Archivo de la categoría: CRÓNICAS Y NOTAS DE LA TERTULIA BOLAÑO

CRÓNICA DE LUIS VINUESA (Sesión del jueves 14-12)

No se admiten flores ni coronas

 

 

Después se ponía a llover y volvíamos tranquilamente a casa [Perec y Bolaño] ¿Pero dónde estaba nuestra casa?

                                                                       Bolaño, Un paseo por la literatura

 

Acaso en la calle Simon-Crubellier. Quizás adentro del edificio, por supuesto que en cada piso. Pero ahora pongamos solo en el apartamento de la señora Moreau, con Henri Fleury como decorador. Vaya oficio glamouroso, Perec, que le buscaste a Henry Flower, a quien le afrancesaste el nombre para borrar su pasado dublinés.

A todo esto, MJ. propone una novela que se vaya borrando a medida que avanza la propuesta. La idea es tan bartlebootheana, que los wincklereanos, por temor a la nada artística, proponen otra ronda de bebidas. Sí, Bolaño, ya sé que la diseminación de la misma (o parecida) palabra es notoria en cada secuencia sintáctica. En la anterior casi sale lo que llamaríamos epanadiplosis, que suena a ardor de esófago, pero que es figura retórica que cohesiona el puzzle como las cruces de Lorena, los muñequitos y otro tipo de cruces. Perec y Bolaño cruzaron viaje, ellos, dos muñequitos enormes de la literatura. El primero pasaba por Sumatra junto a la “tribu esquiva” –La vida instrucciones de uso-, el segundo por Borneo junto a “los basureros del bosque” –2666- . Tú miras un mapa y Borneo y Sumatra cruzan el mismo paralelo, la pieza encaja.

(Vaya, si Hemingway fue un maestro de la repetición, se ruega indulgencia…)        JM. dice algo así como que el artista es el científico y el ingeniero el artesano, por lo que se me ocurre desvelar el catálogo secreto, del cual tan solo escogeré las palabras más relevantes a mi juicio para que Perec decida si acertamos ¾o acertó él¾ con el signo de la venganza que anuncia al principio de la novela y que como lectores construimos (nadie sabe que grabo las sesiones, la de hoy salió nítida, en el local donde se respiraba un gran ambiente navideño).

El catálogo secreto es único en cada sesión, la literatura engaña al algoritmo. Así, pues, la palabra “arte” se pronunció treinta y dos veces, “artesanía” veinticuatro y “artes”, en plural, una. “El arte por el arte” no se dijo, porque ya se adelantó Gautier y no es cuestión de repetirse. “Permanecer” se emitió en nueve ocasiones y “trascendencia” en seis. “Cerveza” salió diecisiete veces, lo que no expresa la exactitud de las consumiciones; por contra, “vino” se pronunció cinco veces, y cinco fueron los riberas bebidos por dos asistentes diferenciados. Por último, mencionaré algunos términos sueltos que quedaron suspendidos como soles negros en la sala luminosa de Navidad y que deseo recuperar en recuerdo de una sesión memorable: acuarela, gimnasia, estudio, acolchado, druida, constructo, Querétaro, fotografía, enero.

CRÓNICA DE LUIS VINUESA (SESIÓN DEL JUEVES 23-11)

BROCHAZOS

 

Revolviendo las etiquetas y eligiendo dos al azar, podemos estar seguros de que tendrán siempre tres puntos comunes. (Winckler)

Primera etiqueta: café de los Austrias.

Segunda etiqueta: tertulianos dentro.

Primer punto en común: guindillas.

Segundo punto en común: Simon Dedalus.

Tercer punto en común: ojos.

Aglutinantes: prolepsis retrospectiva, intertextualidad hispano-irlandesa, descripción y enumeración.

Cascos de acero galvanizan con cerebros de hojalata, nuestra armadura recibe una guindilla por donde el espaldar pierde su nombre. Han sido colegas de quienes en la siguiente reunión, la del año pasado por las mismas fechas, ocuparán nuestro sitio en una suerte de analepsis futura y picante, pura ponzoña para nuestro don Quijote que cayó por las escaleras. Ah, pero gracias a las artes de un nigromante metalero, sube más bruñido, más gorda la coraza, más acorazada la gordura contra los infames. Es ahora el caballero Buck Mulligan, buena gente de Erin, fecundador de dueñas, profeta de la calipedia hispano-irlandesa y que se apiada (quark católico) de nosotros. ¿Cómo abandonarnos a nuestra suerte en la vieja Europa? ¡Música para la literatura! Lo acompaña Simon Dedalus: el pianista, claro. Como sirena joyceana, puede interpretar lo que quiera en ese piano de teclas almenadas como torres de ajedrez en relieve. Y así lo hace, lo que le viene en gana: Tristeza de Chopin, Traumerei de Schumann, Sueño de amor de Liszt, Sonata Nº 16 de Mozart, Para Elisa de Beethoven.

Al terminar su repertorio, los ojos de los tertulianos corresponden a los ecos que, lejanos se funden, dentro del cuenco metálico donde le echamos unas monedas: seis monedas de un euro, siete de cincuenta céntimos, siete de veinte, ocho de diez, seis de cinco, total: ¡yo qué sé!, yo soy español… nunca le transferimos la identidad de las pesetas a los euros. Si al menos hubieran sido cauríes, nos hubiéramos dado cuenta de la autoestafa que empezaron los de los bares y las panaderías. Las instrucciones de uso de

la vida nos las aporta un francés, ¿pero saben ellos contar, si cuando llegan a sesenta su sistema decimal se vuelve vigesimal?

Vuelvo a enfocar: ojos por fin desestresados, ojos que han visto teatro, ojos poscomida entre amigos, ojos de Bolaño, ojos que pueden leer a Baudelaire, ojos de ingeniería guionista, ojos parisinos, ojos de gema gin-tónic, ojos oceánicos, ojos de literatura politécnica.

Los míos se desabrochan: uno hacia la descripción, otro hacia la enumeración buscando al pintor de la casa de Simon-Crubellier, en busca del pintor de pincel fino de los en-seres anima-dos.

CARTA A BOLAÑO / UN TAL PEREC

 

«Soñé que Georges Perec tenía tres años y visitaba mi casa. Lo abrazaba, lo besaba, le decía que era un niño precioso.»

Son tus palabras.

No me gusta el género epistolar. No, no me gusta. En lo literario, porque, cuando no transmite datos o información, lleva consigo un exhibicionismo gratuito que me crispa y me exaspera, al final, siempre es un mensaje ahogado por los sentimientos, propenso al exceso y a la desesperación. En lo personal, porque, quién escribe cartas hoy, se está perdiendo la capacidad para comunicar con sinceridad la tinta de los acontecimientos, los correos electrónicos están desvirtuando por completo aquella finalidad original. La descortesía y la mala educación se han instalado vía email. Nada más que decir al respecto. Me ocurrió con tu amigo Amalfitano, le escribí desde la buena fe y todavía es la fecha que no me ha contestado.

Qué harás tú cuando recibas esta misiva, no lo sé; me lo imagino.

Estoy pareciendo trascendental, me niego a ello.

¿Por qué te escribo entonces?

Porque quiero decirte que este jueves 26 de octubre hemos recibido la visita de tu idolatrado George Perec, le citamos con tiempo y nos dijo que ahí estaría con toda su arrolladora y visionaria personalidad de pelo encrespado y ojos vivaces, pero, espera, antes de que se me olvide, curiosidades de la vida, habíamos quedado justo debajo de la academia de inglés que tú me recomendaste el año pasado, sí, la que estaba en la calle Vergara; te pongo al día, ha cerrado, no era de extrañar, los irlandeses esos eran gente más bien rara, el director, Leopold Bloom, estaba como ido, siempre pensando en otras cosas y, en los últimos tiempos, solo balbuceaba obscenidades relativas a una tal Molly o detalles simplones de paseos sin sentido alguno por Madrid, y qué me dices de su ayudante Dedalus, mejor que se marchara a París, la verdad es que no sé cómo le irá como escritor, pero como profesor era un desastre; el piso estaba vacío y desocupado, en los balcones pendían los carteles de una agencia inmobiliaria que parece francesa, Mon-Crubell, un aséptico pero indicativo letrero de SE ALQUILA y un teléfono de contacto, se lo comenté a tu amigo Monsieur Perec quien, como impelido por un resorte, sacó una libreta y no hizo otra cosa que preguntarme si conocía con detalle el piso y sus características: habitaciones que tenía, su disposición, número de ventanas y puertas, calidades de los suelos, ornamento de techos y paredes, posibles desconchones, puerta de acceso y cuando ya iba directamente a por los detalles de la escalera le dije que, si no le importaba, nos estaban esperando, y era verdad, la tertulia al completo, porque llevado de no sé qué inocentes pensamientos pensé que la disertación del tal Perec, conociendo tu admiración por él, tendría que ser muy interesante, si a ti te había hechizado su lectura, por qué a nosotros no nos iba a interesar su charla-preámbulo a la novela. El autor a nuestra entera disposición.

Qué quieres que te diga.

Comenzó bien. Nos enganchó su castellano gabachoso, su deje continuo del París más intelectual, sus referencias continuas a L’oulipo, hubo un momento en el que miré por la ventana y me pareció que nos faltaba escasamente un metro y medio para pisar la rive gauche, que el Cerro Garabitas podría ser Montmartre y que los jardines de Sabatini se habían convertido en el de Louxembourg, pero un golpe sobre la mesa de nuestro distinguido conferenciante, tal y como si fuera un Ubú que hubiera pronunciado merdre, me devolvió al día y hora en el que nos encontrábamos y retorné a lo concreto de un café desde lo abstracto de mis visiones románticas:

11 rue Simon-Crubellier, dijo solemnemente: Ahí está el mundo y la vida. Artistas y burgueses. Perfección y excentricidad. Historias trágicas y cómicas. Apariencias y respetabilidades. Engaños y fidelidades. Gaspard Winckler, Valène, incluso Smautf, también los Bartlebooth (pensé en Bartleby de Melville, seguro que algo había, ¿no es así?), Moreau, Beaumont y compañía. Todo un edificio existencial y estructuralista a nuestra entera disposición para comprender qué es esto de la vida. Y empezó a desgranarlo a su manera siempre prolija y minuciosa.

Nos mirábamos esperanzados, sorbíamos los cafés con ruido incluido, las cervezas se quedaban sin alcohol en la segunda ronda y el agua mineral pedía paso en la garganta, translúcida y etiquetada, como si saliera de un manantial ubicado en el mismísimo monte Helicón. Qué dará de sí este paseo por el espacio y por la historia, nos preguntábamos sin preguntar. Escepticismo castellano e ilusión francesa unidos y a la vez. Esperábamos anhelantes su continuación…

Sin embargo, en un momento dado, no sabemos por qué, Perec se ausentó discursivamente, es verdad que físicamente estaba allí, pero sin duda se fue, el caso es que donde esperábamos fina teoría literaria acerca de cómo abordar la novela de forma racional, su origen y su fin, cómo estructurar y desarrollar un tema, de su boca, en sus labios, solo se produjo un discurso más bien propio de Escuela de Artes y Oficios, que si los puzles, que si la marquetería, que si una pieza de un puzle suelta no es nada, tan solo pregunta imposible, que si los bordes perfectos, que si el límite y la restricción constituyen el origen del reto, que si el error, la duda, la desazón y la espera están ahí y al acecho, que si su arte nada tiene que ver con el azar sino con la astucia, las trampas y la ilusión, que si…

Bebíamos sin beber, picábamos sin masticar, incluso, resoplábamos sin aire que expulsar. Nos íbamos desinflando. La armadura del fondo quiso interpretar una polka en el piano para ver si perdía un poco de rigidez. Uno de los austrias, el más austria de todos ellos, el más carlos y el más hechizado, se escapó al servicio y gritó un viva la bastardía que nuestro visitante ni siquiera captó. Quién paraba este vendaval, esta furia palabrera de muñequitos, cruces y cruces de Lorena…

¡El camarero!

Sí, el camarero nos salvó, nos conoce del año pasado, sabe de nuestros silencios y de nuestras pérdidas, de nuestras verborreas metafóricas y de nuestros símiles conceptuales y siempre nos observa escondido detrás de una botella de absenta vacía, así que apareció de improviso, sin lugar a dudas supo que debía intervenir y lo hizo, llegó hasta nosotros portando la cuenta y, a la vez, generando el silencio de nuestro pasional visitante que ante lo trascendente del dinero se dedicó a las miradas perdidas y a los gestos sin mensaje, y así, sin más, poco a poco, se convirtió en un clochard de las letras y se escabulló.

Malvado, Bolaño, ¿dónde nos metes?, ¿es este Perec enigmático y cambiante tu adorado e idolatrado numen?

El año pasado, en Blanes, me la jugaste, te visité para pedirte consejo, ¿lo recuerdas?, y acabamos en una delirante reunión de vecinos, este año vas por el mismo camino. Tú y tus comunidades de vecinos. Me doy cuenta de que otra vez estaremos abocados a vérnoslas con propietarios e inquilinos, tejados y fachadas, diferencias entre interior y exterior, derramas, ascensores averiados y yo qué sé cuántas cosas más.

Me detengo.

No hay consejo que valga tanto como un silencio. Cuánto hubiéramos ganado si hace años tú te hubieras quedado con tus divagaciones fantasiosas y yo me hubiera aplicado en mis imaginaciones arbitrarias. Tú a tus delirios, yo a mis pérdidas.

Ya te contaré.

 

Madrid, 26 de octubre de 2017

 

 

Firmado: Manuel Cardeñas Aguirre

 

(Crónica de la sesión del jueves 26 de octubre, La vida instrucciones de uso, Parte Primera, de George Perec)

JOYCE VIENE / CRÓNICA DE LUIS VINUESA

 

A tono con el capítulo se bebe. Se comentan las creencias de Joyce, las anticreencias culminadas en la apostasía religiosa, social, científica…. Evohé, el lenguaje preternatural disociado por el alpiste pío, pío los pajarillos. Elías viene; Bloom recibe el panfleto del predicador en Lestrigones; en Cíclopes, “Ben Bloom Elías” asciende en ángulo de cuarenta y cinco grados. ¿Viene él ahora como salvador? Lo que encuentra en la casa de maternidad es a Stephen hecho un cristo en comunión con la bebida glub, glub los peces. Detumescente como aquel que subió a los cielos como su madre lo trajo al mundo, sin pecado concebido y sin pecado consumado ro, ro, la paloma. En la casa de maternidad la fertilidad se anula por el alcohol o agua que quema. Difícil será la subsubstanciación Cristo-Virgen o bien Stephen-la suya boca de ceniza o bien Freud-con la de todos los pastorcillos de larga temporada pastando la soledad punzante be, be la balada del deseo… Elías viene como Ulises transubstanciado en Telémaco, consubstanciado en Stephen dirección Ítaca donde el artista adolescente constatará el amor de Bloom hacia la vaquita gibraltareña mu, mu símbolo de la fecundidad, y así fructificará su arte al conocer la carne hecha amor, contraria al otro mercantilismo diáfano en los sentidos, sí, pero adiáfano en el sentimiento… Evohé, ya puede escribir la odisea de su padre. ¡A Burke! Si en Los bueyes del sol llueve y se fertiliza el Dublín de hace un siglo, en este Madrid la ventisca de arena esteriliza las calles como una amenaza antiliteraria. En Burke o como se llame nuestro bar invocaremos a Joyce quien, todos los dieciséis de junio, viene.

DESGARRO / TOMÁS MANUEL PUCHE (Desde Armenia, para nuestra sesión de hoy, 15-6, día anterior al Bloom’s Day)

Reposo amodorrado en la telaraña de mi vida

Un enjambre de arañas de amistad, costumbre y rutina teje, teje y teje

Cada vez más cálido

Cada vez más cómodo

Dormido, resguardado en un kervanserai, oasis en un desierto inmenso

El susurro de las palmeras, el rumor de los manantiales, el silbido del viento en la arena. Tenues cuchicheos que paralizan

A cada paso los granos de arena chillan, quejas que atenazan. En el otro mundo los hilos de seda me insultan al moverme

Y la caravana se pone en marcha, viciosa de turbantes de colores, de deslumbrantes aderezos, bordados de oro, tejidos de seda, cobres cincelados, finas porcelanas, maderas talladas y pintadas. Ciudad de prodigios a lomo de imponentes dromedarios

Y me voy desnudo, desgarrado, hecho jirones

Caminando mi vida

Soñándola al avanzar

CRÓNICA DE LA SESIÓN #JOYCE-ULISES 11-5 / AUTOR: LUIS VINUESA

AM. L.

A la entrada de la sala, una armadura completa -desde el yelmo a los escarpes de los pies- me deja acceder si le doy la contraseña, una contraseña que ha de ser una frase extraída de los capítulos a tratar. “El amor ama amar al amor”. Se lo dije por telepatía al Caballero Ausente de la Armadura Presente (CAAP). Temí un merecido mandoble; en lugar de eso, me franqueó el paso con un leve gesto del guantelete izquierdo. ¿Reviviscencia espontánea por alquimia lingüística? ¿Real? No creo, simplemente he estado enfermo de vértigos y todavía sufro secuelas. Una convalecencia larga. Falté a la última sesión, donde se vio el capítulo Sirenas y donde no pude imaginar a Simón Dedalus sentado al piano, otra pieza del mobiliario de este café pintoresco.

Los compañeros se interesaron por mi salud; aún más, tras pedirle un té al camarero. La presentación del brebaje era exquisita, una tetera de aire rústico que parecía de forja auténtica. El sabor ya era otra cosa, con una textura áspera que me desagradaba. En ese momento, T., avanzando el capítulo Circe, le preguntó a I. sobre el tema lisérgico. I. contestó con una normalidad entre romántica y positivista. Luego, N. desvió mi atención al abrir curiosa la tetera, rebosante de hierbas parduscas similares a algas trituradas. El olor le resultaba raro, con una esencia ácida. N. rehusó probarlo y yo le di otro sorbito, quizá el último. Entonces, J. abordó el asunto de cortar las frases en el flujo de conciencia. En un ejercicio instantáneo pensé: “Me tenía que haber pedido una ce. MJ. me da envidia al verla be.” Ella había leído la segunda parte del capítulo Nausicaa caminando por la calle. Hacia esta miré a través de la ventana abalconada. Alguien pasaba por al acera, un tipo con una gorra de yate. M. me trajo de vuelta a la mesa cuando nos descubrió que el murciélago que revolotea en Nausicaa es Stephen, quien de esta forma anuncia su venida en Los bueyes del Sol. Recuerdo que también debatimos sobre la mujer muerta que es amada por el hombre del macintosh. Hube de buscar el párrafo en cuestión, del capítulo Cíclopes. Ahí Joyce aparta de un empujón al narrador Nadie y se asoma para hablarnos él directamente. Yo retorcí la teoría de que la mujer muerta es la madre del autor, una teoría basada en el Leitmotiv de los remordimientos de Stephen y en la constante del escritor por hacer literatura de todo, excluyendo aquí por defecto a su esposa Nora. En fin, el consenso fue unánime: tomarme el té. Supongo que ahora opinarán que vuelva a be ce, sabiendo, tras leer esto, que le suelto contraseñas al CAAP.

COLOFÓN FON FÓN / #JoyceUlises

 

Omnia est musica

Resabios del nominativo genitivo dativo y hasta ablativo de otros tiempos. Resabios del latinajo caesariano, aquel del Rubicón con el Mosela, aquel del llegué, vi y me quedé tomando un calvados a vuestra salud. Pedantería de salón que afecta a las meninges y a los labios. La tarde pedía encierro de copa y conversación de barra, un tralalá aquí y un trololó acó, la opción: esconderse tras el narrador, la decisión: Dron trocotrón tron trón y como coda magnificiense: Do-sol do-sol sol-dó. Vi una cafetería con bar que no es lo mismo que un bar con cafetería, entré y me refugié de mí mismo, alguien habría con quien apurar palabras y recuerdos. La partitura se construye, la música se crea, he aquí cómo los dos polos, el de la técnica y el de la insuflanimación artística, se enlazan en un único acto insuflanimado de carencia y perfección.

Tron trocotrón tron trón.

Si te pierdes en las palabras, lector, si te pierdes entre el tú y el yo, si te pierdes en la insignificancia del significado, no eches la culpa nunca al autor, es siempre del escritor.

Tron trocotrón tron trón.

Tendría que acordarme-se de ella. Tendría. Lo haré, cómo no, entre trago y trago, está en mi pensamiento, es una constante, es una obsesión, es un contínuum, mitad alma, mitad vísceras. Pero también debo defenderme de las sirenas que cantan recitativos, te enseñan los pechos y te esconden las piernas. Ulises y los tapones de cera. Ulises el ingenioso. Ulises el estratega liante y mentiroso ─que para eso están los mitos, para desmontarlos─. O ese otro Ulises, el que tiene que ver con el síndrome de las vidas perdidas que nunca volverán porque son segadas ahogadas atrapadas asesinadas en una zodiac que transporta límites humanos al peso, véase diferencia entre tara, peso y carga no material, asesinatos consentidos ─pienso, luego, no miro─; sí, este Ulises me gusta más, quizá por eso sigue sin volver, habrá dejado de hacerse el héroe mítico, fantasma fantasmal sin palacio, sin hijo y sin tejedora penepoliense, y se habrá convertido al humanismo anónimo, a ese, al de una oenegé sin nada de ayudas pero con cientos de bombas sobre sus techos provisionales, cabezas indefensas, en cuanto se descuidan.

Ulipold bloom. Leolises blum cataplún blum blum.

Estrechos desfiladeros, desprendidos barrancos y melancólicas depresiones. Lugares admirables para el pífano, la flauta, el caramillo, la dulzaina, la turuta, el mirlitón y, cómo no, también para las declaraciones bucólicas bajo el aroma suave y dulce del heno, lugares tibios por donde pasea el pastor con sus pulgas acompasadas y sus ganas de follar ovejas sincopadas porque larga y dolorosa es la soledad de la entrepierna:

Oh, Naturaleza divina,

Oh, Amor, que llamas a mi puerta

 

Tuve una cita con ella, la Deseada, fue el primer día de la primera era, la Luminosa, fue nuestra primera cita, la Antivirginal. Ella vestía de cereza y yo de hueso. Ella bailaba el vals y yo la polka. Ella cantaba en mis oídos y yo baritoneaba en sus pezones. Cuánta felicidad escondida lleva un tres por cuatro, cuánto cromatismo la escala frigia, loas a Gregorio el gregoriano, el medieval, el del canto recogido, la capella y las notas elevadas de capilla y cielo raso: DOblolacerviz REmomuslos MIdoingles Falo-pio SOLotupielsolo LAmoloquelamo SIentollegarlaluzylaespuma Doblodenuevo.

Oh, Mundo mortal,

Oh, Amor, que visitas mi huerta,

Entra, entra, ¡entra!

 

Ella. Ella. Ella. La obsesión. Dron trocotrón tron trón.

Ella. Ella. Ella. Mi amor. Dorremifasol lasidó lasidó

Acabemos con la palabrería, amigos de taberna y tenoreo cuasiverdiano, dejemos la clave fa -arsa y escribamos en modo menor, adiós Rimafácil, adiós Rimarripiosa, adiós Rimachuscorripiosa. Petrarquistas convencidos del amor y de la elevación, compañeros literarios, dadme once sílabas y dejadme ya que me lance a la ilustre tarea de encontrar la música sonetil en la escritura, toma, Garcilaso, y no me olvido de ti, juan boscán. La poesía programática es música incidental. Una ópera: en esto que llega EleKtra y dice: Clitemnestra, madre, no tenías suficiente con tirarte al amanerado de Egisto, qué polla cegó tu juicio; Clitemnestra, madre, no te bastó devorar la hacienda de mi padre y alejar de mi vida al insulso Orestes, mi queridísimo hermano, qué polla cegó tu juicio; no, no te valía, claro que no, mi padre, Agamenón, volvió y tú valoraste, mediste y comparaste y, al final, te has quedado con la verga egistiana porque la agamenoniana no te daba ni siquiera para abrirte de piernas, elegiste egistogusto por agamenodisgusto: ¡Clitemnestra, madre, no te valía con poner los cuernos a mi padre!, no, claro que no, son secretos de alcoba clitoriana los que te han llevado a matarlo, a asesinarlo en la bañera, desnudo de armas, retícula fina sobre su piel y tres golpes mortales, pero yo su única hija, la Elektra-varón, te lo haré pagar:

Blablablá blá, canta la soprano,

Blablablá blá, canta la contralto,

(Estos griegos y sus excesos. Mejor, dejarlos.)

Molly, tú, qué cantata vas a cantar: ¿te bastará con suplantar Egisto-Almaviva por Bloom de forma transitoria o llegarás a algo más? ¿Temo por mi cabeza? Qué pregunta tan retórica, en ambos casos mi cabeza será modificada. ¿Quién entiende la naturaleza humana? ¿Quién la puede comprender? Quizás un músico, nunca un sicólogo. Sin embargo tampoco ellos se escaparon a la fatalidad de un aria esmirriada o un do a destiempo. Ahí tenéis a wolfganguillo, el salzburgués más mozartiano, el músico universal, viajando por su época de corte en corte, de salón en salón, de sensibilidad en sensibilidad para acabar con un gran mausoleo que encierra la gran mentira vital, porque, en realidad, no sabemos dónde está enterrado, qué paradoja, divinas sonatas, divinos conciertos sobreviven en nuestra memoria y él, enterrado en el mismo lugar que Tamino y Papageno, el más allá ilocalizable; o el caso de ese otro vienés, franz, el schubert más schubertiano, que cambió pentagrama por sífilis porque el ensimismamiento de la creación le hizo confundir partitura con batuta y pentagrama con apretón (estos austriacos son igual de excesivos que los griegos, al parecer); a lo que íbamos, malditos sean los tiempos de injusticia y de olvido que condenan a enterramientos prematuros o indebidos.

Cuándo llegarán Harmonía y Equilibrio.

La reunión se prolongaba en esta tasca histórica porque nos dimos a la conversación trascendental, tres con las que saques, blanca, o las que tú lleves, que son dos. Me olvidé de ti, fue por poco tiempo, mi amor, pero lo hice, todo me llevaba hacia el Leteo: la dialéctica y la visión, porque ante mis ojos la plaza donde dicen que está Cervantes ─otro que tiene monumento histórico y, sin embargo, todo en plan muy español, se lo tiró a la fosa sin memoria─ y en la fachada posterior de este sancta sanctorum se descerrajó un tiro Larra ─a este lo español encoñado fue quien lo mató, así de claro─; ves, si te paras a pensar, lo nuestro, este suplantar identidades en la cama, no es para tanto, dejémonos llevar por la música, esa música de orquesta y auditorio que la dicen clásica y esa otra música celestial que lleva consigo la literatura bien escrita, sí, hagámoslo así, y he de decirte que en ello estábamos cuando llegaron a nuestros oídos notas ajenas que no casaban ni con el modo mayor ni con el menor, ¿Ulises, volvía?, si era así, lo hacía en proteico modo, vestido de comunidad de vecinos y administrador de portales, escaleras y sótanos, todo junto y en el mismo lote, y fue oírlas, las notas, cuando, al unísono, dijimos todos: ¿estos hipidos?, ¡esto solo puede ser flamenco!

Y, llevados del paroxismo nacional, como si fuéramos llamados por los ancestros de mantilla y toró, alguien entonó: Tontón torontón tontón; menos mal que vivimos otros tiempos, así que otro alguien se anticipó a cualquier catarsis folklórica y dijo que nos olvidáramos que lo único que llegará será el tiempo del Dron, indefinible tiempo, sin que sepamos todavía si será por soleá o por bulerías: cojo ol dron, lo cojo por ol rotor, lo jodo yo, lo rompo con on pompón porompompón

Tengo que conocer a otra gente, me voy a volver loco.

Me voy, me fui. Abandoné mi retiro voluntario de música ilustrada con lecturas de mollejas y riñones al jerez, abajo la Ópera, al lado, el Conservatorio, acera adelante un destino, pies en puntera, taconeo y zapateo, me pasan un prospecto, justo a la entrada del metro, casa patas, flamenco y menú, tú pones los euros y yo la guitarra, tú pones los aplausos y yo las palmas:

Tirititran tran tran tirititrero

 

Oh, mi dulce Erín,

Oh, Sueño contemplado en la distancia.

 

(Crónica de la sesión Joyce-Ulises correspondiente al jueves 6 de abril de 2017.)

 

VOCES / #Joyce-Ulises

 

 

Avanzaba por la acera como quien lleva consigo una carga excesiva, un peso añadido que era algo más que la proyección de su cuerpo, se trataba de algo inmaterial instalado entre sus neuronas, ocupando espacios y dictando tiempos; se cruzaba con la gente sin percibirla, avanzaba mecánicamente y ellos se apartaban para evitar el choque, modificaban su trayectoria, le increpaban con la mirada, le insultaban con el gesto.

Él no les hacía caso.

Él solo sabía caminar.

Él amasaba obsesión tras obsesión.

«Poldy, mi amor», le dijo ella hace mucho tiempo ya, aquella tarde en la que se pensaron solo a través de la piel y de los sexos; «Poldy, mi amor», le había repetido ella esta misma mañana de este día en que los dos sabían lo que iba a pasar solo desde sus cabezas sin sexo.

Pero por qué decirlo; si él no lo hace por qué hemos de hacerlo nosotros.

Niebla. Espesa niebla. Bruma. ¿Existe el amor o es una pura entelequia?, ¿es engaño de nuestra cabeza o una creación distorsionada de los sentidos?, ¿simple necesidad de las palabras y de los nombres que se otorgan gratuitamente o vacío que los encierra al pronunciarlos?: «Molly, ¿nos amamos tú y yo alguna vez?, espera, no me contestes, te propongo algo mejor, hagamos el amor, unamos nuestros cuerpos sin mesura, conjuremos la idealización fácil de una relación cansada y neguemos la quimérica proyección de nuestra capacidad para engañarnos con ideas superiores». Pero quién es este que habla, seguro que no soy yo, ¿será el fantasma de Stephen que asoma por entre las almenas de mi cerebro?, yo hubiera dicho, follemos, yo pensaría tu coño, yo abriría tus labios y besaría tu fruta fresca hasta secarla. La diferencia entre el mono y el hombre es que el mono coge el plátano y se lo come, el hombre, sin embargo, piensa el plátano como ente posible, lo coge y, por último, lo come o lo deposita displicente sobre la mesa a la espera de un hambre sin reflexión. Si existe el verbo amar es porque se puede recrear y practicar; si existe el sustantivo amor es porque se puede identificar con el sustantivo sexo; si puedo ser follante en el participio más activo es porque puedo ser follado en el participio más pasivo. Stephen no se ha ido, o si se ha ido lo ha hecho para volver cuando quiera e instalarse gozoso en la muralla de mis ojos y hacerse visible sin contraseña delante de toda mi guardia, y yo, mientras tanto, a la espera de Fortimbrás el noruego, ese que va provisto de cuernos vikingos para prestar y en busca de un Valhalla que no se sabe muy bien dónde está; Dedalus es mi conciencia vitalista, cuando yo ejercito  el conformismo, la aceptación impertérrita de mi destino, él se me presenta de inmediato para decirme que la resignación es categoría de lo cristiano tal y como lo es la fe, palabra preferida de curas, sacerdotes, frailes y de toda la curia, reclaman beligerantes la fe que no pone en duda y exigen la resignación misericordiosa para aceptar sumisamente los designios superiores, más allá incluido, en realidad, para no mandarlos al paseo de la basura, allí en el barrio de la inmundicia, oremus, y luego mi querido Stephen me contaría cómo le llevaron toda la infancia detrás de un padrenuestro y a través de un avemaría, y cómo le encerraron en el mantra idiotizante de un credoquecreeendioscreador, mandamientos por aquí, pecados capitales por allá, retiros, ejercicios espirituales, ignaciojavier javierignacio. Stephen, mi amado hijo putativo, no vuelvas, ni a Irlanda ni aquí, quédate en la gala plácida y piérdete en pos de la creación, eres artista y necesitas de ese exceso de voluntad orática que te permita ahogarte en tu propio vómito visionario, digerirlo y devolverlo en forma de novela que luego ha de ser deglutida por un lector que se intelectualiza en la medida que se despersonaliza. Poesía antropófaga. Novela carnívora y salvaje.

Lo recuerdo.

Me acuerdo.

Lo rememoro.

Stephen en París me sigue dando la lata aquí en Madrid. Él es mi fantasma. Cómo era aquella teoría boscosa que pergeñaste sobre William y su hijo, el nacido de entre las piernas de Ana y el parido de entre las plumas del teatrador teatrero teatrante Shakespeare. Padre e hijo que son sin ser porque no fueron más que productos de la literatura, el uno y el otro, el dios creador y el hijo sacrificado, todo literatura. Sigo en tus hipótesis: Segunda cama de la Hathaway que era habitada por el segundo hermano de Guillermo. Infidelidad, vuelves una y otra vez hasta mí. Complejidades de la vida que atentan contra el mundo. Stephen tú no eres el hijo atribulado nacido de su mente todopoderosa y desplegada en forma de Hamlet-asesino de profesores de inglés para niños no-ingleses ─porque todo Hamlet que se precie lleva algo de asesino consigo, ¿llevamos todos algo de asesino que no nos atrevemos a reconocer?─, sería bueno que Ofelia no se hubiera mostrado tan mística, sabríamos algo más, monja de las aguas y sor de los charcos, allí tendida como la pintó John Everett Millais, flores y agua, flotando sobre la muerte o navegando por encima de ella, sin barca y sin óbolo, Caronte al paro. Oh, bardo inmortal, nacido de una vagina mortal, por qué te empeñas en no dejarme en paz, ¿acaso quieres que rocíe veneno en la oreja de Almaviva y automáticamente se convierta en tu padre más Claudio que un ciruelo?, yo lo prefiero, descansaría, así te tendrías que presentar ante él como reo de tus culpas, juzgado y condenado por mano que no es de hombre sino por un juez que es algo más que todo eso y que está por encima de los demás, crucifijo antes que código, fanatismo antes que interpretación, prejuicio antes que mente abierta, ¡Justicia que penas tus penas por entre la realidad!, ¡Iustitia pisoteada y profanada!, ¡Justicia sin venda y sin balanza!, en esta España que es de pandereta y de mantilla no están los tiempos para esperar justicia, líbrate del mal como si oraras aún, como si lo hicieras antes de masturbarte en tu cama de blanca sábana e impoluto semen. Escribe, hijo mío, que nunca lo fuiste. No descanses porque el descanso es concesión gratuita a la muerte. Cuenta, si te parece bien, la vida apretada en dieciocho horas de un judío que únicamente trató de ser bondadoso en la misma medida que se perdió en las ganas de amar, ahora puedo decírtelo, porque descubrió que Amor es palabra para perderse sin medida.

Siguió andando.

Tropezó.

Se cayó.

Volvieron a reírse de él.

Se levantó. Miró hacia el mundo que es una forma tan válida como otra cualquiera de intentar verse reflejado en él. Quiso llorar. No lo hizo. Quedaban muy pocas lágrimas en su lagrimal. Se sacudió la ropa. La gente se fue marchando detrás de sus inquisidores comentarios. Son españoles, yo no lo soy, no quiero serlo. Juran banderas por lo civil y tienen santos por lo militar. Adoradores de la violencia y de la muerte. Irracionales como un devocionario católico apostólico y romano. Pensó en sus posibilidades. Necesitaba, necesitamos de la gente, de los nuestros, de los iguales en la diversidad y en la discrepancia. Dónde ir, dónde marchar. Siempre son cuatro las direcciones: norte, este, oeste y sur. Una calle le llamaba, otra le rechazaba, un callejón le excitaba, una avenida le cegaba. Tiempos de Claudio, Polonio y Gertrudis. Adiós Yorick, “el destino me llama”.

¿Cuándo se pierde el sentido de la realidad?

¿Cuándo los fantasmas están más vivos que aquello que te rodea?

¿Cuándo?

Simples desvaríos. La ingesta de una porción de extremidad porcina entregada durante dieciocho meses al clima de Teruel y a la sal acabaría con todo extravío.

 

Vale

 

 

(Crónica de la sesión Joyce-Ulises correspondiente al jueves 9 de marzo de 2017.)

 

FAST FOOD, MOLLY, FAST FOOD, AMOR MÍO

 

 

Una academia es una academia. Lo diga Platón o el abuelo paterno de Platón. Yo enseño tú enseñas él enseña → a ver quién es el guapo que aprende ←. Objetivo vital tanto como existencial: aumentar el número de alumnos, €  educación y €, luego € y €, y luego €€€, si cien seudoangloparlantes me dan x, ciento veinticinco me darán x más y; si la comida se lleva x de x y el vestido x de x menos x, en consecuencia, x se está comiendo todo x, ergo, necesito urgentemente y. El mundo exige nuestra participación. La publicidad bien ejecutada puede salvarme. Demos pábulo a los deseos que los demás no desean:

LOS NIÑOS QUE NO SABEN INGLÉS SON MÁS INFELICES

El porvenir de tus hijos, not London, speak Dublín

LA SMILE DE TU HIJO ES LA SONRISA DEL SUN

No está mal como comienzo, me siento total. Reticencias en el horizonte. Los adultos se conforman con el inglés comercial: mac burger Apple hollidays on ice on earth on smog. Tarde de diciembre, la luz en su rostro y sus ojos en un brillo, Molly se dejó ir, un beso en el cuello y mi mano enredando costuras entre la falda y la camisa como si los restos arqueológicos que encontrara salvarían la historia de la civilización y habitaran en su entrepierna, allá va, despacio, lenta, hábil, lábil, buscando el fondo frágil donde lo textil se transforma en piel y pelo, temblor y latido.

Hay que marchar.

Leopold abandona el palacio Longoria, el libreto en su poder, el que le ha dado él, el usurpador de pieles ajenas. Mira hacia la mesa donde el conde Almaviva ya no está porque ha ido en busca de su Susana, la de él, mi Molly. Sale a la calle, qué hacer, el cielo es una fortaleza para los sentimientos, cuando caigan en forma de pedrisco, mejor, que no le pillen a él.

Camina en dirección hacia Hortaleza, esa extraña calle-embudo donde los vehículos y los viandantes entran por el lado estrecho y salen por el ancho, el urbanismo nunca ha sido el fuerte de Madrid, ciudad provinciana donde las haya, pueblo grande que llegó hasta la modernidad a base de alcaldes corruptos y especulación inmobiliaria por doquier, viva el casticismo de los botijos y las navajas, el sabor de las bravas y las aceitunas de campo real,  dijo el mesonero de los romanos que ya se dedicaba a ello, a lo de la compraventa de edificios que el asunto no se ha inventado ahora, es tan antiguo como la codicia y el capitalismo, amén de su vena costumbrista de castañera invernal, que lo uno no quita lo otro, literatura y agiotaje, ah, y calle incluida, prolongación de la Victoria, esquina a Gran Vía de teatro por horas y revista musical, letra de Pérez y González y música de Chueca y Valverde, asunto con gracejo o cómo funciona la inversión despreespeculativa; claro que luego esa misma modernidad que nunca envejece entró de la mano de la pizza fast, el arroz tres delicias y el arito de cebolla hamburguesado, eso sí, manteniendo el adoquín como medio para el desgaste de suelas sin zapateros que ya no quedan, que se han ido porque las medias suelas las coloca una máquina que todo lo hace, qué buenas son las máquinas, qué malos los filis que evitan el deslizar, se desgastan con prisa, Teófilo, ama a los zapatos tanto como a dios, así se llamaba el zapatero de mi calle, olores de goma no arábiga, pegamento amarillento de pies a suelos, el tocón para el culo y el cuerpo encorvado sobre los escarpines vueltos del revés, gafas caídas porque ya no veo un carajo, un clavo aquí, otro más allá, ay, que ha traspasado y me rompe el calcetín. Los cambios en este país son aún más extraños que los que no se producen en Irlanda porque la religión y la iglesia católica han puesto un dique en la cabeza de todos los irlandeses, ah, claro, como aquí…

Hambre, hablar de comida, pensar en la comida, hambre.

Delicadezas matritenses, bocadillo de calamares, boquerones en vinagre, morcilla de burgos y pepito de ternera. Quién dijo aquello de que dios, el que no existe, inventó los alimentos y el diablo, el que sí existe, creó a los cocineros, seguramente, alguien que cabalgó una noche ilusionado a participar en una sesión de cena deconstructivista, se dejó la cartera, sin incluir la propina, y salió con más hambre aún, pero ahíto sensorial, hasta la plenitud, porque la comida es un ritual donde la comida importa poco y la estética es la estética, marchando cocina, una de humo de almendras lamé navegando por media endivia al vapor del ártico, visión insuperable que ciega los sentidos, se mire por donde se mire, seguro, viva el hambre que es grito de la parte más retrógrada de este país, la que no pasa hambre pase lo que pase. Viva el imperio de los ácidos grasos poli-mono-insaturados, fórmula química de carbono con vaya usted a saber. El mundo exige nuestra participación. Maldita idea recurrente. Ya, pero cómo. Mi academia se hunde, ese renegamalcido de Stephen Dedalus con su indolencia de artista visionario no hizo caso de mis tiernos alumnos y los dejó al pairo de cualquier viento, delicados como son, infantes e infantinas desvalidos al tránsito maléfico que va del hot al cold, viva la tuberculosis, qué hora es, sin reloj mi vida carece de brújula, será el tiempo del pensamiento o el del agradecimiento, comida suculenta y acción de desgracias, oh, cómo es la vida de urgente, pensar en comer cuando mi amorcito de bragas rojas y labios de seda clitoreidal se prepara al sacrificio de las piernas abiertas y pase usted hasta dentro, es artista y yo no soy nada, mi reino por un papel, si hubiera sido más Ofelia que Molly, si yo hubiera podido comprar los escenarios como los compró el carnicero Lara para su Balbina, la “bombonerita” que le construyó corredera hacia abajo, de rojos y dorados, a la italiana, ¿Don Cándido, cuántos “bombones” pudo usted degustar ahí? Actrices que nos llevan de acá para allá, actrices que han actuado allí, la Membrives, la Bárcena, la Llorente y la Pino, ¿interpretó la Xirgu ahí? No te pierdas. Leopold, ¡la Academia!, Platón del inglés he de convertirme, la Idea antes que la lengua, la Idea que anima todas las lenguas me llevará a sobresalir…

Tropieza con un bolardo, usted perdone, señor, esto me da mal fario, ya no sigo, esta calle es inclemente, por aquí cerca había una librería de teatro, por qué no lo he recordado, así no tendría que haber recibido el óbolo traicionero de manos de él, así no tendría que deberle el texto que a ella le hará caer en sus manos, La Avispa, se llama, y está ahí donde Mejía, el ecuatoriano, se junta con Lequerica, el español, criollo del yo más liberal en el buen sentido de la palabra, Don José, cortes de Cádiz, el que no quiso estar por demás en el mundo, ojalá todos pensáramos así, ¿conocerán su historia los madrileños?, ¿conocerán su historia los españoles?, ¿conocerán su historia los habitantes de su propia calle?, qué desagradecidos somos, flores fueron a las que ha llegado su invierno, no conozco pueblo más olvidadizo que el español, solo recuerda lo que otros le escriben, godos pelayeros, cides peleones, reyescatólicoambiciosucios y que otro descubra las Américas porque el oro ya lo dilapido yo, viva el borbón (eso no lo escribo yo ni aunque me maten), mientras, en las tabernas, vino duro destilado que llaman sangre de la inquisición, alguna máxima para parecer lo que no son: que no me toquen las vírgenes, los santos ni al clero predicador, luego, ya todo rodado, vendrá el cierre de fiesta: que muera la inteligencia, que inventen ellos y que viva la muerte, pose y frase altisonante es lo de por aquí, asesinatos sin culpables y desaparecidos sin tumba, venga, olvidemos que no vamos a estar hablando siempre de lo mismo, algo nuevo, sí, posmoderno, procesiones, bautismos y santos óleos para llevarse de este mundo un buen sabor. La Avispa se “llamaba”, ya no está, sí, estaba aquí mismo, en este local, ya dentro de la calle del evangélico recaudador de impuestos. Viva la muerte, otra vez, qué importa era una librería, y además de teatro, este país está lleno de energúmenos millanastraynescos.

El futuro siempre se tuerce sobre sí mismo.

Sube por san Mateo, el libreto en la mano y el hambre en el estómago, en la cabeza un revuelto de amor con celos, deseo sin bragas que poder quitar y números bamboleantes que son cuenta corriente sin saldo.

El museo del Romanticismo. Qué me cuentan. Qué me dicen. Qué ven mis ojos. Qué piensan mis neuronas. Imposible, si eso en España no existió. Esto es una quimera, una invención. Valle creó el esperpento y un pariente suyo lo hizo realidad en forma de museo. Esto es la Viena que nunca existió, pero que siempre quisieron tener por aquí para ir dándole a las palmas de radeczky el uno de enero, regusto de esa alta burguesía vaga y fondona que derrochaba y dilapidaba mientras los románticos de verdad estaban exiliados por el déspota Fernando número deseado el 7, inútil, vengativo y vengan adjetivos en tropel que el muy borbón los admite todos, en especial los de la peor especie. Entraré por entrar, porque el tiempo, mi tiempo, se consume en la contemplación, porque estoy condenado al vagabundeo y porque el ascensor que contiene a Almaviva ya está llegando a la puerta de nuestra casa y tú vas a abrir tus extremidades al destino que hoy que no es inmaterial, lleva consigo su pene, su dirección de escena y sus ganas de darte un papel si tu cuerpo se mueve bien en el escenario de nuestra cama y tu boca sabe entretenerle, ¿por qué la vida es así?, mira lo que yo miro ahora, ahí está el único cuadro que me gusta de este jardín-salón de cartón piedra, el condenado de blanco, iluminando un cadalso donde lo van a asesinar, auto de fe, como los de calderón y lope, pero aún con más fe, y eso en este país es intolefanatismo y sangre en comunión, Lucas Velázquez lo pinta blanco sobre negro cuando en realidad es negro sobre negro.

Molly, ¿acaso ese soy yo?, ¡ese!, el que va a ser ejecutado, ¿existe mayor ejecución que el perderte?

Te dejo.

Hoy, el narrador se ha colado en mi historia más que yo, no le voy a dar más opciones, me quedo callado en esta sala, solo, sentado, pensando en Erín, mi verde y repudiado paraíso, en aquel feliz y carnoso vivir que nos reunió. El Romanticismo se fue, adiós, que lo lloren los románticos si es que les apetece, yo no lo he sido nunca, pero tengo que decírtelo, te amo, Molly, te amo.

Cuánto me gustaría parecerme a Don Cándido, el carnicero protector de actriz, el teatrero por vísceras de Antón Martín.

El mundo exige nuestra participación.

(Crónica de la sesión Joyce-Ulises correspondiente al jueves 9 de febrero de 2017.)

 

ANIVERSARIO. ANIPROSARIO / #jamesjoyce #johnberger

 

 

Desayuno, almuerzo, comida, merienda, cena. Poco a poco. Primero es lo primero. Si lees el periódico corres el peligro de saber, sesgado, manipulado, pero saber. Leopold, sentado sobre un taburete de la cocina, bebe el té de las páginas escritas mientras lee las noticias de la taza sorbida, qué le llegará, qué le llegará, intereses, deuda, crisis, peligros etiquetados, trumpasandeces, onomásticas, efémerides, conmemoraciones, muertos que se rebelan a la condena del Addio terra addio cielo. ¡76 años! Pues sí que se ha conservado bien. Cara fina gafitas redondas bigote recortado. Así que hoy, trece de enero, hace 76 años. Aggg, filtros nuevos, por favor, Molly, filtros nuevos, té con posos no es té. Escribiste el día con más horas de la literatura. Me condenaste a la noche eterna. Quién lo iba a decir. Valiente embaucador. Una palabra, una flauta. Una serpiente, un lector. O’Rourke, O’Connors, O’Reilly, cualquiera de los O’, pónganme una pinta más de frases dislocadas, no hay límite, el título de “Doctor en Ebriedad” está al alcance de todos, democracia avanzada del saber. Incauto lector, tú pones ojos yo pongo el delirio, pensó el que hoy cumple 76 años del inicio de su gusaneo vagabundo. Dublín se hizo pequeño, se contrajo y se contrajo como la espalda de un estibador. Irlanda, aún más. ¿Fue una buena idea abrir la academia de inglés en Madrid? Maldito jovenzuelo artista, me has dejado con el culo al aire: Stephen y sus ansias de procrear palabras follando ojos incautos. Qué términos son esos, Leopold, usted es el director, debe cuidar cómo expresarse, los alumnos son los alumnos y de todo se impregnan, arcilla roja que botijo será. Me ha dejado colgado. Al final voy a tener que ir yo con la vara del To: to be, to have; to, tó; tororó, tó. Tranquilo, vigila tu nivel de ansiedad, no vayas tan deprisa, todo se arreglará, otro estudiantillo irlandés, galés o escocés está rellenando en estos momentos los papeles de ingreso en el cielo de lo laboral y se dejará caer desde allí para alumbrarnos de Shakespeare concentrado: «Te vi o no te vi». Llegarán los alumnos como las oscuras golondrinas, niños sin niñas, infantas con infanzones, adultos con adúlteras, five-day: mon, tues, wednes, thurs, fri… Fri-fri-fri cantaba el gri-gri de tus bragas, fri fri fri, repetía bloom-bloom, la cosita de mi pantalón, fri fri fri, un claro día te lo pedí, fri fri fri entre las sábanas lo comí. Me fui de Irlanda por tu culpa, no pienses que voy a festejar tu septuagésimo sexto año, me miraban con odio, me hablaban con desdén, me mortificaban con comentarios velados, qué tal molly, cuántas veces va blazes a su casa, será difícil aprenderse una canción acostados, cantar con la boca llena es complicado, jijijí, jojojó:

Mary, ten cuidado

Cuatro calles son.

Mary, ten cuidado

Cuatro calles y un amor.

Mary,

Mi cerveza,

Mary,

tu flor…

Setenta y seis. Uno tras otro. Todos seguidos, Sin descanso. Día a día. Sin saltarme ninguno, siempre, ese mismo recorrido disparatado. Sísifo, me llamo. Piedra que sube hasta la cima, piedra que rueda y vuelta a empezar. Otros trescientos sesenta y cinco por delante, a la espera de la variación bisiesta y uno más…

─¡Poldy!

La dulce cachonda me llama, eso no es lo peor, tampoco lo mejor, yo iré, me agacharé, me restregaré contra su ropa, a sus pies, a sus deseos, a su capricho. Por qué no.

─Poldy, qué hora es.

─La hora de la confusión, de la pérdida y de la ingestión.

─No entiendo nada de lo que dices. ¿No me habrás hecho té? No, claro que no, tú me conoces, un café, un suizo tierno y dos rebanadas tostadas de pan vienés.

«A la orden de usted, señora esposa, hija de militar, yo le daré lo que su cuerpo pida, usted verbalice y será servida», piensa o cree que piensa su cabeza.

Sin más, se da la vuelta, el pasillo espera su llegada, presto para deglutirlo, sabiduría de intestino, lógica digestiva, al poco, lo cagará por el recibidor, directo hasta la cocina y ya estará en disposición de pensar. Catábasis, pura catábasis. Ahueca el periódico buscando la compensación, lo dobla y lo abandona a su silencio, él, mientras, se escapa entre los platos sucios del fregadero, los trapos secos para secar y el fuego rojo sobre fondo negro de inducción, leche, café, cuchillo, mantequilla, mermelada, plato para taza, plato para manduca. Catábasis.

─Tienes que acercarte hasta la calle Fernando VI, Leopold. Seguro que se te había olvidado.

Voz fina sobre lengua suave, partitura de soprano sobre melodía de tiple, Grases sobre Riera, modernismo Longoria, palacio de autores, allí estará, puntual como un español, doce sin punto, hora de recoger.

─No te preocupes, Molly; cuida tu garganta, esposa; no fuerces la voz, mujer; lo que sea por ser estará en tu poder.

─No des portazo, cierra con cuidado, acércame el móvil antes de irte.

Un momento de retrete para retratar mis miedos y mi obsesión. No voy a dar portazo, yunque, me deslizaré suavemente, martillo, cerraré con cuidado, estribo, el móvil para qué, caracol. Si te llama qué te dirá, qué te susurrará al oído que te hará reír y desear: su voz abrirá tu tímpano y llegará hasta la trompa de tu Falopio escondido, adiós Eustaquio, hoy, no me interesas, y te acariciará hasta estremecerte, bragas de raso que yo te regalé, bragas que llevas puestas hoy, ahí, en el fondo más ajustado de tus piernas, más arriba de tus muslos abiertos, rojas, de encaje, un encaje que me impide encajar, oh, Molly, y luego de que él te abra la bata con su voz de teléfono deseoso,  tú apostarás tu cuerpo sobre el sillón, dulce manzana, interior de horno, auricular que abrasa, mano que acompaña, oh, Molly, me voy Molly, me voy del todo. Recogeré tu partitura.

Ascensores. Ascensor.

Del cielo al sótano, seis pisos y una entreplanta. Parada en el cuarto. Qué mala pata. No se puede tener prisa. Aparece Don Segismundo, español por parte de padre y de madre. Cuatro pisos se convertirán en una eternidad. Cuatro pisos como cuatro actos, maldita condena calderoniana sin sueño al dormir, eso no es vida.

─Buenos días ─ha dicho él.

Viene con ganas de hablar. Carezco de defensas.

─Buenos días ─contesto yo.

─Hacía mucho tiempo que no lo veía, ustedes los ingleses cómo son.

Irlandés, irlandés. La repetición no causa el efecto deseado, tendré que insistir. Más cómo serán los ingleses, eso es algo por ver y entender. Por mí que les den lo que les tengan que dar, únicamente dar gracias por don Guillermo y su teatral palabra, él y unos pocos y pocas más.

─Soy irlandés.

─Ah, bueno, sí, da lo mismo, ya sabe usted, la lengua une lo que las fronteras separan, hamlets hay por todos los lados, por cierto, guárdeme usted un sitio para mi hijo, unas cuantas clases serán suficientes, es muy espabilado, este verano lo enviaremos a Edimburgo y queremos que refuerce algunas cosillas, pocas, más que nada no se nos vaya a perder.

─Cuando quiera. Nivel superior, claro está.

─Sabe y no sabe, él dice que sí, tampoco es cuestión de ponerle en un brete al chaval, usted le moldea para que se pueda desenvolver, que para eso somos vecinos.

Elementary: Yes, name, country, girl, boy, si es que siquiera eso sabe. Que lo mande hasta mis fauces, yo lo cagaré.

─Hace mucho que no se pasa por el Círculo, hoy mismo hay una conferencia muy interesante sobre un compatriota suyo que falleció el día 2.

Catábasis. Nueva catábasis. Vecino, please, vengo del cielo, cállese.

─No tengo mucho tiempo, esa es la verdad, la Academia, los ensayos de mi mujer, si puedo, me pasaré, ¿cómo ha dicho que se llama mi compatriota?

─Creo que John; sí, John Berger.

Otra vez inglés por irlandés. Se trastoca la nacionalidad como se trastoca el piso elegido para vivir. Ya llegamos. La calle, por fin. Descanse de su paz, querido Segismundo, encuentre usted a su Rosaura y a su hipógrifo violento. Yo camino la acera. Tiempo para ti, John. John Berger. Pensaré en ti, aunque, como comprenderás, todo lo que se puede pensar desde el dolor que llega en el espacio de cuatro pisos. Amigo mío. Compañero de letras y escrituras. Lecturas plenas, sentimientos serenos. Europa es un mundo. Qué te ha matado, ¿la edad o el brexit? Hoy te dedico mis pensamientos, pero sabes que te abandonaré pronto porque la vida es olvido. Y qué queda de nosotros. Qué queda. Nada. Camino de la resurrección. Descenso a los infiernos. El metro. Destino Alonso Martínez. Ahí está la boca que huele a todo, ascienden y descienden los olores porque eso somos y eso desprendemos. Fuegos fatuos. Beatriz Galindo, es la propietaria. Cinco estaciones nada más. John, nunca es tiempo para morir. Nunca. Qué pensarías de mí, cornudo y caminando por y a través de la infidelidad. Yo también tuve a mi Martha epistolar. ¿Es eso también infidelidad? Un andén. Cuánta gente cabe en un andén. Cinco de fondo, medio metro, cuarenta metros, cuatrocientas personas, aquí hay más, lo dejo pasar o no lo dejo pasar, si solo bajan setenta, más o menos, y ya viene lleno, dónde caben las otra trescientas treinta. La materia, la masa, el peso específico y su relatividad. El próximo irá peor, no me tenía que haber quedado aquí. Mirar. Puerca tierra. Este de al lado tiene un piercing. Molly, ponte un anillo metálico donde más me gusta, yo me lo pondré donde más te gusta, choquemos los círculos, busquemos el sonido de la fricción, ¿se engancharán? Podría preguntárselo. Molly, lo tenemos que probar. Me mira, se está mosqueando, vamos tan apretados, su aro me hipnotiza como tu pezón, lo que se eriza, lo que se prende, ahí justo, enhiesto, duro, redondo, metálico. Mi estación. Aire que ya no es aire por culpa de los nitrosos. Bárbara de Braganza, madre mía cuántas aes, sonido a bóveda, sotana y consagración.

Longoria. Mi destino. Mi dilema.

Todos hablan por teléfono. ¿Quién lo hará con Molly? ¿Quién estará intentando que su rojo caiga a plomo hasta desaparecer? Si recojo la partitura de las bodas de amor, quién interpretará a ese conde Almaviva que quiere hacerse con mi Susana. Lo mejor sería no entrar, no facilitar el encuentro de ambos, ¿qué Rosina vendrá en mi ayuda?, ninguna, de eso estoy seguro, sería mejor marcharme con una excusa nimia, no estaba, no la han dejado, la han perdido, otro día será.

¿Qué hacer?

¿Qué harías tú, John? Libertad o Fidelidad. Tenerla o perderla. Amarla o ¡amarla!

Catábasis.

Y nuestros rostros, mi vida, breves como fotos

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(Crónica de la sesión Joyce-Ulises correspondiente al jueves 12 de enero de 2017.)

VIENTO DEL ARENAL

 

Potencias del alma. Memoria. Entendimiento. Voluntad. Si recuerdo lo que sé quiero lo que deseo. Adiós escuela, adiós lenguaje, adiós repetición. Los rostros de los alumnos terminan por deprimirme en la misma medida que los compadezco porque los comprendo. Aristóteles camina por las calles empedradas de Atenas, el Liceo se recorta contra las murallas. Peripatos peripatos peripatos. Teofrasto, Estratón y Licón. El vino de Lesbos es más agradable que el de Rodas. El lavador de paños, ese será el elegido, elocuencia y elegancia en el lenguaje, el tercero de entre ellos acabará con todo, la causa eficiente se perderá. Hay gente por todos los lados, la calle Arenal hormiguea sus adoquines con su presencia continua, dónde estará el hormiguero, ¿línea 1, 2 o 3?, de dónde saldrán. Se han impuesto las comidas fraternales de cordero asado fraternalmente, cebolla acaramelada fraternal y delicias de la tierra aún más fraternales si cabe, rencillas e intrigas, olvidadas para la ocasión, pongamos rumbo hacia la ternura y el cariño gratuito, el año se acaba, otro nuevo y distinto vendrá, muac muac. La mañana del día 24 de diciembre mi madre se levantaba pronto, muy pronto, sobre las 5.30, colocaba el hule de plástico sobre la mesa del comedor e iba poniendo encima bandejas variadas, polvorones, mazapán, turrón del duro, del blando, guirlache, mantecados, alfajores y aquella fruta escarchada que todos los años sobraba pero que todos los años se compraba, dos o tres botellas de anís dulce, vasos como dedales para nosotros y medianos para el resto, café a discreción, y a esperar; a eso de las 6 y cuarto llegaban mis tíos, primas y primos incluidos, caras de sueño y besos repartidos, luego, poco a poco, nuestros vecinos con sus hijos, tirón cariñoso de pelo incluido, y más tarde los empleados de mi padre, colleja con más o menos efusión, y mi padre a mi madre, saca más sillas y más botellas que no hay para todos, a los niños unas palomitas de anís que así aprenden, barullo de pequeños y ruido de mayores, bandejas vacías y voces que van subiendo el tono a medida que los grados de alcohol atizan el alambique del riego sanguíneo, y la lotería que ná, y que seguimos siendo pobres, y este año, ¡cabrito!, la casa por la ventana, y tú ten cuidado con las curdas que los andamios se mueven, y a mí que más me da, total, esto no es vivir, y nuevos besos, y nuevos tirones de pelo y nuevas collejas, estas con más intención, son casi las 9, hay que acabar que llegamos tarde a trabajar o al siguiente bar o a la siguiente casa donde habite Baco y donde los geranios se rieguen con chinchón, del mono, castellana o mariebrizard. Alguien me empuja, un peripatético despistado de belenes y pastores acudiendo hacia el portal de portero automático y vaca con ordeño industrializado, sí, suba, usted, por ahí, Hileras hacia arriba y al poco encontrará la plaza más Mayor, luces y sonrisas a punto de una depresión cíclica y repetida. Madrid es un pueblo irlandés grande donde se guarda una proporción exacta entre iglesias y bares, curas y borrachos, homilías y aceitunas de aperitivo, una ciudad de ira contenida y apariencia formal, lo que no eres eso es lo que tiene que parecer, un poco de museo y colas serpentinas de visitas instructivas, desaparecieron los cafés con suizos y las tabernas de chatos, llegaron los bancos automáticos, el vermut en franquicia y las tiendas de moda de usar y tirar, en algunos callejones el éxtasis y el diseño te actualizan lo posible sin que te muevas del sitio, porteros ineluctables bajo pórticos sin liceo dispensan el derecho de admisión como si sus puertas dieran acceso directo al cielo, al infierno o juntos a los dos. Un extranjero en tu propia ciudad, un extranjero en el mundo. Sin murallas, sin fosos, sin pontones, ¡sin salida! La realidad convertida en una manzana mordida, la carne de ternera avileña saboreada en una app aplicación aplicativa aplicada y la soledad de un irlandés animista que entabla conversación con los objetos, los animales y los árboles. Tasa de alcohol en sangre por debajo de 0.3 gramos por litro en sangre y 0.15 miligramos por litro en aire expirado, usted no puede caminar por la calle, está lúcido, racionalmente es un peligro para la población, no le ponemos multa, pero métase en el primer bar que encuentre y hágase el favor de aumentar la tasa que si no terminará por pensar. Mi madre recogía todo como si el destino la hubiera colocado allí solo para eso, y contra el destino no era posible comentario alguno que hacer, solo una queja, la ensalada con escarola, en esta época no hay lechuga y, anda, cállate ya. El destino no lleva una bata de cola, tampoco sotana, guerrera militar o traje gris de pelo cortado al uno y acciones de gomina capilar, no, el destino está apostado en las esquinas, tendido en las aceras y respirando el vaho que sale de las alcantarillas porque el aire cuanto más enrarecido, mejor. Tengo que hablar con Bloom, me acercaré hasta su casa. Sé lo que sé, lo que he aprendido y se me ha olvidado, lo que aprendo y no entiendo y lo que no quiero aprender porque no merece la pena aprender. Cuánto tiempo llevo aquí, cuánto tiempo se puede aguantar en el mismo sitio sin cambiar. El saber no te garantiza una buena decisión, ni siquiera te facilita que la tomes. Cantaban todos. A la mesa, unas treinta personas, la cena de la noche buena estaba abierta a todo el que nos conociera, en realidad, que conociera a mi padre, los gremios, todos, representados a su alrededor, albañiles, escayolistas, soladores, carpinteros, ferrallistas, fontaneros, electricistas, cada silla era un oficio y cada vaso un trago distinto, las cajas de sidra las subían los aprendices y el vino los oficiales, el maestro, mi padre, ceremoniaba el reparto de alcoholes con justicia y, sotto voce, entre todos jugaban a recordar la última bandera, aquella en la que alguno perdió la vergüenza y terminó desnudo en Guadalajara sin que se sepa todavía cómo ocurrió. Tendría que ir por las cavas, de san miguel a la baja y de allí hasta la alta, Leopold y Molly abrazados en su sillón, abrazados al abrazo de un no te quiero pero no quiero quedarme solo-sola, porque entonces qué haría yo. Un abrazo recurrente, pero acaso no es eso la vida, algo recurrente. No lo sabe, como tampoco sabe qué hacer, porque es más lo que desconocemos, mucho más. Era un fontanero, un buen fontanero, de los de caja de cuero a la espalda y soldador de gasolina en la mano derecha, llevaba la tristeza guardada entre el plomo y el estaño, por eso soldaba tan bien, un atranco continuo de bajadas obturadas por un desengaño de amores muy antiguo y una terraja de media pulgada enroscada en los finales de los nervios templando su lengua para que no dijera nada, pero aquel día tomó una decisión que se demostró errónea, cambió de destino, dejó valdepeñas que siempre había sido el suyo y se fue hasta la rioja por descubrir la vida en el sabor, se levantó tieso y mudo como una botella vacía y se fue hasta el váter, se encerró, nadie se hubiera dado cuenta pero en una noche de fiesta si hay un sitio necesario ese es el váter, tardaba, alguien dijo, se ha subido a la ventana, se quiere tirar, los niños a la terraza, las mujeres que hablen con él y los hombres a beber, mi padre, sabiduría en mano dijo, ¡dadle una copa de coñac!, y ahí acabó todo porque si alguien tarda en conocer de cerca el paraíso ya no lo conocerá hasta que el paraíso llegue hasta él, cuando salió solo dijo que saber para no comprender era una inutilidad, cállate y no digas gilipolleces, vente para acá, todos los fontaneros acabáis igual, vomitar la vida suele ayudar a vivirla, el suelo era una piscina agria. Se ha levantado viento, la lluvia es tan sesgada como sus pensamientos, viento del arenal, no voy a tu casa Leopold, lo he decidido, no sirvo para enseñar inglés a quien no sabe hablar castellano, no sirvo para enseñar inglés porque ni siquiera sé pensarlo, y se emboza en la capucha de su chaqueta polar impermeable porque ha tomado una decisión definitiva, ha desplegado su voluntad en busca de un deseo, voy a escribir, Leopold, voy a escribir todo lo que ocurre en dieciocho horas de la vida de un ser anodino en una ciudad anodina y esa será mi anodina tarea durante los próximos años, es mi voluntad entregada a la representación de mi mundo, eso sí, mándame la liquidación a mi dirección de París, sabes cuál es, nos veremos, estoy seguro, un beso para los dos.

El viento arrecia y una bolsa de plástico carente de voluntad viene a chocar contra él, se le pega por completo, le tapa la cara y le hace trastabillar, la gente se ríe y se ríe, y él los oye reírse de él, los oye, los oye…

(Crónica de la sesión Joyce-Ulises correspondiente al jueves 15 de diciembre de 2016)

PALABRAS COMO LÁGRIMAS

I’m Spanish

─I’m from Madrid

─I’m 30

La clase caminaba directa hacia una clonación de sí misma en las voces corales de los alumnos repitiendo frases una y otra vez, en unos con cara de esfuerzo incomprendido, y en otros, por el contrario, con un rostro que parecía decir que sabían mucho más que cuando habían entrado en el aula una hora antes. La lengua inglesa se había apoderado de la estancia en la misma medida que Stephen vocalizaba teatralmente la pronunciación continua del verbo ovejero to be. Bises incesantes. Estribillos cansinos. El desaliento derivado de la inutilidad le llevó hacia la tecnología enlatada, todo más fácil, todo más llevadero, un vídeo programado, y el vídeo, solución ejemplar, mansamente, llevó a los alumnos hasta la boca perfecta de un inglés perfecto. Nadie sabía nada salvo que era español, que vivía en Madrid y que tenía los años suficientes como para entender que el inglés como lengua era puro colonialismo.

Stephen se acercó hasta la ventana como si tras ella hubiera algo por entender, miraba la calle Vergara como el que estudia un resto arqueológico, edad, huellas significativas, sedimentos añadidos, tipo de sociedad, uso y función. Nada. Un silencio otoñal despreocupado estaba regando sus aceras y la calle no entendía por qué tendría que responder. Un poco más allá, jardines cuadriculados de palacio, el mismo silencio, pero este naciendo en la mirada pétrea de eminentes godos, bestias pardas, representantes de una fuerza bruta que nos invadió y se repite siglo a siglo porque algo quedó en el gen, más muertos que vivos, procedentes todos de mi memoria infantil, Ataúlfo, Sigerico, Walia, Teodorico I, Turismundo…

My name is

My name is

My name is

El vídeo, prodigio de la tecnología, se acababa de rallar a base de rayas imperceptibles pero reales, las voces eran nombres y los nombres de tanto repetirlos no aportaban nada. Botón, rewind play, maravillas de la lengua, el inglés desplegando su arrogancia y su preeminencia una y otra vez.

I’m tired

I’m angry

Torre Martello. Capítulo primero del libro de Stephen y no del que escribió Joyce. Mulligan preparándose para ir en busca de la noche como el que va en busca del tiempo perdido, su gabán amplio de segunda mano y su bombín fuera de época le darán ese aspecto extravagante que él pretende, Dublín a sus pies por la apariencia terminará totalmente entregado a su elocuencia. Pero él no está allí. ¿Por qué me fui? La opresión en el pecho es razón médica nada más, la angustia que nace de la mediocridad que te rodea, razón existencial, y el hastío ante el fanatismo y la incultura, religión más estulticia, simple aprensión de espíritus débiles. Las sombras de la calle seguían mudas, pero qué se podía esperar de las sombras. Nada. La ventana le otorgó más posibilidades a su pensamiento, irse, caminar, volar, sorprender, atender, descubrir, detenerse, caer. Y cayó. La geografía de una ciudad se puede resumir en cuatro o cinco postales, y en una de ellas detuvo su mirada, la casa-no vivienda de los borbones generados en Francia, degenerados en Madrid, versión ilustrada, breve, vía Italia, un piso de cientos de habitaciones que miran al todo Madrid, jardines aristócratas de Sabattini, plaza diplomática de la armería, campo del moro en patera, carabancheles que fueron obreros y la ópera que no opera nada, otra vez los nombres, Felipe, Carlos, Fernando, Alfonso e Isabel, repetición hereditaria de la tara promiscua y de la inutilidad, mi profesor de historia me puso un diez y el peso de mi familia republicana cayó sobre mi cabeza imberbe como si hubiera cometido un delito culposo.

Cuántas historias encierra un cristal, Stephen respiraba vaho y el cristal le devolvía manchas. Su historia. No pude aguantar más, Irlanda se me caía de la boca como un idioma que te traiciona porque no te aporta nuevas palabras. san patricio san columbano santa brígida de kildare san lorenzo o’toole. La tradición sobre los hombros como una coraza que no quieres y te obliga a ir recto, eso es el bien, y malvado de ti si abominas de ella, algún arcángel acudirá, los hay de todo tipo, justos, protectores, resucitados y vengadores, generales de un ejército antiguo entregado a la noche y al mensaje cuando menos te lo esperas. Un escalofrío sin frío puede resumirlo todo. La calle Vergara se va con espartero, el general, y dice que no quiere ser carlista, allí, al fondo, la escuela de música la reclama, tiempo de zarzuela, tachán y tachán.

Se apartó de la ventana porque ella, sin venir a cuento, se refugió en un silencio liso y translúcido y a él no le quedó otra que pasear su figura de magister cum laude entre sus discipulus sine laude, ¿corregir su errada dicción o no corregirla?, si se tratara de gaélico, seguro que sí, pero ¡el inglés!, Shakespeare, siempre atento, le envía un mensaje de bruja escocesa acechando un primer acto, él se arrepiente, los mira con detenimiento y les pide que escuchen el inglés perfecto porque ellos son imperfectos y ese es el verdadero camino hacia las alturas, y ahí está la verdadera aspiración, y porque, en definitiva, ahí se encuentra la trascendencia de un idioma, en su pronunciación, angry hungry ham hang, gesticula, coloca los labios tal y como las vocales demandan y las consonantes prefieren, los alumnos imitan a los monos y se rascan la lengua sobre el sobaco si acaso llegaran hasta él. Desiste. Lo ha intentado como intentó ser irlandés en Irlanda hasta que se convenció de que tenía que salir cuanto antes porque la metafísica del Atlántico Norte le estaba llenando de brumas y necesitaba la calidez de un sol que alimentara su tendencia natural hacia la claridad que sabe que anida entre los luminosos gusanos de su cabeza, le gustaban más lo epítetos clásicos que los adjetivos con tendencia a la grandilocuencia, Homero más que la otan. ¿Es la repetición de la Historia?, ¿llegará el fascismo que todo lo fusila y todo lo gasea?, ¿estamos ya en él? Aquí tampoco ha encontrado su luminosa luz, tendría que irse de nuevo, pero dónde va un espíritu tan mal avenido con su tiempo como él, qué lugar puede acoger la insatisfacción y el asco. isabel dos palitos se rodeó de  tantos amantes que los hermanos Bécquer, Valeriano y Gustavo, acuarelaron 89 veces su depravación antes de que se inventaran las revistas de viñetas y sátira dibujada, alfonso trece palitos creó un marquesado específico, el de la bastardía para adjudicárselo a perpetuidad, juan carlos un palito, bribón que surca las aguas, mujer a proa, mujer a popa, la moral es palabra para la plebe nada más. Misas con entrada bajo palio la debilidad de los tiranos. Stephen suda hastío de calefacción y radiador de agua caliente, la clase reclama su atención, ahí va, queridos alumnos un último ejercicio que nos sirva para ser sin estar, versión larga:

I am, You are, He / She / it is, We are, You are, They are

O version más corta, para andar por casa desnudo y sin reparar en más, como prefiráis, en el elegir está el libre albedrío escondido:

 I’m, You’re, He’s / She’s / it’s, We’re, You’re, They¡re

Stephen finaliza la clase sabiendo que solo el lenguaje le salva de sí mismo en la misma medida que lo condena a un uso vulgar y devaluado para hacerse entender, infierno hell, Wilde, Shaw, Joyce, Beckett, yo soy, tú eres, él ¿es?, las palabras como lágrimas desprendidas de una lámpara que aportan claridad a su oscura soledad, las acaricia con cuidado, las frota aladinescamente, las exprime zumo desayuno y café, las inventa mago contratado fiesta para infantes, las insufla Prometeo condenado y, como siempre, las instala en su cabeza por si encuentran algún pensamiento donde establecerse.

Apaga la luz, cierra la puerta, camina por el pasillo, persigue ecos. Como todos.

(Crónica de la sesión Joyce-Ulises correspondiente al jueves 17 de noviembre de 2016)

 

RE-NACIMIENTO

 

 

 

Una charla con Bolaño es de todo menos aburrida, siempre fantasioso y exuberante te va rodeando con su cháchara inteligente y erudita y, casi sin darte cuenta, entras en sus argumentaciones sin apenas parpadear, te sientes halagado porque de forma conativa él consigue que te sientas incluido, pero, más que nada, aturdido y apabullado por sus conocimientos y su capacidad para la fabulación, porque él siempre está relatando, alardeando de imaginación, confundiendo planos, mezclando realidad y ficción.

Yo había ido a Blanes a meditar sobre la importancia del complemento circunstancial, yo había ido a Blanes a buscar restos del espíritu volcánico de Archimboldi, yo había ido a Blanes a contemplar cuerpos femeninos sobre la arena que es uno de mis mayores placeres estéticos, yo había ido a peregrinar los caminos del maestro en busca de su huella, de su rastro o de su propia salvación, un fiel es un fiel, pensé, yo había ido a Blanes para perderme en mí mismo. Puro escapismo de peregrino sin bastón y sin concha.

Pero él, que no abandona nunca una presa, se me apareció en un bar de veraneantes que carecía de veraneantes y que, en su defecto, había optado por acoger una junta de vecinos en busca de una comunidad que es algo así como la representación en vivo de la lucha del Destino contra la Fatalidad; las mesas dispuestas de forma longitudinal, mantelitos de papel, vasos de plástico blanco y tenedores a juego, jamón sin bellota para dar el pego y mucho fruto seco y salado porque así se bebe más, a discreción, encima de la mesa botellas de vino con etiqueta de andar por casa y cerveza en el mostrador, yo tenía hambre y me estaba pensando seriamente si acudir al evento aunque fuera como oyente, pero él se me anticipó, me cogió del brazo y me llevó directamente hasta la cabecera, yo le dije que qué hacía y él con esa maestría de la que hacía gala en el uso del lenguaje me contestó que si era gilipollas, que lo mejor era que me pusiera a su lado y nos sentáramos y, de este modo, dos de los pisos, ausentes y sin derecho a voto, quedarían estéticamente representados en la comida y en la bebida.

Si el maestro, cual bolero, dice “ven”, a ver quién se puede negar, “lo dejo todo”.

Y ahí ya fue el hablar y el narrar, el narrar y el hablar, la junta de vecinos a sus pies, y los morosos llorando culpa en el váter, y el portero rasgándose el uniforme porque no regó las plantas durante el verano y el poto se había ido al garete, y el proyecto del ascensor pospuesto porque Ray Bradbury le había hablado de un nuevo invento a punto de llegar que no necesitaba instalación previa, y, entonces, fue el aplauso generalizado, el comer jamón solo por comer jamón y el vino cayendo sobre las pecheras porque se descubrió que era tiempo de medallas, y, justo en ese momento de catarsis vecinal, alguien, el del 5º A, pidió un receso para pegarse con el del 6º A porque estaba hasta las narices de pedirle que no sacudiera el mantel sobre sus pinzas de diseño y el otro como el que oye llover y esa situación ya era insostenible, y, entonces, vi llegado el momento de interrumpir su narración, porque ya solo quedaba el punto de la impermeabilización de la azotea, porque se acababan los cacahuetes y porque la cerveza venía sin espuma, así que mirándole directamente a las manos porque no me atreví a hacerlo a los ojos le dije que hasta aquí habíamos llegado, que finalizaba mi sumisión literaria incondicional y que lo iba a abandonar…

La serenidad es un atributo clásico, cogió una loncha de jamón, la miró al trasluz y, como si hubiera contemplado a su través la historia de la Historia, me dijo que la huella del abandono es negativa, que la ausencia de guía nos sume directamente en el vacío, que el discurso narrativo es una traición al hecho real y que la escritura es una infidelidad mantenida, luego, me puso la mano en el hombro y me preguntó que qué iba a hacer, yo le dije que no quería saber nada de la literatura, que ya sabía cómo habían acabado aquellos que con ella se habían rozado: Amalfitano de acomodador en un cine de verano, el jorobadito, pura botarga, Fate, en una revista del corazón, Arturito Belano, haciendo oposiciones para entrar en la Academia de Residuos y Reciclajes, y Ulises Lima, de descargador en la empresa de salazón que había montado Auxilio Lacouture; que no existe futuro en la Escritura; descubrí una lágrima en su ojo izquierdo, pensé en una pena interior lacerada, era un trozo de maíz que raspaba su garganta con insistencia cabrona, miró su reloj, quedaban tres minutos para reanudar la asamblea, me insistió: «no puedes habitar la indecisión de la pérdida, ¡tienes que hacer algo!», era sincero como solo puede ser sincero alguien que está a punto de ser nombrado presidente de una comunidad sin propietarios, me emocioné ─lo hago con tanta facilidad que a veces pienso si no será un defecto de fabricación─ y me sinceré con él, le dije la verdad y nada más que la verdad, que quería ser un integrado, que me dolía la marginalidad, que quería recuperar el cariño de los que todavía confiaban en mí, que el tiempo me había golpeado de pragmatismo chino y eficiencia japonesa, y que me había dado cuenta de mi vagar inútil por la vida, en definitiva, ¡quería estudiar inglés!

El silencio terminó por condenarnos al abandono perpetuo de la página escrita, un segundo, dos, tres, me miró con cariño y, al mismo tiempo que me daba una tarjeta, me dijo:

 ─Apúntate aquí, diles que vas de mi parte, cuando acabe el curso te vienes por Blanes y me cuentas.

Academia Bloom

(Fundada en 1922)

Profesor Titulado: Stephen Dedalus

 

Nos dimos un abrazo y me recitó al oído:

 

The cock crew,

The sky was blue:

The bells in heaven

Were striking eleven.

´Tis time for this poor soul

To go to heaven.  

 

 

 

(Crónica de Manuel Cardeñas Aguirre sobre la sesión del jueves 20 de octubre.)

 

 

 

2666 / LA PARTE DE LOS CRÍMENES / #ROBERTOBOLAÑO

 

 

ASUNTO: Sesión del jueves 12 de mayo / Tertulia Roberto Bolaño

 

PARA:

Jean-Claude Pelletier, pelletier1789@archimboldi.com

Manuel Espinoza, spinozabaruch@archimboldi.com

Liz Norton, lonnortondon@archimboldi.com

Piero Morini, morinileopardi@archimboldi.com

Óscar Amalfitano, (copia oculta)

Oscar Fate y Rosa Amalfitano, (copia oculta)

Judicial de Santa Teresa, policiajudicialciudadjuarez@AK47.com

Sergio González, sergiogonzalez@periodismomilitante.com

NarcoPolítica S. L., NPadmon@maquiladoras.com

 

 

DE VERGÜENZAS GLOBALES

 

 

El cadáver de una mujer / el cadáver de una segunda mujer / el cadáver de una tercera mujer / el cadáver de una cuarta mujer / el cadáver de una quinta mujer / el cadáver de una sexta mujer / el cadáver de una séptima mujer / el cadáver de…

 

 

¡Qué pesadez!, dice el Procurador General.

¡Qué aburrimiento!, dice el Jefe de Policía.

¡Qué pesadez!, dice el Comandante en Jefe de lo militar.

¡Qué aburrimiento!, dice el Gobernador del Estado.

¡Qué pesadez!, dice el Periodista oficial del Periódico oficial.

¡Qué aburrimiento!, dice el Empresario de los empresarios.

¡Qué pesadez, qué aburrimiento!, dicen a coro los Narcocárteles de Ciudad Juárez.

¡Qué pesadez y qué aburrimiento!, dicen…

 

 

Alma

Blanca

Guadalupe

Esmeralda

Alejandra

Claudia

Zulema

Nombres y más nombres, una lista casi interminable de nombres de mujeres…

 

 

10 años de vida

16 años de vida

18 años de vida

23 años de vida

24 años de vida

28 años de vida

34 años de vida

 

 

Mutiladas

Violadas

Vejadas

Desfiguradas

Ultrajadas

Torturadas

¡Brutalmente asesinadas!…

 

 

¡No es tan fácil!

¡Hacemos lo que podemos!

¡Por lo demás, la situación está tranquila!

¡Son pendejos de poca monta!

¡A punto de solucionarlo!

¡Déjennos trabajar a nosotros!

¡Están exagerando y complicándolo todo!

¡Vamos por buen camino!

¡…!

 

 

1993

1994

1995

(…)

2008

2009

2010

(…)

 

 

Ayer, en México D.F, asaltaron el domicilio del Procurador… /

Hoy han sido detenidos los autores y ya han pasado a disposición judicial.

 

Ayer, en Monterrey, asaltaron el domicilio del Juez de la República… /

Hoy han sido detenidos los autores y ya han pasado a disposición judicial.

 

Ayer, en Veracruz, asaltaron el domicilio del Empresario de empresarios… /

Hoy han sido detenidos los autores y ya han pasado a disposición judicial.

 

Ayer, en Chihuahua, asaltaron el domicilio del Banquero… /

Hoy han sido detenidos los autores y ya han pasado a disposición judicial.

 

Ayer, en Puebla, asaltaron el domicilio del Diputado… /

Hoy han sido detenidos los autores y ya han pasado a disposición judicial.

 

Ayer, en Aguascalientes, asaltaron el domicilio del General… /

Hoy, han sido detenidos los autores, ya han pasado a disposición judicial.

 

Ayer, en Ciudad Juárez, ha vuelto a desaparecer otra mujer más /

Hoy, mañana, pasado: Negación / Silencio / Impunidad para los Asesinos.

 

Hoy,…

 

 

Anónimo campo de algodón

Habitación Hotel Plaza

Cerro del Cristo Negro

En el interior de una “lechada” de cal viva

Puente Libre

Terreno frente a Centro Comercial Plaza Juárez

Granjas Santa Elena

«Será por lugares», dicen los adoradores del Mal y de la Muerte…

 

 

Alma, Alejandra y Blanca, niñas, juegan y juegan con una cuerdita que voltea y voltea saltos y canciones de niñas, infancia tras infancia, las suyas, y sonrisa tras sonrisa, las suyas: son felices, a su infantil manera, pero son felices;

 

Hoy, Ellas, no están, han desaparecido; Hoy, Ellas, son cuerda volteada con saña hasta la saciedad y el vómito; Hoy, Ellas, han perdido infancia, juegos y sonrisas;

 

La cuerda con la que las niñas jugaban se siente desamparada y no acepta la quietud de un silencio de manos ausentes, echa de menos a sus niñas, se siente abandonada de juegos, de risas y de aire; inicia, pues, por su cuenta, un camino de búsquedas, estación tras estación, para tratar de encontrarse de nuevo con las manitas saltarinas de Alma, Alejandra y Blanca:

 

Primera Estación. El Orden: Ejército y Policía.

La cuerda se enreda y se enreda en un fárrago de papeles y de acciones que se mueren porque ni se cursan ni se inician, que se mueren porque no se tramitan, que se mueren porque se investigan en dirección contraria, que se mueren por la desidia de una superior complicidad –desde la acción y/o desde la omisión–, que se mueren por el desinterés de una corrupción instalada a todos los niveles y mantenida en la gloriosa hermandad del uniforme y de la droga: ¡Se mueren!

 

Segunda Estación. La Ley: Los que legislan y los que tendrían que legislar.

La cuerda se enreda y se enreda en el tráfico inútil de la palabrería fácil y altisonante, vacía de contenido, de la Política nacional; La cuerda se lía y se lía en un hemiciclo de pactos oscuros y sórdidos dónde la “no agresión” de intereses comunes une partidos distintos y contrarios; Y la cuerda, agobiada en ese liarse aún más, determina descender de la Política nacional a la Política local donde se ahoga aún más porque ahí no hay intereses distintos y contrarios, son únicos: los del dinero, pesos y dólares que nacen del tráfico de vidas, los pesos y los dólares del vicio prepotente, arrogante y machista que anida en el beneficio de los mercados del sexo y de la droga.

 

Tercera Estación. La Justicia.

La cuerda, en un principio, cree que aquí sí le devolverán a sus niñas, por qué no iba a ser así, se trata de un diálogo tan técnico, tan codificado, tan claramente justiciero que la debería llevar sin lugar a dudas hasta las manitas de Ellas, las de Alma, Alejandra y Blanca, así pues, se queda sentada, recostada entre los respaldos de los bancos de madera, dormitando tranquilidades entre los golpes cansinos de un mazo de madera y las frases rituales de secretarios, auxiliares y ordenanzas de una justicia justa; sin embargo, llegado el momento clave, el de la sentencia, ella no puede por menos que sentir sus interioridades de cáñamo retorcerse porque lo evidente se torna excepción no demostrada y los acusados le echan continuas miradas de risas impunes, carcajadas asesinas que se saben a salvo de todo porque son el reflejo de una justicia injusta: Ineficaz e ineficiente.

 

Cuarta y última Estación. Resolución Literaria.

La cuerda, que después de este duro viaje está totalmente retorcida, ha dirigido su mirada hacia su pasado y recuerda a sus hermanas de antaño y no ve otra posibilidad para liberar sus hilos retorcidos que aquella solución que utilizaban ellas: desliarse a base de pendular cuerpos culpables enganchados por el cuello, y piensa en enrollarse en muchos de todos los cuellos que viven en todas las Estaciones que ha visitado, enrollarlos hasta que devuelvan el aire que les han quitado a Ellas, sus niñas: oxígeno por oxígeno; pero el Aire que va buscando, el de Ellas, le llega en forma de comba ágil y viva y le dice que esa decisión no conduce a ningún lado porque terminará por romperla; le hace desistir y, entonces, le cuenta la historia de una cuerda que se unió con otra cuerda y ésta, a su vez, con otra y otra más y cómo todas esas cuerdas ligando con fuerza sus cabos pudieron convertirse en una gran cuerda, una inmensa cuerda que llevada por el mismo viento que seguía buscándolas a Ellas, fue enlazando, separando y arrinconando a los culpables, a todos los que de alguna forma habían hecho posible que Ellas, niñas y mujeres, desaparecieran, fueran vejadas y fueran asesinadas sin que les pasara absolutamente nada, y cómo una vez arrinconados fueron encerrados por las miles de cuerdas que se habían unido y cómo, al fin, terminaron por maniatarlos hasta que devolvieran, en forma de encierro, todo el aire que les habían quitado a ELLAS, a todas ELLAS, a las niñas y a las mujeres desaparecidas…

De tal forma y de tal manera que fuera posible eliminar de esta historia literaria y de la historia real unos puntos suspensivos que son el reflejo de una situación criminal que precisa un punto y final.

 

 

Manuel Cardeñas Aguirre, La Crisis y el Idiota (2010)

 

 

2666 / OSCAR FATE Y LOS AMALFITANO / #RobertoBolaño

 

Un caballo negro, cuatro pájaros negros, unas gafas negras, la indumentaria negra de los jugadores de un futbolín, unas baldosas negras, un Peregrino negro.

Qué pensaba papá de los hexágonos. Qué pensaba Fate del libro tendido sobre la cuerda del patio. Qué pienso del Chucho Flores. Qué habrá sido de Rosita Méndez. Qué habrá ocurrido con Charly Cruz y Juan Corona. Qué será de los cientos de mujeres que desaparecen día a día en el mundo. Qué piensa el mundo.

Si uno deja las cenizas de su madre en un lugar visible de la casa, tipo salón o tipo comedor, ¿tendrá la sensación de que algo enturbia el descanso de su madre?, ¿alteraré el viaje de mamá hacia el más allá?; si enciendo la luz al llegar, ¿la molestaré?, si pongo la televisión, ¿interrumpiré algo de su estar allí metida?, o si hablo por teléfono con la secretaria del jefe o con el jefe que siempre termina por crisparme ¿no provocaré desazón en su espíritu?, al fin y al cabo, es una madre, ¡es mi madre!, y como todas las madres se tiene que preocupar aunque esté muerta porque el ser de las madres es estar siempre preocupadas por la situación de sus hijos y esto que es indeleble en las madres no se puede eliminar de la noche a la mañana por mucho que te hayan incinerado, hay cosas que no tienen que estar al capricho de cien, doscientos o más grados de calor, son así y no se hable más; pero, entonces, qué hacer con ella, qué harán los demás cuando les entregan la urna cineraria, no lo sé, así de claro, se me ocurre que tendría que averiguarlo, que tendría que hacer un estudio al respecto y se me ocurre que seguramente este sería un buen reportaje para la revista, un reportaje donde pueda constatar qué hacemos los vivientes con las cenizas de las madres cuando nos las entregan luego que decidimos dejarlas con nosotros en casa, si entablamos conversaciones con ellas, si las arrinconamos por su propio descanso y su propio bien, si las escondemos para nuestra tranquilidad o nuestra inútil salvación, si las mantenemos a la vista para saber que están ahí y siempre van a estar; que no se me olvide que, por supuesto, tendré que incluir más de un cincuenta por ciento de familias afroamericanas para que interese en el periódico, ¿y si se caen al suelo y se desparraman?, he de elaborar una encuesta con todas las posibles preguntas, el artículo debe reflejar rigor y profesionalidad. .

Pensar en la verga de Chucho mientras estoy desnuda con Oscar. Pensar en los hexágonos de papá. Pensar en el videoclub de Charly mientras miro hacia la noche. Pensar en la universidad. Pensar en Barcelona. Pensar que no pienso. Pensar que es inútil pensar. Pensar en Guadalupe Corral. Pensar en el combate de boxeo buscando bragas limpias. Pensar en el sabor salado del semen del Chucho. Pensar en mi padre sin pensar en él.

Los camiones que se llevan todo por delante. Los fantasmas de la noche pasando el testigo a los fantasmas del día. Vendedores de almas apostados en las aceras. Los recepcionistas de hotel que leen filosofía sobre las nubes que se hacen cirros cuando ellos las piensan. La belleza que trae la muerte porque la muerte la traen los que asesinan belleza o inocencia o candidez o lo que les sale de los cojones porque son asesinos y se creen con derecho a todo. Todos, ¡todos son culpables!

¡Llévatela!, ¡llévatela!, me dijo el padre de Rosa. Yo me la llevo no se preocupe usted. Y se la llevó a través del desierto como si fuera el mismísimo viento que se levanta cuando el sol amenaza con irse. Pero Rosa no dijo lo que yo quería oír, que quería venir conmigo, claro, que no dijo mucho más, ¿estaría drogada?, o ¿es así?; se durmió mirando las sombras que es una forma de dormirse perdiendo la vigilia. Yo querría haberla acariciado los muslos como acariciaba la palanca del cambio o como acariciaba el coño de esas otras mujeres que aparecieron junto con mis reportajes, pero no fue así porque no pude dejar de ver el rostro de su padre delante de mí, como si fuera mi madre dentro de la urna o al revés y claro así no hay dios que se ponga cachondo, ¿o sí?, que alguien me diga quién se puede empalmar teniendo los ojos de los padres como testigos fijos e inamovibles, y el caso es que en la cárcel lo conseguí, el empalmarme, pero quizá fue el ambiente o ver el miedo en Guadalupe, porque una mujer que se desmadeja incita a la compasión y la compasión es una buena puerta para que la sangre circule concéntrica en torno al capullo, quizá esto podría ser otro reportaje, situaciones en las que la gente se pone a cien y le da por darle al sexo, claro está que no se me debe olvidar que en su mayoría tienen que ser afroamericanos, negratas de mierda como yo que van por el mundo diciéndose soy negro pero me importa una mierda hasta que llega un blanco nazi de mierda que me lo restriega por mi cara negra y yo pierdo la compostura y le pongo el cucurucho del Klan en el culo y empujo y empujo hasta que las amígdalas se le hinchan en torno a los ganglios y amenazan con romper todo el sistema linfático o como quiera que se llame lo que se tiene que llamar pero yo consigo que mire al negro con miedo y yo me creo que ya me respetan que es otra forma de sentir una erección como la que ahora estoy sintiendo y Rosita aquí a mi lado y su padre mirando y mi madre mirando a su manera desde la urna donde está ahí con la vecina de toda la vida y con el piso de toda la vida y con la muerte de toda la vida.

Pienso que todo es más complicado de lo que pienso. Pienso que el sexo reconforta. Pienso que no sé nada de mi madre. Pienso que quizás ella fuera la primera desaparecida de mi vida. Pienso que la primavera en el desierto debe ser amarilla y no anaranjada como pensé en su día. Pienso que una frontera me salva y otra me hunde. Pienso en cuál es el destino de las mujeres. Pienso como mujer. Pienso que la vida no tendría que tener pensamiento alguno.

Un neón con un niño y un caballo. Un mural que es un reloj repleto de estaciones como si fuera un vía crucis. Un mural con una virgen tuerta que te ve sin ver. Un montón de basura que es el basural de la Historia. Un sueño que se cumple. Un coche que nos lleva sin que sepamos dónde…

Porque nunca lo sabemos, nunca.

El viento onírico arrastraba granos de arena que se pegaban en la cara. Un baño de oro. Qué paz, pensó Fate. Qué simple es todo. Luego vio el autobús y lo imaginó de color negro, como un enorme coche fúnebre.

Para usted, profesor Óscar Amalfitano, con respeto, allá dónde esté.

(Crónica “fantástica” de una sesión fantástica, la del jueves 21 de abril)

2666 / AMALFITANO SE EXPLICA / #ROBERTOBOLAÑO

 

 

 

Estimado, Manuel:

Desde que localicé tu blog en una de esas búsquedas inútiles mías a través de internet en las que el sentido y el significado de lo buscado se va diluyendo poco a poco ante la anécdota continua que es este medio, y llegué hasta tu Para qué escribimos ─qué título tan paradójico el elegido, da lo mismo si se contesta o no la pregunta, porque siempre está implícita la paralización de la acción de escribir, si la contestas porque te das cuenta de que es inútil seguir haciéndolo y si no lo haces porque entonces para qué seguir escribiendo si no sabes cuál es el objetivo─ y vi que las obras de Roberto Bolaño eran motivo de comentario en una serie de sesiones sin programa llamadas Tertulia Bolaño, siempre temí que yo saliera a colación; me dirigí a ti en este sentido en mi primer correo, hubiera deseado que saltarais la Parte correspondiente a lo que se supone mi persona en la obra póstuma 2666; me diste razones al respecto, las refuté o creo que las refuté por completo, pero nada ha detenido vuestro deseo de análisis y conocimiento ─el árbol del conocimiento y el árbol de la vida continuamente enfrentados, porque mis razones eran y son razones de vida─, no voy a insistir más, únicamente te pido que, hoy, sustituyas la crónica de la reunión que tienes por costumbre escribir, por esta misiva mía donde me he permitido puntualizar algunas cuestiones relativas a mi relación con el autor y esa Parte de la novela dedicada a mi persona.

Conocí a Roberto Bolaño en Blanes; surgieron problemas en el departamento de Filosofía de la universidad de Ciudad Juárez con la acreditación de los cursos impartidos por mí en la Autónoma de Barcelona; me instaron urgentemente a la verificación compulsada de los mismos porque no quedaba claro mi capacitación para la materia impartida, me imagino que detrás de todo ello estaba la larga mano del rector Guerra, aunque más bien tendría que decir la recién inaugurada enemistad de su hijo Marco Antonio hacia mí, está más que comprobado, quién más veces y de forma más enfatizada te llama ¡Maestro!, aquel te traicionará; Sara, compañera mía en la facultad, me habló de un chileno a quien ella conoció y que vivía en Blanes, de su hospitalidad para con los sudamericanos y de que seguramente accedería a acogerme, yo ya no tenía nada en Cataluña y no me apetecía una estancia solitaria en unos lugares con tanto significado sentimental para mí, además la posibilidad de dormir fuera de Barcelona me convenció totalmente, un paseo nocturno por la ciudad hubiera reventado mis escasas defensas emotivas; le escribí y me contestó rápidamente que sin problema; aproveché que los cursos en México se detenían durante unas semanas, me vino bien esta interrupción, para arreglar el problema administrativo y, también, para alejarme de unos críticos europeos infatuados de colonialismo literario que andaban buscando a Archimboldi un escritor alemán al que yo traduje en su día y que, al parecer, no quería ser descubierto ─a mí esto ya me hubiera bastado para no buscarlo, pero ellos se creían la madre de sus libros o algo por el estilo─, unos críticos petulantes que la universidad me había asignado a modo de extraña tutela; llegué a Blanes un lunes por la tarde, cansado y agotado porque fue sentir el aire o quizá mejor dicho el olor de Barcelona al bajarme del avión que me ganaron los deseos de vomitar y acudieron hasta mí un cúmulo de voces que querían abrirse paso en mi cabeza para hablarme todas a la vez, cogí un taxi, me dirigí a la dirección que me había facilitado Roberto y allí me presenté; me recibió con muestras sinceras de alegría, tenía un aspecto desmejorado que yo atribuí al exceso de trabajo porque durante los tres días que estuve con él y su familia, él, nada dijo acerca de su enfermedad; la verdad es que nos vimos muy poco, los dos primeros días no coincidimos casi, yo marchaba pronto a Barcelona y me pasaba el día en la universidad, el primer día solucionando todo lo relacionado con la parte administrativa y el segundo, con todo ya arreglado, saludando a antiguos compañeros que aún quedaban allí, un trámite o una concesión a la educación porque la distancia y el tiempo habían borrado todo lo que en común pudiéramos tener antes, comí con algunos de ellos y despotricamos de la educación, sea en Cataluña, sea en México o en la Antártida, los males son siempre los mismos y si se trataba de Filosofía todo se agudizaba a peor, luego, volvía cenado, y él estaba trabajando o se había acostado, con su mujer y sus hijos las conversaciones eran educadas e intrascendentes, me parecía algo lógico para alguien que estaba de paso; el último día me levanté tarde, me encontré una nota en la cocina, era de Roberto diciéndome que, si me apetecía desayunar con él, estaría en una de las terrazas de un bar frente a la playa que él me había comentado el día de mi llegada; me pareció bien aunque no sabía muy bien de qué podríamos hablar, temí hablar de escritura, no era un escritor que me gustara en exceso, cuando supe que iba a residir en su casa fui a la biblioteca de la universidad para ver si tenía algo de él entre los fondos y saqué los dos únicos libros que encontré, Monsieur Pain y La literatura nazi en América, empecé por este último porque el título me pareció sugerente, pero su lectura fue todo un acto de coraje, he de decir que más allá de un ejercicio prodigioso de imaginación no pude sacarle nada más, me costó llegar al final porque a partir del cuarto o quinto supuesto me ganó el aburrimiento, y en cuanto al primero de los libros no fui capaz de imaginarme a ese Vallejo, poeta, preso de un ataque de hipo que necesita la asistencia de un hipnotizador herido en guerra que es incapaz de declararse a una mujer más bien artificial, excesivamente imaginativo, sí, pero tanto que resultaba difícil de digerir; algo se me ocurriría, algo para salir del paso con más o menos dignidad y no ser grosero con quien había dado esas muestras de hospitalidad; el mar estaba encrespado, las olas no eran muy altas pero llegaban tan juntas que se enredaban las unas con las otras para convertir la mirada en un mareo de espumas; llegué a la terraza y me saludó, luego me preguntó que qué tal me había ido todo, le dije que muy bien, que ya estaba todo solucionado, tenía mi certificado que es lo que quería y que al día siguiente me iría, aproveché para agradecerle su amabilidad y hablamos de todo un poco hasta que la conversación derivó hacia las desapariciones de mujeres en Ciudad Juárez, parecía tener una información actualizada de la situación, poseía muchos más datos de los que yo pudiera conocer aunque yo viviera allí y él a miles de kilómetros, como si estuviera comunicado de una forma intangible con lo que allí sucedía, después me preguntó si tenía esposa y si no estaba preocupado, le dije que no, que no tenía mujer que la tuve cuando viví en Barcelona pero que se marchó, y él en ese momento se quedó mirándome con esos ojos curiosos que te miraban en forma de pregunta y que te impelían a hablar sin pausa y sin decoro y le conté que Lola desapareció un día, sin venir a cuento, que tenía comportamientos megalómanos en relación con el arte, y que muy bien podría haber marchado tras los pasos de alguien a quien ella considerara el súmmum del artista, que no indagué mucho al respecto, pero lo cierto es que nos abandonó ─a Rosa, nuestra hija, y a mí─, seguramente, en pos de algún Segismundo de tres al cuarto, y, sin darme cuenta, tal y como si él fuera un sicólogo de sillón y libreta, me vi hablando de mi vida a unos ojos inquisidores ante los que me confesaba sin ningún pudor y sin ningún miramiento, y le conté, claro que sí, el miedo a perder a mi hija en una de esas misteriosas desapariciones que me impelen a soñar sueños de terror en los que me sumerjo en piscinas sin escapatoria o en los que unos coches negros van tirando cadáveres de mujeres en el desierto, pero que poco o nada podía hacer porque en todo ello había un poco de destino y de imprevisión telúrica y, de repente, justo en ese momento, interrumpiéndome de forma muy brusca me dijo que cómo ante un problema tan grave y doloroso era capaz de comportarme como un filosofillo dogmático y no como un padre, que si pensaba que no podía hacer algo más y que si no me había bastado con la desaparición estrambótica de mi mujer ─que él, por cierto, no se creía─; que no era posible ese distanciamiento ante la vida y la emoción de vivirla salvo que se tratara de un ser insensible y frío; y entonces en el fragor de la batalla dialéctica yo le dije que él era el menos indicado para reprochar nada a nadie porque lo único que hacía era trasladar la realidad a un papel sin mancharse ni implicarse, que qué era lo que él hacía si se podía saber para solucionar el problema y que, además, desde mi cualificado y entendido punto de vista ─me hice pedante y soberbio a propósito, me olvidé de toda hospitalidad─ sus libros eran una solemne estupidez teñida de abundante y profusa imaginación, nada más que eso; él se quedó callado, miró hacia el mar y después me soltó en la cara: «¡chileno, maricón!»; no dije nada, me levanté, fui a su casa, recogí mi equipaje y cogí un taxi que me llevó hasta el aeropuerto, dormir una noche en uno de sus bancos me pareció mejor opción que seguir más tiempo en Blanes.

Regresé a Ciudad Juárez y no tardé en olvidar el incidente entre chilenos, quizá un chileno sea el peor compañero de otro chileno, volví a mi rutina de clases sin ningún problema, además, felizmente, los críticos se marcharon al poco de llegar yo sin despedirse ni nada, y todo volvió a la normalidad; fue tiempo después cuando me enteré de que Roberto Bolaño había muerto y que era un escritor celebrado por todo lo alto, fue Sara quien me habló de 2666, y quien me dijo algo acerca de un Amalfitano que aparecía en el libro en una ciudad llamada Santa Teresa pero que al parecer era la mismísima Ciudad Juárez, y que muy bien pudiera ser yo; quizás el tono que empleó me tenía que haber dado la clave acerca de lo que iba a leer con posterioridad, pero no lo hice y compré la novela; he de reconocer que me admiró la parte primera de los críticos, yo creo que fue poco lo que le comenté al respecto y él, sin necesidad de tomar ninguna nota, lo recogió y lo amplió ligándolo perfectamente con Archimboldi ─el escritor alemán que yo había traducido─ y me sorprendió halagadoramente verme, en un momento dado, como un personaje más, yo de esto había hablado sucintamente, pero él lo escribió con un detalle admirable; llegué un tanto ansioso a la parte que supuestamente podría ser mía, y la leí de un tirón, llevado de la indignación más que nada, había usado los datos que yo le di y había creado una historia en torno a mi persona extravagante y fuera de toda realidad, o es que crees posible que el episodio de Lola fuera así y que yo me comportara de esa forma, y lo del libro de geometría colgado de la cuerda del tendedero, por favor, hacerme a mí pasar por un Duchamp venido a menos, y la voz de mi abuelo en mi cabeza que luego resulta que no es mi abuelo y se transforma en mi padre, pero lo que colmó mi paciencia fue que me hiciera disertar, como si me interesara, sobre un libro inaudito de Lonko Kilapán acerca de cómo desde Chile se había poblado la Grecia Antigua y la Germania y demás excentricidades impropias de mi persona…

Amigo, Manuel, son razones de vida ─me la jodió el pendejo de Bolaño; después de su libro, a ver quién era el guapo que daba clases con cierto crédito si era capaz de dar pábulo a voces y telepatías araucanas─, mi prestigio se fue al carajo, tuve que dejar la universidad, Sara me veía y se reía a mi cara, los alumnos me asaeteaban con preguntas tendenciosas de todo tipo, que si podían dibujar triángulos o cuadriláteros en los exámenes como resúmenes de filosofía y yo que sé que más disparates; me jubilé de forma anticipada y me fui a vivir a un lugar que no quiero decirte, pero cuya cultura libresca es nula, la fama del tal Bolaño va en aumento de forma incomprensible y, con seguridad, me perseguirá de por vida; lamento que no quisieras tomarme en cuenta y obviar cualquier análisis acerca de esa parte del libro, pero al menos permite que dé mi versión de los hechos.

Ha sido un placer poder intercambiar correos contigo, espero que tengas el valor suficiente como para publicar todo lo expuesto anteriormente que aporta un punto de claridad sobre la escritura de ese tu autor admirado sin que yo aún comprenda el porqué.

Atentamente,

Óscar Amalfitano.

(Notas a la sesión del día 31 de marzo)

2666 Y LOS CRÍTICOS; BOLAÑO Y VERDADES INCONFESABLES

(Notas a la sesión del 10 de marzo)

Fue en el verano de 1994. Lo recuerdo perfectamente porque en esa época estaba trabajando sobre la obra Mann is mann de Bertolt Brecht, en concreto, recababa toda la información previa a la puesta en escena; la intención era empezar los ensayos en octubre y estrenarla a principios del año siguiente; se trataba de un Brecht primerizo que si bien ya se había representado en España varias veces, a mí me pareció adecuado y totalmente acorde a las condiciones de lo que vivíamos entonces; temáticamente, me interesaba resaltar la pérdida de identidad del ser humano derivada de las condiciones económicas en las que se maneja la sociedad, o, para ser más concreto, demostrar cómo la voluntad y el carácter del individuo son manipulados a su antojo por el capital; aunque, también, lo que realmente me fascinaba de ese montaje era representar la obra desde una clave de clown que consiguiera aunar crítica implícita del texto y objetividad lúcida del espectador con los aspectos más cómicos que iban a predominar en la puesta en escena.

Pasaba las mañanas en la biblioteca del Instituto Goethe, en la calle de Zurbarán –sin lugar a dudas, el mejor lugar de Madrid para documentarse sobre Brecht–, llegaba a las 10 y me marchaba sobre las 4 de la tarde, así de lunes a jueves. A finales de julio estaba buscando antecedentes sobre Ludwig Archiermeyer, compañero de teatro, mejor dicho de francachelas, de Bertolt, pero que escribió un Diario de los pequeños burgueses muy interesante donde quedan reflejadas las inquietudes teatrales de este Brecht a medio camino entre el expresionismo, el cabaret de Karl Valentin y esa nueva concepción antiburguesa y revolucionaria del teatro que estaba pronta a desarrollar. No sé cómo ocurrió pero dentro de las tres volúmenes que componen el extenso y agotador Diario de Archiermeyer iba otro libro que nada tenía que ver con mi trabajo, se trataba de Lüdicke, una novela corta de un autor que no había oído nunca, Beno von Archimboldi; pertenecía el libro a la prestigiosa Editorial JotaKele y estaba traducido por Ulises Lima, y recuerdo todo esto perfectamente porque por aquella época yo no estaba muy conforme con la traducción al castellano que poseía –una traducción hecha en Argentina partiendo de un texto en francés– y lo apunté todo entre mis notas para contactar con el traductor y encargarle una versión de la obra de Brecht; sí, efectivamente, aquí tengo la nota de aquel montaje que, por cierto, al final no se pudo realizar porque no recuerdo bien si es que no se llegó a un acuerdo con los derechos de autor o porque en esa época el Berliner Ensemble iba a realizar el montaje de la pieza y quería una exclusiva que le garantizara una gira por toda Europa toda vez que hacía poco que el muro de Berlín había caído y ellos estaban interesados en mostrar que su trabajo seguía siendo fiel a las ideas estéticas brechtianas, por lo menos tal y como lo habían sido en vida del autor.

Siempre he pensado en el azar como un elemento más a tener en cuenta en el proceso creativo, seguramente sea algo que me viene de mi experiencia teatral donde hay que aprovechar todo lo que aparece sin estar preparado de antemano si es que sirve para alentar la creación de los actores; así que la aparición de ese libro me hizo pensar en la posibilidad imprevista de encontrar algo que enriqueciera la obra o el montaje y, en consecuencia, me dispuse a leerlo, sin interés, pero obligado por mi marcada superstición teatrera.

Según puedo comprobar en las notas que saqué durante la lectura, la novela tenía 175 páginas y estaba dividida en cinco partes diferenciadas con títulos muy explícitos para cada una de ellas:

Inactivo joven, la primera

Contemplativo, la segunda

El viento de la tarde, la tercera

Madre, la cuarta, y

Mujer con collar, la quinta y última

El argumento es simple –desde mi punto de vista la historia no tiene nada de original, es más, yo diría que obedece literalmente al tópico de redención por el arte–: Ernst Lüdicke es un joven desorientado y perdido entre las ruinas de una ciudad, Dresde, que se encuentra completamente devastada, desconoce el paradero de su familia –solo en la parte cuarta se reencuentra con su madre– y al final se dirige a Frankfurt porque en el reverso de una fotografía de su madre y de su hermana que ha podido salvar de las ruinas está anotada una dirección que corresponde a esa ciudad; la parte más dramática es la tercera, el personaje se ve zarandeado por diversos episodios con las tropas de ocupación y las mafias de las cartillas de racionamiento y en un momento dado se ve obligado a cometer un crimen, lo que le obliga a cambiar su identidad; terminan sus andanzas en el taller de un escultor que ha vuelto de la guerra completamente ciego, quien le guiará por el mundo del arte donde finalmente encontrará su verdadera vocación; el triunfo le llegará con su obra Mujer con collar que rápidamente es aclamada como genuina representación del nuevo arte plástico alemán de posguerra, aunque ligado a este triunfo va aparejado el peligro de ser reconocido en su verdadera identidad de asesino.

Pero como ya he dicho el argumento no tiene poder por sí mismo, la atracción de esta obra, lo que me fascinó de ella, es la mezcla de técnicas que son usadas indistintamente y con maestría por el escritor Beno von Archimboldi:

Inactivo joven, la primera parte, es el diario del protagonista escrito a tiempo real de tal forma que se inicia con la novela en 1947, Ernst tiene en esa época 16 años, y se acaba el mismo día que acaba la novela en 1961 y con 30 años; las elipsis son algo recurrente de tal forma que de algunos años prácticamente no dice nada y en otros se explaya, pero lo más impresionante es que siendo un diario que va paralelo a la narración no anticipa el desenlace de los hechos que se contarán después creando un interés añadido en forma de intriga debido a una ambigüedad muy bien trabajada; Contemplativo está planteado en forma de diálogo, el que mantienen el protagonista y un extraño personaje con el que se encuentra en un refugio derruido, transcurre en una sola noche y es la constatación de la derrota total, no hay edad para el optimismo solo queda dejarse llevar, hay un momento dramático, de una expresividad muy marcada, que es aquel en el que callan sus voces porque el único trozo de pan que les queda se cae al interior de una cloaca e inician una pelea entre ellos rodeados de mierda e inmersos en ella; El viento de la tarde, prácticamente ya lo he contado, hoy en día se llamaría realismo sucio, cuando el autor lo escribió no existía esa acepción; la cuarta, Madre, es quizás la menos conseguida porque la sensibilidad de la narración parece poco creíble y un tanto forzada, quizás está escrito para dotar a la obra de un registro, el sensible, del cual hasta el momento ha carecido; la quinta y última, Mujer con collar, más allá de la intriga que genera es toda una declaración estética acerca de cuál es la relación del Arte con la Realidad -para el artista, ¡inexistente!-, en su escultura ni es reconocible la mujer ni existe el collar, un bloque de granito completamente horadado por multitud de sitios, como si hubiera sido atravesado por disparos hechos a bocajarro, que puede ser observado desde cualquier sitio con el agravante de que al mirar es posible que te encuentres con los ojos de otro espectador si acaso ambos coinciden en los agujeros elegidos para observar; desde el punto de vista del novelista, la realidad vislumbrada es un imposible de acotar porque o bien tiene más de un espectador con el que siempre te encuentras y desvirtúa la observación, aunque miren desde perspectivas distintas, o bien la mirada se pierde entre los agujeros de esa realidad, y, en definitiva, solo cabe la desaparición por los agujeros de esa realidad porque los agujeros son lo único constatable.

He tenido que recuperar estos apuntes para recordar la impresión que me causó la novela, es verdad que no pude seguir leyendo las otras obras que la biblioteca guardaba de este autor –si no recuerdo mal algo más de una docena– porque el montaje era prioritario y yo necesitaba todas las horas, las que tenía y las que no para sacarlo adelante, pero también es cierto que me hice la promesa de que más tarde, cuando dispusiera de tiempo, obligatoriamente, tendría que volver a él; la verdad es que no lo hice, pero eso sí confeccioné un posible orden de lecturas en el cual La Rosa ilimitada iba a ser el siguiente título a abordar.

Pero, de todo lo anterior, yo no podía decir nada ayer. Haberlo hecho sería incurrir en una pedantería excesiva porque nada me permitía demostrar todo lo anterior; cuando ayer mismo me acerqué por la mañana al Instituto Goethe para sacar el libro y poder mostrárselo a mis compañeros de tertulia como si de un trofeo se tratara, no lo encontré, y cuando pregunté al respecto me dijeron que todos los libros de ese autor fueron robados por un chileno llamado Arturo Belano según consta en una denuncia presentada en el año 2003 y cuya copia me mostraron.

TRAVESURAS DEL ESPACIO-TIEMPO / Crónica de TOMÁS PUCHE s/ sesión #Bolaño 11-2

Al salir de la tertulia, estimulado por el mezcal, me dejé llevar por unas ondas gravitacionales que, amables ellas, me dejaron a la puerta de mi casa un par de años después. Subí a mi apartamento, había una frenética fiesta, ya no era mi casa, el cartero había cambiado una vez más las direcciones de los buzones y ahora vivía en el Bajo D.

Cogí una copa de vino, era muy farragoso, había que leer un extenso folleto multimedia que describía con estilo directo, fragmentario y un lenguaje ligero y rotundo, a los invitados, personajes entroncados en la tragedia griega y en la taberna de la esquina, tan pijos ellos, tan interesantes, tan prescindibles, y también las virtudes y cualidades de los vinos. Aburrido tomé un botellín, ¡qué alivio! Solo hay que quitar la chapa y llevarlo a la boca. Sigue leyendo

MONSIEUR PAIN Y LAS SOMBRAS / (Crónica de JUANMA CUERDA s/sesión 11-2)

Debo de haber dormido toda la noche y parte del día. Cuando he despertado y he descorrido las cortinas, la luz opaca de febrero me ha dejado ver el mobiliario destrozado y las ropas amontonadas al pie de la cama. La señorita X. se va a enfadar. O no, con ella nunca se sabe.

Anoche es Mezcal. Lo recuerdo. Nos recuerdo sentados en torno a la mesa pequeña. Tomás saca una botella de la gabardina, la ha traído todo el camino envuelta en harapos, en restos de prendas otrora prendas enteras, y la deja en el centro para que nos caliente, para que observe y nos refleje polvorientos, exhaustos, ambarinos. No tiene etiqueta. Tomás se resguarda del frío y se recuesta en su rincón, en las sombras, desapareciendo todo él excepto su respiración, que me llega mezclada con la de los demás, y yo sé que sonríe o que está llorando. Quiero decirle que se acerque, que  venga con los demás al fuego destilado, pero ya ha desaparecido y a mí me duele la cabeza. Sigue leyendo

UNA BOTELLA DE MEZCAL / BOLAÑO / MONSIEUR PAIN

 

 

 

En esta noche pluviosa,

ya lejos de ambos dos, salto de pronto…

Son dos puertas abriéndose cerrándose,

dos puertas que al viento van y vienen

sombra          a          sombra

 

César Vallejo – Trilce

 

_ _ _

 

 

Sobre la mesa una botella de mezcal. Sigue leyendo

TOMÁS PUCHE / INVOCANDO A AUXILIO LACOUTURE (Notas a sesión 28-1)

La generación B estaba reunida para encontrar a Auxilio Lacouture. No hay luna llena, no hay baldosas blancas, no es un cuarto piso. Risueños como un prado, serios como un roble y tranquilos como un cactus hacemos avanzar la pantomima.

Va de años, de amores, de muerte, de engaño, de fantasía, de cruda realidad y de maelstroms de tequila. Y nosotros sin un puto botellín y ni un chupito de Chinchón seco. Sigue leyendo

BOLAÑO ENTRE LA GRECIA CLÁSICA Y EL MÉXICO ONÍRICO

 

 

 

AMULETO (2ª Parte)

Esta vez no tengo mucho que decirte, Auxilio de mis desvelos; sabes perfectamente qué dijimos y de qué hablamos ayer, estuviste allí, nos dimos cuenta todos; qué ideas tan peregrinas tienes, mira tú que esconderte bajo el ropaje gris de la televisión gris sin plasma pero con pantalla abombada del fondo, qué te creías que éramos granaderos asesinos de la impronunciable plaza de Tlatelolco e iba a pasar lo mismo que en tu váter de la universidad, en verdad pensaste que no nos íbamos a dar cuenta, ay, madre de los poetas, llevamos alma poética, cada cual a su manera pero la llevamos, –¡cómo si no hemos elegido hablar de la obra de tu Arturito!– y te vimos, pero te dejamos porque sabemos que después del crimen atroz que has contado en AMULETO te gusta pasar inadvertida; a saber qué habrás pensado de lo que allí dijimos, mejor no, mejor no me lo cuentes y sigue escondida donde quiera que estés ahora. Sigue leyendo

BOLAÑO 2016

1

–“Las heridas del tiempo”. Mira tú que cuando a las frases les da por cobrar vida, pues bien, esta frase había decidido venirse a vivir conmigo. Era una frase hecha como tantas otras que circulan por la calle, era una frase que leí en la portada de un libro hace ya algún tiempo, era una frase de dudoso contenido y de más compleja interpretación, era una frase que me perseguía. Y seguro que, en su origen, se encontrará algún poeta, los conozco, pobrecitos míos, claro que los conozco, y esos con tal de pasar a la posteridad, lo que haga falta, pero, claro, quién puede negárselo, ya sufren bastante atreviéndose a nombrarse poetas y mantenerse fieles a su condición de tal…, Sigue leyendo

CRÓNICA DE UN DESATINO / BOLAÑO SE DEFIENDE

 

Os juro que sabía que esta vez nos iba a ir como el culo. Que por qué: el día había sido un cúmulo de pequeños y miserables detalles de esos que te van haciendo pensar que hagamos lo que hagamos somos hijos del desatino y del desafuero. La mañana se había marchado sin darme cuenta enredado en una discusión conmigo mismo acerca de la huella dejada en el espíritu español por la copla y la habanera, Sigue leyendo

NURIA PRADILLA / ES LO QUE TIENE

 

Allí estábamos de nuevo, dispuestos a seguir con la investigación, pero los del bar no nos permitieron usar “nuestra sala” con el pretexto de estar esta reservada.

Es lo que tiene utilizar esos rincones polivalentes donde lo mismo te celebran un cumpleaños, que, sin quitar aún la guirnalda que a modo de sonrisa multicolor se carcajeaba de nosotros, esperan recibir a los propietarios de la comunidad de vecinos para que discutan sobre la próxima derrama. Sigue leyendo

TOMÁS MANUEL PUCHE / “No sé si soy poeta o un camelo…”

No sé si soy poeta o un camelo

No se si me desnudo o me disfrazo

No se si ésto es poesía

o solo un pedo vaginal

Fórmulas magistrales no propongo
Esto es el recetario de la abuela
Cada uno a su gusto lo sazona
si no le gusta cambia la receta

Sigue leyendo

CONDUCTOR BOLAÑO / LUIS VINUESA

Íbamos a hablar de las opiniones del escritor R.B. acerca de la Literatura y de otros escritores. Literatura al cuadrado o al cubo o a lo que sea lo exponencial: La suma tautológica. Pero por razones logísticas tuvimos que cambiar de sitio y llegamos a un establecimiento cuyo nombre no quiero promocionar, pues yo ahí no vuelvo, ¡ni por pienso! Una dosis de realidad aumentada con cada consumición que el camarero nos servía, de forma arisca y como si te arrojara un guante de vidrio sonoro, cortante, sobre la mesa que lo rebotaba hacia arriba con ecos de desafío… Sigue leyendo

FÓRMULA / TOMÁS MANUEL PUCHE

 
Una visión entrecortada e imperfecta,
fascinación fluctuante,
simplemente miope,
fríamente distante,
o quizás no ha estado nunca
Sangre del detective Sigue leyendo

CÁLCULOS CEREBRALES / NURIA PRADILLA

                                         

Salí de aquel bar con un pensamiento arenoso. Me costaba recordar los detalles de lo que allí estuvimos hablando. Para colmo alguien había vomitado en el autobús y al taparme la nariz empecé a escuchar con mayor intensidad aquel runrún que me perseguía (se ve que al anular un sentido,  potencié otro), algo así como el sonido rasposo de la arena dentro de mi cabeza.  Sigue leyendo

VARIACIÓN SATÁNICA – SUE L. NIVA, 30-11-2015

Por la mañana yo había estado…

Por la mañana yo había estado ayudando a un amigo a hacer la mudanza. Cajas y cajas. Un quinto sin ascensor. Vistas pésimas, una hilera de balcones que casi podías alcanzar con la mano. Terminamos como a las tres, hicimos un hueco entre los trastos y como pastores de posguerra comimos lo que había: un sándwich de morcilla de arroz con piñones (excelente, de su pueblo) y tarta de vanilla y chocolate (reciente, de su cumpleaños). Supongo que por el trabajo y aquella mezcla calórica me adormecí en el metro de camino a la reunión R.B. y soñé que Cézanne, agarrándome de la mano y frente al Mont Sainte-Victoire, me aconsejaba, paternalmente, el verter la naturaleza en conos, cilindros y pepitas de plata. Una señora me despejaba la frente, ¡de su hombro!, abriéndome los ojos. Le pedí perdón, ya que no tengo mal despertar, aunque este, en cuestión, fue un despertar sediento. Fui el primero en llegar al bar de Atocha y, como un animalillo de granja, me abrevé dos vasos de tubo con agua. Luego, ya más urbanita, me pedí una caña. Después y por orden alfabético aparecieron los demás. Sigue leyendo

BOLAÑO / TRES QUE NO FUERON MÁS QUE UNO

Morte villana, di pietá nemica,
di dolor madre antica,
giudizio incontrastabile gravoso,
di te biasmar la lingua s’affatica

Eran las 6 de la tarde del día 26 de noviembre de 2015 y yo llevaba estos versos preparados, quería soltarlos cuanto antes, sin venir a cuento, no importaba; los aprendí hace tiempo durante una velada de té verde y galletas secas donde además se salteaban, de vez en cuando, poemas líquidos de nata y chocolate: coqueteos antiguos con la vanidad y el intelectualismo. El día era hoy, libres de cónsules y de visitantes femeninas del Rhin, era mi oportunidad, había llegado el momento de lucirme con un toque extravagante y sofisticado de danTismo… Sigue leyendo

¿BOLAÑO? (Versión LUIS VINUESA)

UN VIAJE EN S

He ido a Londres a ver a una amiga que vive con su hija mientras espera encontrar trabajo. La hija es camarera y aloja a Teresa en un húmedo piso de Canning Town. Inversión generacional, pero es lo que hay y si vienes me haces un favor: no pagas hospedaje y la comida y la bebida corren de mi cuenta, dijo mi amiga. Llevaban ya dos meses conviviendo y mi presencia aliviaría unos roces in crescendo y a punto de llegar a la bronca. Yo vendría a ser algo así como un puente entre ambas, pues mi edad se encuentra en el medio. 22, 35 y 48 es la secuencia. Teresa fue mi jefa en una imprenta y fraguamos la amistad a base de coraje cuando pleiteamos contra el empresario que nos dejó en la calle. Por otro lado, una vez sorprendí a Nerea fumándose un porro y le di a entender que nunca se lo diría a su madre. Sigue leyendo

¿BOLAÑO? (Versión NURIA PRADILLA)

M., no sé cómo apareció ese mensaje en tu correo. Quizás aclararía algo saber si se deslizó sigilosamente en tu bandeja de spam, permaneciendo agazapado y latente hasta que en tu  merecido tiempo de procrastinación decidieses observarlo, o quizás se manifestó sin más, de manera refulgente y ostentosa, en tu bandeja principal. Pienso más bien en la primera opción ya que las revelaciones están reservadas para almas inquietas, que buscan respuestas tamizando pedazos de desierto o indagando en las basuras electrónicas. Sigue leyendo

¿BOLAÑO?

 

 

Os remito, tal cual, el correo que he recibido; ¿es de él?, creo que sí, la dirección del remitente algo apunta, pero, más que nada, el estilo, está redactado tal y como hizo en dos de sus relatos CARNET DE BAILE y DOS CUENTOS CATÓLICOS, inconfundible, aunque también puede ser un imitador que boicotea nuestro delirio atontado; como veréis y comprobaréis se ha equivocado de fecha, nada que objetar, él vive en la eternidad y todos sabemos que allí el calendario se quemó durante una helada, el tiempo es arena y la arena ese residuo mínimo que nos habla de cómo la roca permanece porque todo lo demás es orificio (y lengua añadiría yo) viento gélido e imágenes vacías (recordemos sus palabras: la perdurabilidad ha sido vencida por la velocidad de las imágenes vacías). Sigue leyendo

BOLAÑO INSUFRIBLE MANIFESTADO (Versión Luis Vinuesa)

Al trote por el círCUlo hermenéutico

CoNVuLSióN.

¡RIMBAUD, AYÚDAME A VOCALIZAR!

Vino vino después de la cerveza / Rojo sobre amarillo / Mañana morada.

Ya está Hegel dando por el culo retrospectivamente. Escupamos sobre Hegel. Carla Lonzi, 1972 (citado por Bolaño en el relato Compañeros de celda). Sigue leyendo

BOLAÑO INSUFRIBLE MANIFESTADO (Versión Nuria Pradilla)

El caso parecía estar en punto muerto. M. concluyó que  las pruebas aportadas por  Mario Santiago y José Vicente estaban adulteradas  o eran directamente  falsas.  Ni siquiera contempló como indicio aquel tornillo negro, que se debió aflojar del soporte de esa realidad subterránea. Después pasó a los interrogatorios.  Nos acosó de forma salvaje intentando una y otra vez hacernos caer en contradicciones. ¿Quién es el enemigo? ¿Quién?, insistía. A veces palmeaba el aire con sus manos de forma desenfrenada con el pretexto de asesinar al mosquito de la incertidumbre. Menos mal que T., harto de las continuas acusaciones sobre su desviación romántica,  contraatacó con la entropía y esta pareció invadir por unos momentos el ambiente. Por poco tiempo, porque en  su afán detectivesco M. encargó a T. una investigación a fondo sobre lo fractal, y le exigió que desvelara la fórmula secreta de la esencia bolañera, o de la salsa boloñesa, no recuerdo bien. Sigue leyendo

BOLAÑO INSUFRIBLE MANIFESTADO

Pensamientos confusos / Botijos como ubres: un solo pezón una sola boca / La esencia la naturalidad la sencillez la espontaneidad / La barricada-el lecho la ética de la revolución-la estética de la vida / Las cervezas vinieron intelectuales y la espuma se oscurecía antes de llegar a los labios / Bolaño se hace cada día más misterioso, ¿no sería más fácil buscar a Firmin entre el mezcal que no bebemos pero nos emborracha?, u otra cosa, ¿por qué no hacerse gaucho en una ciudad sin pampa? / He sido incapaz de ver la escalera tras la ventana de N. he percibido al rey-cerdo de L. espero la fórmula que encierra el comportamiento bolañero según T. Sigue leyendo

BOLAÑO SE HACE ROBERTO (Versión Nuria Pradilla)

De aquella tarde poco más se puede decir después de leer tantas palabras alejadas de la Realidad. Verborrea visceral de dos tipos incontinentes, silencio en fuga del tercero. Pareciera que no estuvimos en el mismo lugar  A pesar de algunas coincidencias espaciales,  la falta de detalles esenciales en el relato de los hechos es notoria. ¿Acaso nadie vio aquella ventana entreabierta?

Mientras aquel mentiroso se embolsaba los beneficios del mus entre gritos y humos, en nuestra mesa intentábamos construir un castillo, pero los naipes se empeñaban en caer cada vez que aspirábamos a elevarlos, seguramente animados por el hálito de la ventana. Al final jugamos al póker, íbamos todos de farol por eso nadie sacó la  escalera. Cuando nos levantamos me pareció que alguien se reía detrás de la puerta del baño.

Escher se  descojonaba de nosotros y Bolaño le ofrecía al cónsul una copa de chinchón.

 

BOLAÑO SE HACE ROBERTO (Versión Luis Vinuesa)

EN MADRID ABUNDAN LOS CAMAREROS DE SEGOVIA

El pasillo del bar culmina en un recodo que se abre a una sala con varias mesas concurridas. Allí se fuma y no asoman los camareros. O es una zona clandestina, o está registrada como club de fumadores por si aparecen los inspectores de salud pública. Para pedir uno debe deshacer el camino hasta la barra.

Mientras en nuestra mesa las palabras giran en sí o sobre sí mismas, en la mesa de al lado se detiene el silencio, un silencio que tiene algo de duelo a muerte. No exageremos, se están jugando al mus las copas, que no son caras pero son muchas. Los vascos beben tanto o más que los cónsules británicos. ¿Que por qué sé que son vascos? Porque juegan sin treses, esos treses que en la baraja valen igual que reyes y que aquí en Madrid (depende de la zona) llamamos cerdos.

Pero volvamos a ese silencio que es pura trascendencia, pues la partida es lo más trascendente que les ocurre a esos cuatro mientras en el mundo la codicia mata o en la mesa de al lado, la nuestra, nos preguntamos por los héroes del siglo XXI.

Un dato: desde mi posición solo veo las cartas de dos jugadores, lo suficiente para saber la mano ganadora.

A mí derecha, N. habla sobre el héroe romántico y a mi izquierda, T. habla sobre el héroe de la novela de formación y yo miro a los jugadores, que en el mus se disponen por parejas, y claro, esto es Literatura y se emparejan dichos héroes al jugar juntos.

La pareja contraria es la liderada  por el héroe quijotesco, que en la Realidad no puede tener otra pareja (o contrapeso) que Sancho Panza.

Enfrente de mí, M. me hace una seña (dúplex) indicándome a Sancho, que al instante se levanta y rompe el silencio y le chilla a Ángel Ros “¡Tramposo, tramposo!”

Otro dato: Ángel Ros es uno de los héroes de formación mejor formado: lo han formado Bolaño y Porta en el libro Consejos…, de modo que, impasible, Ángel Ros se enciende un Ducados. Para no ser menos tipo duro, yo me enciendo un Camel cuando aparece el camarero y dice “aquí no se puede fumar”. Uno apaga el pitillo obsecuente y el otro sigue fumando, ¡qué pasa!

Luis

 

BOLAÑO SE HACE ROBERTO

Resumen abreviado: La mantequilla se corta con una amatista oxidada, la emoción se derrite a través de los pensamientos-opiniones que sobre la mesa caen al modo rebote techo-mesa mesa-techo y vuelta a rebotar y el montacargas de los sentimientos no para de averiarse.

Ahora, el Acta de la Sesión del día 22 de octubre: Como inicio, lo previsto, intentamos instalar Cercas (pág 140-167, de SdS) en torno al maestro Bolaño con los temas inmortales de la escritura, sobre la mesa las cervezas sudan incredulidad y en las sillas las cabezas se sientan redondas mientras las visceras en los respaldos hablan erguidas de razones, alguién plantea, en modo ventrílocuo, si la Realidad es Literatura en sí o la Literatura tiene su propia Realidad, todos se van al váter, la Realidad se quiere suicidar, después, aventurándose en la senda de lo imposible surgen dos preguntas de calado que son, más que nada, una excusa para pedir otras cervezas: ¿existe el héroe moderno? ¿quién personalizaría esto en la novela moderna?; los camareros se niegan a servirnos y en la mesa de al lado chillan ¡tramposo! ¡tramposo!, entonces, sabemos que Bolaño está con ellos y no con nosotros, lloramos de alegría sabiéndole allí y cantamos el conocido himno:

En ti nos vemos
¡Oh, Literatura!

que somos incapaces de acabar porque dudamos acerca de qué palabra hemos de incluir para convertir en rima apropiada el siguiente verso, las opiniones son todas  y ninguna:
basura (realismo sucio)
dura (sexo fácil)
pura (idealismo de café)
cura (anfibológica)
madura (vegetariana)
estructura (contracultural)
ruptura (vanguardista)

y así, sin ponernos de acuerdo, al final, nos limitamos a bisear lo conocido una y otra vez, ¡Oh, Literatura! / ¡Oh, Literatura!, luego, afónicos y ahogados en nuestra propia saliva atacamos el punto caliente: Escritura actual: modos maneras temas narradores, los camareros han llamado a los dueños, los dueños a los propietarios y los propietarios a los vigilantes del metro quienes llorando por la emoción cuando reconocen la sombra de Bolaño sobre nuestros sorprendidos corazones nos conminan a la disolución.

Éramos más de tres y menos de veinte.

Para los que habéis querido venir, pero el autobús o el metro os han fallado, hemos decidido continuar nuestro acoso a Bolaño (cualquier búsqueda necesita una persecución constante) y tener una nueva sesión:
Jueves, 5 de noviembre, a la misma hora, las 18 h., y en el mismo lugar, C/ Atocha, 76, al fondo a la derecha.

Los cepos que emplearemos esta vez para la captura son:
-Primer Manifiesto del Surrealismo
-Manifiesto Infrarrealista
-“El gaucho insufrible”, quizás, uno de los mejores relatos cortos del maestro

Una pequeña laguna de tristeza, el cónsul desaparecido, a lo suyo, ni pío, pero no desfallecemos, al contrario, sentimos que podemos con todo.

Manuel

BOLAÑO DA UNA CITA

Jueves 22 de octubre, a las 18 h. C/ Atocha, 76, al fondo a la derecha.

Pase lo que pase, se inicia Tertulia Bolaño, gratuita, abierta a tod@s l@s que quieran asistir (si has leído a Bolaño, bien, si no lo has leído, mejor) y con el objetivo de que él esté sin estar (mesméricamente o galvánicamente que todavía no está decidido).

Indicaciones pertinentes para esta primera cita:

Te pagas tú la bebida, eres responsable de tus opiniones y de las de los demás, no se admiten quejas ni devoluciones, obligatorio reírse en silencio y llorar en mutis, a veces oirás tonterías pero se garantiza que nunca al nivel de las que se dicen en la actualidad, no nos meteremos con nadie porque no hay nadie en el horizonte literario que merezca la pena meterse con él, impera la mediocridad, por respeto al maestro no hablaremos de Cela, reservado el derecho de reservar derechos, si escribes no leas, y, por último, si te traes algún familiar para que te aplauda, no reniegues de él cuando empiece a hablar y te reconozcas enteramente en él.

Ah, si alguien ve al cónsul Firmin que le pase el aviso.