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Escribiendo novela

PRIMER DISCURSO / ESPECULATIVO

Lo único que he intentado es escribir una novela, una simple novela, mi Novela; de hecho, desde este mismo momento, esto que estás leyendo ya es la Novela. No voy a definirla ni a presentarla, lo hará ella por sí sola; en las páginas que siguen está todo, sirva este párrafo para hablar del primer aliento que la ha hecho posible: La Realidad es un Absurdo en sí mismo. Engañamos, pues, al Lector escribiendo novelas donde la absurdidad se sustituye por una realidad perfecta y perfeccionada donde cualquier problema encuentra solución, una realidad que es ejemplo de un orden exquisito que no existe ni se va a dar; no debemos olvidar que caminamos día a día por ese Absurdo y que lo hacemos en dirección hacia la Muerte, que es como decir el Silencio (el cual hemos de convenir que, a su vez, es origen y fin de la Música y de la Poesía).

Personaje 1 (1ª aparición):

«El yo es un viaje a ninguna parte…»

Preguntarse acerca de la escritura de la Novela es algo así como internarse allí donde habita la locura y pensar que, si lo haces, nada te ocurrirá, que volverás tal y como has entrado, cuán iluso, lo intentarás, y, en un principio, para no perderte, te apoyarás en ese discurso racional que te es tan conocido, pero, a medida que las imágenes se concreten y cobren vida, sentirás que necesitas algo más, incluso, que solo lo onírico y lo irracional pueden salvarte, porque, ten por seguro que la oscuridad devorará la luz, la luna al sol y la embriaguez a la serenidad, mas no te detengas, avanza con paso decidido por ese sendero de adoquines gastados que, ahora, pisas inseguro; síguelo sin miedo, aunque se pierda en el horizonte, y no pierdas detalle acerca de lo que te rodea, fíjate en esas sombras que se esconden detrás de los sauces, son Bacantes devorando los restos de Apolo, ¿las ves?, a que ya no te molesta la visión de la carroña, oh, amigo, estás tejiendo un destino del que ya no puedes volver, es tanta la inmensidad por descubrir.

Desde esta mañana muy temprano hasta ahora que anochece he estado yendo arriba y abajo en mi cuarto, Kafka, 25 de junio de 1914

En un futuro, la narración será múltiple, coral e infinita (como la vida, como la muerte, como el olvido), asistiremos al hecho de una escritura en la que convivirán historias diferentes, será, con seguridad, un intento del escritor por desdoblarse, destriplicarse o descuadruplicarse, o, simplemente, por abarcar el abismo de su experiencia; desaparecerá lo lineal y secuencial y presenciaremos la mezcla de historias que nada tienen que ver entre sí.

En un futuro, nada sabremos de nosotros si no somos capaces de escribir nuestras propias historias e incluirlas en el imaginario de aquellos que nos rodean.

En un futuro, la lucha se llamará narración. Una disputa encarnizada entre distintas facciones de escritores que pugnarán por imponer su visión de un presente escapista y sus certezas de un porvenir apocalíptico. El pasado será, tal y como es ahora, una estela que se difumina recordándonos lo que ha sido y ya no vemos, solo intuimos.

En un futuro, solo el presente puede que llegue a ser literario, el pasado se convertirá en presenteevocado y el futuro será un presentepordevenir.

De noche, tendidos de espaldas, contemplamos el cielo estrellado. Aquí es donde empiezan todas las historias…, John Berger.

Tensión interna. Fenómeno que, en la Escritura de novela, al modo de Jano, posee dos caras inseparables, una, la que comúnmente se da entre la forma de narrar que escoge el escritor y la propia narración: entre el autor y la fábula, entre lo que queremos contar y la forma en la que decidimos contarlo y, otra, la que late en el interior de la historia, entre lo que el escritor pretende narrar y lo que en realidad narra: la historia escrita y la que subyace en modo latente, y puede que exista un equilibrio entre ambas o puede que la una ahogue a la otra, en realidad, si hemos aprendido a narrar, lo escondido cerrará y dará sentido a lo escrito.

Personaje 1 (2ª aparición):

… Puedes gritar, puedes llorar, puedes gemir, no vale para nada, no responde nadie, no lo hacen nunca, aparecen cuando quieren, se quedan un rato, lo justo para que los intuyas vagando por aquí, los percibas en su indefinición y los comprendas y, cuando crees que ya los tienes, se van; ¿convendría salir y abandonar este lugar?, buena pregunta, ¿me dejo llevar por mi instinto que me invita a lo contrario o por mi cabeza que está callada?, me decanto por lo primero, el instinto, ya me ha sacado de más de un problema, por lo tanto, como si no existiera, aquí, agazapado, escondido. La complicación de vivir. Esto me recuerda aquella vez que iba paseando por el campo y una vaca de esas que dejan sueltas, sin amarres, sin ataduras, a su libre albedrío, casi salvaje, me miró fijamente y decidió embestirme, sí, claro, había una valla, pero hay veces que ni las vallas te salvan del peligro, además, qué puede hacer un ser humano, 70 kilos, contra un animal encorajinado que pesa cerca de 400 o los supera con creces, ¿echar a correr?, ¿subirse a una piedra o un árbol?, y claro que sí, grité y grité, pero nadie se dignó acercarse hasta allí, y no digo que lo hicieran para ayudarme, que hubiera estado muy bien, sino a interesarse por mi suerte, incluso, para aconsejarme acerca de la mejor solución, eh, ¡silencio!… ¿viene alguien?, ¿me reclaman?…, si acaso lo han hecho ha sido de manera muy sutil, apenas perceptible, ¿insisten?, no, parece que no, si no lo hacen es porque no han llamado o se trata de algún despistado, pero si me llamaran, aparte de ellos, ¿quién podría ser?, puede que no esté tan solo como pienso, ¿los vecinos?, imposible, carezco de ellos, esta casa es muy antigua, construida sobre los cimientos de otra aún más antigua y esa, a su vez, izada sobre los restos de algo que hace muchísimos años se construyó sobre un terreno baldío y abandonado donde aún no había llegado la especulación inmobiliaria aunque estuviera a punto de hacerlo, una vivienda con ventajas, estoy en el centro de la ciudad, ¿es eso una ventaja?, tendría que cambiar mis criterios, hace tiempo de ello, pero ni lo hice ni lo he hecho, cosas que me pasan, olvidos que me asaltan, certezas que no se cumplen, sí que lo era, lo de la ventaja, allá por los años-siglos de las calesas y las diligencias, ese portalón inmenso hacía de garaje y servía para todo, como entrada, como paso de carruajes y para esconder citas equívocas o salidas clandestinas, claro que hablo de hace mucho tiempo, ¿con quién hablo?, conmigo mismo, claro está, en su día no era casa de vecinos, eso fue después cuando los aristócratas propietarios, vagos por naturaleza, se quedaron sin siervos gratuitos y como fueron incapaces de renunciar al lujo y al derroche perdieron, poco a poco, el patrimonio hasta que, en el horizonte, se dibujó su mayor amenaza: ¡trabajar!, la mayoría no lo hizo, fueron capaces de todo antes que doblar el espinazo, unos, dilapidando haciendas y propiedades, otros, los más avispados, tirando de título y casándose con hijas o hijos de industriales, de comerciantes de éxito, de banqueros de tripa agresiva o de trileros de la Bolsa, a lo que iba, el caso es que parcelaron el edificio, lo fueron alquilando o vendiendo y aunque, en principio, se quedaron con las mejores estancias, luego, ni eso, terminaron yéndose al campo, allí donde sus posesiones mantenían vivas las palabras “siervo” y “esclavo” y donde ellos eran alguien, o eso se creían, porque luego vino lo que vino, poco tiempo, eso es cierto, pero se cagaron de miedo, madre mía cómo se cagaron, me estoy yendo de madre, he de volver, quizá sea el único vecino ya, el resto se ha ido muriendo o marchando, cosas de la demografía o de los poderes en general, cuestiones de las que no te preocupas cuando eres joven, en ese tiempo todo te da lo mismo, tu preferencia es la vida, sin añadidos, eh, que me escabullo, vuelta a la realidad: ¿quién me llamaría?: ¿algún despistado o despistada que se haya confundido?, ¿algún pariente que me deba dinero?, ¿algún compañero de carrera que tenga a bien invitarme a una refrescante reunión de antiguos alumnos?, ¿alguna amante anónima?, y poco más, ¿me daría cuenta?, no lo sé, en mi situación actual resulta complejo, muy complejo, como la vida misma, los fenómenos se producen y nosotros vamos olvidando lo más elemental acerca de ellos, lo primero el nombre, luego, su origen y, al final, sucumbimos a sus consecuencias sin saber su causa, motivo o procedencia, tampoco su intensidad; si me muevo, ¿me delataré?, ¿pondré en riesgo aquello que persigo?, es mejor intentar pasar desapercibido, me cuesta conseguirlo, cuando crees que has cogido la postura, te das cuenta de que no puedes aguantar mucho más, ¡qué caprichoso es el cuerpo!, qué le vamos a hacer, tiene sus razones, me levantaré a oscuras, no usaré la electricidad, tampoco las velas, dan miedo esas formas informes que nacen al amparo del pábilo, saldré a comprar a horas intempestivas, llegaré hasta la tienda de los chinos, 24 horas dedicados al noble arte del comercio al por menor, ¿cada día hay uno distinto? o ¿es el mismo?, pierdo la noción de diferenciar, en cada visita productos y más productos acumulándose en estantes antiguos: papelería diversa, almanaques, dietarios, libretas de cuadrícula, pegamento, borradores, herramientas, utensilios de cocina, no puedo seguir, recordar es agotador, se pierde la vida de forma inútil, lo mejor de esa visita clandestina es que yo creo que entienden mi comportamiento y lo comparten aunque apenas me miren, ¿vivimos de la misma forma?, no, ellos viven al revés, no intentan salvarse de la tragedia del mundo, ellos la usan en beneficio propio y, por eso, se esconden, porque saben que cuando vengan las represalias, porque, tarde o temprano llegarán, se buscará al culpable de las desgracias y como nunca somos nosotros mismos, cuando llegue ese tiempo de violencia, ellos deben estar ilocalizables, si puede ser, escondidos en los lugares más insospechados, en los sitios más oscuros, entre las grietas de la realidad, igual que hacen la carcoma, las termitas o la polilla, ¡no han vuelto a llamar!, he sufrido alucinaciones auditivas, nadie se ha interesado por mí, si esto no es la felicidad que venga dios y lo vea, sigo adelante, no decaigo, mi voluntad es más fuerte que mi miedo, mi soledad me hará fuerte y será mi salvación, la vaca saltó la valla, me persiguió durante unos veinte metros, me golpeó con la testuz, me tiró al suelo, me pateó y se fue con la tranquilidad que conlleva el trabajo bien hecho…

Tiresias o el discurso interesado: Para poder ver, previamente, hay que perder la vista.

Escribir desde el convencimiento de que es preciso ir alternando puntos de vista: poblar de ojos y voces la historia y dejar que esos ojos y esas voces la cuenten para que no se note la presencia del escritor (que está y nunca va a dejar de estar presente), para que se difumine en el tráfago de otras voces y otras miradas o para que él también se incluya y sea uno más a narrar.

(Repasar el Prólogo a Retrato de una dama, de Henry James sobre el edificio de la ficción: edificio con ventanas, piso que ocupas, diferentes perspectivas).

Los primeros que inventaron, que dieron un nombre a las constelaciones, eran contadores de cuentos (…) El imaginar las constelaciones no modificó las estrellas, ni tampoco el negro vacío que las rodea. Lo que cambió fue el modo de leer el cielo nocturno, John Berger.

(Nota: En Berger, siempre son “modos de…”).

Convengamos en decir que un error propio de la novela sería el uso excesivo de la descripción, esa tendencia a detener la narración para reemplazarla por largas y prolijas enumeraciones acerca de lo que encierra el espacio que rodea a los personajes, lo que sobresale de su físico, el vestuario, incluso el mobiliario; cabría pensar que el autor está diciendo: ¡querido lector, admira mi habilidad para inventariar la vida!

La tensión Vida-Muerte, al igual que ocurre en la Realidad, lleva la Novela en volandas hacia la intriga: de la Vida, ese aferrarse a ella por encima, incluso, de nuestras posibilidades, y de la Muerte, el cuidado, porque en la misma medida que sabemos de su certeza, tememos su aparición. Podría escribir que esta Novela se hace como si se tratara de un intento por obviar las consecuencias del morir: olvido y abandono, pero eso ya lo han escrito unos cuantos antes que yo, para qué repetirse, pienso en algo más modesto: eternidad y permanencia.

Procede dejar bien sentado que no se ha de borrar ni una coma de esta Novela, la totalidad es la respuesta, el fragmento, la característica, y la palabra se pliega a la idea para conducirnos hasta el objetivo.

Que el alma tenga existencia o no es materia compleja, no entraré en ello, pero sí puede interesarnos confirmar la facilidad con la que en torno a este tema surgen discursos abstrusos auspiciados por el don de la palabra fácil (“palabrería”), pero como no conviene extenderse en este tema, fijémonos en hechos artísticos contrastados: Munch pintó los estados del alma y Kafka les otorgó la palabra.

La Novela existe solo gracias a los Personajes, si careces de ellos, no te canses, es imposible escribir una novela, si te sirve de algo, siempre parto de lo mismo: En mí habitan todos los personajes.

PRIMER DISCURSO / ESPECULATIVO (Continuación por parte del Personaje 1)

«¿Qué especie de fatalidad domina hoy en la literatura española? ¿Por qué los que debían escribir callan cuando los que aún no saben leer escriben» Muchas veces, en el curso de la pasada década, he pensado en la amarga exclamación de Moratín…, Juan Goytisolo.

Personaje 1 (3ª aparición):

… Sigo trabajando, lo hago de forma intermitente, pero con ánimo, la mayoría de las veces a oscuras, no paro, ando liado con otros textos, con otras historias, pero no las escribo, más que nada por no hacer ruido y así invitarlos a que aparezcan, que se muestren y lleguen hasta mí, pero estaba hablando de las historias, las que no escribo, las que imagino, el método es siempre el mismo: las desarrollo pormenorizadamente y las memorizo, mi idea no es publicarlas, para qué, hay tantos y tantos libros, cada día más, un día la Tierra se verá obligada a hacer una limpia so pena de ahogarse entre tantas y tantas páginas publicadas, da lo mismo en papel que en forma digital: ¡son páginas, igualmente!, a lo que iba, luego, antes de archivarlas les asigno un número, mejor dicho, una referencia inventada por mí, en la que mezclo letras y números en proporción ya estudiada y con un orden preciso, al final, termino por guardarlas en mi cabeza, en el gran depósito de la memoria, a la espera de que algún día me apetezca, quiera o pueda seguir trabajando en ellas, son mis historias, por ejemplo, no, mejor, no, anticipar es el cáncer de la narración, bueno, sí, la cuento: un escritor lleva más de dos años encerrado en su casa, un día, debido a un motivo baladí como, por ejemplo, el de comprender que no vale la pena ser parte de la Realidad, se enclaustró y se dedicó a esperar la llegada de los Personajes, esa es la más actual, la que me tiene en vilo, he acabado otras, pero me es difícil recordarlas porque el depósito de la memoria está a rebosar y, en ese estado, es complicado sacar de ahí algo distinto a lo último que esté trabajando, se mezclan las historias, no puedo hacer nada al respecto, y no es por desidia o desgana, de verdad que lo intento, les muestro cómo va esto: un joven cleptómano se adentra en unos grandes almacenes, le ha costado decidirse, está en tratamiento, el juez fue claro, «o sigue el tratamiento a rajatabla, o va a la cárcel», pero quién puede detener aquello que ya te viene genetizado como si fuera una marca de agua, sabe que no está obrando bien, pero en su descargo hay que decir que lo está haciendo a modo de prueba, que está seguro de no llevarse nada a los bolsillos, que está curado; camina por los amplios pasillos, le ciega la luz que baña los productos, ¡es como una provocación!, sin darse cuenta se adentra en la sección de Perfumería, en principio, no hay problema, es la sección que menos le llama la atención,  sin embargo, las esencias también juegan su partida y se despliegan por el aire hasta introducirse en su pituitaria con tal fuerza que Carolina se sienta en un banco del parque, acaba de pelearse con un individuo que intentó sobarla, lo golpeó con fuerza, no en vano durante varios meses acudió a unos cursos de defensa personal, no tiene muy claro dónde, en qué parte del cuerpo, ¿la cabeza?, pero sí se dio cuenta de que el individuo cayó a plomo, le dio miedo, salió corriendo, se ha roto el tacón y no quiere saber nada de cómo los tres hermanos que, en su día, fueron capaces de crear una empresa artística dedicada a la construcción de nuevos espacios culturales se han convertido en unos asesinos, eran edificios grandiosos, una mezcla de salas multiusos, teatros modernos y locales para juntas de vecinos, espacios donde lo importante era la comunicación y en los que se pudiera representar todo tipo de obras aunque, en su primera idea, primaran los espectáculos de interacción: público abrazándose con actores, actores bajando a la platea, textos improvisados en cada actuación según un buzón de sugerencias, luces sin ambiente ni intención, cuerpos y más cuerpos desafiando distancias, buscando complicidades, un atraco en toda regla, en una joyería del centro, algo rápido, muy meditado y sin arriesgar mucho, en un día especial, con mucho tráfico, con mucha gente en las calles y gran actividad, un día único donde las ventas se disparan, los consumidores se convierten en masas descontroladas…, no puedo más, la memoria es un hoyo cuya profundidad crece con las vivencias, mundo que se colapsa según va devorando tiempo… 

La escritura es o debería ser la exploración de territorios o parcelas desconocidas de la realidad…, Juan Goytisolo.

Personaje 1 (4ª aparición):

… Prefiero contarlo, cuanto antes mejor, así me quedo más tranquilo, en su día quité todos los espejos de la casa, incluidos aquellos objetos que por su pulido pudieran reflejar algo de mi persona, no quería verme, me negué a enfrentarme con una sola de las imágenes que pudieran reproducirme en alguna de esas superficies lustradas por el deseo de reflejar todo lo que hasta ellas llegue; cualquiera podría decir que fue una decisión sin fundamento, caprichosa y sin base científica alguna: verse uno mismo forma parte de nuestra cultura más allá de cualquier civilización, va con nosotros, descubrirnos en lo que se encuentra delante, pero no para mí, la imagen que quiero ver y reproducir es la de ellos y ellas, yo no existo, no, claro que no, además, acaso lo que se ve en un espejo es tu yo, ¿verdad que no?, a veces, mirarte en ellos es encontrarse con lo que niegas de ti mismo y, entonces, qué sentido tiene contemplarse, bien, ya está contado, tenía que hacerlo, quizá así se me comprenda mejor, también he de comentar algo problemático, aunque pueda parecer que no viene a cuento, lo difícil fue desprenderme del teléfono móvil, encenderlo era verme, ya sé que no me llamaba nadie, pero estaba enganchado a su estela de miradas recurrentes: el brillo de su pantalla, la linterna incorporada, el reloj siempre a punto, las últimas notificaciones de lo último que ya no es lo último y ese buscador que encuentra de todo y en cualquier momento, todo ello me proporcionaban una compañía que puedo asegurar nunca he tenido, intro: Madagascar es una enorme nación insular frente a la costa sureste de África. Alberga miles de especies animales, como lémures, que solo se encuentran en este lugar, junto con bosques tropicales, playas y arrecifes

Toda mi labor de los últimos años ha sido un combate para alcanzar “otros” ámbitos de libertad expresiva, partiendo en cada caso del suelo conquistado en el texto anterior, en pos de esa escritura suelta, descondicionada, a que aspira a llegar mi último libro…, Juan Goytisolo.

Personaje 1 (5ª aparición):

… Referencia 4HIST2021: Julia se pinta las uñas de los pies con una parsimonia que atraparía a cualquiera que pudiera mirar cómo lo hace, podríamos hablar de un ritual profano con tintes sagrados, uña a uña y cada una de un color, no empieza la siguiente hasta que no ha acabado la anterior, hoy ha decidido usar dos colores, turquesa y fucsia, le gusta cambiar cada poco, además, está segura de que son colores que la favorecen, incluso, le dan buena suerte.

Julia no se llama Julia, su nombre real es Ekaterina, viene de una tierra impronunciable y de un lugar que no sabemos cómo encontrar en un mapa, se cambió el nombre, se lo cambiaron, más corto, más fácil, más anónimo.

Julia le ha puesto un cuchillo en la garganta, él se ríe, piensa que está jugando, que le está proponiendo un nuevo juego sexual, a continuación, ella coge la pistola de él, le obliga a agacharse, le coloca el cañón en la sien, él, que se ha dado cuenta de que ella no está jugando a nada, duda acerca de si ella apretaría el gatillo en el caso de que se negara, pero un sexto sentido, nacido al amparo de haber vivido muchas situaciones como esta, le dice que la presión del cañón en su cabeza es la que ejerce alguien que se encuentra desesperado, ella le coloca las esposas con las que tanto le gusta jugar a él, las que tanto le aprietan a ella mientras él hace todo lo que su imaginación da de sí, y es mucho, claro que es mucho, lo sabe su cuerpo, siempre a medio camino de la crueldad y del sadismo, y siempre riéndose, «de qué», se ha preguntado ella cada vez que él la convertía en su juguete, en su cuerpocoño, en su cuerpoboca, en su cuerpoculo, ahora que lo tiene de rodillas en el suelo saca un rollo de cinta, corta un buen trozo y se lo pone en la boca dando más de una vuelta, «ahora, puedes chillar, si quieres», él no termina de creerse lo que está pasando, no está acostumbrado, lo normal es que sea al revés, «tranquilo, terminaremos cuando yo lo diga, hasta que tu polla se encoja y se esconda», le dice ella.

 Julia ha dudado, no sabía si tendría que empezar por el fucsia o por el turquesa, cuál de ellos tendría que ser el dominante, y tampoco por cuál de los dos pies, a ella le gusta pensar en los pequeños detalles y en cómo solucionarlos, ha estudiado poco, ha aprendido mucho, y tiene claro que en los detalles se juega uno la vida, ¿por qué no aspirar a la perfección?, él gruñe cada vez que ella moja el pincel y lo extiende sobre la uña, «¿qué quiere esta hija de puta», ha pensado, si quisiera matarlo ya lo habría hecho, es verdad que muy lejos no iría porque fuera están sus sicarios esperando que su jefe termine su desahogo de rutina, pero si se ha vuelto loca, eso sí le preocupa, tanto que siente un ligero encogimiento del estómago, sabe perfectamente que una persona que no está en su juicio puede resultar totalmente impredecible.

Al final, Julia se ha decidido por el fucsia y empezar por el meñique del pie izquierdo, hace cinco días venció el plazo de su deuda con él, una deuda nacida allí donde ella sobraba a sus padres, allí donde sus padres pensaron que la mejor dote que podían recibir por una hija era su propio cuerpo y cuanto más joven, mejor, y, desde luego, les pareció mejor cobrarla antes que después, de poco valía esperar que otro pobre tan pobre como ellos viniera a pedírsela cuando el tiempo fuera ya irremediable, hace cinco días se lo recordó, él se rio como si le hubieran contado algo disparatado y gracioso, muy gracioso, luego le soltó un bofetón que la lanzó contra la pared, cuatro o cinco patadas más la dejaron tirada en el suelo, «tú terminarás tu deuda cuando yo lo diga, hasta que tu coño se seque y no se abra», y se fue.

Julia sabe que solo unos pocos metros le separan de la libertad, también sabe lo que hay fuera, dos perros de presa armados que no dudarán en hacer de todo con ella, pero tiempo al tiempo, ahora, lo más importante es pintarse las uñas bien, mejor que bien. Él, mientras, piensa en cómo salir de esta situación, llegar hasta la puerta, abrirla y salir porque fuera está el poder para cargársela, de la puerta para adentro, sin embargo, solo un tipo desnudo, sudoroso y grasiento que duda si saldrá vivo, «hija de puta, tú a mí no me vas a vencer», podía estar pensando, pero si fuera así dudamos que terminara de pensarlo porque ella le ha golpeado la cabeza con el tacón de su bota, «mírame, cabrón enfermo, no dejes de mirarme», y continúa su labor porque haciendo eso sabe que está un segundo más cerca de la perfección, y la perfección vendrá marcada por ese preciso momento en el que el pincel fucsia pinte sobre la frente caída de él el nombre de Ekaterina y en un lado de su rostro, el que ya no mira nada, con el pincel turquesa, Novo-Simanchuk. 

En una primera acepción, hoy olvidada, el término “pensador” significaba «el distribuidor de pienso al ganado…», Juan Goytisolo

Personaje 1 (6ª aparición):

… ¿Cuánto tiempo llevo sin moverme?, sentado aquí, sin decir nada, musitando sonidos ininteligibles, simulando que miro el infinito inexistente de mi habitación como si fuera un paisaje que solo yo puedo ver, la pantalla sigue viva, si me deja a oscuras, sé que es algo momentáneo, basta con mover el ratón ergonómico y volverá conmigo, el cursor late y parpadea sobre un documento iniciado hace bastantes horas, carece de título, refleja el vacío blanco que padece un autor, por lo demás, a veces, doy paseos cortos por la habitación, no más de cinco metros en su parte más larga, de la ventana a la puerta, de la puerta a la ventana, su anchura está limitada por los muebles, las sillas y los libros, representan la pesadilla de los objetos devorando el espacio, ¿cuántas idas y vueltas?, las que hagan falta, perseverar en la obsesión, más pronto o más tarde los encontraré, me necesitan tanto como yo a ellos, creo que lo que pasa es que no les gustan las historias en las que quiero que vivan y huyen no se sabe dónde, ¡volverán!, nos necesitamos, han de saber que las palabras también, «¡haz algo, muévete!», me digo, las bolsas de patatas fritas se te han acabado, los pepinillos también, la botella del agua está vacía y no haces café por si acaso les diera por aparecer justo en ese momento, «haz algo, muévete», hueles mal, la cama está deshecha y llevas la misma camisa desde hace cinco días, «muévete, ¿a qué esperas?»…

Lo sumergido en la obra literaria la mantiene a flote como el iceberg…, Juan Goytisolo

Personaje 1 (7ª aparición):

… Ocurre que algunas veces las palabras se juntan de forma aleatoria y adquieren un significado propio, sin tener en cuenta el lugar donde habitan los sentimientos, ese lugar del que decidiste salir hace mucho tiempo y al que no terminas de llegar porque el destino cambia o se te escurre por entre los dedos. Dudas, y, en algunos momentos, te planteas acabar de una vez por todas con este agotamiento cruel y placentero que supone la espera, y te vuelves contra ti y contra aquella decisión que tomaste sin hacer caso de los consejos de los que te querían, y lo haces como cuando no te queda otra cosa que tu cuerpo por examinar y te dedicas a castigarlo y dañarlo, sin motivo, y luego, además, añades la oscuridad de tu cerebro, la negativa a cuestionar tu manera de vivir, te dices a ti mismo que vendrán, que terminarán por acudir y que te ayudarán a escribir lo que te falta por escribir, y entre tanto, los sentimientos se esconden detrás de tanta palabrería, te has especializado en palabras, en racionalizarlas e intelectualizarlas para dar de comer a tu ego, pero dónde están las que nacen de la tristeza, del dolor, de la ira, de la alegría… ¿dónde están?, joder ¿dónde están?…

Referencia 3HIST2020: «No me dejes aquí», «y dónde quieres que te deje», «joder, en mi casa», «yo a tu casa no voy ni queriendo, solo por no ver el careto de tu padre doy dinero», «sabes que mi padre es perro ladrador», «pues los ladridos que se los dé a otro», «co-coco-cocó», «mira que puedes llegar a ser gilipollas, tía», «venga, llévame a casa…, si quieres, no entres, pero, por lo menos, déjame en la puerta», «sí, claro, y además te planto unos cuantos besos en el coche antes de que te bajes, ¿no?», «pues no sería mala idea», «pero tú qué quieres, que tu padre me monte el pollo, mira, no sé qué opinión tiene de mí o qué es lo que piensa, pero me habla como si fuera aquel que un maldito le pisó los menudillos», «pues va a ser verdad lo que me dijo el otro día acerca de que eres un tío sin huevos», «y qué es un tío con huevos, ¿tú lo sabes?», «venga, no te enfades, pero un poco de orgullo sí que podrías tener, ¿acaso no me quieres?», «las cosas claras, salimos juntos y ya está, algo puntual, sin pretensiones, y que quede claro que todo lo demás no va más allá de un puro blablablá, nos lo pasamos bien, unas cuantas risas, muchos besos, unas cuantas calenturas, unos pocos desahogos y para de contar, además, tú qué sabes de mí, quién soy y qué quiero de ti».

Merche se queda callada mientras mira más allá del cristal del coche, ha ladeado la cabeza de tal forma que Luismi no puede indagar en sus ojos para saber qué es lo que le ocurre, curiosidades de la vida, Luismi está haciendo lo mismo y sus cabezas recíprocas se niegan la mirada, el silencio se adueña de la situación, el interior del coche impone sus ruidos, un plástico que se endereza poco a poco o se estira llevado de la dilatación provocada por los cambios de temperatura, un leve rozamiento de ropa contra ropa, un choque no deseado con la carrocería debido a un movimiento propio de la tensión que vive con ellos; demasiado silencio, qué bien les vendría el móvil, no están acostumbrados al silencio, no están acostumbrados a refugiarse en sus cabezas. 

«Perdona, he sido un poco brusco», dice él, «un poco gilipollas, diría yo», «joder, tía, encima que me disculpo, me la llevo», «no te la llevas por lo que has dicho, sino porque no tienes ningún interés en cambiarlo», «me cago en la hostia…», «cágate menos y habla mejor», «y eso lo dices tú», «sí, lo digo yo, qué pasa», «pues que, de vez en cuando, sueltas algunos palabros iguales o peores que los míos», «pero, ahora, no; ahora, estoy contigo y quiero que eso sea lo único importante», «por qué me dices eso», «porque quiero que sepas que eres algo más que un “desahogo”, joder», «lo siento, Merche, de verdad que lo siento», «si supieras…», «si supiera qué», «nada, lo tonta que soy», «escúchame», «a ver lo que dices, porque soy capaz de darte un golpe contra el volante», «tranquila, ¿te he contado lo de aquella vez que estuve trabajando de Papá Noel?», «y esto a cuento de qué viene, Luismi, tú me quieres volver tarumba», «espera un poco, no seas impaciente», «eres la leche, pegas unos giros que vas a terminar volviéndome loca», «fue el año pasado, había acabado el instituto, estaba sin curro, necesitaba cash y me apunté a eso de hacer de Papá Noel en unos grandes almacenes, según ellos, era tan joven y tan delgado que no entendían cómo podrían hacerme pasar por un personaje así, pero, al final, como no se presentó nadie más, me lo dieron, me pagaban una mierda, pero acepté, le había echado el ojo a una máquina y quería hacerme con ella cuanto antes, me dieron toda la vestimenta, incluida la barba  y me dijeron lo que tenía que hacer, era como si quisieran recrear una peli americana, yo en la calle con una campana de mano en la que se veía el nombre de los grandes almacenes y que tenía que mover para que sonara sin que pareciera ruido y, sobre todo, llamara la atención para que la gente entrara, y si algún niño quería hacerse una foto conmigo, pues eso, tenía que aceptar…», «vaya aburrimiento, ¿no?», «un poco, además eran ocho horas seguidas, pero espera que queda lo mejor», «vaya rollo», «oye, si quieres, lo dejamos y te llevo hasta tu casa», «no, si me refería al trabajo, a lo de estar ahí ocho horas en la calle y aguantando al personal, anda, sigue», «vi llegar a los padres, me parecieron normales, y detrás o al lado de la madre iba el niño, de esos rubitos de cara angelical, el clásico que sale en la televisión, se pierde y, al final, aparece dormido en la sección de colchones, pues eso, yo seguí a lo mío, no encontré ningún motivo para dejar de hacerlo…», «y cuando pasó a tu lado, te pegó una patada», «anda, calla, tú sí que estás patada, no ocurrió nada, yo le di a la campana y el niño me miró con una sonrisa de felicidad de esas que te dejan nuevo, a continuación, se pararon a mi lado, el padre le dio un beso a la madre y se despidieron, el tío era uno de esos estirados paliduchos que deben estar enganchados al trabajo y no saben cómo parar, se olvidan de todo lo que no sea su rollo y dejan la familia en segundo plano, el niño y ella se quedaron mirando cómo se alejaba y yo no sé por qué también, cuando se perdió entre la gente la mujer me miró y me hizo un gesto como de resignación, no sé, pero me dio algo así como pena, yo no supe hacer otra cosa que sonreírla y tocar la campana, me dio la impresión de que le hizo gracia y entró en el comercio riéndose, yo seguí a lo mío, me quedaban unas cuantas horas…», «¡y ya está!, ¿esto es todo?», «joder, cómo eres,  ¡espérate!», «es que mira que le das rollo al asunto», «¿sigo o no sigo?», «venga, sigue, total ya me he tragado una parte, veremos dónde va todo esto», «lo que no me dijeron cuando entré a trabajar en el puñetero sitio ese es que si algunos clientes me llamaban para ayudarlos con los paquetes yo tenía que hacerlo, un mozo de carga que se ahorraban por el sueldo de un papá Noel de tres al cuarto, y la verdad es que, en las horas punta, me pasaba más rato cargando que dándole a la campana, al cabo de dos horas volvieron a aparecer la madre y el niño, ella iba cargada hasta los topes, parecía necesitar ayuda, yo me acerqué y le dije que si la podía ayudar, ella me dijo que sí que, por favor, cogiera los paquetes hasta que llegara un taxi que ya había pedido, efectivamente, a los pocos minutos apareció un taxi y yo descargué los paquetes en el maletero, normalmente, no me daban propinas, pero ella me soltó un billete de veinte, casi me da algo, lo que me pagaban en tres horas de curro, ella lo soltó en una sola tacada, así que cuando me dijo que si quería ganarme un dinerillo extra que la llamara, yo ni me lo pensé, le dije que sí, me dijo que eran trabajos pendientes en el jardín de su casa, que su jardinero estaba de vacaciones en estas fechas y que ella no podía hacerlos, nada de importancia pero que le apetecía que se hiciera, si por llevarle cuatro paquetes mal contados me soltó esa propina, por lo del jardín seguro que me sacaba el doble o el triple…», «venga, Luismi, que ya sé de qué va a ir esto: la mujer que se siente sola, el marido fuera, el jovencito atento… y no tengo muchas ganas de oírtelo»,  «tú espera que termine y luego me dices, el caso es que me dio el número de su teléfono y al día siguiente la llamé, quedamos en que me pasara por allí, viera lo que había que hacer y que decidiera, si lo aceptaba ya hablaríamos del dinero, que por esa parte no habría problema, le dije que ok, claro, así que el primer día que tuve libre me presenté allí, estaba sola, no estaban ni el niño ni el padre…», «tío, me estás tocando las narices porque sé cómo va a acabar…», «tú que vas a saber, me acompañó por el jardín y me fue diciendo lo que quería, unas cuantas horas de curro y poco más, había que barrer las hojas, recoger ramas caídas y cortar algo de césped que, en algunas zonas, había crecido demasiado, me puse a la tarea y ella se volvió para la casa, estuve trabajando sin parar, creí que no acabaría porque en esa época los días son muy cortos, pero me dio tiempo, acabé, recogí las herramientas en el caseto que tenían y me fui a cobrar el curro, llamé a la puerta de la cocina y no me abrieron, me fui para el frente de la casa y golpeé con la aldaba que tenían no sé si de adorno o de qué, pero yo golpeé con fuerza, y tampoco, pensé que lo mismo había salido urgentemente, yo qué sé… a comprar, o a casa de una vecina y decidí llamarla por teléfono, oí su teléfono, el sonido salía desde una ventana del piso superior, estaba abierta, la cosa me intrigó…», «joder, a mí, también, no sé por qué pensé en el clásico romance tía mayor con chico joven y me estaban dando las siete cosas…», «recordé que tenían una escalera de madera en la parte posterior del cobertizo, me fui hasta allí y la cogí, la apoyé contra la fachada y fui subiendo con cuidado porque no veas cómo se movía, era de esas escaleras de madera que con el uso…», «joder, tío, o sigues o te meto una hostia», «pues no decías que era un rollo…», «¡que sigas!», «la escalera llegaba hasta la ventana de forma muy justa, tuve que izarme en el último peldaño agarrándome de un saliente de la fachada, me icé y pude ver a la mujer tirada sobre la cama, aparentemente, desmayada, la llamé, pero ni contestaba ni se movía, decidí auparme como fuera y meterme en la habitación, lo conseguí, pasé hasta el interior y me fui hacia la cama, estaba como muerta, un color pálido, muy pálido y las venas muy marcadas, me pareció que carecía de latido, acerqué mi oído hasta su pecho, nada, intenté moverle la cabeza, pero su cuello estaba excesivamente ladeado y me dio miedo y, de repente, ella, va y abre los ojos…», «¡me cago en la leche!», «me mira fijamente, me gira el cuello con lentitud y me agarra la cara con fuerza, no puedo ni sé cómo separarme, tira de mí hacia ella, mira, así, sus labios están cerca de los míos, yo no quiero besarla, no sé qué hacer…», «me estás haciendo daño…», «y sin venir a cuento, abre su boca, y de un golpe, se lanza a mi cuello y me muerde con todas sus fuerzas, ¡lo ves!…», «qué gilipollas eres, qué susto me has pegado, todo ese rollo para darme un muerdo, estás como una cabra», «¿te ha gustado la historia», «y seguro que me has dejado marca», «pues claro que sí, esta noche irás notando la necesidad urgente de beber sangre y…», «cállate, vete a la mierda, no te cuento los sueños que tendré esta noche», «venga, que te llevo hasta la puerta», «y con mi padre, ¿qué hacemos?», «¿y qué quieres que haga?, es tu padre, no el mío, aunque no estaría mal que esta noche te acercaras a su cama, le dieras un buen mordisco y te bebieras su sangre…», «lo que yo te diga, como una puta cabra, pero no, haré algo mejor, se lo contaré para que vea qué clase de tipo eres».

Se ríen. Ella baja del coche, Él la mira. La Luna se perfila en el horizonte, las calles están vacías, de vez en cuando pasa algún que otro transeúnte, en la lejanía se ha oído un aullido, le responde uno más cercano, y otro, y otro más. Mañana volverán a quedar.

¿Es la vida humana un elemento exterior a las leyes del mercado o únicamente un producto más, comerciable y vendible, del frío e inmisericorde entramado económico?, Juan Goytisolo.

Personaje 1 (8ª aparición):

… Mañanas empañadas por un único pensamiento: escribir es una burla que te estás haciendo a ti mismo, un engaño para aliviar dudas y miserias.

Muchos son los llamados por la literatura; pocos los que la escogen a ciencia y conciencia, Juan Goytisolo.

Personaje 1 (9ª aparición):

… Referencia 17HIST2022: Salieron juntos, iban decididos, con ganas, no dudaban que la tarde iba a ser inmejorable, no dudaban que se comerían el mundo, no dudaban que se merecían todo lo bueno que pensaran, eran ellos, con eso bastaba: Leo, Iván y Nico. Uno de los móviles sonó, el de Nico, lo sacó del bolsillo del pantalón, miró la pantalla, «mi madre», dijo; «es que te quiere mucho», dijo Leo; «eres su niñita», dijo Iván; «me vais a tocar los huevos, los dos», y se rieron, todo ello al mismo tiempo que se empujaban como para darse a entender que estaban juntos, que se comerían el mundo y que se merecían lo mejor.

En la gran ciudad moderna, una cosa es cómo están representadas las calles en un plano y otra muy distinta cómo es el trazado real, porque en el plano, las calles rectas son rectas y las curvas, curvas, pero en la realidad, las rectas se retuercen y son empinadas, irregulares y bacheadas, y las curvas, estrechas, deslizantes o, simplemente, mal trazadas, espacios donde lo ideal se empeña en modificar la realidad.

Se sentaron en un banco de madera medio derruido, dos en los restos de los travesaños que hacían de asiento y uno, Leo, encima del respaldo, miraban sus móviles como si no les rodeara nada ni nadie, a su modo de ver, la vida se encerraba en un teléfono de última generación, para qué molestarse en cualquier otra cosa. Nico ni siquiera contestó a su madre, había un mensaje más importante, un mensaje con una URL, una URL con un enlace, un enlace que accedía a un vídeo y, por fin, un vídeo que llevaba consigo la urgencia de un presente de imágenes consumibles porque si no se consumían al instante no pertenecías a esta última generación, te habías convertido en un animal a punto de extinguirse; sin terminar de verlo lo compartió, sobre la marcha les llegó a los otros dos,  lo recibieron como si no fuera necesario hablarlo, los tres detenidos en una especie de parque que a ellos les daba igual, atrapados en el contexto de lo más urgente-más compartido-mayor cantidad de likes.

Así que tú miras un plano y un buscador inteligente te traza un recorrido prefijado: de A hasta B, y te dice que durará equis minutos, y te dispones al viaje con la satisfacción de saberlo todo de él: origen, destino, ruta elegida, rutas alternativas, tiempo de duración y, además, un guía espiritual en forma de voz complaciente que te dirige hacia la plenitud que supone el no perderse. Estás satisfecho. No existe la opción al error.

Pasan las horas, los vídeos se comparten en la misma medida que las onomatopeyas o los frases inacabadas, hay una jerga que se impone, hay una actitud que vence, el sol va cayendo, un comentario vuela, da igual quién, uno de los tres: «¡puta batería!», se miran, se levantan, vuelven hacia el origen del paseo, satisfechos, juntos, comiéndose la vida, devorando el mundo.

Las calles, los parques, las plazas, las avenidas se hacen fuertes frente al dibujo que les quieren imponer.

… acceder a la literatura a partir de la anomalía, situarse deliberadamente al margen de modas, corrientes y géneros., Juan Goytisolo.

Personaje 1 (10ª aparición):

… «Mañanas empañadas por un único pensamiento: escribir es una burla que te estás haciendo a ti mismo, un engaño para aliviar dudas y miserias», ¿cuántas veces lo has leído ya?, está escrito en la parte superior de una página que pertenece a un documento que, a su vez, forma parte de un archivo: un párrafo, nada más. Ahí se ha quedado, inmerso en la gran penuria de las palabras, el festival cruento de las ideas que son solo eso, pertenece a la parte de la obra en la que alguien dice aquello de apáguense las luces y que entre la música, salga de una vez el oficiante de este acto único, por favor, por favor, por favor, que nadie se levante, nadie mire hacia otro lado que no sea la página-escenario que se despliega ante el lector, ahí está todo, ¡la Novela!, lo que he escrito, lo que no he querido decir y lo que he querido guardar conmigo: la pena, la frustración, la inseguridad y el puto reflujo que ahoga mi interior…

¡Perro viejo de la literatura!, Juan Goytisolo.


SEGUNDO DISCURSO / PERSPECTIVA

De Flaubert, le mot juste.

Los sentimientos más literarios son el amor y el odio, al fondo, paciente como una madre que lleva consigo alimento y consuelo, espera la muerte para otorgarnos silencio por nuestras imperfecciones; cuál de los dos sentimientos inyecta más energía a la escritura, difícil de precisar, depende de lo cerca que se encuentre el escritor del hecho narrado o de lo que quiera implicarse en él, preferible la objetividad que proporciona la distancia, habrá quien nos diga que si el escritor no se mancha con su obra, el frío terminará por helarlo, no-objetable, tan solo recordar el peligro de la palabra, la facilidad con la que se despliega y nos dirige allá donde no pretendemos ir, ¿riesgo asumible?, a decidir; a medio camino de ambos, el desamor, particular y único, en su interior perviven deseo y frustración, se caracteriza por una especial laxitud del sentimiento amatorio, no se entiende o no se quiere entender lo ocurrido, vence el desengaño, se debilitan las ansias de vivir: abandono de fuerzas, impulsos condenados de antemano, fracaso de la esperanza y, en algunos casos, rabia y decepción; no nos es posible hablar de ese otro estado que comúnmente llamamos “amor no correspondido”, su pasión ennoblece a la vez que ciega o, también, haciendo uso de las múltiples definiciones que habitan la escritura, si se prefiere, estotro: su pasión envilece tanto como ciega.

¿Por qué la verosimilitud?, ¿por qué?

Cuando digo una cosa, enseguida pierde su importancia definitivamente; cuando la escribo, también la pierde siempre, pero a veces adquiere una nueva, Kafka, 3 de julio de 1913.

Algo observable y comprobado es que, de vez en cuando, los pensamientos caminan a su antojo por las sendas de la Escritura, marchan sin rumbo, haciendo gala de un deambular gratuito y caprichoso que adoptan sí o sí cuando deciden abandonar la comodidad del cerebro y se dedican a vagar sin destino ni objetivo, y, en esas andanzas, cuando ya no son solo pensamientos sino que se han convertido en realidad literaria, la Literatura busca dar un nombre a aquello que no llega a controlar, que si flujo de conciencia, que si monólogo interior, que si digresión, que si desvarío dramático, no sé, puede que olvide alguno más, no preocupa mucho, el acto de otorgar nombre siempre es posterior al nacimiento y muchas veces aporta muy poco acerca de cómo es y cuál es el carácter de lo nominado.

Intuimos, más que sabemos, que, en la mayoría de los casos, la aparición de estos díscolos pensamientos viene motivada por una obsesión que, habiéndose enquistado entre los sentimientos, los empuja (a los pensamientos) a salir de su confortable cascarón para hacerse visibles, para que se les otorgue el don de la palabra, hablen entre ellos y también con nosotros como si tuvieran entidad propia, para poder mostrarnos cómo son y de qué está compuesta su esencia y su personalidad.

No he escrito nada, Kafka,1 de junio de 1912.

Ejercicio práctico / De Pensamientos, monólogos y perspectivas:

A)

… son las seis de la tarde, no pasa el tiempo, si me hubiera echado un rato otro gallo cantaría, no soporto estar en la cama, quieto, con los ojos plantados en el techo, qué aliciente o qué atractivo puedo encontrar, entonces, para qué, pues para qué va a ser, para que pueda decir no-pasa-el-tiempo, para que pueda quejarme de lo que no hago o lo que no digo, anunciaron lluvia para hoy, de momento, ni gota, ¿llamará?, ruidos en el piso de arriba, ¿los harán sin darse cuenta o a propósito?, no lo sé, pero si lo supiera, qué haría, subir y aporrear la puerta hasta que me despellejara los nudillos, subir y gritarlos, subir y pegarnos, son zapatos de tacón chocando contra suelos de tarima laminada, falsa madera, pretenciosa, prefiero el terrazo y su brillo mantenido, con qué lo pulirán, hay máquinas que lo dejan brillante, incluso, con aguas, hace mucho que no sé nada de mi familia, la casa de mis padres, ahí está y ahí estará, la familia es un accidente forzado, impuesto por el azar y la naturaleza, ¿me desvío o me desboco?, retorno al presente y lo que supone, movimiento y velocidad, ese caminar deprisa para que la realidad no te pase por encima, puro deseo de no quedarte atrás, ¿de qué?, no se sabe, lo único cierto es que no me pueden adelantar, no, no lo permitiré, me vienen nombres, Kant, Rousseau, Beethoven, todos ellos caminaban, lo hacían porque intentaban ordenar su cabeza, precisaban, si es que acaso existe, armonía en el mundo para conseguir paz interior, aún se podía aspirar a ella, en aquellos tiempos el presente duraba tanto que apenas se recordaba el pasado y se tardaba tanto en divisar el futuro que muchos murieron sin reconocerse en él, me alejo, vuelvo al pasado, ¡ayer, nos vimos!, hacía tiempo, se ha cortado el pelo, le propuse hablar con sinceridad, me miró como si yo estuviera tras el cristal de un serpentario, como si mi lengua se hubiera hecho bífida, como si mis colmillos destilaran veneno, como si yo reptara acercándome hasta ella con el peligro propio de un animal letal que quisiera enroscarse sobre su cuerpo, enroscarse y apretar hasta que el aire no cupiera y solo el vacío habitara su interior, volvimos al desencuentro, yo hablaba para intentar que habláramos, me remonté hasta el principio, qué curioso tener que ir hasta allí para poder continuar, lo rememoré, ella, no, aquella sala, aquel museo, aquella pintura, aquellos instantes donde ambos, quietos y detenidos, sin conocernos, nos entendimos, quién era el pintor, se me olvidan los nombres, ella lo recordará, era norteamericano, el de los faros y las casas sombrías, no, creo que era el de los campos helados, los paisajes inquietos y las mujeres dormidas o ensimismadas que nos dan la espalda, sí, puede que fuera él, nos volvimos al mismo tiempo y dijimos, qué dijimos, qué importa, aunque lo intentes no se puede volver al principio, lo que se fue nunca vuelve, repetición del taconeo que viene desde arriba, son composiciones ruidales donde la percusión predomina sobre cualquier otro inexistente instrumento, pasos femeninos decididos, seguros, seguidos de unos masculinos cuyo carácter no sé precisar, no-pasa-el-tiempo, el goteo del grifo del baño, creí que lo había arreglado, pero creo tantas cosas que no son que, al final, termino por sorprenderme, un cuarto de hora, ¿quedamos en llamarnos?, sí, de eso estoy seguro, claro que muchas veces no deja de ser un tópico que sirve para despedirse cuanto antes y evitar esas prolongaciones idiotas que se dan cuando una de las partes, hablo como un notario, quiere marcharse, ¿adónde?, al silencio, a la espera, a lo cotidiano, un cuarto de hora, eso es lo que ha transcurrido, nada más que eso, en realidad, catorce minutos y cuarenta y siete segundos, la precisión es fundamental, qué precisión, la del vocabulario que corta y hiere los sentimientos como un bisturí que detiene gangrenas seccionando miembros, luego, cuando salimos de la exposición, fuimos a una cafetería, porque hacía frío en la calle y cualquier conversación, daba lo mismo el tema que propusiéramos, se congelaba en los labios, los mismos labios donde terminamos por besar palabras y fríos, fríos y palabras, el grifo y la gota, muy bien pudiera ser un título para una película transgresora o un vodevil de teatro, es fácil, aplico tutorial: cojo una llave inglesa, cierro la llave de paso, abro el grifo para que no quede nada en la tubería, y con él abierto, quito el embellecedor y la manivela, procedo a desenroscar el vástago, la junta estará pasada o deforme, la cambio, aplico el teflón sobre la rosca del vástago y vuelvo a enroscarlo, abro la llave de paso y tachán…, de nuevo, la gota, haciendo acto de presencia con esa regularidad que consume la paciencia e impide la serenidad de ánimo, era demasiado fácil, casi de cuento, pues ya sí que no me levanto, en realidad, nunca me he levantado, ocurre en la cabeza, o eso creo…

Malo. Hoy no he escrito nada. Mañana, sin tiempo, Kafka, 7 de junio de 1912.

… tengo la sensación de haberme dormido, quizá no del todo, solo traspuesto, algo ligero, como en una ensoñación, como en esas ocasiones que estás despierto con los ojos cerrados y los párpados son como velos detrás de los cuales algo se mueve, algo que no puedes concretar, sí, efectivamente, cosa de media hora, exactamente, veintisiete minutos, treinta y tres segundos, porque la exactitud puede funcionar como una etiqueta identificativa sobre la que defines tu carácter o forma de ser, ¿habrá sonado el teléfono?, lo habría oído, elegí un tono más bien estridente, cuando suena en algún medio de transporte, el resto de pasajeros me miran como si hubiera interrumpido una liturgia sagrada o quizá lo hacen con evidente envidia porque ellos no han encontrado ese tono que ahora les molesta y desagrada, ¿algún mensaje?, ahí me coges, porque el pitido es menos perceptible, miraré, aquí está: «fue un error volver a vernos», y procede de su teléfono, aún recuerdo su número, a ver cómo interpreto esto, ¿es el inicio de un mensaje que se ha cortado de forma abrupta?, ¿el preludio de una llamada? o, por el contrario, me está dando pie para que yo llame, no se me da bien interpretar intenciones, mejor contesto con otro mensaje: «para mí, no», eso es, claro y conciso, ahora, enviar, ahí está en las ondas, esperando una torreta que lo reciba, lo repita y lo lleve hasta ella, la tecnología en todo su esplendor, ya habrá llegado, ¿demasiado corto, no?, me lo parece, además, con un gusto como impersonal, muestro mi desacuerdo con el error, pero no añado nada más con respecto al encuentro, dejo fuera los sentimientos que crecieron ayer en mí, pura razón, podría enviar otro mensaje, ¿puedo?, no lo tengo tan claro, qué impresión daría, la de alguien inseguro, alguien en quien no se puede confiar, se me había olvidado, Baroja también caminaba, es más hizo suya esa idea del camino y vino a decir que escribir una novela era algo así como pasear sin una senda ya marcada: ahora, si me apetece, giro, ahora, avanzo, allá, me vuelvo, tal cual eso sería la escritura de la novela, es difícil creer que lo dijera él, Baroja el científico, el nórdico, el racional haciendo gala de improvisación, menos mal que lo dejó por escrito, los escritores se esconden detrás de lo que no son o no quieren llegar a ser, Bolaño se escondía detrás de los poetas cuando lo suyo era la novela, se esconden hasta cuando quieren engañarnos y mostrarnos cómo son, se está a gusto en la cama, podría pensarse que lo mío es la inactividad, ese dejar que pasen horas y minutos sin otra cosa que dejarse llevar, pudiera ser, pero no lo es, he estado revisando los últimos pedidos, he comprobado las notas y he cotejado que los precios fueran los pactados, incluso, vislumbro la posibilidad de un inventario próximo, ¿desconfío de los empleados?, que cada cual lo entienda como quiera, doce minutos, cuarenta y dos segundos, ¿me obsesiona el tiempo?, antes, no, debe ser algo propio del ir cumpliendo años, los cuarenta en ciernes, no contesta, claro, cómo va a contestar, vaya porquería de mensaje que he enviado, si lo quisiera haber hecho mal no habría salido peor, como si no me importara nada, como si la indiferencia hubiera ganado por goleada al desasosiego y a la inquietud, a quién se le ocurrió la brillante idea de colocar el ascensor casi pegado a la pared del salón, subida, parada brusca, apertura de puertas, cierre con ganas, violencia, diría yo, otra llamada, bajada o subida, que no se sabe hasta que inicia la marcha, y más de lo mismo, y somos cuarenta habitando el edificio, cuatro por planta, y me ubico en la cuarta, cosas que no percibes cuando vienes a visitar un piso con ánimo de compra, los dos juntos, los dos mirándonos como si la realidad estuviera encerrada en esa mirada, y el vendedor dale que te pego a las bondades y a las inexistentes maldades, que las había, y ella que qué bien, ¿no?, y yo, que una maravilla, vivan los años venideros porque serán por entero de nosotros, de lo que estamos construyendo, aunque, en realidad, lo de los años venideros no lo dije, es un añadido poético para que enfatice y dote con más fuerza expresiva lo que es el sentido de la frase, lo compramos, luego, al separarnos, ella no quiso saber nada, que lo tasara y le diera su parte, claro, ya sabía que las bondades eran mínimas y las maldades se habían disparado, nulos aislamientos, frío excesivo y calor bochornoso, mala orientación, humedades recurrentes, barrio con mala comunicación y, claro, lo del ascensor, maldita la gracia cuando a las dos de la madrugada estás dormido y el sonido se introduce en tu almohada, en tu cabeza, en tus sueños, en tus pestañas, no responde, pero, claro, es que el mensaje no había por donde cogerlo, cuántos minutos, cuántos segundos, no-pasa-el-tiempo…

Día inútil. Perdido durmiendo, acostado (…) He releído viejos pasajes de mis diarios, en vez de apartar de mí esas cosas. Vivo de la forma más insensata posible, Kafka, 15 de agosto de 1912.

B)

… qué difícil y qué fácil es tomar una decisión, puedes dejarte llevar por la intuición o puedes meditar hasta la saciedad, aunque lo más probable es que, en un momento dado, te hartes y la cabeza no dé más de sí, será entonces cuando llegues a la conclusión de que lo mejor es dejarse llevar, convertirte en una inconsciente, aunque sea durante unos segundos, que no está mal hacerlo así, pero qué pasa hoy, ah, sí, cómo lo llaman, no sé, pero cuánta gente, no se puede ni andar, tenía que haber cogido el autobús, total son cuatro paradas, me dije, pero sin darme cuenta de lo del día este tan especial, lo llevan anunciando durante toda la semana, algo de una fecha donde los precios se reinventan, algo de una mentira comercial adornada de sensacionalismo y publicidad engañosa, ¿tengo que llamarlo?, buena pregunta, el pasado gana, aquello que ya vivimos condiciona, el error, también, vaya golpe que me han dado, son las bolsas, pero no son las bolsas porque carecen de voluntad y de movimiento, son quienes llevan las bolsas, menos mal que iba con pantalones que si no las medias a dormir en el cubo de los restos, ¡pero si todavía me estoy echando en cara el haber quedado con él!, en el mismo café donde estuvimos la primera vez, qué cursi, dos años de felicidad, tengo que reconocerlo, felices, muy felices, pero, también, cuatro de desavenencias cada vez más frecuentes y más enconadas, un suplicio, ¿queda algo del sentimiento original cuando llegas a ese punto?, hasta los escaparates viven del diseño, se ha impuesto totalmente, ahora, no puedes exponer el género así tal cual, porque sea de temporada o porque se vaya a llevar, ahora, necesitas que, además, se encuadre en un entorno, que se marquen las diagonales, que la luz cree ambiente, madre mía, cómo se complica todo, el sexo salvó tantos momentos de crisis que, al final, era lo único que quedaba en pie, bueno, en pie, arrodillados, tumbados, me viene a la memoria aquella vez…

A veces, se preguntaba cuáles eran sus cualidades de escritor. No conseguía encontrarse ninguna, Natalia Ginzburg.

… ¡por favor!, ¡tenga cuidado!, es el segundo golpe que me dan en menos de cincuenta metros, que me ha sacado el zapato y todo, será bestia, ni pedir perdón o excusarse se le ha ocurrido, ¿por qué asistí a la cita de ayer?, por qué hacemos lo que hacemos, si lo supiéramos no nos equivocaríamos o nos equivocaríamos a sabiendas, tiene su encanto este bullir de gente, esta aglomeración insensata de personas en torno a los comercios, y digo que tiene su encanto porque es una forma de ver y reconocer aquello en lo que no quieres convertirte, la búsqueda de la satisfacción a través del objeto consumido, somos mercancías que devoran mercancías, ¡me tomaría un café!, sin leche, claro, y sin azúcar, puro, y ahí estábamos los dos, él hablando de un pasado tan glorioso como la Armada Invencible, y de nuestra antigua casa, en la que, por lo visto, aún vive, no hay quien lo entienda, a veces creo que no está bien de la cabeza, todo lo que despotricó, las veces que me echó la culpa de que yo la hubiera elegido, mal, por supuesto, y a mí, la verdad, ni me iba ni me venía, me dejó fría, una casa más, no decía que lo importante éramos nosotros dos, a qué leche viene entonces lo de la casa, en los primeros tiempos, cuando nos fuimos a vivir y nos pasábamos encamados horas y horas no se dio cuenta de nada, ni en cómo era el piso en el que estábamos ni las vistas que tenía o si los vecinos gritaban o no, esta tienda es nueva, por lo menos, no la recuerdo, no hay quien entre, está hasta arriba, con este follón no sé cuándo llegaré a casa, al final, va a cumplirse aquello de que la distancia más corta puede convertirse en algo imposible de recorrer, él apostillaría algo más, con esos conocimientos amplios que no dejaba de mostrar en cuanto la ocasión le daba una oportunidad, ¡pedante!, lo dejé yo, no podía más, sus racionales modos, sus dudas trascendentales y su obsesión por el tiempo y la exactitud, sus cambios de humor, hasta el sexo degeneró, lo convirtió en un intento continuo por reafirmarse, qué bien lo he hecho, ¿no crees?, te he corrido por completo, no lo puedes negar, no dirás que te he acariciado mal, me cansaba tanto comentario después de hacerlo, alguna vez me dieron ganas de aplaudirle para que se callara, me costaba un imperio seguir alimentando sus deseos, los míos se fueron de casa antes de que yo lo hiciera físicamente, mira, le voy a mandar un mensaje, así no hablamos, no tengo ninguna gana de hacerlo, me cansa oír su voz, me repatea su sí pero no y ese rememorar lo que ya no va a volver de ninguna manera, qué pesadilla, ese no querer acordarse de cómo nos fue, me lo dijo una amiga, con tu ex, ni agua, y qué razón tenía, después de una separación todo se tergiversa, si le llamas, que no puedes pasar sin él, si no le llamas, que estás echa polvo por sus huesos, tengo que dejarlo claro, sí, cuanto antes, ahí mismo, debajo de la marquesina, que sea algo contundente, que no dé opción a dobleces o malas interpretaciones: «fue un error volver a vernos», ya está, lo mando y se acabó, espero que no vuelva a darme la murga, además, que yo no quiero tener más compromisos, un poco de aquí, un poco de allá y ya vale, para muestra, un botón, esto va en aumento, de dónde saldrá tanta gente, qué los moverá a comportarse de esa manera tan borreguil, los manipulan, les obligan a hacer lo que quieren y, ellos, sin complejo ninguno, venga, el mismo día, a las mismas horas y en los mismos sitios, la satisfacción del presente compartido, un mensaje, no me jodas, ¡ha contestado!, no me lo puedo creer: «para mí, no», y ahora qué hago, espero hasta llegar a casa, intento salir de aquí y seguir caminando, cada vez hay más gente, pasar se está volviendo imposible, me empujan por todos los lados, ¡tengo que salir de aquí!, como me descuide, me atropellan, lo mejor es que no lo piense más, ahí viene un autobús, son solo dos paradas pero andando no llego, lo cojo sí o sí, va a tope, no importa, aunque sea entro por la puerta del centro, pero no me quedo aquí, ¡no ha parado!, la madre que lo parió, qué hago, si me quedo van a terminar por empujarme contra el cristal, seguir es complicado por no decir imposible y no sé si el próximo autobús hará lo mismo que el que acaba de pasar y tampoco parará, el problema no es cortar, el problema es olvidar, entran como manadas de animales y salen salivando como si hubieran cazado y comido a su gusto, los de seguridad no saben qué hacer, alguno habrá que quiera sacar la porra, seguro, menos mal que la mayoría mirará para otro lado como si no fuera con ellos, me jodiste la vida, sí, me la jodiste, además, lo sabes, lo que ocurre es que soy tonta, me hago la dura, pero tengo la sensibilidad a flor de piel y cuando me da por pensar que puede que sea mi culpa, me vuelves a ganar, ¿lo ves?, ya me está pasando de nuevo, cedo, aunque no quiera, aunque luego me lo restriegue y me lo eche en cara, no te iba a contestar, no, no lo iba a hacer, pero, ahora, sé que lo haré y que tú me mandarás otro mensaje y yo a ti otro más y así empezaremos de nuevo, y yo no quiero, claro que no, es una rueda, a ti no te importa, al revés, te gusta, pero a mí no, dentro de muy poco me arrepentiré y me llamaré de todo, venga, el último: «no sé, quizás…», oiga, vaya empujón que me ha dado, que me ha tirado el móvil y todo, aparten, por favor, no, no lo pisen, eh, cuidado que le ha dado una patada y lo ha mandado a la carretera, el autobús, déjenme, por favor, déjenme, quiero recuperar mi teléfono, tampoco ha parado, lo ha dejado hecho trizas, no ha quedado nada, un amasijo de tecnología sin pantalla, y, ahora, empieza a chispear, solo falta que se ponga a llover, vaya tarde, lo que decía, qué le voy a hacer, era un modelo antiguo…

C)

… cuando se sentaron a la mesa ya noté algo extraño en ellos, soy muy observador, no se me escapa nada, él llegó antes, unos diez minutos o algo más, demasiado, hacer algo así, desde mi punto de vista, indica nervios, inseguridad, no, no soy psicólogo, pero tengo mucho mundo conmigo, anda que no las he vivido yo, si hablara, que no lo voy a hacer claro está porque no estoy aquí para eso, a mí me han llamado y me han dicho que cuente lo que pasó y yo que soy muy obediente, sin problema, me pongo a ello, bueno, también me han dicho que, si esto va como prevén, me daré a conocer, dicen que las expectativas de esta historia son inmensas, se han interesado varias revistas y medios, así que ya veremos cómo acaba, y aquí estoy, y eso que tengo mucho que hacer, que eso no lo he comentado y lo tenía que haber hecho, que no será que no me han dicho que por qué no exijo algo de metálico, unos pocos euros, o un porcentaje de las ganancias, porque si aquí va a ganar dinero todo el mundo yo no voy a ser menos, ah, y que quede bien claro, que si lo estoy haciendo de forma desinteresada es porque soy de naturaleza generosa, pero, claro, si hay que repartir beneficios espero que se acuerden de mí porque yo también sé luchar por lo mío, a ver si se van a creer que soy idiota, venga, mejor, me callo y sigo adelante, luego, llegó ella, digo yo que a cuánto se venderá una historia como esta, solo por hacerme una idea, por cierto, no me han dicho si es una novela o una obra de teatro, si me van a grabar o tengo que aprenderme el texto, esta gente dice lo que quiere decir, se creen que me van a manejar, ni de coña, ya sabemos, el que no llora, no…, no me acuerdo cómo sigue, pero ya me acordaré, lo que es injusto, es injusto, no hay que darle más vueltas, ¡no mama!, me cago en la leche, cuando es que no, no me sale nada, es como si me bloqueara, se me van los nombres, no encuentro palabras y me cuesta enlazar las frases, pero estos me van a oír, y bien, ni un beso se dieron, él inició una especie de abrazo pero ella no se dejó, le puso la mejilla, así muy ladeada, como quien no quiere saber nada de contactos y la retiró con prontitud en cuanto él acercó su rostro, que no creo que llegara a besarla, tendría que haber pedido un contrato, ahora, imposible, ya no me hacen ni puto caso, estas son las cosas que terminan por cabrearme, todo el mundo llenándose los bolsillos y yo, que voy de, cómo se dice, otra vez que se me olvida, bueno de desprendido por la vida, a verlas venir, que, como me descuide, no me dan ni las gracias, si conoceré yo a esta gente, no se me escapa ninguno, los tengo fichados a todos, muchas promesas y luego, nada de nada, ¡altruista!, joder, menos mal, tardan en llegar, pero al final, como un clavo, se quedaron unos cinco minutos en la barra, él creo que pidió algo con alcohol y ella puede que fuera una tónica, por el color, más que nada, porque yo no entiendo mucho de bebidas salvo que sea una cerveza o un cubata, a lo que se acostumbra uno, y es que parezco gilipollas, no tendría que haber comenzado la historia, ahora, ya no puedo parar, lo tenía que haber dicho antes de empezar, ¡y a ver cómo lo arreglo!, el diez por ciento, sí ese es un buen porcentaje, ¿antes o después de impuestos?, no sé cuál será la costumbre en este gremio, seguro que funcionan por libre, estarán a lo que salga, son los peores, no pagan ni queriendo, claro, estoy por dejarlo, di que soy un tipo responsable, más que responsable, consciente, eso es consciente, ahora, me ha salido a la primera, mi mujer dice que a lo mejor es eso del…, ya estamos, otra vez que me quedo colgado, sigo, no sé qué se dirían, me imagino que se saludarían o algo por el estilo, luego, se sentaron justo en la mesa que estaba a mi lado, yo creo que ella me sonrió, él no dijo ni pio, estaba pendiente de mirarla, yo creo que se quedó idiota mirando el escote y de ahí no pasó, era un buen escote, uno de esos que podríamos definir como “generosos”, más de tres botones, de esos que enseñan más que guardan, dejaba ver los bordes del sujetador y lo que no eran los bordes, era negro, ya he dicho que soy muy observador y que no se me escapa una, el tipo estaba enganchado, yo, no, anda que no habré visto yo de esos, ¡y más!, él comenzó a hablar y ella como quien oye llover, mirando para todos los lados menos a la cara de él, no me hagan mucho caso, pero creo que se cerró la blusa un poco, si es que se la estaba comiendo con los ojos, fijo en su canalillo, adivinando lo que daría de sí el recorrido entre sus pechos, y él cada vez hablaba más alto, me pareció oír algo de un museo, tú te crees que puedes conquistar a una tía hablándole de museos, una tía con esas tetas, y ella aguantando ahí, consumida por el aburrimiento, unas se me iban y otras se me venían para haber intervenido, anda que la iba yo a dejar que se aburriera con esas dos tetas llamándome a gritos, pero a gritos, el veinte por ciento, la historia es mía, soy yo quien está contando lo que interesa de verdad, lo tengo claro, hablaron de una casa, ella le dijo que por qué no la vendía, seguro que quería dinero, yo me las sé todas y esa tía era una interesada, y, al poco rato, se fueron, que no habían terminado ni las bebidas, ahí se dejaron más de la mitad del contenido, en él lo entiendo porque no hizo otra cosa que hablar, pero ella podía habérselo bebido entero, total, pagaba el pánfilo, y, mira lo que te digo, que ya no sigo, que a ver cómo os las apañáis sin mí, el veinticinco por ciento y no se habla más…

Cuando escribía tenía la impresión de que debía correr precipitadamente hacia una conclusión. Le había ocurrido muchas veces que no acababa lo que empezaba; por eso, acabar era su principal aspiración, Natalia Ginzburg.

Y D)

… lo mío es la naturaleza del ser humano, observarla como si fuera un científico y sacar conclusiones, a veces, fantaseo, es obligatorio, pero las más, reproduzco realidades: me bastó una primera ojeada, ese ver cómo se saludaban, para saber que ahí había una historia con tintes literarios: relación conflictiva, pasiones elevadas y un desencuentro puntual: se miraban a destiempo, se hablaban a trompicones, él quería justificarse, ella daba golpecitos inquietos sobre la madera, era mucho más lo que callaban que lo que hablaban, en el interior de ambos quedaba la verdad, en el exterior, esas formas educadas que solo sirven para esconderse del amor, incluso, negarlo, me picó la curiosidad y me dije, he aquí una historia con posibilidades: un pasado tormentoso que conviene desenmascarar y un presente con intriga, pidieron las consumiciones en la barra, yo estaba a su lado, había llegado pronto a mi cita, me equivoqué de hora, ese es mi caminar ensimismado por el tiempo, empezaron con una conversación trivial de esas repletas de tópicos del tipo: cómo estás, te veo bien, no cambias, pues anda que tú, y algo por el estilo, parecía que iban a charlar de pie y en la barra, pero, de repente, él la invitó a ir hasta una mesa, ella no puso objeción alguna, recogieron lo pedido y se sentaron, estuvieron hablando, aunque para ser preciso, en realidad, solo habló él, ella parecía ausente, miraba a todos los lados, un poco inquieta, como si tuviera miedo de que la vieran o fuera descubierta, ¿casada?, dato interesante, puede que sí, al poco rato, más o menos quince o veinte minutos, sin haber terminado sus consumiciones, salieron del bar, parecía que les urgía algo, algo había cambiado, yo me quedé en el taburete, no me hizo falta seguirlos para saber qué iba a pasar, estaba muy claro, seguro que el desencuentro los había cazado, seguro que alguna sombra con visos dramáticos había cruzado sus vidas, seguro que veían que se distanciaban, ¿habían quedado para intentar arreglarlo?, ¿querían hacerlo?, buenas preguntas contribuyen a la intriga, ahora, en la calle, caminarían el uno junto al otro, aunque con una mínima distancia de separación, como si les diera miedo chocar y sentir sus cuerpos, como si lo estuvieran deseando pero se negaran a aceptarlo, él se habría callado y ella hablaría acompañando sus palabras con gestos delicados, sobre todo con las manos, unas manos finas y huesudas, dedos largos, uñas cortas, un anillo en el dedo anular de la mano derecha, una piedra verde, pequeña, pero con un brillo intenso, igual que el color de los ojos, nota: recordar que los tiene que tener verdes, y podemos suponer que, en su día, al poco de empezar la relación se lo regaló él, aunque solo se lo pone cuando están juntos, se pararían en un semáforo y se dispondrían a cruzar la calle para dirigirse al Parque, lo harían de forma automática, como si estuvieran transitando un itinerario conocido, como si lo tuvieran interiorizado de antemano, él buscaría su mano, pero ella no estaría dispuesta ¿a olvidar?, ¿a perdonar?, nota: hay que decantarse por una de las dos opciones, le parece demasiado fácil, le molesta la superficialidad de la que él hace gala, nota: conviene crear un motivo convincente para el desencuentro, algo que haya generado una discusión fuerte, tan fuerte que precise de un reencuentro igual de intenso, pero eso después, ahora, los seguiré por el Parque, estamos en el momento de los reproches, sí, sí, muy bien, el lector entenderá y se pondrá entre ellos, tomará partido por uno o por otro, además, el camino por el que van es suficientemente largo, los llevaré a paso lento, muy lento y cuando estén a punto de acabarlo ya no les quedará nada por echarse en cara y, con toda seguridad, en ese instante, se pararán y se mirarán a los ojos, no, esto no, es un topicazo de mucho cuidado, vuelvo atrás, se pararán, a ella se le habrá caído algo, quizá el anillo, estaba jugando con él, ella se asustará, la idea de perder el anillo pasará del objeto al símbolo, está anocheciendo, la luz de las farolas es muy pobre, lo buscan inquietos, encienden las linternas de sus móviles, se mueven nerviosos, intercambian frases muy cortas, casi onomatopeyas, se desesperan, al final, ¿él o ella?, lo encuentra, el ambiente se distiende por completo, se ríen, se miran y ven lo que quieren ver, ojo, nota: este instante hay que describirlo, concretarlo, huyendo de un lenguaje poético que pueda irse hacia lo meloso o sensiblero, él agarrará la mano de ella, sí, es mejor que lo encuentre él, un momento, también puede ser que si es ella quien lo ha encontrado, él se lo quite con suavidad y le coja la mano para ponérselo, sí, mucho mejor, ahora se trata de dilatar el momento de este contacto y que el ambiente, la escasa luz, la falta de gente, el silencio y el deseo de ambos termine por llevarlos hasta una sombra donde darán rienda suelta a una incontenible pasión, me queda lo importante: determinar qué ha hecho que discutan y que hayan estado a punto de separarse: ¿el cansancio o el agotamiento?, ¿un tercero en discordia?, ¿quién está casado?: ¿él o ella?, ¿los dos?, ¿celos?, ¿alguna promesa incumplida?, tengo que detenerme, algo no cuadra, el relato se me ha ido por un lugar demasiado trillado, claro, que puedo darle un giro inesperado mediante un golpe de construcción, tirar de estructura, en esta escena, la del desencuentro, ir intercalando el pasado de ambos: cómo se conocieron, cómo creció y evolucionó la relación, hacia dónde va, ¡alto!, toca detenerse, hay que dejarlo reposar, en caliente no le doy muchas más vueltas, me guardo las notas y en cuanto llegue a casa continúo, ah, que no se me olvide: la parte sexual, sin tapujos porque hay toda una historia sexual detrás, de eso no cabe duda, solo tuve que fijarme en sus miradas, cómo intercambiaban sexo, descaro posesivo, deseo madurado a golpe de imaginación o de frustración, espero que las notas me valgan, hola, qué tal, sí, acabo de llegar, nada, cinco minutos, qué bien te veo…

Se queja Kafka, en sus Diarios, de que su destino es iniciar novelas que nunca acabará.