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COLOFÓN FON FÓN / #JoyceUlises

 

Omnia est musica

Resabios del nominativo genitivo dativo y hasta ablativo de otros tiempos. Resabios del latinajo caesariano, aquel del Rubicón con el Mosela, aquel del llegué, vi y me quedé tomando un calvados a vuestra salud. Pedantería de salón que afecta a las meninges y a los labios. La tarde pedía encierro de copa y conversación de barra, un tralalá aquí y un trololó acó, la opción: esconderse tras el narrador, la decisión: Dron trocotrón tron trón y como coda magnificiense: Do-sol do-sol sol-dó. Vi una cafetería con bar que no es lo mismo que un bar con cafetería, entré y me refugié de mí mismo, alguien habría con quien apurar palabras y recuerdos. La partitura se construye, la música se crea, he aquí cómo los dos polos, el de la técnica y el de la insuflanimación artística, se enlazan en un único acto insuflanimado de carencia y perfección.

Tron trocotrón tron trón.

Si te pierdes en las palabras, lector, si te pierdes entre el tú y el yo, si te pierdes en la insignificancia del significado, no eches la culpa nunca al autor, es siempre del escritor.

Tron trocotrón tron trón.

Tendría que acordarme-se de ella. Tendría. Lo haré, cómo no, entre trago y trago, está en mi pensamiento, es una constante, es una obsesión, es un contínuum, mitad alma, mitad vísceras. Pero también debo defenderme de las sirenas que cantan recitativos, te enseñan los pechos y te esconden las piernas. Ulises y los tapones de cera. Ulises el ingenioso. Ulises el estratega liante y mentiroso ─que para eso están los mitos, para desmontarlos─. O ese otro Ulises, el que tiene que ver con el síndrome de las vidas perdidas que nunca volverán porque son segadas ahogadas atrapadas asesinadas en una zodiac que transporta límites humanos al peso, véase diferencia entre tara, peso y carga no material, asesinatos consentidos ─pienso, luego, no miro─; sí, este Ulises me gusta más, quizá por eso sigue sin volver, habrá dejado de hacerse el héroe mítico, fantasma fantasmal sin palacio, sin hijo y sin tejedora penepoliense, y se habrá convertido al humanismo anónimo, a ese, al de una oenegé sin nada de ayudas pero con cientos de bombas sobre sus techos provisionales, cabezas indefensas, en cuanto se descuidan.

Ulipold bloom. Leolises blum cataplún blum blum.

Estrechos desfiladeros, desprendidos barrancos y melancólicas depresiones. Lugares admirables para el pífano, la flauta, el caramillo, la dulzaina, la turuta, el mirlitón y, cómo no, también para las declaraciones bucólicas bajo el aroma suave y dulce del heno, lugares tibios por donde pasea el pastor con sus pulgas acompasadas y sus ganas de follar ovejas sincopadas porque larga y dolorosa es la soledad de la entrepierna:

Oh, Naturaleza divina,

Oh, Amor, que llamas a mi puerta

 

Tuve una cita con ella, la Deseada, fue el primer día de la primera era, la Luminosa, fue nuestra primera cita, la Antivirginal. Ella vestía de cereza y yo de hueso. Ella bailaba el vals y yo la polka. Ella cantaba en mis oídos y yo baritoneaba en sus pezones. Cuánta felicidad escondida lleva un tres por cuatro, cuánto cromatismo la escala frigia, loas a Gregorio el gregoriano, el medieval, el del canto recogido, la capella y las notas elevadas de capilla y cielo raso: DOblolacerviz REmomuslos MIdoingles Falo-pio SOLotupielsolo LAmoloquelamo SIentollegarlaluzylaespuma Doblodenuevo.

Oh, Mundo mortal,

Oh, Amor, que visitas mi huerta,

Entra, entra, ¡entra!

 

Ella. Ella. Ella. La obsesión. Dron trocotrón tron trón.

Ella. Ella. Ella. Mi amor. Dorremifasol lasidó lasidó

Acabemos con la palabrería, amigos de taberna y tenoreo cuasiverdiano, dejemos la clave fa -arsa y escribamos en modo menor, adiós Rimafácil, adiós Rimarripiosa, adiós Rimachuscorripiosa. Petrarquistas convencidos del amor y de la elevación, compañeros literarios, dadme once sílabas y dejadme ya que me lance a la ilustre tarea de encontrar la música sonetil en la escritura, toma, Garcilaso, y no me olvido de ti, juan boscán. La poesía programática es música incidental. Una ópera: en esto que llega EleKtra y dice: Clitemnestra, madre, no tenías suficiente con tirarte al amanerado de Egisto, qué polla cegó tu juicio; Clitemnestra, madre, no te bastó devorar la hacienda de mi padre y alejar de mi vida al insulso Orestes, mi queridísimo hermano, qué polla cegó tu juicio; no, no te valía, claro que no, mi padre, Agamenón, volvió y tú valoraste, mediste y comparaste y, al final, te has quedado con la verga egistiana porque la agamenoniana no te daba ni siquiera para abrirte de piernas, elegiste egistogusto por agamenodisgusto: ¡Clitemnestra, madre, no te valía con poner los cuernos a mi padre!, no, claro que no, son secretos de alcoba clitoriana los que te han llevado a matarlo, a asesinarlo en la bañera, desnudo de armas, retícula fina sobre su piel y tres golpes mortales, pero yo su única hija, la Elektra-varón, te lo haré pagar:

Blablablá blá, canta la soprano,

Blablablá blá, canta la contralto,

(Estos griegos y sus excesos. Mejor, dejarlos.)

Molly, tú, qué cantata vas a cantar: ¿te bastará con suplantar Egisto-Almaviva por Bloom de forma transitoria o llegarás a algo más? ¿Temo por mi cabeza? Qué pregunta tan retórica, en ambos casos mi cabeza será modificada. ¿Quién entiende la naturaleza humana? ¿Quién la puede comprender? Quizás un músico, nunca un sicólogo. Sin embargo tampoco ellos se escaparon a la fatalidad de un aria esmirriada o un do a destiempo. Ahí tenéis a wolfganguillo, el salzburgués más mozartiano, el músico universal, viajando por su época de corte en corte, de salón en salón, de sensibilidad en sensibilidad para acabar con un gran mausoleo que encierra la gran mentira vital, porque, en realidad, no sabemos dónde está enterrado, qué paradoja, divinas sonatas, divinos conciertos sobreviven en nuestra memoria y él, enterrado en el mismo lugar que Tamino y Papageno, el más allá ilocalizable; o el caso de ese otro vienés, franz, el schubert más schubertiano, que cambió pentagrama por sífilis porque el ensimismamiento de la creación le hizo confundir partitura con batuta y pentagrama con apretón (estos austriacos son igual de excesivos que los griegos, al parecer); a lo que íbamos, malditos sean los tiempos de injusticia y de olvido que condenan a enterramientos prematuros o indebidos.

Cuándo llegarán Harmonía y Equilibrio.

La reunión se prolongaba en esta tasca histórica porque nos dimos a la conversación trascendental, tres con las que saques, blanca, o las que tú lleves, que son dos. Me olvidé de ti, fue por poco tiempo, mi amor, pero lo hice, todo me llevaba hacia el Leteo: la dialéctica y la visión, porque ante mis ojos la plaza donde dicen que está Cervantes ─otro que tiene monumento histórico y, sin embargo, todo en plan muy español, se lo tiró a la fosa sin memoria─ y en la fachada posterior de este sancta sanctorum se descerrajó un tiro Larra ─a este lo español encoñado fue quien lo mató, así de claro─; ves, si te paras a pensar, lo nuestro, este suplantar identidades en la cama, no es para tanto, dejémonos llevar por la música, esa música de orquesta y auditorio que la dicen clásica y esa otra música celestial que lleva consigo la literatura bien escrita, sí, hagámoslo así, y he de decirte que en ello estábamos cuando llegaron a nuestros oídos notas ajenas que no casaban ni con el modo mayor ni con el menor, ¿Ulises, volvía?, si era así, lo hacía en proteico modo, vestido de comunidad de vecinos y administrador de portales, escaleras y sótanos, todo junto y en el mismo lote, y fue oírlas, las notas, cuando, al unísono, dijimos todos: ¿estos hipidos?, ¡esto solo puede ser flamenco!

Y, llevados del paroxismo nacional, como si fuéramos llamados por los ancestros de mantilla y toró, alguien entonó: Tontón torontón tontón; menos mal que vivimos otros tiempos, así que otro alguien se anticipó a cualquier catarsis folklórica y dijo que nos olvidáramos que lo único que llegará será el tiempo del Dron, indefinible tiempo, sin que sepamos todavía si será por soleá o por bulerías: cojo ol dron, lo cojo por ol rotor, lo jodo yo, lo rompo con on pompón porompompón

Tengo que conocer a otra gente, me voy a volver loco.

Me voy, me fui. Abandoné mi retiro voluntario de música ilustrada con lecturas de mollejas y riñones al jerez, abajo la Ópera, al lado, el Conservatorio, acera adelante un destino, pies en puntera, taconeo y zapateo, me pasan un prospecto, justo a la entrada del metro, casa patas, flamenco y menú, tú pones los euros y yo la guitarra, tú pones los aplausos y yo las palmas:

Tirititran tran tran tirititrero

 

Oh, mi dulce Erín,

Oh, Sueño contemplado en la distancia.

 

(Crónica de la sesión Joyce-Ulises correspondiente al jueves 6 de abril de 2017.)

 

VOCES / #Joyce-Ulises

 

 

Avanzaba por la acera como quien lleva consigo una carga excesiva, un peso añadido que era algo más que la proyección de su cuerpo, se trataba de algo inmaterial instalado entre sus neuronas, ocupando espacios y dictando tiempos; se cruzaba con la gente sin percibirla, avanzaba mecánicamente y ellos se apartaban para evitar el choque, modificaban su trayectoria, le increpaban con la mirada, le insultaban con el gesto.

Él no les hacía caso.

Él solo sabía caminar.

Él amasaba obsesión tras obsesión.

«Poldy, mi amor», le dijo ella hace mucho tiempo ya, aquella tarde en la que se pensaron solo a través de la piel y de los sexos; «Poldy, mi amor», le había repetido ella esta misma mañana de este día en que los dos sabían lo que iba a pasar solo desde sus cabezas sin sexo.

Pero por qué decirlo; si él no lo hace por qué hemos de hacerlo nosotros.

Niebla. Espesa niebla. Bruma. ¿Existe el amor o es una pura entelequia?, ¿es engaño de nuestra cabeza o una creación distorsionada de los sentidos?, ¿simple necesidad de las palabras y de los nombres que se otorgan gratuitamente o vacío que los encierra al pronunciarlos?: «Molly, ¿nos amamos tú y yo alguna vez?, espera, no me contestes, te propongo algo mejor, hagamos el amor, unamos nuestros cuerpos sin mesura, conjuremos la idealización fácil de una relación cansada y neguemos la quimérica proyección de nuestra capacidad para engañarnos con ideas superiores». Pero quién es este que habla, seguro que no soy yo, ¿será el fantasma de Stephen que asoma por entre las almenas de mi cerebro?, yo hubiera dicho, follemos, yo pensaría tu coño, yo abriría tus labios y besaría tu fruta fresca hasta secarla. La diferencia entre el mono y el hombre es que el mono coge el plátano y se lo come, el hombre, sin embargo, piensa el plátano como ente posible, lo coge y, por último, lo come o lo deposita displicente sobre la mesa a la espera de un hambre sin reflexión. Si existe el verbo amar es porque se puede recrear y practicar; si existe el sustantivo amor es porque se puede identificar con el sustantivo sexo; si puedo ser follante en el participio más activo es porque puedo ser follado en el participio más pasivo. Stephen no se ha ido, o si se ha ido lo ha hecho para volver cuando quiera e instalarse gozoso en la muralla de mis ojos y hacerse visible sin contraseña delante de toda mi guardia, y yo, mientras tanto, a la espera de Fortimbrás el noruego, ese que va provisto de cuernos vikingos para prestar y en busca de un Valhalla que no se sabe muy bien dónde está; Dedalus es mi conciencia vitalista, cuando yo ejercito  el conformismo, la aceptación impertérrita de mi destino, él se me presenta de inmediato para decirme que la resignación es categoría de lo cristiano tal y como lo es la fe, palabra preferida de curas, sacerdotes, frailes y de toda la curia, reclaman beligerantes la fe que no pone en duda y exigen la resignación misericordiosa para aceptar sumisamente los designios superiores, más allá incluido, en realidad, para no mandarlos al paseo de la basura, allí en el barrio de la inmundicia, oremus, y luego mi querido Stephen me contaría cómo le llevaron toda la infancia detrás de un padrenuestro y a través de un avemaría, y cómo le encerraron en el mantra idiotizante de un credoquecreeendioscreador, mandamientos por aquí, pecados capitales por allá, retiros, ejercicios espirituales, ignaciojavier javierignacio. Stephen, mi amado hijo putativo, no vuelvas, ni a Irlanda ni aquí, quédate en la gala plácida y piérdete en pos de la creación, eres artista y necesitas de ese exceso de voluntad orática que te permita ahogarte en tu propio vómito visionario, digerirlo y devolverlo en forma de novela que luego ha de ser deglutida por un lector que se intelectualiza en la medida que se despersonaliza. Poesía antropófaga. Novela carnívora y salvaje.

Lo recuerdo.

Me acuerdo.

Lo rememoro.

Stephen en París me sigue dando la lata aquí en Madrid. Él es mi fantasma. Cómo era aquella teoría boscosa que pergeñaste sobre William y su hijo, el nacido de entre las piernas de Ana y el parido de entre las plumas del teatrador teatrero teatrante Shakespeare. Padre e hijo que son sin ser porque no fueron más que productos de la literatura, el uno y el otro, el dios creador y el hijo sacrificado, todo literatura. Sigo en tus hipótesis: Segunda cama de la Hathaway que era habitada por el segundo hermano de Guillermo. Infidelidad, vuelves una y otra vez hasta mí. Complejidades de la vida que atentan contra el mundo. Stephen tú no eres el hijo atribulado nacido de su mente todopoderosa y desplegada en forma de Hamlet-asesino de profesores de inglés para niños no-ingleses ─porque todo Hamlet que se precie lleva algo de asesino consigo, ¿llevamos todos algo de asesino que no nos atrevemos a reconocer?─, sería bueno que Ofelia no se hubiera mostrado tan mística, sabríamos algo más, monja de las aguas y sor de los charcos, allí tendida como la pintó John Everett Millais, flores y agua, flotando sobre la muerte o navegando por encima de ella, sin barca y sin óbolo, Caronte al paro. Oh, bardo inmortal, nacido de una vagina mortal, por qué te empeñas en no dejarme en paz, ¿acaso quieres que rocíe veneno en la oreja de Almaviva y automáticamente se convierta en tu padre más Claudio que un ciruelo?, yo lo prefiero, descansaría, así te tendrías que presentar ante él como reo de tus culpas, juzgado y condenado por mano que no es de hombre sino por un juez que es algo más que todo eso y que está por encima de los demás, crucifijo antes que código, fanatismo antes que interpretación, prejuicio antes que mente abierta, ¡Justicia que penas tus penas por entre la realidad!, ¡Iustitia pisoteada y profanada!, ¡Justicia sin venda y sin balanza!, en esta España que es de pandereta y de mantilla no están los tiempos para esperar justicia, líbrate del mal como si oraras aún, como si lo hicieras antes de masturbarte en tu cama de blanca sábana e impoluto semen. Escribe, hijo mío, que nunca lo fuiste. No descanses porque el descanso es concesión gratuita a la muerte. Cuenta, si te parece bien, la vida apretada en dieciocho horas de un judío que únicamente trató de ser bondadoso en la misma medida que se perdió en las ganas de amar, ahora puedo decírtelo, porque descubrió que Amor es palabra para perderse sin medida.

Siguió andando.

Tropezó.

Se cayó.

Volvieron a reírse de él.

Se levantó. Miró hacia el mundo que es una forma tan válida como otra cualquiera de intentar verse reflejado en él. Quiso llorar. No lo hizo. Quedaban muy pocas lágrimas en su lagrimal. Se sacudió la ropa. La gente se fue marchando detrás de sus inquisidores comentarios. Son españoles, yo no lo soy, no quiero serlo. Juran banderas por lo civil y tienen santos por lo militar. Adoradores de la violencia y de la muerte. Irracionales como un devocionario católico apostólico y romano. Pensó en sus posibilidades. Necesitaba, necesitamos de la gente, de los nuestros, de los iguales en la diversidad y en la discrepancia. Dónde ir, dónde marchar. Siempre son cuatro las direcciones: norte, este, oeste y sur. Una calle le llamaba, otra le rechazaba, un callejón le excitaba, una avenida le cegaba. Tiempos de Claudio, Polonio y Gertrudis. Adiós Yorick, “el destino me llama”.

¿Cuándo se pierde el sentido de la realidad?

¿Cuándo los fantasmas están más vivos que aquello que te rodea?

¿Cuándo?

Simples desvaríos. La ingesta de una porción de extremidad porcina entregada durante dieciocho meses al clima de Teruel y a la sal acabaría con todo extravío.

 

Vale

 

 

(Crónica de la sesión Joyce-Ulises correspondiente al jueves 9 de marzo de 2017.)

 

FAST FOOD, MOLLY, FAST FOOD, AMOR MÍO

 

 

Una academia es una academia. Lo diga Platón o el abuelo paterno de Platón. Yo enseño tú enseñas él enseña → a ver quién es el guapo que aprende ←. Objetivo vital tanto como existencial: aumentar el número de alumnos, €  educación y €, luego € y €, y luego €€€, si cien seudoangloparlantes me dan x, ciento veinticinco me darán x más y; si la comida se lleva x de x y el vestido x de x menos x, en consecuencia, x se está comiendo todo x, ergo, necesito urgentemente y. El mundo exige nuestra participación. La publicidad bien ejecutada puede salvarme. Demos pábulo a los deseos que los demás no desean:

LOS NIÑOS QUE NO SABEN INGLÉS SON MÁS INFELICES

El porvenir de tus hijos, not London, speak Dublín

LA SMILE DE TU HIJO ES LA SONRISA DEL SUN

No está mal como comienzo, me siento total. Reticencias en el horizonte. Los adultos se conforman con el inglés comercial: mac burger Apple hollidays on ice on earth on smog. Tarde de diciembre, la luz en su rostro y sus ojos en un brillo, Molly se dejó ir, un beso en el cuello y mi mano enredando costuras entre la falda y la camisa como si los restos arqueológicos que encontrara salvarían la historia de la civilización y habitaran en su entrepierna, allá va, despacio, lenta, hábil, lábil, buscando el fondo frágil donde lo textil se transforma en piel y pelo, temblor y latido.

Hay que marchar.

Leopold abandona el palacio Longoria, el libreto en su poder, el que le ha dado él, el usurpador de pieles ajenas. Mira hacia la mesa donde el conde Almaviva ya no está porque ha ido en busca de su Susana, la de él, mi Molly. Sale a la calle, qué hacer, el cielo es una fortaleza para los sentimientos, cuando caigan en forma de pedrisco, mejor, que no le pillen a él.

Camina en dirección hacia Hortaleza, esa extraña calle-embudo donde los vehículos y los viandantes entran por el lado estrecho y salen por el ancho, el urbanismo nunca ha sido el fuerte de Madrid, ciudad provinciana donde las haya, pueblo grande que llegó hasta la modernidad a base de alcaldes corruptos y especulación inmobiliaria por doquier, viva el casticismo de los botijos y las navajas, el sabor de las bravas y las aceitunas de campo real,  dijo el mesonero de los romanos que ya se dedicaba a ello, a lo de la compraventa de edificios que el asunto no se ha inventado ahora, es tan antiguo como la codicia y el capitalismo, amén de su vena costumbrista de castañera invernal, que lo uno no quita lo otro, literatura y agiotaje, ah, y calle incluida, prolongación de la Victoria, esquina a Gran Vía de teatro por horas y revista musical, letra de Pérez y González y música de Chueca y Valverde, asunto con gracejo o cómo funciona la inversión despreespeculativa; claro que luego esa misma modernidad que nunca envejece entró de la mano de la pizza fast, el arroz tres delicias y el arito de cebolla hamburguesado, eso sí, manteniendo el adoquín como medio para el desgaste de suelas sin zapateros que ya no quedan, que se han ido porque las medias suelas las coloca una máquina que todo lo hace, qué buenas son las máquinas, qué malos los filis que evitan el deslizar, se desgastan con prisa, Teófilo, ama a los zapatos tanto como a dios, así se llamaba el zapatero de mi calle, olores de goma no arábiga, pegamento amarillento de pies a suelos, el tocón para el culo y el cuerpo encorvado sobre los escarpines vueltos del revés, gafas caídas porque ya no veo un carajo, un clavo aquí, otro más allá, ay, que ha traspasado y me rompe el calcetín. Los cambios en este país son aún más extraños que los que no se producen en Irlanda porque la religión y la iglesia católica han puesto un dique en la cabeza de todos los irlandeses, ah, claro, como aquí…

Hambre, hablar de comida, pensar en la comida, hambre.

Delicadezas matritenses, bocadillo de calamares, boquerones en vinagre, morcilla de burgos y pepito de ternera. Quién dijo aquello de que dios, el que no existe, inventó los alimentos y el diablo, el que sí existe, creó a los cocineros, seguramente, alguien que cabalgó una noche ilusionado a participar en una sesión de cena deconstructivista, se dejó la cartera, sin incluir la propina, y salió con más hambre aún, pero ahíto sensorial, hasta la plenitud, porque la comida es un ritual donde la comida importa poco y la estética es la estética, marchando cocina, una de humo de almendras lamé navegando por media endivia al vapor del ártico, visión insuperable que ciega los sentidos, se mire por donde se mire, seguro, viva el hambre que es grito de la parte más retrógrada de este país, la que no pasa hambre pase lo que pase. Viva el imperio de los ácidos grasos poli-mono-insaturados, fórmula química de carbono con vaya usted a saber. El mundo exige nuestra participación. Maldita idea recurrente. Ya, pero cómo. Mi academia se hunde, ese renegamalcido de Stephen Dedalus con su indolencia de artista visionario no hizo caso de mis tiernos alumnos y los dejó al pairo de cualquier viento, delicados como son, infantes e infantinas desvalidos al tránsito maléfico que va del hot al cold, viva la tuberculosis, qué hora es, sin reloj mi vida carece de brújula, será el tiempo del pensamiento o el del agradecimiento, comida suculenta y acción de desgracias, oh, cómo es la vida de urgente, pensar en comer cuando mi amorcito de bragas rojas y labios de seda clitoreidal se prepara al sacrificio de las piernas abiertas y pase usted hasta dentro, es artista y yo no soy nada, mi reino por un papel, si hubiera sido más Ofelia que Molly, si yo hubiera podido comprar los escenarios como los compró el carnicero Lara para su Balbina, la “bombonerita” que le construyó corredera hacia abajo, de rojos y dorados, a la italiana, ¿Don Cándido, cuántos “bombones” pudo usted degustar ahí? Actrices que nos llevan de acá para allá, actrices que han actuado allí, la Membrives, la Bárcena, la Llorente y la Pino, ¿interpretó la Xirgu ahí? No te pierdas. Leopold, ¡la Academia!, Platón del inglés he de convertirme, la Idea antes que la lengua, la Idea que anima todas las lenguas me llevará a sobresalir…

Tropieza con un bolardo, usted perdone, señor, esto me da mal fario, ya no sigo, esta calle es inclemente, por aquí cerca había una librería de teatro, por qué no lo he recordado, así no tendría que haber recibido el óbolo traicionero de manos de él, así no tendría que deberle el texto que a ella le hará caer en sus manos, La Avispa, se llama, y está ahí donde Mejía, el ecuatoriano, se junta con Lequerica, el español, criollo del yo más liberal en el buen sentido de la palabra, Don José, cortes de Cádiz, el que no quiso estar por demás en el mundo, ojalá todos pensáramos así, ¿conocerán su historia los madrileños?, ¿conocerán su historia los españoles?, ¿conocerán su historia los habitantes de su propia calle?, qué desagradecidos somos, flores fueron a las que ha llegado su invierno, no conozco pueblo más olvidadizo que el español, solo recuerda lo que otros le escriben, godos pelayeros, cides peleones, reyescatólicoambiciosucios y que otro descubra las Américas porque el oro ya lo dilapido yo, viva el borbón (eso no lo escribo yo ni aunque me maten), mientras, en las tabernas, vino duro destilado que llaman sangre de la inquisición, alguna máxima para parecer lo que no son: que no me toquen las vírgenes, los santos ni al clero predicador, luego, ya todo rodado, vendrá el cierre de fiesta: que muera la inteligencia, que inventen ellos y que viva la muerte, pose y frase altisonante es lo de por aquí, asesinatos sin culpables y desaparecidos sin tumba, venga, olvidemos que no vamos a estar hablando siempre de lo mismo, algo nuevo, sí, posmoderno, procesiones, bautismos y santos óleos para llevarse de este mundo un buen sabor. La Avispa se “llamaba”, ya no está, sí, estaba aquí mismo, en este local, ya dentro de la calle del evangélico recaudador de impuestos. Viva la muerte, otra vez, qué importa era una librería, y además de teatro, este país está lleno de energúmenos millanastraynescos.

El futuro siempre se tuerce sobre sí mismo.

Sube por san Mateo, el libreto en la mano y el hambre en el estómago, en la cabeza un revuelto de amor con celos, deseo sin bragas que poder quitar y números bamboleantes que son cuenta corriente sin saldo.

El museo del Romanticismo. Qué me cuentan. Qué me dicen. Qué ven mis ojos. Qué piensan mis neuronas. Imposible, si eso en España no existió. Esto es una quimera, una invención. Valle creó el esperpento y un pariente suyo lo hizo realidad en forma de museo. Esto es la Viena que nunca existió, pero que siempre quisieron tener por aquí para ir dándole a las palmas de radeczky el uno de enero, regusto de esa alta burguesía vaga y fondona que derrochaba y dilapidaba mientras los románticos de verdad estaban exiliados por el déspota Fernando número deseado el 7, inútil, vengativo y vengan adjetivos en tropel que el muy borbón los admite todos, en especial los de la peor especie. Entraré por entrar, porque el tiempo, mi tiempo, se consume en la contemplación, porque estoy condenado al vagabundeo y porque el ascensor que contiene a Almaviva ya está llegando a la puerta de nuestra casa y tú vas a abrir tus extremidades al destino que hoy que no es inmaterial, lleva consigo su pene, su dirección de escena y sus ganas de darte un papel si tu cuerpo se mueve bien en el escenario de nuestra cama y tu boca sabe entretenerle, ¿por qué la vida es así?, mira lo que yo miro ahora, ahí está el único cuadro que me gusta de este jardín-salón de cartón piedra, el condenado de blanco, iluminando un cadalso donde lo van a asesinar, auto de fe, como los de calderón y lope, pero aún con más fe, y eso en este país es intolefanatismo y sangre en comunión, Lucas Velázquez lo pinta blanco sobre negro cuando en realidad es negro sobre negro.

Molly, ¿acaso ese soy yo?, ¡ese!, el que va a ser ejecutado, ¿existe mayor ejecución que el perderte?

Te dejo.

Hoy, el narrador se ha colado en mi historia más que yo, no le voy a dar más opciones, me quedo callado en esta sala, solo, sentado, pensando en Erín, mi verde y repudiado paraíso, en aquel feliz y carnoso vivir que nos reunió. El Romanticismo se fue, adiós, que lo lloren los románticos si es que les apetece, yo no lo he sido nunca, pero tengo que decírtelo, te amo, Molly, te amo.

Cuánto me gustaría parecerme a Don Cándido, el carnicero protector de actriz, el teatrero por vísceras de Antón Martín.

El mundo exige nuestra participación.

(Crónica de la sesión Joyce-Ulises correspondiente al jueves 9 de febrero de 2017.)

 

ANIVERSARIO. ANIPROSARIO / #jamesjoyce #johnberger

 

 

Desayuno, almuerzo, comida, merienda, cena. Poco a poco. Primero es lo primero. Si lees el periódico corres el peligro de saber, sesgado, manipulado, pero saber. Leopold, sentado sobre un taburete de la cocina, bebe el té de las páginas escritas mientras lee las noticias de la taza sorbida, qué le llegará, qué le llegará, intereses, deuda, crisis, peligros etiquetados, trumpasandeces, onomásticas, efémerides, conmemoraciones, muertos que se rebelan a la condena del Addio terra addio cielo. ¡76 años! Pues sí que se ha conservado bien. Cara fina gafitas redondas bigote recortado. Así que hoy, trece de enero, hace 76 años. Aggg, filtros nuevos, por favor, Molly, filtros nuevos, té con posos no es té. Escribiste el día con más horas de la literatura. Me condenaste a la noche eterna. Quién lo iba a decir. Valiente embaucador. Una palabra, una flauta. Una serpiente, un lector. O’Rourke, O’Connors, O’Reilly, cualquiera de los O’, pónganme una pinta más de frases dislocadas, no hay límite, el título de “Doctor en Ebriedad” está al alcance de todos, democracia avanzada del saber. Incauto lector, tú pones ojos yo pongo el delirio, pensó el que hoy cumple 76 años del inicio de su gusaneo vagabundo. Dublín se hizo pequeño, se contrajo y se contrajo como la espalda de un estibador. Irlanda, aún más. ¿Fue una buena idea abrir la academia de inglés en Madrid? Maldito jovenzuelo artista, me has dejado con el culo al aire: Stephen y sus ansias de procrear palabras follando ojos incautos. Qué términos son esos, Leopold, usted es el director, debe cuidar cómo expresarse, los alumnos son los alumnos y de todo se impregnan, arcilla roja que botijo será. Me ha dejado colgado. Al final voy a tener que ir yo con la vara del To: to be, to have; to, tó; tororó, tó. Tranquilo, vigila tu nivel de ansiedad, no vayas tan deprisa, todo se arreglará, otro estudiantillo irlandés, galés o escocés está rellenando en estos momentos los papeles de ingreso en el cielo de lo laboral y se dejará caer desde allí para alumbrarnos de Shakespeare concentrado: «Te vi o no te vi». Llegarán los alumnos como las oscuras golondrinas, niños sin niñas, infantas con infanzones, adultos con adúlteras, five-day: mon, tues, wednes, thurs, fri… Fri-fri-fri cantaba el gri-gri de tus bragas, fri fri fri, repetía bloom-bloom, la cosita de mi pantalón, fri fri fri, un claro día te lo pedí, fri fri fri entre las sábanas lo comí. Me fui de Irlanda por tu culpa, no pienses que voy a festejar tu septuagésimo sexto año, me miraban con odio, me hablaban con desdén, me mortificaban con comentarios velados, qué tal molly, cuántas veces va blazes a su casa, será difícil aprenderse una canción acostados, cantar con la boca llena es complicado, jijijí, jojojó:

Mary, ten cuidado

Cuatro calles son.

Mary, ten cuidado

Cuatro calles y un amor.

Mary,

Mi cerveza,

Mary,

tu flor…

Setenta y seis. Uno tras otro. Todos seguidos, Sin descanso. Día a día. Sin saltarme ninguno, siempre, ese mismo recorrido disparatado. Sísifo, me llamo. Piedra que sube hasta la cima, piedra que rueda y vuelta a empezar. Otros trescientos sesenta y cinco por delante, a la espera de la variación bisiesta y uno más…

─¡Poldy!

La dulce cachonda me llama, eso no es lo peor, tampoco lo mejor, yo iré, me agacharé, me restregaré contra su ropa, a sus pies, a sus deseos, a su capricho. Por qué no.

─Poldy, qué hora es.

─La hora de la confusión, de la pérdida y de la ingestión.

─No entiendo nada de lo que dices. ¿No me habrás hecho té? No, claro que no, tú me conoces, un café, un suizo tierno y dos rebanadas tostadas de pan vienés.

«A la orden de usted, señora esposa, hija de militar, yo le daré lo que su cuerpo pida, usted verbalice y será servida», piensa o cree que piensa su cabeza.

Sin más, se da la vuelta, el pasillo espera su llegada, presto para deglutirlo, sabiduría de intestino, lógica digestiva, al poco, lo cagará por el recibidor, directo hasta la cocina y ya estará en disposición de pensar. Catábasis, pura catábasis. Ahueca el periódico buscando la compensación, lo dobla y lo abandona a su silencio, él, mientras, se escapa entre los platos sucios del fregadero, los trapos secos para secar y el fuego rojo sobre fondo negro de inducción, leche, café, cuchillo, mantequilla, mermelada, plato para taza, plato para manduca. Catábasis.

─Tienes que acercarte hasta la calle Fernando VI, Leopold. Seguro que se te había olvidado.

Voz fina sobre lengua suave, partitura de soprano sobre melodía de tiple, Grases sobre Riera, modernismo Longoria, palacio de autores, allí estará, puntual como un español, doce sin punto, hora de recoger.

─No te preocupes, Molly; cuida tu garganta, esposa; no fuerces la voz, mujer; lo que sea por ser estará en tu poder.

─No des portazo, cierra con cuidado, acércame el móvil antes de irte.

Un momento de retrete para retratar mis miedos y mi obsesión. No voy a dar portazo, yunque, me deslizaré suavemente, martillo, cerraré con cuidado, estribo, el móvil para qué, caracol. Si te llama qué te dirá, qué te susurrará al oído que te hará reír y desear: su voz abrirá tu tímpano y llegará hasta la trompa de tu Falopio escondido, adiós Eustaquio, hoy, no me interesas, y te acariciará hasta estremecerte, bragas de raso que yo te regalé, bragas que llevas puestas hoy, ahí, en el fondo más ajustado de tus piernas, más arriba de tus muslos abiertos, rojas, de encaje, un encaje que me impide encajar, oh, Molly, y luego de que él te abra la bata con su voz de teléfono deseoso,  tú apostarás tu cuerpo sobre el sillón, dulce manzana, interior de horno, auricular que abrasa, mano que acompaña, oh, Molly, me voy Molly, me voy del todo. Recogeré tu partitura.

Ascensores. Ascensor.

Del cielo al sótano, seis pisos y una entreplanta. Parada en el cuarto. Qué mala pata. No se puede tener prisa. Aparece Don Segismundo, español por parte de padre y de madre. Cuatro pisos se convertirán en una eternidad. Cuatro pisos como cuatro actos, maldita condena calderoniana sin sueño al dormir, eso no es vida.

─Buenos días ─ha dicho él.

Viene con ganas de hablar. Carezco de defensas.

─Buenos días ─contesto yo.

─Hacía mucho tiempo que no lo veía, ustedes los ingleses cómo son.

Irlandés, irlandés. La repetición no causa el efecto deseado, tendré que insistir. Más cómo serán los ingleses, eso es algo por ver y entender. Por mí que les den lo que les tengan que dar, únicamente dar gracias por don Guillermo y su teatral palabra, él y unos pocos y pocas más.

─Soy irlandés.

─Ah, bueno, sí, da lo mismo, ya sabe usted, la lengua une lo que las fronteras separan, hamlets hay por todos los lados, por cierto, guárdeme usted un sitio para mi hijo, unas cuantas clases serán suficientes, es muy espabilado, este verano lo enviaremos a Edimburgo y queremos que refuerce algunas cosillas, pocas, más que nada no se nos vaya a perder.

─Cuando quiera. Nivel superior, claro está.

─Sabe y no sabe, él dice que sí, tampoco es cuestión de ponerle en un brete al chaval, usted le moldea para que se pueda desenvolver, que para eso somos vecinos.

Elementary: Yes, name, country, girl, boy, si es que siquiera eso sabe. Que lo mande hasta mis fauces, yo lo cagaré.

─Hace mucho que no se pasa por el Círculo, hoy mismo hay una conferencia muy interesante sobre un compatriota suyo que falleció el día 2.

Catábasis. Nueva catábasis. Vecino, please, vengo del cielo, cállese.

─No tengo mucho tiempo, esa es la verdad, la Academia, los ensayos de mi mujer, si puedo, me pasaré, ¿cómo ha dicho que se llama mi compatriota?

─Creo que John; sí, John Berger.

Otra vez inglés por irlandés. Se trastoca la nacionalidad como se trastoca el piso elegido para vivir. Ya llegamos. La calle, por fin. Descanse de su paz, querido Segismundo, encuentre usted a su Rosaura y a su hipógrifo violento. Yo camino la acera. Tiempo para ti, John. John Berger. Pensaré en ti, aunque, como comprenderás, todo lo que se puede pensar desde el dolor que llega en el espacio de cuatro pisos. Amigo mío. Compañero de letras y escrituras. Lecturas plenas, sentimientos serenos. Europa es un mundo. Qué te ha matado, ¿la edad o el brexit? Hoy te dedico mis pensamientos, pero sabes que te abandonaré pronto porque la vida es olvido. Y qué queda de nosotros. Qué queda. Nada. Camino de la resurrección. Descenso a los infiernos. El metro. Destino Alonso Martínez. Ahí está la boca que huele a todo, ascienden y descienden los olores porque eso somos y eso desprendemos. Fuegos fatuos. Beatriz Galindo, es la propietaria. Cinco estaciones nada más. John, nunca es tiempo para morir. Nunca. Qué pensarías de mí, cornudo y caminando por y a través de la infidelidad. Yo también tuve a mi Martha epistolar. ¿Es eso también infidelidad? Un andén. Cuánta gente cabe en un andén. Cinco de fondo, medio metro, cuarenta metros, cuatrocientas personas, aquí hay más, lo dejo pasar o no lo dejo pasar, si solo bajan setenta, más o menos, y ya viene lleno, dónde caben las otra trescientas treinta. La materia, la masa, el peso específico y su relatividad. El próximo irá peor, no me tenía que haber quedado aquí. Mirar. Puerca tierra. Este de al lado tiene un piercing. Molly, ponte un anillo metálico donde más me gusta, yo me lo pondré donde más te gusta, choquemos los círculos, busquemos el sonido de la fricción, ¿se engancharán? Podría preguntárselo. Molly, lo tenemos que probar. Me mira, se está mosqueando, vamos tan apretados, su aro me hipnotiza como tu pezón, lo que se eriza, lo que se prende, ahí justo, enhiesto, duro, redondo, metálico. Mi estación. Aire que ya no es aire por culpa de los nitrosos. Bárbara de Braganza, madre mía cuántas aes, sonido a bóveda, sotana y consagración.

Longoria. Mi destino. Mi dilema.

Todos hablan por teléfono. ¿Quién lo hará con Molly? ¿Quién estará intentando que su rojo caiga a plomo hasta desaparecer? Si recojo la partitura de las bodas de amor, quién interpretará a ese conde Almaviva que quiere hacerse con mi Susana. Lo mejor sería no entrar, no facilitar el encuentro de ambos, ¿qué Rosina vendrá en mi ayuda?, ninguna, de eso estoy seguro, sería mejor marcharme con una excusa nimia, no estaba, no la han dejado, la han perdido, otro día será.

¿Qué hacer?

¿Qué harías tú, John? Libertad o Fidelidad. Tenerla o perderla. Amarla o ¡amarla!

Catábasis.

Y nuestros rostros, mi vida, breves como fotos

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(Crónica de la sesión Joyce-Ulises correspondiente al jueves 12 de enero de 2017.)

PALABRAS COMO LÁGRIMAS

I’m Spanish

─I’m from Madrid

─I’m 30

La clase caminaba directa hacia una clonación de sí misma en las voces corales de los alumnos repitiendo frases una y otra vez, en unos con cara de esfuerzo incomprendido, y en otros, por el contrario, con un rostro que parecía decir que sabían mucho más que cuando habían entrado en el aula una hora antes. La lengua inglesa se había apoderado de la estancia en la misma medida que Stephen vocalizaba teatralmente la pronunciación continua del verbo ovejero to be. Bises incesantes. Estribillos cansinos. El desaliento derivado de la inutilidad le llevó hacia la tecnología enlatada, todo más fácil, todo más llevadero, un vídeo programado, y el vídeo, solución ejemplar, mansamente, llevó a los alumnos hasta la boca perfecta de un inglés perfecto. Nadie sabía nada salvo que era español, que vivía en Madrid y que tenía los años suficientes como para entender que el inglés como lengua era puro colonialismo.

Stephen se acercó hasta la ventana como si tras ella hubiera algo por entender, miraba la calle Vergara como el que estudia un resto arqueológico, edad, huellas significativas, sedimentos añadidos, tipo de sociedad, uso y función. Nada. Un silencio otoñal despreocupado estaba regando sus aceras y la calle no entendía por qué tendría que responder. Un poco más allá, jardines cuadriculados de palacio, el mismo silencio, pero este naciendo en la mirada pétrea de eminentes godos, bestias pardas, representantes de una fuerza bruta que nos invadió y se repite siglo a siglo porque algo quedó en el gen, más muertos que vivos, procedentes todos de mi memoria infantil, Ataúlfo, Sigerico, Walia, Teodorico I, Turismundo…

My name is

My name is

My name is

El vídeo, prodigio de la tecnología, se acababa de rallar a base de rayas imperceptibles pero reales, las voces eran nombres y los nombres de tanto repetirlos no aportaban nada. Botón, rewind play, maravillas de la lengua, el inglés desplegando su arrogancia y su preeminencia una y otra vez.

I’m tired

I’m angry

Torre Martello. Capítulo primero del libro de Stephen y no del que escribió Joyce. Mulligan preparándose para ir en busca de la noche como el que va en busca del tiempo perdido, su gabán amplio de segunda mano y su bombín fuera de época le darán ese aspecto extravagante que él pretende, Dublín a sus pies por la apariencia terminará totalmente entregado a su elocuencia. Pero él no está allí. ¿Por qué me fui? La opresión en el pecho es razón médica nada más, la angustia que nace de la mediocridad que te rodea, razón existencial, y el hastío ante el fanatismo y la incultura, religión más estulticia, simple aprensión de espíritus débiles. Las sombras de la calle seguían mudas, pero qué se podía esperar de las sombras. Nada. La ventana le otorgó más posibilidades a su pensamiento, irse, caminar, volar, sorprender, atender, descubrir, detenerse, caer. Y cayó. La geografía de una ciudad se puede resumir en cuatro o cinco postales, y en una de ellas detuvo su mirada, la casa-no vivienda de los borbones generados en Francia, degenerados en Madrid, versión ilustrada, breve, vía Italia, un piso de cientos de habitaciones que miran al todo Madrid, jardines aristócratas de Sabattini, plaza diplomática de la armería, campo del moro en patera, carabancheles que fueron obreros y la ópera que no opera nada, otra vez los nombres, Felipe, Carlos, Fernando, Alfonso e Isabel, repetición hereditaria de la tara promiscua y de la inutilidad, mi profesor de historia me puso un diez y el peso de mi familia republicana cayó sobre mi cabeza imberbe como si hubiera cometido un delito culposo.

Cuántas historias encierra un cristal, Stephen respiraba vaho y el cristal le devolvía manchas. Su historia. No pude aguantar más, Irlanda se me caía de la boca como un idioma que te traiciona porque no te aporta nuevas palabras. san patricio san columbano santa brígida de kildare san lorenzo o’toole. La tradición sobre los hombros como una coraza que no quieres y te obliga a ir recto, eso es el bien, y malvado de ti si abominas de ella, algún arcángel acudirá, los hay de todo tipo, justos, protectores, resucitados y vengadores, generales de un ejército antiguo entregado a la noche y al mensaje cuando menos te lo esperas. Un escalofrío sin frío puede resumirlo todo. La calle Vergara se va con espartero, el general, y dice que no quiere ser carlista, allí, al fondo, la escuela de música la reclama, tiempo de zarzuela, tachán y tachán.

Se apartó de la ventana porque ella, sin venir a cuento, se refugió en un silencio liso y translúcido y a él no le quedó otra que pasear su figura de magister cum laude entre sus discipulus sine laude, ¿corregir su errada dicción o no corregirla?, si se tratara de gaélico, seguro que sí, pero ¡el inglés!, Shakespeare, siempre atento, le envía un mensaje de bruja escocesa acechando un primer acto, él se arrepiente, los mira con detenimiento y les pide que escuchen el inglés perfecto porque ellos son imperfectos y ese es el verdadero camino hacia las alturas, y ahí está la verdadera aspiración, y porque, en definitiva, ahí se encuentra la trascendencia de un idioma, en su pronunciación, angry hungry ham hang, gesticula, coloca los labios tal y como las vocales demandan y las consonantes prefieren, los alumnos imitan a los monos y se rascan la lengua sobre el sobaco si acaso llegaran hasta él. Desiste. Lo ha intentado como intentó ser irlandés en Irlanda hasta que se convenció de que tenía que salir cuanto antes porque la metafísica del Atlántico Norte le estaba llenando de brumas y necesitaba la calidez de un sol que alimentara su tendencia natural hacia la claridad que sabe que anida entre los luminosos gusanos de su cabeza, le gustaban más lo epítetos clásicos que los adjetivos con tendencia a la grandilocuencia, Homero más que la otan. ¿Es la repetición de la Historia?, ¿llegará el fascismo que todo lo fusila y todo lo gasea?, ¿estamos ya en él? Aquí tampoco ha encontrado su luminosa luz, tendría que irse de nuevo, pero dónde va un espíritu tan mal avenido con su tiempo como él, qué lugar puede acoger la insatisfacción y el asco. isabel dos palitos se rodeó de  tantos amantes que los hermanos Bécquer, Valeriano y Gustavo, acuarelaron 89 veces su depravación antes de que se inventaran las revistas de viñetas y sátira dibujada, alfonso trece palitos creó un marquesado específico, el de la bastardía para adjudicárselo a perpetuidad, juan carlos un palito, bribón que surca las aguas, mujer a proa, mujer a popa, la moral es palabra para la plebe nada más. Misas con entrada bajo palio la debilidad de los tiranos. Stephen suda hastío de calefacción y radiador de agua caliente, la clase reclama su atención, ahí va, queridos alumnos un último ejercicio que nos sirva para ser sin estar, versión larga:

I am, You are, He / She / it is, We are, You are, They are

O version más corta, para andar por casa desnudo y sin reparar en más, como prefiráis, en el elegir está el libre albedrío escondido:

 I’m, You’re, He’s / She’s / it’s, We’re, You’re, They¡re

Stephen finaliza la clase sabiendo que solo el lenguaje le salva de sí mismo en la misma medida que lo condena a un uso vulgar y devaluado para hacerse entender, infierno hell, Wilde, Shaw, Joyce, Beckett, yo soy, tú eres, él ¿es?, las palabras como lágrimas desprendidas de una lámpara que aportan claridad a su oscura soledad, las acaricia con cuidado, las frota aladinescamente, las exprime zumo desayuno y café, las inventa mago contratado fiesta para infantes, las insufla Prometeo condenado y, como siempre, las instala en su cabeza por si encuentran algún pensamiento donde establecerse.

Apaga la luz, cierra la puerta, camina por el pasillo, persigue ecos. Como todos.

(Crónica de la sesión Joyce-Ulises correspondiente al jueves 17 de noviembre de 2016)