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AUTOBIOGRAFÍA DE UN FINAL LITERARIO

 

Efímero y definitivo, así me defino a mí mismo.

Menospreciado en la misma medida que necesitado surjo por despecho, cansancio o bien a expensas del gusto, del capricho o de la necesidad, en todos los casos, soy producto de la imaginación y la voluntad del escritor. Previsible o sorpresivo, la consecuencia siempre es la misma: después de mí, nada.

No sé si mi aparición es motivo de alegría o de tristeza, si colma o frustra esperanzas, si desilusiona o satisface, en verdad que no lo sé; me imagino que esto vendrá dado por las expectativas creadas antes de mi llegada; pero a mí no me culpe nadie del resultado porque poco o nada he podido hacer al respecto, lo mío es puntual y obligado y no va más allá de aparecer en un momento determinado, por otra parte, fácilmente se comprenderá que si apenas tengo tiempo para pensar en mí, mucho menos he de tenerlo para analizar o comprobar qué efecto causo y si soy o no acertado; no es por eludir responsabilidades, pero lo mejor es dejarlo a juicio de ese lector que pacientemente llega hasta mí.

Tengo un hermano siamés, se llama “Principio”, en él estoy y él en mí está, y, aunque no llegamos a vernos nunca, los dos sabemos con certeza que estamos unidos y que yo sin él y él sin mí nada seríamos, no se nos puede separar.

Hay nombres grandilocuentes repletos de vocales y consonantes, los unos, pretenciosos, otros, apabullantes, algunos, simplemente musicales, pero el día en el que se repartieron todos ellos fui prudente y escogí uno sencillo y fácil de pronunciar –contundente, eso sí–, y aunque solo disponga de tres letras, curiosamente, ellas dicen todo de mí:

 

FIN

 

AUTOBIOGRAFÍA DEL SILENCIO

 

 

Escribo desde lo más profundo de cualquier interior, allí donde los rincones laten un mutismo vivo por callado; escribo desde el lugar donde el pensamiento nace y los sentimientos se refugian, esa penumbra en la que la palabra se pliega humilde y le importa poco o nada enmudecer; escribo para adormecer los sonidos devolviéndolos a su origen; escribo porque es la única manera de mostrarme ante ti.

Mis orígenes. Quizá no me creas; ocurrió hace ya tanto tiempo que no lo puedes saber ni mucho menos recordar, tampoco está reflejado en ninguna historia o mito, no lo busques; durante una época solo fui poeta y músico: un gran músico, el más inseguro de los poetas. El afán de perfección, marca prendida en mi alma, o el inconformismo que gana mi voluntad me llevaron a buscar mi verdadera esencia más allá de la exuberancia de cualquier forma poética o musical: cómo se expresa el sentimiento puro, cómo se canta la soledad, cómo suena el amor verdadero, estos fueron algunos de los retos; experimenté, me perdí en el absurdo o en el adorno inexpresivo, me estremecí ante el vacío y la extravagancia, pero, al final, atrapé una luz deshabitada, me instalé en su interior y abandoné cualquier otra pretensión: la voz y el sonido sobraban. Me entregué a la opacidad de mi yo recién descubierto y así me encuentras y encontrarás.

A veces llego hasta ti como defensa o salvación de lo que te rodea, me convierto en la mejor respuesta que se puede ofrecer al sinsentido de los demás. Me alegro por ti. Pero ten en cuenta que el verdadero problema de mi ser tan reservado nace de la interpretación que se me dé, porque, muy a mi pesar, no siempre queda claro qué implico cuando me hago presente, el error y el malentendido que lleva consigo la indefinición prevalecerán sobre cualquier verdadero sentido, lo siento, no debes olvidar que soy parte necesaria de un discurso y que mi reflejo siempre será tan poliédrico como mi yo.

Qué más tienes que tener en cuenta: Soy refugio, retiro y reclusión; Soy abandono trascendente en lo esencial y abrazo oscuro de la meditación más tupida; Llevo conmigo todos los discursos posibles, todos, y eso lo saben bien los poetas porque en los recovecos de mis múltiples cuevas se encierran para escribir intentando emularme, ellos aprendieron que el verdadero poema tiende al silencio, hacia mí, porque cualquier sentimiento se completa en mí y que las palabras –insuficientes en su naturaleza– lo dañan rasgando su himen de esencia y verdad; Mantengo una doble y ambivalente personalidad: unas veces surjo porque no se sabe qué decir y otras porque ya está todo dicho, en algunas ocasiones me trae el desdén y en otras el asentimiento –qué complicado soy.

Hay silencios medrosos, vacilantes en sus razones –si es que las tienen– y fáciles –por recurrentes– en su habitar; tarde o temprano se delatan porque careciendo de aliento, se ahogarán.

Os dejo, me canso, me agoto, las palabras aun sin ser pronunciadas desgastan mi voluntad de recogimiento y fuga.

 

AUTOBIOGRAFÍA DEL RECUERDO

Nazco cuando la realidad presiente que una parte de ella está agotándose y considera que no va a repetirse más, justo cuando la separación desprende su capa de tiempo agotado para cubrir personas, hechos y objetos cual muebles a la espera de no se sabe muy bien el qué; nazco cuando experiencias y emociones comienzan a divagar afectadas de un alzhéimer de razones incomprendidas, justo, cuando el existir quiere defenderse del perecer.

Y, luego ya, después de ese primer instante, no hago otra cosa que esperar –nada más, de verdad–, ahí me quedo, latente y como en suspenso, viviendo la vaguedad de un devenir indefinido porque nunca sabré si seré recuperado o erraré eternamente a través de la oscuridad y el silencio; siempre aguardando el momento gozoso en el cual alguien me rescata de aquello que me aterroriza: el olvido; gracias, hermanas mías, sí, vosotras, Nostalgia, Añoranza y Evocación, gracias por traerme hasta aquí, y gracias por favorecer que se me convoque de nuevo para formar parte de la realidad.

Otros peligros arrostro más allá de esa más que probable desaparición total, amenazas que hablan de un deterioro progresivo en mis formas o de una degradación paulatina que hagan que me convierta en algo distinto al fiel reflejo de aquella imagen de la cual nací, que termine por desnaturalizarme y al final sea otra cosa, para bien o para mal, porque no sería raro que si en el principio fui bello, después, me transforme en monstruo o al revés: cosas inexplicables que me pasan.

Me divierte sobremanera esa forma de reclamar mi aparición que se hace de forma compartida, todas reunidos todos reunidas en torno a lo que fui, retazos que, como si fueran piezas de un puzle, se van reuniendo propiciadas por unas y por otros y que, con esfuerzo, terminan por recomponerme; lo curioso es que, casi con toda seguridad, seré distinto para cada una de ellos, pero no me importa, porque lo esencial se produce, renacer para saber que existo y, claro, soy feliz.

Me entristece por el contrario cuando llevo conmigo la cara afligida de las experiencias lúgubres, de las vivencias apenadas en general, no me gusta esta faceta de mí, procuro no representarla, aunque ahora que lo pienso quizá seas tú quien pide eso de mí, si es así, entonces, pregúntate el porqué.

Perpetuarme sería mi sueño.

Quiero pensar que nunca terminaré de desaparecer, que mi naturaleza fugaz y efímera saldrá indemne del paso del tiempo y que mi destino es caer en algún lugar desconocido de la esfera celeste donde todo sea un recuperar mi origen apelando a ese eterno retorno del filósofo del exceso, pero como no lo sé ni tengo certeza de ello, aquí estoy, de nuevo, expectante y oteando el horizonte para ver quién me reclama, me necesita o requiere de mis servicios.

AUTOBIOGRAFÍA DE ÁNIMO

 

Para MJ, dona marinera

 

Llevo una vida complicada y algo contradictoria; mi existencia es más un deseo que se regala que una presencia que se reclama: quien más me necesita camina atribulada y, la mayoría de las veces, ni se acuerda de mí, y quien me convoca para regalo no sabe cómo ha de ser el envoltorio que facilite mi llegada hasta el destino.

No me impaciento, no te impacientes.

Eso sí, quiero que sepas dónde me encontraré cuando me llames no vaya a ser que…, bueno, tú insiste un poco; escucha atentamente porque, con seguridad, estaré contemplando esos horizontes de aguamarina que absorben miradas las hechizan por completo y te las devuelven cargadas de sal y de espuma, también, por si no lo sabes, puedo estar observando el prodigio de esas diminutas semillas que luchan contra todo lo imaginable intentando salir adelante aun en las peores condiciones, y, cómo no, me puedes pillar absorta –sí, “absorta”, acaso me pensabas masculino, quizá me confundes con mi hermano Coraje, olvídate, trampas del lenguaje, si no te lo crees, ahí tienes a mi pariente lejana Eco que sufre de lo mismo que yo–, ¿decía?…, ¡ah, sí!, que también puedo estar absorta de cielos y de nubes, atragantándome en su infinito y jugando a poblarlos con toda clase de alicientes y deseos, ya me conoces, movida por esa obstinación risueña que habita conmigo.

Me veo reflejada en la naturaleza, en su capacidad para perseverar y persistir en ese terco continuar , siempre continuar, pase lo que pase. ¿Discurso fácil?, allá cada quien y cada cual, yo ni siquiera me lo he planteado, te hablo desde la voluntad que resiste y resiste antes que ceder a cualquier tristeza acumulada o a los amaneceres infortunados.

Sí, ya te lo has imaginado, soy esa testarudez que no ceja y te dice: sigue, sigue y sigue; como si lo que acontece no te pudiera desviar de un camino que, contrariamente a lo que crees, no está trazado y que yo, en mi persistencia tozuda, te ayudo a construir: A poc a poc.

Me enfrentarás con tus dudas y te empujaré hacia adelante porque no puedes parar; me cargarás con tus miedos y no te diré nada porque, simplemente, miro lo que aún queda y me pongo a andar; a veces, me golpearás con el abatimiento y el desinterés y creerás haberme callado, pero no, encontraré razones, me obcecaré, y de forma silenciosa lo único que haré es poner a tus pies las zapatillas, en tu cuerpo, el vestido y en los ojos, luz y más luz, en pie, vamos.

Sé que puedes con todo o que, por el contrario, no puedes con nada, tú, llámame cuando brochazo tras brochazo la Realidad te pinta un cuadro anodino, sin relieve y sin fondo, como si no existiera el color, el escorzo o la perspectiva, si te decides y lo haces, me aferraré a ti porfiando, resistiendo, con una fe y una fijeza que no te permitirán titubear y mucho menos flaquear, con una confianza que puedes llamar idiota –no me debilita el término–, pero que, no lo dudes, será confianza al fin.

Una última cosa, cuestión de procedimiento, no tengo teléfono, deja, si no te parece mal, un mensaje en un banco cualquiera del parque, una nota al pie de ese castaño de indias que te gusta o una frase grandiosa por su extensión sobre la arena compacta de una playa, no te preocupes, las encontraré.

AUTOBIOGRAFÍA DEL OLVIDO

 
Aquí estoy, tranquilo, tomando un café amargo manchado con pizcas de chocolate, esperando que me llamen, no tengo prisa; no descuides, me llamarán, siempre terminan llamándome, es el recurso a los clásicos, no falla, y, yo, aunque algo errático y un poco vagabundo, soy un clásico, por supuesto.

Mi perfil afilado, mi porte erguido, mi mirada aguda y penetrante y mis maneras académicas así lo atestiguan; pertenezco a toda época y a todo periodo, mi morada está en el Tiempo, porque es ahí, entre su arcilla informe, donde habito esperas y doblego vanidades; no tengo muy claro qué voy a producir cuando aparezca, unas veces mi llegada se viste de dolor y otras de salvación; es característico en mí el inducir finales necesarios, favorecer ocultamientos firmes y, cómo no, repartir silencios fatalmente aceptados.

Los griegos ya escribieron acerca de mí, me pusieron al servicio de un río que llamaron Leteo y de cuyas aguas podías beber para borrar la memoria de lo que hasta ese momento habías hecho o habías sido: más evocativo que real, más simbólico que efectivo, pero me gustaba, más que nada porque me veía reflejado en sus profundas aguas de agujero negro o fosa abisal.

Hoy en día, todo es más pragmático –utilitario, diría yo–, ni me veo ni me ven así –malos tiempos para los mitos y sus poéticas explicaciones–, me surge competencia por todos los lados, intrusos e intrusas que hacen mi trabajo sin consideración alguna, que de quién hablo, por supuesto de esas dos advenedizas: Moda y Última Novedad, gracias a su influencia todo es tan efímero que no bien nace, en un santiamén, se encuentra desfasado: ¡no necesita ser olvidado!, simplemente, pasa, ocurre de la mañana a la tarde, sin derecho al olvido, sin derecho a mí; son dos semidiosas con un inmenso poder, llevan consigo el vértigo del agotamiento y la sorpresa de la innovación, no buscan permanecer ni perdurar; si no hubiera visto tanto ya, si no hubiera vivido tantas épocas temería desaparecer ante su presencia como si yo mismo fuera algo fútil y perecedero, se llama tendencia, código de barras y fecha de caducidad.

Qué puedo decir: añoro el universo rico y complejo que llevan consigo los sentimientos –yo creo que ese es mi lugar natural–, porque no bien están surgiendo, allí, incipiente, me encuentro yo; pensad, si no, en exaltación y entusiasmo o tristeza y melancolía: posos densos y emotivos que la mayoría de las veces no soportan el paso del tiempo y en su finalización me necesitan para un mejor transitar del delirio o del abatimiento a la normalidad; ese mundo exige de mí una mayor atención, me permite vivencias más profundas y distintas sensaciones, aunque, en realidad, y me lo pregunto con pesar, no sé si, también, mis queridos sentimientos, estén pasando a formar parte de la cadena de consumo y reciclaje cual mercancía de usar y tirar: por aburrimiento, por desidia, ¡por dolor! o por desinterés.

Llevo conmigo ese toque de sutileza que me permite estar contigo sin que lo sepas, que conozcas de mi presencia de una manera paulatina y gradual, igual que un difuminado donde se diluyeran tus experiencias hasta desaparecer, algunas veces como si no las hubieras vivido y otras como si las vieras a través de una fina gasa donde, poco a poco, se desvanecen los detalles hasta convertirse en reminiscencias de una intuición.

Mantengo, cómo no, ese signo de distinción que me es tan propio, mitad trágico y mitad paradójico, que hará posible que cuando acabes de leer esto, con toda seguridad, ya, me hayas olvidado.

 

AUTOBIOGRAFÍA DE OPTIMISMO y PESIMISMO

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AUTOBIOGRAFÍA DE LA ALEGRÍA

 

En un día especial, dedicado a tod@s l@s que comparten mi…

 

 
No digas que no, ha sido leer mi nombre y has sonreído, no lo niegues sé que ha sido así, es uno de los efectos inmediatos que genero con mi simple alusión, sigues sonriendo, lo sé.

No sé por qué os obstináis en vivir negando mi presencia o evitando mi mención, como si prefirierais instalaros en lo otro, en mi contraria, esa que no voy a mencionar porque ni siquiera merece la pena. Manías que tenéis, que, por supuesto no voy a criticar, no es mi estilo y, quizás, por eso me muevo ligera liviana feliz.

Son mis embajadores, Sonrisa y Brillo, tienen preferencia por los rostros, habitan los ojos, justo allá donde la pupila se hace punto y círculo, y se instalan en los labios en toda su delgada y fina extensión, aunque, bien es verdad, su verdadera finalidad sería convertir todo tu cuerpo en pura expresión de mi presencia; prefiero la extensión luminosa al rincón tenebroso, la complicidad al rechazo y el entusiasmo a la dejadez desdeñosa de tus no me importa qué le vamos a hacer.

Me acusan de cursi y remilgada, de vivir de espaldas a una realidad que me es ajena y me echan en cara un exceso de fantasía edulcorada; hablan a mis espaldas acerca de lo que entienden que soy: un engaño, un fraude, ese vivir iluso, vano y repleto de falsa pretensión. No escucho, no hago caso, me envuelvo de giros y de movimientos continuos y marcho alada de horizontes donde sea bien recibida o donde piensen que tenerme a su lado es algo único y no solo una posible opción.

Sé que es más fácil para vosotros el drama la tragedia o el simple penar, que os gusta rasgar vuestros cuerpos con manifestaciones de ese vivir, y que encontráis un extraño disfrute en lacerar vuestra existencia con poses cabizbajas compungidas y pesarosas, seguramente creéis que conjuráis fantasmas de la realidad o que es mejor anticiparse a lo que siempre llega en forma de fatalidad, no lo sé, no lo voy a pensar, porque lo único que percibo es que desde hace un rato ya no sonreís, y eso no es lógico estando yo aquí; así que sin más preámbulo os participo que no voy a dedicar ni un segundo más a hablar de esa parte oscura que os empeñáis en habitar, y, abrazada a Júbilo, me entrego por completo al baile de mi nombre, a la musicalidad de esas vocales que se enlazan cantarinas entre unas consonantes que saltan de sonidos aleteados deslizándose de goce y runruneo que son quienes os hacen sonreír.

Hoy me maquillo especial en los vestidos sencillos de labiosojos, en los estampados radiantes de óvalosrostros, también, lo haré como gesto delicado en una mano y, cómo no, de escorzo de risas en los hombros, hoy se exalta mi presencia, hoy, tengo que actuar.

AUTOBIOGRAFÍA DEL VACÍO

 
Arrancado desde la nada, despojado de todo, mi boca no habla sueños, mis ojos no lloran imágenes, mi corazón late pausas y mi cabeza se sumerge opaca en el espejo del tiempo: sin sueños, sin miradas, sin latidos, sin pasado sin presente y sin futuro.

¿Cuáles son mis dimensiones? Miedo y ausencia, temor y distancia, desdén y desidia. Un mar sin humedades, un cielo agotado de vientos y un bosque hermético al color, cualquier asombro lo llamo suplicio, cualquier novedad, perdición. Ardiente para mí mismo, sin embargo, escupo y proporciono frialdad, si te acaricio una mano sentirás cómo el hielo se apodera de tu piel y si me poso en tus ojos tu mirada se agotará huera de existencias.

Los que nada saben de mí me acusan de tremendismo y exageración, los espero con segura tranquilidad; los que me piensan tiemblan ante una posibilidad que es un no existir, hacen bien, pero aquellos que me han habitado, por el contrario, no dicen nada, se han abandonado a la consistencia de la mirada perdida y al vagar sin sentido o dirección.

No oirás mi voz, nunca, para qué, absorbo todo, carezco de límites y mi voracidad se mide por el propio descubrimiento de mi insaciable capacidad para dejar sin sentido lo que parece tenerlo; cuidad vuestros sentimientos ellos son la puerta perfecta para mi llegada: rotos, desorientados, inexpresivos, insensibles; no lo dudes, después del dolor y de la indiferencia, apareceré yo.

Los pintores han querido retratarme una y otra vez, les atraigo tanto o más que el Silencio a los músicos, no se lo he puesto fácil, soy esquivo, y para compensar su insistencia les he proporcionado paisajes desolados sin horizonte y sin luz: sombras y tinieblas, tinieblas y más tinieblas. Solo uno de ellos ha llegado hasta mí y mirándome fijamente me capturó: Habitación de hotel, 1931 Domingo, 1926 Autómata, 1927 New York, New Haven y Hartford, 1931.

No volverá a ocurrir.

De mi existencia no quieras saber mucho más, procura no cruzarte conmigo y ten cuidado porque acudo sin que me llames, me basta con intuir tu inconsistencia de afectos, me basta con verte habitando tu propia debilidad.

Así soy / Así estoy

AUTOBIOGRAFÍA DEL VIAJE

 
Me gustaría pensar que sí es cierta, que de verdad se cumple aquella diferenciación antigua que dividía el ser en cuerpo y alma, y que yo, en esencia, soy eso: “un alma” –un espíritu puro donde los haya–: un alma que impulsa a devorar horizontes, un alma que se introduce por cualquier lado y que crea inquietud y expectación en lugar de conformismo y aburrimiento, un alma que mezcla espacios por habitar con tiempos para llegar y detenerse en ellos, sí, en esencia eso es lo que desearía; por favor, no confundirme con la maleta, con el avión, el barco, el tren o el automóvil, y mucho menos con ese contrato de agencias legalmente reguladas que confeccionan deambulares seguros y programados por este y por aquel lugar. Un respeto, por favor.

Inquieta, aventurera, incansable, resuelta, decidida… qué sé yo cuántos adjetivos más podrían definirme, aunque quisiera, no puedo decantarme por ninguno de ellos en concreto, solo sé que van conmigo, me pertenecen y, juntos, hablan de mí; en unas ocasiones, predominará uno, en otras, otro y quién sabe si en algún momento puede que aparezcan con la misma intensidad todos y a la vez: ojalá.

Hay tanto por ver, por apreciar y por conocer; hay tantos lugares donde perderse para encontrarse con uno mismo; hay tanta gente distinta con la que mirarse de ojos y de preguntas, piénsalo.

Todo empieza una mañana, una noche o en el transcurso de una hora, un minuto o un segundo, me miro en el espejo y lo que veo no me complace, necesito otra experiencia, otro paisaje, otro lugar, me canso de lo que creo conocer, no encuentro aliciente que me motive a permanecer donde ahora esté, se me agitan los deseos y se despierta el torbellino vehemente que llevo dentro; mis ojos se hastían y el cansancio vital me devora: algo nuevo, algo distinto, por favor.

Yo te propongo, tú decides. Sin miedo, sin reservas, sin temor. Yo te agito, tú me llevas, allá un hormiguero de camellos cruza un río de sal y más allá un bergantín con velas y mesanas se mece mareado en la tormenta de un cabo sin hornos; hay nombres que me reclaman sin más, Samarkanda, Tombuctú, Patagonia, Samoa, Gobi o Dar es Salam, llevan consigo el misterio, llevan consigo la tentación.

Piensa en mí como si fuera el depositario de un juego atractivo con aventuras no escritas; hay una palabra de tu diccionario que me gusta, me reflejo en ella tal y como tú te miras en mí: Trotamundos.

Perdón, me reclaman, esta noche interminable sin sueños está haciendo estragos, me voy; así pues, solo me resta un deseo:
¡Buen…

AUTOBIOGRAFÍA DE IRIS

¡No te vayas, gota de lluvia!, ¡espera, un poco más, por favor!, no ves que el sol no tardará, que está al llegar.

Y, entonces, el pavo real que llevo en mi interior, y mis mejores galas, y mis mejores adornos, y mis mejores tocados, aquí encerrados en torno a la música de siete colores que como algo único me llevan y me muestran, se desplegarán:

Soy Iris, hija del Asombro, anuncio el fin de las tormentas y llevo conmigo el tiempo de la palabra
Soy Iris, el adorno que la gran Diosa lleva en su cuello, promesa de paz
Soy Iris, reflejo de Identidad, espacio donde caben todos los colores, el muestrario de la diversidad

Dispongo para mí de una pasarela única, la que la naturaleza me ha reservado en exclusiva; dispongo de un camino que une la tierra con el cielo, quién puede decir lo mismo; cuánto lleva la vanidad del ser humano intentando algo por el estilo: torres, agujas catedralicias, pirámides, rascacielos, todo infructuoso y, sin embargo, la naturaleza pródiga y amable despliega un lienzo de transparencias celeste y terrenal para que yo haga mi aparición.

Que me gustaría permanecer más tiempo, y a quién no; qué mortal se aviene sumiso y conforme cuando la llamada fatal se produce; no hay nadie que no se rebele y pida un poco más; la existencia siempre es breve y el momento de irse se produce con demasiada antelación.

Agazapada en los rincones doblados de una gota de lluvia seguiré, sé esperar; sé vivir para aparecer ante ti de tal forma que durante un transitorio instante detengas tu marcha, alces tu cabeza y allá en el horizonte me veas arqueada por el peso de mi belleza o por la sutil gracia de mis curvas incipientes que vienen a decirte o a recordarte que después de cualquier tiempo tormentoso, negro y oscuro, al contraluz de esta sencilla gota de lluvia, me verás.

Soy Iris, y luego ya me desplomaré entre realidades sucias y rejas de color.

AUTOBIOGRAFÍA DE LA INDOLENCIA

Me pongo a ello

Estoy en ello

Un inicio, me falta un inicio

Sí, hombre, porque tú lo digas…

Un pelín cansinos, ¿no? Sigue leyendo

AUTOBIOGRAFÍA DE UN ATARDECER

Puntual y distinto acudo siempre a mi cita con el horizonte; en mí las infinitas posibilidades que el tono otorga al color, en mí la magia fronteriza del día y de la noche, en mí el imposible encuentro entre la luna y el sol; búscame en los rojos enérgicos pero algo cansados, en los amarillos vivos pero atenuados, en la mezcla que a ambos les da un poco de su fuerza y un mucho de su extenuación, incluso, algunas veces, en los violetas desvaídos que anticipan el dominio de la oscuridad. Sigue leyendo

AUTOBIOGRAFÍA DE LA MIRADA

Abre tus ojos al mundo, a la realidad, a la fantasía, a lo que existe o a lo que no, como te apetezca, pero no los cierres, te necesito, ¡quiero ser!, ¡quiero aparecer! Sigue leyendo

AUTOBIOGRAFÍA DE UNA CARICIA

No son los discursos precisamente mi fuerte, me muevo mejor en la densidad de los silencios o en lo explícito de los susurros contenidos; el único lenguaje que me es afín es el de la piel y el de los sentidos, desde ellos, y en su compañía, construyo mi ser; seguramente sea el tacto quien me es más querido, nazco y vivo a través de él, pero no olvidéis de mi relación especial con la mirada, en ocasiones, anticipa y preludia mi aparición. Sigue leyendo

AUTOBIOGRAFÍA DEL LIBRO

 

Si miráis mi biografía oficial veréis que para unos nací en una fecha y para otros en otra muy distinta, no se ponen de acuerdo, que si con las tablillas sumerias, que si en la época de los papiros, que si con la imprenta, e, incluso, ahora, que si con la electrónica. Sigue leyendo

AUTOBIOGRAFÍA DE UNA SOMBRA

Ligado a mi origen veo la nada como una posibilidad y el límite como un hecho relativo y difuso. Fuera de mí, la realidad; en mi interior, lo desconocido, llámese como se llame. Sigue leyendo

AUTOBIOGRAFÍA DE LA INCOHERENCIA

Hasta pronto, F.

 

La habitación me acecha, Sigue leyendo

AUTOBIOGRAFÍA DE UNA GOTA DE LLUVIA

Me cuentan mis primas Tristeza y Melancolía Sigue leyendo

AUTOBIOGRAFÍA DE LO CÍNICO

Me dice este que se llama a sí mismo escritor que cuente en pocas palabras qué ha sido mi vida, algo de mi origen y cuál es mi naturaleza, ah, y qué más ha dicho…, Sigue leyendo

AUTOBIOGRAFÍA DEL VIENTO

Cómo deciros, cómo explicarme… Sigue leyendo

AUTOBIOGRAFÍA DE UNA ESTRELLA

¿Se puede definir a alguien solo por el brillo que desprende? Sigue leyendo

AUTOBIOGRAFÍA DE LA INSPIRACIÓN

Para poder hablar de una misma es necesario existir y, por supuesto, tener conciencia de cómo es ese existir. Y es en este punto donde me entran dudas porque sé que existo, pero no sé cómo aparezco ni cómo me hago presente; es toda una incógnita, y lo que es más inexplicable aún: por qué unas veces sí y otras no. Sigue leyendo

AUTOBIOGRAFÍA DE UNA METÁFORA

Un aliento que llega del corazón y se hace agua en tus ojos; un colibrí que se mira en tus pupilas; una soledad que se desvanece en los labios; un hambre insaciable que devora la piel… Sigue leyendo

AUTOBIOGRAFÍA DEL FUEGO

Hay una rosa desmayada en cada uno de mis dedos Sigue leyendo

AUTOBIOGRAFÍA DE LA BELLEZA

Yo era feliz viviendo en mi paraíso de diosas intocables e inalcanzables Sigue leyendo

AUTOBIOGRAFÍA DEL CAOS

… un momento, por favor, que no me he puesto la redecilla en el pelo, la verdad es que me gustan mucho más los sombreros, pero si supiera dónde están Sigue leyendo

AUTOBIOGRAFÍA DEL MIEDO

Qué perfecto soy. Sigue leyendo

AUTOBIOGRAFÍA DE LO MÁGICO

Hay un territorio, más allá de los sentidos y de la razón, en el que puedes encontrarme, eso sí, te pido que cuando te acerques hasta él lo hagas vestido de infancia o que lleves puesta la máscara de la inocencia en tu rostro, no es por nada, pero te ayudará a descubrirlo. Sigue leyendo

AUTOBIOGRAFÍA DE UNA SONRISA

En todo tiempo, en todo lugar y durante toda la vida. Sigue leyendo