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PRIMERA VOZ (segunda intervención), 1 de marzo

 

 

… Lalarí lalará, lalarí lalará. Ayer vinieron a verme Vladimir y Estragón. Visita corta, sin café, sin té, sin pastas de las cinco, sin galletitas danesas, sin cruasanes ni rosquillas. Miraron en las habitaciones, en los armarios empotrados, en los altillos, en los vestidores y en el cuarto de herramientas. Sé lo que buscaban. Lo que busca todo el mundo: respuestas.

… Hola, Didí; hola, Gogó.

… Son de ese tipo de gente que genera expectativas y silencios a su alrededor, aparecen anunciados por algún ruido, la mayoría de las veces, un único ruido, el de su ropa rozándose lúbricamente en la entrepierna: ris-rás, ris-rás. Lalarí lalarí, lalará, lalará. Me observan, se creen que no me doy cuenta, algo se cuentan, trivial, alegre, insignificante, me da lo mismo, me dan ganas de reír, ¡son felices!, y de todos es sabido que hablan y hablan y hablan: que si la vida esto, que si la vida aquello, que si la culpa es un invento moral para fastidiarnos el presente, que si no necesitamos contestar hacia dónde vamos porque aún no hemos contestado de dónde venimos, que tenemos que irnos, que habrá que irse, que nos marcharíamos si… Bien, bien, bien. Vamos todos a tranquilizarnos. Pidamos ayuda al lenguaje: Quejicas, cantamañanas, pusilánimes, indolentes, perezosos, ¡holgazanes!, y ahora, resumamos: inconscientes, desventurados. Rechazaron todo lo que les ofrecí, desconozco por qué, no me dio tiempo a más, salieron del salón y han acampado en la habitación del fondo y se comportan como se comportan siempre, ejemplo, cuando sale la luna, lloran, cuando sale el sol, berrean, cuando está nublado, gritan, cuando hay niebla, gimen, cuando llueve, ríen, cuando nieva, se desnudan por completo y se miran complacidos en el espejo, algunas veces, incluso, se masturban. Cuánta ternura alberga dentro de sí el ser humano. ¡Zumban las onomatopeyas a su alrededor!: taca-taca, solrremí-solrredó, bra-bra-bra, fofofó-llallallá. No hay nada que hacer. ¡Nada!

… ¡Venga ya! ¡Otra vez! Cuántas veces tendré que decirlo, ¡cuántas! Noticias falsas. Mi madre me dio de mamar hasta los cinco años. La casa de mis padres era una casa de principios. Una ubre gigantesca. Un pezón espectacularmente agrandado apenas entraba en mi boca, ella decía, chupa, chupa, pequeño cabrón, que no podrás comer otra cosa, la vida te ha castigado a secar a tu madre para que te conviertas en un lechoncito de mamá. Es tan importante una infancia feliz. Aunque mi padre no existiera, porque, según me dijo mi madre, él se sometió a un experimento del que nunca volvió. He llegado a pensar que mi padre fue alguien sin ser, una entelequia nacida de un libro o de una necesidad. Vuelvo a mi madre, al útero, a lo importante, ella era, cómo decirlo sin caer en la hipérbole, ya está, ella era un pozo artesiano de sentimientos. Nacemos con las ideas prefijadas, desde el principio, desde ese primer llanto ya sabemos que la vida es una conspiración para que acabemos desencantados cuanto antes. ¡Mamá! Echo de menos los días de sol y sombrillas y los parques de mirlos trinando bellas melodías y, mientras, entre los arbustos, orines y pedos, la esencia de los parques. Prrrrrrrrrr-prrrrrrrrrrrr. Esto es el romanticismo, una repetición enfática, muy apasionada, de lo dicho hasta que el lector lo cree como algo vivido, la confusión continua entre arte y vida, y es así porque lo dijo Novalis, o Hölderlin, o el primer Goethe, o el segundo Schiller, o el cuarto Federico Guillermo, te pongas como te pongas no voy a discutir. ¡No me chilles! Por favor. Por favor. Mamá. Mamá. Lo único que quiero es ser feliz.

… Tomás de Sahagún dijo, o escribió, o dictó, o expuso, o cantó que la felicidad es el catalejo desde el que contemplamos la desdicha. Más noticias falsas. Tubí tubó en eso pienso yo, tubó tubí tu boca es para mí. Abderramán, el califa de todos los califatos, pensó su imperio como si todo él fuera un grandioso jardín donde habitaran sonidos, los que nacían del agua precipitándose en caída libre desde los grifos hasta los cauces artificiales que sus arquitectos habían creado y los que producía el viento acariciando desprevenidamente las flores y las hojas; Abderramán, el califa mudo, murió sin conocer el desierto de sus antepasados, ese que cruza todo la península arábiga para contribuir a engrandecer su esencia de arena y espejismo. Más noticias falsas. Abderramán de Sahagún y Tomás, el califa etíope, coincidieron una mañana de mayo en Toledo, el uno visitaba El Tránsito y el otro La Blanca, sus miradas se cruzaron declarándose enemigos jurados, pero ¿por qué?, si no se conocían, si ambos vivían inmersos en el sueño de conseguir algo más grande, si tenían in mente felicidad y más felicidad, grandeza y más grandeza… (aquí tendría que incluir un pensamiento profundo que no me viene ahora)… (quizás en otra vida)… Me dan tanta pena ambos que sería capaz de escribir sus biografías, ¡o mejor!, sus hagiografías. Tubí tubó en Toledo me encuentro yo, tubó tubí la doncella y el colibrí. Faltó la universidad en sus vidas, eso hubiera cambiado todo, eso habría sido definitivo; los dos ejerciendo de bedeles, por oposición, claro está, los dos encargados del orden puntual de una institución tan preclaramente preclara. Pero tuvieron un problema de civilizaciones porque antes de todo había llegado la religión y eso fue definitivo, ahí se acabó todo, es histórico, está escrito y documentado. Las vías incomprensibles de santo tomás cerraban caminos por doquiera quisieras avanzar, san judas y sus imposibles se convirtieron en policía política de la época y dictaban quién leía y quién no, y san millán de la cogolla con sus monasterios, sus claustros sombríos, su ciprés central y sus códices escondidos, reservados únicamente para latines exquisitos, llámense gregorianos, franciscanos o dominicos… qué hacer… ¡nada!… ser reos de la intransigencia y de la intolerancia… los dos condenados por Leví… ahí tenéis la prueba, esas fueron las consecuencias, ¡ya estáis a gusto!, me habéis hecho recordar… me habéis deprimido.

… Didí, Gogó, a que no sabéis quién ha venido: ¡Lucky y Pozzo! Va de noticias. No os engaño. ¡Están en la puerta esperando vuestro abrazo! ¿Me habéis oído? No va a pasar nada, no os preocupéis, estoy yo. Venga, venid. Qué testarudez la vuestra, no os lo digo más veces, salid de vuestro escondrijo, ¡pero ya!, un-dos, un-dos, ¡cabrones egoístas! Que no tenga que ir a buscaros, me entendéis, estoy harto. ¡Es broma!, parece mentira que todavía no me conozcáis, sabéis que soy un bromista nato, vaya par de ilusos que tengo acampados en mi casa. He tenido una idea feliz, se me ocurre que tendríais que construir un trineo. Hace tiempo que no nieva, y parece que ya no nevará nunca más, pero si de repente lo hiciera, una de esas nevadas antiguas que cubrían todo, tejados, caminos, campos, una de esas nevadas goyesco-brueghelianas de patinadores, vientos y perros, eh, decidme, si eso ocurriera, qué pasaría, ¡no os podríais ir!, lo entendéis, os tendríais que quedar en mi casa, conmigo, acompañando a mis conejos, a mis piojos y a mis pulgas, y eso sería la decadencia de la civilización, el fin del siglo de las luces, la desaparición de los contraculturales como clase parásita y no sé cuántas cosas más. Un desastre de proporciones hasta ahora desconocidas.

… ¡Verdad que somos felices!, aquí, todos juntos, mirándonos a los ojos y diciéndonos cuánto nos odiamos, no es por nada, pero el odio es un buen sentimiento, que se lo digan a Pozzo, ¿verdad?, no contesta, ya se ha enfadado el señorito, no le basta con tirar del carro y hacer el animal, quiere más, nunca está conforme, ¡Lucky, no le pegues!, por mucho que te empeñes no irá más deprisa, ¡déjalo, por favor!, no me hagas llorar, eso es lo que quieres, ¡que llore!, venga, haced las paces, lo que no consiga el odio no lo consigue nada ni nadie, mirad lo que hace el odio, mirad qué gesto tenéis, es de risa, ahí tengo un espejo, me parto, os odiáis tanto que torcéis la boca hasta límites insospechados, echad una ojeada, lo veis, de risa total, ¿a que sí?, eso es, así me gusta que os riáis, bien, muy bien, habrá premios para los cuatro, venga, acercaos hasta el ventanal, mirad, mirad cómo corren las nubes, cómo surcan el cielo y pasan a toda velocidad, subiéndose las unas en las otras, ¿lo veis?, tendríamos que aprender de la Naturaleza, de su orden exquisito y de su lógica de belleza, ¿a que estáis de acuerdo?, ¿no contestáis?, infantilismo, eso es lo que os tiene cogidos por los huevos, sí señor, ¡infantilismo del bueno!, claro que sí, pues menudos sois vosotros, sabed una cosa, este espectáculo no se ve todos los días, y, desde luego, vosotros no lo vais a ver más, os lo aseguro, no se puede ser tan desagradecido como sois vosotros, me avergüenzo de vuestro comportamiento, si por mí fuera, ahora mismo, hacía una limpieza, no os riais, claro que podría hacerlo, hoy, ya no, pero otro día… solo tenéis que esperar… ¡creedme!… no se puede con vosotros… no se puede con tanta y tanta falsedad.

… El periódico. Noticias. No hay más tiempo que este, eso dicen, tenemos que dedicarlo a ser felices, eso dicen. Dejémoslo correr, volvamos a lo importante, retomemos las conversaciones inacabadas, hay que recuperarlas, era eso… sí, recordad, ¡aquel asunto de la felicidad!, lo teníamos pendiente, se trataría de que entre todos pongamos un poco de nuestra parte para dejarlo solventado, con un poco vale, vosotros un veinticuatro por ciento cada uno y yo un cuatro por ciento, no me miréis así, son cifras, solo cifras, no tienen otra implicación que hacerse números en nuestra cabeza, fijaos es para compensar, ¿de qué está llena nuestra cabeza?… ¡de palabras!… las cifras vienen a dar otra perspectiva a nuestros pensamientos, a hacerlos algo más concretos y fiables, además, os estoy ofreciendo la mejor parte, o es que no os dais cuenta de que me necesitáis, que si yo reculo y desisto de unirme a vosotros no llegaríais nunca al cien por cien, y esto hay que conseguirlo sí o sí, es una ocasión única que seguramente no se volverá a repetir en la vida… ¿por qué os vais?… acaso no estáis a gusto conmigo, mi casa es vuestra, mi sábana es vuestra, mi mondadientes es vuestro, ¡no lo entendéis!: si todo lo mío es vuestro, vosotros sois míos… es de justicia, son las correspondencias, y ya lo dijo el poeta francés, el único gran poeta francés que ha existido, si un albatros caga en vuelo, sus excrementos serán pura retórica, la mitad metáfora y la otra mitad sinestesia… ¡Vladimir!… ¡Estragón!… ¡volved!

… otro día más…

Manuel Cardeñas Aguirre, 18 de abril de 2019

 

PRIMERA VOZ, 1 de enero de 2019

 

… Pensé que el origen de todo era la oscuridad. Yo. Siempre. Que el estado inicial de los tiempos y de la vida era la completa y total oscuridad. Con olor a metáfora y algo de moho suspendido, claro está. Cuando recuerdo, cuando puedo acceder a todos esos momentos ya apenas entrevistos, ya casi desaparecidos que cada día que pasa me cuesta mucho más rescatar, la primera imagen que visualizo surge desde el interior de una densidad de bruma negra. Y esa misma imagen llama mi atención para abrirse paso dejando pequeños destellos de luz que sirven para iluminar objetos que no logro saber a qué tiempo concreto corresponden ni en qué lugar se encuentran ubicados: un mueble de madera —posiblemente un chifonier que habitó el piso de algún familiar, sí, eso es, porque en casa nunca tuvimos un mueble de esas características— oscurecido con nogalina y capas de polvo sucesivas, un montón de revistas tiradas sobre un sillón raído, un perchero de madera con uno de los brazos rotos, una chaqueta de paño gris y coderas gastadas que está esperando cuerpos donde alojarse, un espejo vuelto del revés porque el azogue se ha desprendido en la sucesión de miradas repetidas, un sombrero de fieltro marrón con una cinta negra ajada por el sudor, una pila de libros de texto a punto de derrumbarse sobre las baldosas del suelo y un baúl vacío desde el cual estoy seguro que emana toda esa oscuridad que me envuelve. Hasta ahogarme.

… Necesito un calendario. Enfrentar Tiempo y Tinieblas. Yo. Siempre. Porque todo lo anterior no explica en absoluto el porqué me he desorientado por completo. Es una referencia, pero no una explicación. Necesito algo que me relacione con el Tiempo, necesito verme inmerso en los días que transcurren a mi alrededor, aunque yo no quiera, porque el Tiempo trabaja de esa manera, contra ti, contra todo. No lo encuentro. Solo atisbo a ver, por entre esa oscuridad de la que antes he hablado, un dato poco fiable: 3 de julio de 1883, sinceramente, parece anecdótico. No vale para caminar, no sirve más que para detenerme y quedarme parado, seguro. Es lo que tienen las fechas cuando sabes qué es lo que ocurrió en su interior, terminan por adherirse a ti de tal forma que se muestran incapaces para habitar su propio olvido. Un olvido que no añade nada nuevo a nuestras vidas, al revés, las devora. Lenta y sistemáticamente. Deleitándose en el hecho de ir masticando aquellos segundos, minutos y horas que contuvieron hechos, instantes, momentos y un sinfín más de situaciones reales. Eso que llamamos existencia.

… Me tendí al sol. Yo. Siempre. Y recordé a Nagg y Nell. Madre mía, cómo funciona esto de la memoria, ni remota idea de que ambos pudieran venir a mi encuentro con esa facilidad, semejantes mamelucos, no me importaría que hubiera sido Hamm —Clov, el tramposo de Clov, no, aunque tampoco hubiera pasado nada si así hubiera sido, soy egoísta, pienso en mí, y quién me podría ayudar mejor: ¿el ciego o el criado?, joder con la dialéctica—. Y ahí están, gracias a la memoria, en vez de dos, cuatro. Me cago en su p. madre. Sin moverse, acechantes, como pidiéndome cuentas de algo que yo hubiera hecho o cometido, a ver si os enteráis, en la p. vida he hecho nada que me podáis echar en cara salvo perder el tiempo y eso es cosa mía, ¡lo entendéis! Ya me valiera. Si tuviera un ladrillo se lo tiraba a la cabeza, pero qué digo, pero qué tonterías digo, ¡ellos son cuatro y yo solo tengo un ladrillo! Estás pagando tu más que demostrada inutilidad para las matemáticas, a ver si te das cuenta de una p. vez, tienes contigo, rodeándote de forma amenazadora, cuatro cabezas y ¡un solo ladrillo! Qué vas a hacer. ¿Padre, por qué me castigas? Ni me molesto. Me quedo con otra fecha: 3 de julio de 1924, la que no cumplí, la que me comí con patatas, la que se perdió un mes después de que aconteciera lo que aconteció porque todo termina por acontecer. ¡Un momento!, ya se han ido, menos mal. Fin de partida. Se habrán escondido: Nagg en su cubo, Nell en el suyo, y los otros dos, ¿dónde?: ¡Y luego dicen que por qué lloramos!

…  Oigo el mar de forma tan clara que dudo de su existencia. Es algo parecido a lo que me ocurre con la infancia, cuando la oigo sé que ya no está. Trampas de los sentidos. Yo. Siempre. Debo repetírmelo hasta aprenderlo, las veces que sean necesarias, al modo antiguo, de forma continua y exhaustiva: silabeando, vocalizando, consonanteando si es preciso: Trammmpassssssssss de los sentidos. Mejor. A ver, repito otra vez: Trammmpassssssssss de… ¿de qué?, ¡ya no me acuerdo! ¡Maldita sea! Otra vez he de volver a la casilla de inicio. La indecisión perece en su lucha contra la ambición. Hamlet mató a Polonio por un asunto de faldas con cortinas de por medio. Rosencrantz y Guildenstern fueron unos leales cabrones de nombres impronunciables. De por medio, intervención de la policía de Elsinor y expediente en el correspondiente juzgado de instrucción, el dirigido por el honorable Yorick, cráneo privilegiado donde los hubiere. Asunto: fantasmas, compañía de teatro que se empeña en la verdad y luchas por el poder. Lo de siempre. Aunque luego está el asunto Fortimbrás que no sé cómo encajarlo. Voy de mal en peor. ¡Perdóname, Ofelia, porque no sé lo que hago! Lo mejor será no utilizar referencias literarias, son las que deterioran la mente. Lo sé. Lo sé con certeza. No suelo hacerlo. Lo prometo. Pero caigo una y otra vez. ¡Y de ahí el deterioro! ¿Entiendes por qué no te puedes quejar? Tantos años conviviendo con un imbécil como este. Cómo salir. ¡Estamos atrapados!

… Decía. Dije. Digo. Yo. Siempre. ¡Algo sobre la oscuridad! Algo tajante y con apariencia de supuesta y profunda verdad. Algo que ha sido terminar de escribirlo y, sobre la marcha, darme cuenta de que no viene a cuento porque ese es el clásico tema —el de la oscuridad— que solo me sirve para rascar y rascar mis heridas hasta que brota la sangre y siento el placer de la pérdida. Además, si he de ser sincero, cosa que me cuesta mucho, creo que mis ojos se están acostumbrando a la oscuridad y empiezan a disfrutar dibujando siluetas borrosas e intuidas: adivino un faro —igualito, igualito que los de Hopper— y, saliendo por su ojo de cristal pulido, un haz de luz que vuela y vuela dando giros continuos sobre su eje al tiempo que va buscando el horizonte para incrustarse en su interior, y también veleros que huyen de él porque tienen miedo a ser descubiertos por las mareas y por las rocas, y también un temporal de nubes negras que van directas contra el faro porque ambos llevan años buscándose para decidir quién acabará antes con quién, y también los espectros de todos los fareros que lo han habitado in saecula saeculorum, y también una panda de niños preadolescentes que se dedican a tirar piedras contra el cristal como si estuvieran preludiando que la adolescencia será un puro y mantenido conflicto, y también remolinos de espuma que se quedan al borde mismo de la playa dibujando formas evanescentes que terminarán por filtrarse a través de la arena antes de que tus ojos las fijen en sus retinas, y también un olor a yodo mezclado con algas muertas, y también parejas en la playa que se besan y acarician provistas de ansiosas manos y ávidos labios, entre susurros y oscuridad.

… Yo. Siempre.

JOYCE Y BECKETT. PARÍS, 1938

 

ACTO ÚNICO

 

Joyce.─ Las gaviotas de Sandymount son bellas, pero voraces.

Beckett.─ (Silencio.)

Joyce.─ ¡Recuerdos! Uffff. Punzada en el costado. Maldita sea, esa amalgama agria y coagulada está anidando allí donde las costillas son simplégades… ¿Me has oído?

Beckett.─ (Se remueve en la silla: como un ser humano. Quiere ventosear: como un ser humano. ¡Males del espíritu! El Aquino irlandés, seguro: ¡Ah, por fin!)

Joyce.─ ¿Qué ha sido eso?

Beckett.─ Primera y segunda Vía.

Joyce.─ ¿Aurora boreal o alto horno? En el lado sur, gran fulgor y pestilente hedor. París se quema, Sam, ¡París se quema!

Beckett.─ (Coge una cuerda a modo de manguera. Lo intenta, pero no sale nada. Frustración. El alma ahogada se encuentra seca. Se siente ridículo. La disfunción genera el sentimiento. Si sus dimensiones de cuello no fueran tan exageradas, quizás, ahorcaría algo de su ser: el teatro, por ejemplo. Deja caer la cuerda, lentamente y con cuidado la extiende a lo largo del suelo y se coloca en uno de sus extremos, de pie, mirando al frente, y con los brazos extendidos.)

James.─ (Canta.)

O se ciò negherammi 

empio destino,

rimarrò teco

in compagnia di morte

 

(Silencio)

Orfeo. Acto II. Destino y dulce canto mortal. Va cayendo la noche sin dañar los pensamientos. Se instala sobre la geometría plana de los tejados. Es pronto para emitir juicios de valor. Algo es seguro, vivimos vivieron tiempos de clown y cabaret.

 

Samuel.─ ¿Qué hemos hecho durante todo este tiempo?

James.─ (No contesta. Se quita el parche del ojo, lo limpia y se lo vuelve a colocar.)

Samuel.─ ¡Qué hemos hecho…!

James.─ Perder y perder. ¡Venga, inténtalo de nuevo! ¡No nos rindamos!

Samuel.─ (Efectúa una serie de ejercicios de calentamiento. Qué difícil es discernir dónde acaba el músculo, dónde se muestra la intención.) Allá voy. (Un salto y cae encima de la cuerda. Equilibrios con los brazos extendidos para compensar desvaríos.) En el primer día de la nueva era literaria, en el feliz momento del Nacimiento del artista Neonato cuatro grados del chivo estaban en creciente, siendo sus atributos supremos el Alma… (Salto) … la Emoción… (Salto) … la Clariaudiencia… (Salto) … y el Silencio … (Salto y giro.)

James.─ ¡Maldito bribón!: La gran Comedia de los muertos: Riñones y pintas, pintas y riñones. ¿Dónde has dejado tu nariz roja de alcohólico irlandés?

Samuel.─ (A duras penas se mantiene sobre la cuerda.) La Luna en la Serpiente es lo que llamamos gran Habilidad Mágica del Ojo: Ojo único, Ojo central, Ojo divino… (Se agacha como si fuera a sentarse; una vez en cuclillas extiende la pierna derecha y luego la encoge; repite el movimiento varias veces alternando piernas.) Este es el Ojo que equilibra el Mundo… Este es el Ojo que desde la oscuridad expele Unidad, Olor, Verdad, Sonoridad y Bondad.

James.─ ¡Tommaso de Roccasecca!: De los Principia: Aquel que alcance la luz desde la oscuridad esfintérica… Trillado, muy trillado. Toma nota, Sam, esto te va a gustar: Estudiantes de medicina de Trinity. Trompa de Falopio. Todos polla y ni un penique.

Samuel.─ (Se levanta bruscamente. Sigue encima de la cuerda. Brazos en cruz.) Eso ya está escrito…

James.─ Estudiantes de medicina de Trinity. Trompa de…

Samuel.─ (Interrumpiendo. Con mucha rapidez efectúa un doble salto con giro.) Circe, el episodio de la mamaga. Esperando en el burdel. Luego, glub y más glub. (Salto, flexión y giro.)

James.─ No se te escapa una: La epifanfanía de la entrepierna: Un caracol y una fresa: Roce baboso y fresca sustancia.

Samuel.─ (Navega sobre la cuerda. Trayecto Southampton-Calais. Viento de babor. Marejada a fuerte marejada.) El viejo verde del mar comió su ración de algas (…) En el agua nada, en la playa descansa (…) El viejo verde de Erín se agarra el falo y son las nalgas (…) Se agarra el falo y son son son: ¡las nalgas! (Cae al suelo. Grita y grita. Quizá llore. Aunque lo cierto es que sigue gritando.)

James.─ Calla de una vez, imberbe carcamal, entrégate a la ternura, envuélvete de acedía, haz lo que quieras, pero calla. ¡Por Pedro Nolasco, no te das cuenta de que somos expatriados! ¡Que vivimos en el filo de la expulsión y del abandono!

Samuel.─ (Preparativos para una voltereta. Diversos intentos. Desiste, no se atreve. Temor. Miedo. Terror.) Si no tenemos patria, si el Primer Motor necesitó a su vez otro Primer Motor, si la Causa Eficiente carece de tiempo porque no alberga en sí la idea de futuro, entonces, qué tenemos.

James.─ (Rascándose el bajo vientre.) La Poesía, Sam, la Poesía… Vela que nos izará de este velatorio presente en el que nos hallamos; eso es, ¡una gran vela!… (Vuelve a cantar.)

A Dio terra,

à Dio cielo, e Sole, à Dio.

 

Samuel.─ (Coge la cuerda, la enrolla y la tira por la ventana.) No necesitamos lo que nos es negado.

James.─ Vas a conseguir que nos echen del mundo ahora que empezábamos a llegar.

Samuel.─ Liberados del fuego, entregados al infierno de la palabra. Qué poco nos queda.

James.─ Sigamos, pues…

Samuel.─ ¿Escrimuriendo?

James.─ Somos poetas, no sabemos hacer otra cosa que disolvernos en la pavelabratorio.

Samuel.─ ¿Buen día, entonces?

James Joyce.─ ¡No sabemos hacer otra cosa!

Samuel Beckett.─ Condenados.

(Silencio)

El negro cielo se derrama sobre las voluntades, las envuelve de noche cerrada y las convierte en sombras que vagan y vagan. En el proscenio de la vida real un foco de luz azul ilumina dos cuerpos que se enganchan al carro de la Es-cricricrí-tura por el único lugar posible donde la Carne se convierte en Espíritu, y al revés, ves vés: La palabra en el culo. Amén.

 

Manuel Cardeñas Aguirre, 11 de mayo de 2018.