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¿POR QUÉ SON CAROS LOS LIBROS?

 

Para N. L., por todo lo que no he leído de él

 

El superintendente J anota concienzudamente todos los pormenores del día. Un Libro de Registro es un documento oficial. Categoría: Mercantil. Esfera: Empresarial. Allí está reflejado el trasiego diario de su Sección. Juega con las letras. Para cada actividad, un tipo distinto. Cambria, para las entradas de productos manufacturados. Times New Roman, para permisos y ausencias puntuales. Tahoma, para imprevistos de producción y distribución. Arial, para valoraciones acerca del rendimiento y de la dedicación del personal. Odia los ordenadores, pero se deleita en sus posibilidades.

Hoy, de nuevo, dormirá en su despacho. Hace días que no va por casa. Su mujer le trae la cena en una tartera de plástico procurando que no se mezclen los platos. Con sus cubiertos, con su servilleta, con su vaso. Ama tanto a su mujer que sería capaz de besar su sombra. No tienen hijos. Fue una decisión, la respuesta a un dilema.

El superintendente ha detectado un fallo grave. No tiene pruebas, solo sospechas. Pero él sabe que es así. No puede emitir un informe al respecto. No, no puede hacerlo. Su alto concepto de la profesionalidad le impide dar pábulo a lo indemostrable. Se trata de encontrar el hilo que desenrede la madeja y seguirlo hasta el final. Duerme en la silla. De mala manera. Retorciendo la columna y forzando el cuello. Le da miedo el suelo. Los peligros siempre se arrastran.

Ha decidido escribirlo todo. Pormenorizadamente. Para él la escritura traza el sendero por el que la mente circula sin perderse. La lentitud y el detalle aportan la lucidez necesaria a su labor. No puede usar el ordenador, el fantasma de la sospecha navegaría con toda rapidez por el intranet y se descubriría todo antes de tener pruebas creíbles e irrefutables. Necesitará una letra, un tipo de letra. La Caligrafía es el soporte indispensable del mensaje, lo aprendió en su niñez y hoy sabe con certeza que la eficacia de un mensaje debe mucho a la excelencia de la Caligrafía.

Lo hará de forma manual. Más lento. Lo sabe. No le importa. Crea un Diario especial donde reflejará todo lo concerniente a esta oculta actividad. Se entrega a la deducción. Tenaz, implacable. Se consagra al arte de la letra. Menuda, clara, elaborada. Poco a poco y noche tras noche va desgranando todos los detalles de lo que constituirá su largo informe: Exposición de motivos, Consideraciones generales, Hechos, Cronología, Últimos y cruciales acontecimientos.

El refinamiento y el esmero en la letra lo es todo. Con cada frase, en cada párrafo y en cada uno de los folios que va escribiendo se depura más y más. Quizá no se da cuenta, pero en su persistente labor se encierra una profunda aspiración a la perfección.

Le cuesta mantenerse lúcido. La tarea es inconmensurable. Se encuentra sobrepasado. Echa de menos la presencia animosa de su esposa. Lleva demasiado tiempo encerrado. Pero sabe que su compañía no le ayudaría. Necesita concentración y técnica. Ya son varios los tomos acumulados. Ahí se encuentran apilados, por orden, el volumen primero, el volumen segundo, el volumen…

Letra tras letra, palabra tras palabra, ha ido consignando todo lo que su poder de observación y síntesis le han dictado. Y he aquí cómo la claridad ha terminado por imponerse. De la simple sospecha ha pasado a los hechos probados. Le queda poco, muy poco. Simplemente, escribir la conclusión. Una última frase que dará fin a su laborioso informe. Si pudiera compartir con su mujer uno solo de estos logros. Si pudiera apoyarse en su aquiescencia delicada. Cuánto la ama.

¿Triunfo? ¿Fama? El superintendente nada espera, observa la vida como un ejercicio callado que precisa de una dedicación virtuosa y abnegada. En el buen hacer se halla la recompensa.

Cuando terminó sus estudios pensó que el azar y la casualidad dominarían sus próximos años. Por qué no. Él era joven y sentía latir la sangre como un potro asomándose por primera vez a las praderas. En toda juventud siempre hay una pasión insatisfecha que pugna por ser colmada. Qué época. Los tipos de letras cambiaban caprichosos de acuerdo con sus volubles mañanas. Demasiada intemperancia. Afortunadamente las aguas encuentran su cauce lógico. Fue entonces cuando aprendió que la Caligrafía sin un fin claro no es más que tinta doblegada.

La conclusión se demora. Le queda tan poco. Cinco palabras nada más. Todo un mundo de perfección y de belleza. No llega a letra por noche. No come. Tiene la impresión de que su mujer lo ha abandonado. Es difícil explicar la entrega a una tarea superior sin que esa tarea termine por devorar tu propia vida. No duerme nada. Su cuerpo es un puro escorzo cada vez más deforme. Veintiséis letras que requieren su último y más denodado esfuerzo.

La empresa se lo agradecerá. ¿Sus compañeros?, quién sabe.

La pluma le pesa. Los dedos, rígidos. La tinta, casi agotada.

Una noche, un día, un minuto, un segundo, y, por fin, sabe que ha terminado. He ahí escrita su conclusión:

 

NUESTRA ACTIVIDAD YA NO EXISTE