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TRIGÉSIMO NOVENA VOZ, 12 de diciembre

Difícil saber quién emite la voz y de dónde procede. Predomina la confusión y el barullo. Son, más o menos, las 11 de la noche. Un bar de copas repleto de gente, calle de La Nave de los Locos s/n, justo donde se estrecha la calzada antes de llegar a la plaza.

… el fin del mundo ya no es noticia…

… ¡es una realidad!…

… se multiplican las señales… no queda otra… sentémonos a esperar… estemos atentos y levantemos acta con las imágenes resultantes… ¡cuánta expectación!… ¿serán originales?… cosa difícil porque Juan, el apocalíptico, se anticipó y nos suministró todo un caudal de ellas… y luego está lo de los cuatro jinetes… todo un acierto literario… ¡insuperable!… pero por intentarlo que no quede…

… un caracol baboso caminando por el suelo… una pila de libros al pie de un contenedor de basura orgánica… un niño que apenas llega con su mano hasta el mundo coge una piedra y la lanza contra un gorrión que lee la acera a picotazos… un indigente camina por la calle, va oyendo una radio portátil a la vez que arrastra un carrito metálico de supermercado, cada poco, grita con todas sus fuerzas maldiciones, insultos y palabras malsonantes… la madre del niño, a más de cinco pasos de distancia, sigue su estela y se dedica a soltar serrín en los lugares donde han caído las piedras que ha tirado su hijo, llora con ganas…

… ¿debo anotar todo esto?…

… no hay instrucciones claras al respecto, pero creo que sí… debo hacerlo… no vaya a ser que, una vez pasado el tiempo, la posteridad quiera saber cómo ocurrió realmente y con todo lujo de detalles… aunque, ahora que lo pienso, puede que ya se haya escrito esto mismo o algo parecido y me ahorre el hacerlo…

… los surrealistas, quizás…

… y si ellos no lo hicieron, seguro que Rimbaud ya lo poetizó, eso y mucho más… no es que me decante interesadamente por él, pero lo cierto es que él anticipó la confusión inherente a la modernidad e iluminó algo del desvarío de nuestros tiempos… qué gran poeta… qué capacidad para convertir groseras palabras en palabras visionarias y las palabras visionarias en imágenes poéticas…

… pero esto qué es, ¡no puede ser!…

… lo estoy viendo, sí, allí, en el horizonte, levantando nubes y serrando cerebros, ¡el mismísimo Rimbaud!… le preguntaré algo que tiene que ver con la didáctica: «Arthur, ¿qué tengo que hacer para convertirme en poeta, sí, algo así como un payaso de cara blanca sobre fondo azul?»… no contesta, como si no me hubiera oído… me está haciendo gestos que no entiendo, se acerca hasta un antiguo camión aparcado en la zona de residentes, la verde, lo van a multar, seguro… el camión tiene tapada la carga con una lona sucia y descolorida, entre gris y negra, aunque en su día pudo ser blanca, tira de la lona con brusquedad y muestra un cargamento de armas… «Arthur, tranquilo, ya sé que lo tuyo era, más que nada, el contrabando de armas, lo leí en una biografía larguísima que escribieron sobre ti», le digo a gritos… pero cómo he podido contestar semejante memez… se está acercando… lógico, se habrá enfadado, a nadie le gusta que lo tilden de mercenario a voz en grito… con el prestigio que tiene este hombre… trae algo, no lo distingo bien… mira tú, ¡si es una pierna pútrida!… ¿será la suya?… seguro, porque cojea… ¿cómo habrá aguantado sin corromperse?… ¿y qué le habrá llevado a cargar con ella tanto tiempo?… Rimbaud siempre te genera preguntas insondables… también trae cuatro pensamientos infernales en el interior de un bote de cristal con tapa… qué va a hacer… ha abierto el bote, uno de los pensamientos me taladra la garganta y ya no puedo hablar… es lo que tienen los pensamientos de poetas… sale sangre del orificio, muchísima sangre… cómo podemos cargar con tanta sangre en nuestro interior… Rimbaud me grita: «no te preocupes solo son pensamientos, písalos, písalos antes de que se vuelvan contra ti o generen una epidemia», pero no lo hago… sí, ya sé que los poetas anticipan los tiempos, pero no tengo por qué hacer caso a cada poeta que llegue hasta mí ejerciendo de tal, apañado estaría… «lo pagarás caro», me dice y desaparece… creo que se ha enfadado, siempre fue muy susceptible, en algunas ocasiones, hasta violento, que se lo digan a… vaya, ahora, no me acuerdo de su nombre… sí, ese otro poeta francés, Vermaine, Vertaine o algo parecido… con la conversación, la sangre se ha coagulado, ha dejado de manar, pero la epidemia de pensamientos se desplaza con una rapidez inusitada… por simple contacto… los infestados van cayendo uno tras otro… en principio, no muestran señales preocupantes… así, a simple vista, parece, incluso, que viven normalmente, sin embargo, ellos no lo saben: ¡están muertos!…

…¡queda inaugurado el tiempo de los cadáveres que no saben que son cadáveres y llevan vida normal!…

… los hay de todo tipo, de cualquier pelaje y condición, la mayoría son perfectamente distinguibles, llevan en su cara los rasgos indelebles que otorga la falta de criterio propio: mirada vacía, ceño fruncido, mentón apretado… todo deja huella aunque creamos que no… la epidemia de pensamientos los ha cogido en la inopia… pero no les importa, siguen viviendo como si no pasara nada, son refractarios a la poesía de la sangre y de las grandes tragedias, a su manera son idiotas y felices… pero por qué digo “son” y no “somos”, qué arrogancia la mía, di que ya está escrito y me cuesta mucho rectificar, bueno, eso, y, más que nada, que tendría que volver a escribir todo el pasaje… qué pesadez… lo dejo así…

… anda, qué curioso, ¡un equipo de la Cruz Roja!

… van en una furgoneta blanca de esas grandes de reparto, puede que no sea suya y que se la hayan prestado de forma generosa, como colaboración desinteresada, es lo que tiene ser una organización para… ¿para qué?… se me ha olvidado… los laterales de la furgona están rotulados con frases del tipo: PINTURAS Y REFORMAS en el lado izquierdo y REFORMAS Y PINTURAS en el derecho… la vida y sus contradicciones… se bajan tres personas y hacen intención de acercarse hasta mí, van equipadas con trajes especiales para evitar el contagio, y en la cabeza, máscaras antigás, además, llevan una botella de oxígeno y un maletín reglamentario que intuyo va repleto de instrumental médico… una muchacha de edad indefinida, la máscara tapa casi por completo sus rasgos, me pregunta que cómo me encuentro y si necesito ayuda… puede que sea la anestesista o la enfermera, también podría ser la conductora porque de todos es sabido que el contacto con determinadas profesiones te da el conocimiento de las mismas… le digo que no puedo contestar esa pregunta porque no soy médico y, en consecuencia, sería muy atrevido por mi parte dar una respuesta… no dice nada, me observa… de repente, me tira la botella de oxígeno y me pide que la coja porque, en un futuro, si esto se agrava, puedo necesitarla, luego me da una tarjeta de visita donde puedo leer sus datos personales… se lo agradezco con educación y le pregunto si sabe cuándo caduca el oxígeno porque tengo entendido que su periodo de validez es muy corto… no le da tiempo a contestarme porque de un interfono minúsculo que lleva pegado en la solapa de su traje amarillo se oye una voz irritada que la impele a volver urgentemente… nos miramos con cariño, estamos seguros de que algo muy profundo ha nacido entre nosotros… cosas que solo ocurren ante la inminencia del fin del mundo… tengo tanto que decirla que no puedo articular palabra… la emoción sujeta mis labios como si estuvieran herméticamente pegados al silencio… ¿qué hago con la botella de oxígeno?… ¡se va!… ¿nos hemos enamorado?… seguro que sí… de vez en cuando vuelve la cabeza, me insiste en la necesidad de aplicarme el oxígeno… me gustaría decirle que no me ha dejado mascarilla, pero no sé hacer otra cosa que mover mi mano en señal de adiós, a la vez que mentalmente voy construyendo un poema donde la figura de la amada intangible se eleva hacia el cielo mientras el amor muere boqueando tendido sobre la tierra… esta sí que es una imagen apocalíptica, la derrota del amor por falta de oxígeno … madre mía, estoy destrozado… si estuviera Rimbaud podríamos irnos a una cafetería y hablar de sus negocios africanos… de poesía se niega a hacerlo… pero él no está… tengo que apañármelas yo solito en esto de ir tomando nota de las imágenes que preludian y acompañan el fin del mundo…

… recapitulo: Resurrección de los poetas muertos; Epidemia de pensamientos asesinos; Cadáveres vivientes y Derrota del amor por falta de oxígeno…

… no está mal… y eso que no llevo ni dos horas… de todas formas, tengo que estar más atento, no se me puede pasar nada por alto…

… qué más, qué más…

… alguien se me acerca por detrás y me susurra al oído: La sed infinita… ¡vaya frase!… me vuelvo y reconozco a uno de mis más queridos amigos de la infancia: «qué tal, Eduardo, cómo estás, mira que hacía tiempo que no nos veíamos»… «la vida», me contesta… y es verdad, tiene toda la razón, es así… me alegra su presencia, viene bien encontrarse con gente de nuestro pasado, nos ayuda a entender de dónde venimos… me apetece seguir hablando con él: «qué haces por aquí»… «vivir», contesta de nuevo… no le digo que eso me parece una obviedad porque no creo que sea momento para tiranteces, así que lo intento otra vez con una pregunta más prosaica: «¿a qué te dedicas?»… «vivo socorriendo vidas que viven a lomos de carcajadas fáciles y vacías»… «¿y qué es eso aparte de una reiteración continuada de vocablos de la misma familia semántica?», pregunto… la verdad es que no me he enterado de nada… «personas que se encuentran durmiendo la trampa del miedo», responde… «joder, Eduardo, pareces un pastor evangélico, me estás acojonando, pero tú ¿no querías ser mecánico ajustador?»… ni siquiera me escucha, está decidido a terminar su incipiente discurso y no hay forma humana de pararlo, sigue adelante de una manera lenguaraz y desatada: «personas que hace tiempo se instalaron en una especie de verano eterno, en ese tiempo fácil donde pueden acunar sus egos arrogantes entre sombrillas playeras y diálogos vaporosos de cremas blancuzcas, allí donde la palabra se ha refugiado para dejar de ser palabra y los pensamientos se extinguen agostados sobre la arena, allí donde sus broncíneos cuerpos se iluminan de rayos solares fríos como la oscuridad ardiente de los muertos y sufren de sed infinita, de esa condenada sed infinita que les hace sentirse insatisfechos y pedir más y más estupidez…»… cómo decirle que su discurso me está generando una desesperanza tremenda… desisto de cualquier contienda dialéctica… me marcho, me hubiera gustado preguntarle si sabe algo de lo del fin del mundo… pero no, mejor que no… ahí lo dejo, como un falso profeta, interpelando al vacío, graznando palabras acerca de esa sed infinita que nace de la estulticia… no era mal chico este Eduardo, sacaba muy buenas notas, qué le habrá podido pasar, puede que algún golpe en frío, son los peores, o alguna oposición frustrada, vaya usted a saber… seguramente, ni siquiera él sabría contestar esa pregunta del mismo modo que tampoco nosotros somos capaces de contestar acerca del sentido último de nuestra existencia… uf, demasiado profundo… yo estoy aquí únicamente para constatar las señales que anteceden el fin del mundo y no para otros menesteres… cuánto antes levante el vuelo, mejor…

… pero la verdad es que no me apetece andar por ahí dando vueltas y vueltas como el que mueve un guiso…

… total, si esto está a punto de petar, lo que menos se me antoja es pegarme una calcetinada de esas que te dejan baldado… allí hay un bar, beberé algo: «camarero, por favor, puede traerme una cerveza»… «qué tipo de cerveza quiere: para no pensar, para olvidar, para convertirse en alguien distinto»… «oiga, no sabía que existiera tanta variedad de cervezas, me deja usted de piedra»… «de eso se trata, señor, de eso se trata»… qué mala suerte, con todos los bares que hay en esta ciudad, he ido a parar al único donde ejerce sus labores el camarero enigmático… ¿será otra señal?… ¿una nueva, de un perfil más complicado de entender y de advertir?… ¿el fin del mundo vendrá precedido de uno o varios enigmas al modo clásico?… ¿tendrá este camarero más de griego edípico que de urbanita posmillenial?…

… qué difícil…

… por qué habré aceptado algo que está empezando a superarme… son ganas de complicarme la vida… o lo poco que queda de vida… le preguntaré otra vez, parece saber mucho más de lo que ha dejado entrever… «oiga, estoy viendo a bastante gente beber cerveza y no veo que ninguno de ellos se haya convertido en estatua de piedra»… «en esencia, no deja de ser alcohol, los efectos no son inmediatos, se requiere una ingesta elevada y no conozco a nadie que con la primera copa enferme de cirrosis o padezca una rápida y acelerada embriaguez»… habla con propiedad este individuo… ¡cómo ha diferenciado esencia de existencia!… si no fuera por la libreta que porta indolentemente en el bolsillo trasero del pantalón y el lápiz en la oreja, diríase que estudió Metafísica en Friburgo… insisto, necesito información más precisa: «me podría decir dónde pueden verse algunos ejemplos de esos individuos convertidos en estatuas por haber querido olvidar, convertirse en alguien distinto o no pensar»… «¡o pide algo de beber o se va!, ¡esto es un establecimiento reputado y no un cabaret filosófico al uso!»… «usted perdone, solo son preguntas inocentes, mi intención no era molestar, pero esto del fin del mundo… en fin, que me lo voy a pensar, es una decisión complicada»… «el fin del mundo, el fin del mundo… llámeme cuando se haya decidido»… otro que se ha enfadado… hoy estoy que lo tiro… no sé, el camarero da miedo y lo de las estatuas de piedra es apocalíptico total, pero sin tener pruebas de su existencia cómo creer en ello… el peso de la responsabilidad para con el futuro me abruma, indicar como señal algo que no pudiera ser otra cosa que una anécdota desmedida y calenturienta sería lamentable para mi libro de notas… si se demostrara la falsedad, me llevaría a una depresión profunda de la que sería casi imposible salir… claro que para qué quiero una depresión si estamos ante las puertas del fin del mundo…

… hay que seguir adelante…

… poco más puedo hacer en este tugurio… me voy cuanto antes, no tengo ganas de encontrarme de nuevo con el camarero atemporal… ¡la calle!… veamos qué nos da de nuevo, examinemos posibilidades… ¿hacia arriba o hacia abajo?… algo más sencillo, allí, al resguardo de aquella acacia, hay un banco vacío… qué hará la gente normal para sobrellevar momentos tan cruciales como estos… ¿ver la televisión por cable y esperar?, ¿leer novelas de entretenimiento y esperar?, ¿atiborrarse de frutos secos y esperar?, ¿acumular fármacos: antibióticos de amplio espectro y esperar, jarabes mucolíticos con propiedades expectorantes y esperar?… cualquier intento por sobrevivir choca con la cruda realidad, ese conjunto de leyes no escritas que se han confabulado para hacer claudicar a los espíritus más rebeldes, eso que podíamos llamar azar o destino…

… me pregunto cómo ocurrirá: una explosión, un terremoto, un terremoto y una explosión a la vez, los arsenales de las potencias estallando todos al mismo tiempo como si estuvieran sincronizados por una mano diabólica…

… las señales se han producido, eso es un hecho y así lo he anotado… y si además, a todas ellas, sumamos lo de la “sed infinita” y también, aunque tenga mis dudas, lo de las “estatuas de piedra”… ya serían seis, una cantidad nada desdeñable… habría que tomarlas en cuenta… parece una tontería pensar que no va a ocurrir nada… no recuerdo cuántas usó Juan, el apocalíptico… sería cuestión de parar un momento y consultar…aunque podría ser que estuviéramos ya metidos de lleno en ello y no nos hubiéramos dado cuenta… el caso es que de ocurrir algo, tendría que haber ocurrido ya… no sé, como poco, una luz cegadora o un eclipse total de sol o una tormenta de arena angustiosa … ¡nada!… ¿será algo más fácil de percibir?… ¿incendios por todos los lados y adiós a la naturaleza tal y como la conocemos ahora?… si es así, desechemos la idea de migrar, esa opción está masificada, ya se produce en todo tiempo y en cualquier lugar… millares y millares de personas… esto no pinta bien… de todas formas, se percibe en la atmósfera algo distinto… no se puede describir, pero es así… por ejemplo, es muy raro que hoy no me haya llamado nadie por teléfono…

… ¡ninguna llamada!…

… no me lo puedo creer, hay días que mejor… perdone, ¿a usted le funciona el móvil?, ¿sabe si hay cobertura en esta zona?… es que no sé qué le pasa al mío, será por lo del fin del mundo… que usted también está enterado de ello… qué casualidad… ah, claro, porque usted es periodista… si quiere, yo le puedo decir las señales que he ido apuntando… que le importa una mierda lo que tengo apuntado… perdone, pero está siendo usted un poco grosero… que ya lo sé, no hace falta que se ponga como se está poniendo y mucho menos gritarme, que sí, que ya lo sé, ¡que se va a acabar el mundo!… y por qué tengo yo que escuchar las señales que usted tiene anotadas y usted no quiere saber nada de las mías… que porque es periodista y lo suyo es la verdad… y dale molino, ya me la ha dicho antes, no voy a discutir, venga, léame sus señales, y deje de hablarme de su carrera, que sí que han sido cuatro años muy duros, bien, vale, que eso le da derecho… pero ¡quiere empezar de una vez!… le oigo: los asesinatos selectivos, uno, los bombardeos indiscriminados, dos, la tensión nuclear, tres, las guerras comerciales, cuatro… no veo yo la importancia de todo lo que me cuenta… eso está ocurriendo todos los días… como periodista lo tendría que saber… añada si quiere lo del calentamiento global y lo de la amenaza robótica, ah, y también lo de lo de las pandemias y las mafias dedicadas al tráfico de seres humanos… pero vamos que no le veo yo la trascendencia que usted le está dando, convivimos a diario con ello… en cambio, espere que yo le cuente las seis señales que tengo apuntadas, eso sí que tiene su miga… ¿qué?… que me vaya a tomar por el culo con mis especulaciones gratuitas y mi discurso barato… oiga, mucha carrera de periodismo y mucha experiencia como periodista profesional, pero su falta de rigor es tan inexistente como su educación… merezco un poco de respeto y de atención, ¿no cree?… y ahora va y se enfada: que él tiene la exclusiva y que lo mejor es que me calle… pero qué quiere que haga si se me han presentado seis señales como seis catedrales: ¿dejarlas pasar?… ¡no se vaya todavía!… no se puede ir, tiene que oír mi relación de hechos apocalípticos… seis, son seis, ya se lo he dicho… pues nada… adiós, hombre, adiós… qué tipo tan chocante … malpensado y suspicaz, muy suspicaz…

… siguen sin llamarme…

… tanta tecnología, para qué… ¿vivirá el móvil?… sí, está operativo… tenía una notificación, se trata de un mensaje de texto, y yo sin enterarme, con tanto ruido, no me extraña:…

¿Qué?, la Eternidad

… de nuevo Arthur y sus crípticos versos… los reconocería en cualquier lugar… no lo puede evitar, seguro que aparece de nuevo… y verás cómo lo hace de forma sorpresiva y por donde menos se le espere… va por libre, se ha erigido, motu proprio, en poeta del fin del mundo… ¿cuándo se habrá comprado un teléfono móvil?… ¿llamará desde Abisinia o desde Francia?… ¿en qué temporada en el infierno estará?: ¿la primera?, ¿la segunda?, ¿la tercera?… y lo que es más preocupante: ¿para qué necesita un poeta un móvil?…

… lo dicho… no ha tardado nada… ¡ahí está!…

 … ¡Arthur, escucha, estoy aquí!… ¡qué bien que hayas vuelto!… desde el asunto de los pensamientos infernales creí que no nos volveríamos a ver… me vienes de miedo ahora que el absurdo impera por doquier… por cierto, ¿piensas tú que esto del absurdo será otra señal?… se repite tanto… déjalo, no te preocupes, has llegado a tiempo, fíjate qué cosa más curiosa: ¡ahí están mostrando un código QR!… mira qué tieso y qué orgulloso reposa en la cristalera de un escaparate… puede que se crea que es uno de los protagonistas principales de esta representación finis mundi… me voy a acercar hasta él… anda, ¡vente conmigo!… hacemos una lectura rápida, solo quiero saber qué tipo de información lleva entre su cartografía de sombreados aleatorios…

… ¡el fin del mundo!…

… vaya historia… ¡y toda la información con gran lujo de detalles en un pantallazo!… se confirman las señales… ¡y de acceso libre y para todos los usuarios!… para eso tanto trabajo anotando y anotando… mejor, no pensarlo…

… entonces… ¡es seguro que desapareceremos!… ¡va en serio!…

… ¡el fin del mundo!… ¡quién lo iba a decir!…

… ¿y si no son más que palabras?… palabras repetidas hasta la saciedad, siglo tras siglo…

… ¿no dices nada?… ¿no es ahora cuando los poetas tienen que alumbrarnos con sus palabras proféticamente luminosas?…

… ¿queda poco, verdad?…

… ¿dará tiempo a decir algo más?…

… hemos visto el sol, hemos visto la lluvia… hemos compartido lágrimas y sonrisas… hemos viajado sueños y pesadillas… hemos…

(Silencio)

Manuel Cardeñas Aguirre