significaba «el distribuidor de pienso al ganado…», Juan Goytisolo

Personaje 1 (6ª aparición):

… ¿Cuánto tiempo llevo sin moverme?, sentado aquí, sin decir nada, musitando sonidos ininteligibles, simulando que miro el infinito inexistente de mi habitación como si fuera un paisaje que solo yo puedo ver, la pantalla sigue viva, si me deja a oscuras, sé que es algo momentáneo, basta con mover el ratón ergonómico y volverá conmigo, el cursor late y parpadea sobre un documento iniciado hace bastantes horas, carece de título, refleja el vacío blanco que padece un autor, por lo demás, a veces, doy paseos cortos por la habitación, no más de cinco metros en su parte más larga, de la ventana a la puerta, de la puerta a la ventana, su anchura está limitada por los muebles, las sillas y los libros, representan la pesadilla de los objetos devorando el espacio, ¿cuántas idas y vueltas?, las que hagan falta, perseverar en la obsesión, más pronto o más tarde los encontraré, me necesitan tanto como yo a ellos, creo que lo que pasa es que no les gustan las historias en las que quiero que vivan y huyen no se sabe dónde, ¡volverán!, nos necesitamos, han de saber que las palabras también, «¡haz algo, muévete!», me digo, las bolsas de patatas fritas se te han acabado, los pepinillos también, la botella del agua está vacía y no haces café por si acaso les diera por aparecer justo en ese momento, «haz algo, muévete», hueles mal, la cama está deshecha y llevas la misma camisa desde hace cinco días, «muévete, ¿a qué esperas?»…

Lo sumergido en la obra literaria la mantiene a flote como el iceberg…, Juan Goytisolo

Personaje 1 (7ª aparición):

… Ocurre que algunas veces las palabras se juntan de forma aleatoria y adquieren un significado propio, sin tener en cuenta el lugar donde habitan los sentimientos, ese lugar del que decidiste salir hace mucho tiempo y al que no terminas de llegar porque el destino cambia o se te escurre por entre los dedos. Dudas, y, en algunos momentos, te planteas acabar de una vez por todas con este agotamiento cruel y placentero que supone la espera, y te vuelves contra ti y contra aquella decisión que tomaste sin hacer caso de los consejos de los que te querían, y lo haces como cuando no te queda otra cosa que tu cuerpo por examinar y te dedicas a castigarlo y dañarlo, sin motivo, y luego, además, añades la oscuridad de tu cerebro, la negativa a cuestionar tu manera de vivir, te dices a ti mismo que vendrán, que terminarán por acudir y que te ayudarán a escribir lo que te falta por escribir, y entre tanto, los sentimientos se esconden detrás de tanta palabrería, te has especializado en palabras, en racionalizarlas e intelectualizarlas para dar de comer a tu ego, pero dónde están las que nacen de la tristeza, del dolor, de la ira, de la alegría… ¿dónde están?, joder ¿dónde están?…

Referencia 3HIST2020: «No me dejes aquí», «y dónde quieres que te deje», «joder, en mi casa», «yo a tu casa no voy ni queriendo, solo por no ver el careto de tu padre doy dinero», «sabes que mi padre es perro ladrador», «pues los ladridos que se los dé a otro», «co-coco-cocó», «mira que puedes llegar a ser gilipollas, tía», «venga, llévame a casa…, si quieres, no entres, pero, por lo menos, déjame en la puerta», «sí, claro, y además te planto unos cuantos besos en el coche antes de que te bajes, ¿no?», «pues no sería mala idea», «pero tú qué quieres, que tu padre me monte el pollo, mira, no sé qué opinión tiene de mí o qué es lo que piensa, pero me habla como si fuera aquel que un maldito le pisó los menudillos», «pues va a ser verdad lo que me dijo el otro día acerca de que eres un tío sin huevos», «y qué es un tío con huevos, ¿tú lo sabes?», «venga, no te enfades, pero un poco de orgullo sí que podrías tener, ¿acaso no me quieres?», «las cosas claras, salimos juntos y ya está, algo puntual, sin pretensiones, y que quede claro que todo lo demás no va más allá de un puro blablablá, nos lo pasamos bien, unas cuantas risas, muchos besos, unas cuantas calenturas, unos pocos desahogos y para de contar, además, tú qué sabes de mí, quién soy y qué quiero de ti».

Merche se queda callada mientras mira más allá del cristal del coche, ha ladeado la cabeza de tal forma que Luismi no puede indagar en sus ojos para saber qué es lo que le ocurre, curiosidades de la vida, Luismi está haciendo lo mismo y sus cabezas recíprocas se niegan la mirada, el silencio se adueña de la situación, el interior del coche impone sus ruidos, un plástico que se endereza poco a poco o se estira llevado de la dilatación provocada por los cambios de temperatura, un leve rozamiento de ropa contra ropa, un choque no deseado con la carrocería debido a un movimiento propio de la tensión que vive con ellos; demasiado silencio, qué bien les vendría el móvil, no están acostumbrados al silencio, no están acostumbrados a refugiarse en sus cabezas. 

«Perdona, he sido un poco brusco», dice él, «un poco gilipollas, diría yo», «joder, tía, encima que me disculpo, me la llevo», «no te la llevas por lo que has dicho, sino porque no tienes ningún interés en cambiarlo», «me cago en la hostia…», «cágate menos y habla mejor», «y eso lo dices tú», «sí, lo digo yo, qué pasa», «pues que, de vez en cuando, sueltas algunos palabros iguales o peores que los míos», «pero, ahora, no; ahora, estoy contigo y quiero que eso sea lo único importante», «por qué me dices eso», «porque quiero que sepas que eres algo más que un “desahogo”, joder», «lo siento, Merche, de verdad que lo siento», «si supieras…», «si supiera qué», «nada, lo tonta que soy», «escúchame», «a ver lo que dices, porque soy capaz de darte un golpe contra el volante», «tranquila, ¿te he contado lo de aquella vez que estuve trabajando de Papá Noel?», «y esto a cuento de qué viene, Luismi, tú me quieres volver tarumba», «espera un poco, no seas impaciente», «eres la leche, pegas unos giros que vas a terminar volviéndome loca», «fue el año pasado, había acabado el instituto, estaba sin curro, necesitaba cash y me apunté a eso de hacer de Papá Noel en unos grandes almacenes, según ellos, era tan joven y tan delgado que no entendían cómo podrían hacerme pasar por un personaje así, pero, al final, como no se presentó nadie más, me lo dieron, me pagaban una mierda, pero acepté, le había echado el ojo a una máquina y quería hacerme con ella cuanto antes, me dieron toda la vestimenta, incluida la barba  y me dijeron lo que tenía que hacer, era como si quisieran recrear una peli americana, yo en la calle con una campana de mano en la que se veía el nombre de los grandes almacenes y que tenía que mover para que sonara sin que pareciera ruido y, sobre todo, llamara la atención para que la gente entrara, y si algún niño quería hacerse una foto conmigo, pues eso, tenía que aceptar…», «vaya aburrimiento, ¿no?», «un poco, además eran ocho horas seguidas, pero espera que queda lo mejor», «vaya rollo», «oye, si quieres, lo dejamos y te llevo hasta tu casa», «no, si me refería al trabajo, a lo de estar ahí ocho horas en la calle y aguantando al personal, anda, sigue», «vi llegar a los padres, me parecieron normales, y detrás o al lado de la madre iba el niño, de esos rubitos de cara angelical, el clásico que sale en la televisión, se pierde y, al final, aparece dormido en la sección de colchones, pues eso, yo seguí a lo mío, no encontré ningún motivo para dejar de hacerlo…», «y cuando pasó a tu lado, te pegó una patada», «anda, calla, tú sí que estás patada, no ocurrió nada, yo le di a la campana y el niño me miró con una sonrisa de felicidad de esas que te dejan nuevo, a continuación, se pararon a mi lado, el padre le dio un beso a la madre y se despidieron, el tío era uno de esos estirados paliduchos que deben estar enganchados al trabajo y no saben cómo parar, se olvidan de todo lo que no sea su rollo y dejan la familia en segundo plano, el niño y ella se quedaron mirando cómo se alejaba y yo no sé por qué también, cuando se perdió entre la gente la mujer me miró y me hizo un gesto como de resignación, no sé, pero me dio algo así como pena, yo no supe hacer otra cosa que sonreírla y tocar la campana, me dio la impresión de que le hizo gracia y entró en el comercio riéndose, yo seguí a lo mío, me quedaban unas cuantas horas…», «¡y ya está!, ¿esto es todo?», «joder, cómo eres,  ¡espérate!», «es que mira que le das rollo al asunto», «¿sigo o no sigo?», «venga, sigue, total ya me he tragado una parte, veremos dónde va todo esto», «lo que no me dijeron cuando entré a trabajar en el puñetero sitio ese es que si algunos clientes me llamaban para ayudarlos con los paquetes yo tenía que hacerlo, un mozo de carga que se ahorraban por el sueldo de un papá Noel de tres al cuarto, y la verdad es que, en las horas punta, me pasaba más rato cargando que dándole a la campana, al cabo de dos horas volvieron a aparecer la madre y el niño, ella iba cargada hasta los topes, parecía necesitar ayuda, yo me acerqué y le dije que si la podía ayudar, ella me dijo que sí que, por favor, cogiera los paquetes hasta que llegara un taxi que ya había pedido, efectivamente, a los pocos minutos apareció un taxi y yo descargué los paquetes en el maletero, normalmente, no me daban propinas, pero ella me soltó un billete de veinte, casi me da algo, lo que me pagaban en tres horas de curro, ella lo soltó en una sola tacada, así que cuando me dijo que si quería ganarme un dinerillo extra que la llamara, yo ni me lo pensé, le dije que sí, me dijo que eran trabajos pendientes en el jardín de su casa, que su jardinero estaba de vacaciones en estas fechas y que ella no podía hacerlos, nada de importancia pero que le apetecía que se hiciera, si por llevarle cuatro paquetes mal contados me soltó esa propina, por lo del jardín seguro que me sacaba el doble o el triple…», «venga, Luismi, que ya sé de qué va a ir esto: la mujer que se siente sola, el marido fuera, el jovencito atento… y no tengo muchas ganas de oírtelo»,  «tú espera que termine y luego me dices, el caso es que me dio el número de su teléfono y al día siguiente la llamé, quedamos en que me pasara por allí, viera lo que había que hacer y que decidiera, si lo aceptaba ya hablaríamos del dinero, que por esa parte no habría problema, le dije que ok, claro, así que el primer día que tuve libre me presenté allí, estaba sola, no estaban ni el niño ni el padre…», «tío, me estás tocando las narices porque sé cómo va a acabar…», «tú que vas a saber, me acompañó por el jardín y me fue diciendo lo que quería, unas cuantas horas de curro y poco más, había que barrer las hojas, recoger ramas caídas y cortar algo de césped que, en algunas zonas, había crecido demasiado, me puse a la tarea y ella se volvió para la casa, estuve trabajando sin parar, creí que no acabaría porque en esa época los días son muy cortos, pero me dio tiempo, acabé, recogí las herramientas en el caseto que tenían y me fui a cobrar el curro, llamé a la puerta de la cocina y no me abrieron, me fui para el frente de la casa y golpeé con la aldaba que tenían no sé si de adorno o de qué, pero yo golpeé con fuerza, y tampoco, pensé que lo mismo había salido urgentemente, yo qué sé… a comprar, o a casa de una vecina y decidí llamarla por teléfono, oí su teléfono, el sonido salía desde una ventana del piso superior, estaba abierta, la cosa me intrigó…», «joder, a mí, también, no sé por qué pensé en el clásico romance tía mayor con chico joven y me estaban dando las siete cosas…», «recordé que tenían una escalera de madera en la parte posterior del cobertizo, me fui hasta allí y la cogí, la apoyé contra la fachada y fui subiendo con cuidado porque no veas cómo se movía, era de esas escaleras de madera que con el uso…», «joder, tío, o sigues o te meto una hostia», «pues no decías que era un rollo…», «¡que sigas!», «la escalera llegaba hasta la ventana de forma muy justa, tuve que izarme en el último peldaño agarrándome de un saliente de la fachada, me icé y pude ver a la mujer tirada sobre la cama, aparentemente, desmayada, la llamé, pero ni contestaba ni se movía, decidí auparme como fuera y meterme en la habitación, lo conseguí, pasé hasta el interior y me fui hacia la cama, estaba como muerta, un color pálido, muy pálido y las venas muy marcadas, me pareció que carecía de latido, acerqué mi oído hasta su pecho, nada, intenté moverle la cabeza, pero su cuello estaba excesivamente ladeado y me dio miedo y, de repente, ella, va y abre los ojos…», «¡me cago en la leche!», «me mira fijamente, me gira el cuello con lentitud y me agarra la cara con fuerza, no puedo ni sé cómo separarme, tira de mí hacia ella, mira, así, sus labios están cerca de los míos, yo no quiero besarla, no sé qué hacer…», «me estás haciendo daño…», «y sin venir a cuento, abre su boca, y de un golpe, se lanza a mi cuello y me muerde con todas sus fuerzas, ¡lo ves!…», «qué gilipollas eres, qué susto me has pegado, todo ese rollo para darme un muerdo, estás como una cabra», «¿te ha gustado la historia», «y seguro que me has dejado marca», «pues claro que sí, esta noche irás notando la necesidad urgente de beber sangre y…», «cállate, vete a la mierda, no te cuento los sueños que tendré esta noche», «venga, que te llevo hasta la puerta», «y con mi padre, ¿qué hacemos?», «¿y qué quieres que haga?, es tu padre, no el mío, aunque no estaría mal que esta noche te acercaras a su cama, le dieras un buen mordisco y te bebieras su sangre…», «lo que yo te diga, como una puta cabra, pero no, haré algo mejor, se lo contaré para que vea qué clase de tipo eres».

Se ríen. Ella baja del coche, Él la mira. La Luna se perfila en el horizonte, las calles están vacías, de vez en cuando pasa algún que otro transeúnte, en la lejanía se ha oído un aullido, le responde uno más cercano, y otro, y otro más. Mañana volverán a quedar.

¿Es la vida humana un elemento exterior a las leyes del mercado o únicamente un producto más, comerciable y vendible, del frío e inmisericorde entramado económico?, Juan Goytisolo.

Personaje 1 (8ª aparición):

… Mañanas empañadas por un único pensamiento: escribir es una burla que te estás haciendo a ti mismo, un engaño para aliviar dudas y miserias.

Muchos son los llamados por la literatura; pocos los que la escogen a ciencia y conciencia, Juan Goytisolo.

Personaje 1 (9ª aparición):

… Referencia 17HIST2022: Salieron juntos, iban decididos, con ganas, no dudaban que la tarde iba a ser inmejorable, no dudaban que se comerían el mundo, no dudaban que se merecían todo lo bueno que pensaran, eran ellos, con eso bastaba: Leo, Iván y Nico. Uno de los móviles sonó, el de Nico, lo sacó del bolsillo del pantalón, miró la pantalla, «mi madre», dijo; «es que te quiere mucho», dijo Leo; «eres su niñita», dijo Iván; «me vais a tocar los huevos, los dos», y se rieron, todo ello al mismo tiempo que se empujaban como para darse a entender que estaban juntos, que se comerían el mundo y que se merecían lo mejor.

En la gran ciudad moderna, una cosa es cómo están representadas las calles en un plano y otra muy distinta cómo es el trazado real, porque en el plano, las calles rectas son rectas y las curvas, curvas, pero en la realidad, las rectas se retuercen y son empinadas, irregulares y bacheadas, y las curvas, estrechas, deslizantes o, simplemente, mal trazadas, espacios donde lo ideal se empeña en modificar la realidad.

Se sentaron en un banco de madera medio derruido, dos en los restos de los travesaños que hacían de asiento y uno, Leo, encima del respaldo, miraban sus móviles como si no les rodeara nada ni nadie, a su modo de ver, la vida se encerraba en un teléfono de última generación, para qué molestarse en cualquier otra cosa. Nico ni siquiera contestó a su madre, había un mensaje más importante, un mensaje con una URL, una URL con un enlace, un enlace que accedía a un vídeo y, por fin, un vídeo que llevaba consigo la urgencia de un presente de imágenes consumibles porque si no se consumían al instante no pertenecías a esta última generación, te habías convertido en un animal a punto de extinguirse; sin terminar de verlo lo compartió, sobre la marcha les llegó a los otros dos,  lo recibieron como si no fuera necesario hablarlo, los tres detenidos en una especie de parque que a ellos les daba igual, atrapados en el contexto de lo más urgente-más compartido-mayor cantidad de likes.

Así que tú miras un plano y un buscador inteligente te traza un recorrido prefijado: de A hasta B, y te dice que durará equis minutos, y te dispones al viaje con la satisfacción de saberlo todo de él: origen, destino, ruta elegida, rutas alternativas, tiempo de duración y, además, un guía espiritual en forma de voz complaciente que te dirige hacia la plenitud que supone el no perderse. Estás satisfecho. No existe la opción al error.

Pasan las horas, los vídeos se comparten en la misma medida que las onomatopeyas o los frases inacabadas, hay una jerga que se impone, hay una actitud que vence, el sol va cayendo, un comentario vuela, da igual quién, uno de los tres: «¡puta batería!», se miran, se levantan, vuelven hacia el origen del paseo, satisfechos, juntos, comiéndose la vida, devorando el mundo.

Las calles, los parques, las plazas, las avenidas se hacen fuertes frente al dibujo que les quieren imponer.

… acceder a la literatura a partir de la anomalía, situarse deliberadamente al margen de modas, corrientes y géneros., Juan Goytisolo.

Personaje 1 (10ª aparición):

… «Mañanas empañadas por un único pensamiento: escribir es una burla que te estás haciendo a ti mismo, un engaño para aliviar dudas y miserias», ¿cuántas veces lo has leído ya?, está escrito en la parte superior de una página que pertenece a un documento que, a su vez, forma parte de un archivo: un párrafo, nada más. Ahí se ha quedado, inmerso en la gran penuria de las palabras, el festival cruento de las ideas que son solo eso, pertenece a la parte de la obra en la que alguien dice aquello de apáguense las luces y que entre la música, salga de una vez el oficiante de este acto único, por favor, por favor, por favor, que nadie se levante, nadie mire hacia otro lado que no sea la página-escenario que se despliega ante el lector, ahí está todo, ¡la Novela!, lo que he escrito, lo que no he querido decir y lo que he querido guardar conmigo: la pena, la frustración, la inseguridad y el puto reflujo que ahoga mi interior…

¡Perro viejo de la literatura!, Juan Goytisolo.


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