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JOYCE VIENE / CRÓNICA DE LUIS VINUESA

 

A tono con el capítulo se bebe. Se comentan las creencias de Joyce, las anticreencias culminadas en la apostasía religiosa, social, científica…. Evohé, el lenguaje preternatural disociado por el alpiste pío, pío los pajarillos. Elías viene; Bloom recibe el panfleto del predicador en Lestrigones; en Cíclopes, “Ben Bloom Elías” asciende en ángulo de cuarenta y cinco grados. ¿Viene él ahora como salvador? Lo que encuentra en la casa de maternidad es a Stephen hecho un cristo en comunión con la bebida glub, glub los peces. Detumescente como aquel que subió a los cielos como su madre lo trajo al mundo, sin pecado concebido y sin pecado consumado ro, ro, la paloma. En la casa de maternidad la fertilidad se anula por el alcohol o agua que quema. Difícil será la subsubstanciación Cristo-Virgen o bien Stephen-la suya boca de ceniza o bien Freud-con la de todos los pastorcillos de larga temporada pastando la soledad punzante be, be la balada del deseo… Elías viene como Ulises transubstanciado en Telémaco, consubstanciado en Stephen dirección Ítaca donde el artista adolescente constatará el amor de Bloom hacia la vaquita gibraltareña mu, mu símbolo de la fecundidad, y así fructificará su arte al conocer la carne hecha amor, contraria al otro mercantilismo diáfano en los sentidos, sí, pero adiáfano en el sentimiento… Evohé, ya puede escribir la odisea de su padre. ¡A Burke! Si en Los bueyes del sol llueve y se fertiliza el Dublín de hace un siglo, en este Madrid la ventisca de arena esteriliza las calles como una amenaza antiliteraria. En Burke o como se llame nuestro bar invocaremos a Joyce quien, todos los dieciséis de junio, viene.