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COLOFÓN FON FÓN / #JoyceUlises

 

Omnia est musica

Resabios del nominativo genitivo dativo y hasta ablativo de otros tiempos. Resabios del latinajo caesariano, aquel del Rubicón con el Mosela, aquel del llegué, vi y me quedé tomando un calvados a vuestra salud. Pedantería de salón que afecta a las meninges y a los labios. La tarde pedía encierro de copa y conversación de barra, un tralalá aquí y un trololó acó, la opción: esconderse tras el narrador, la decisión: Dron trocotrón tron trón y como coda magnificiense: Do-sol do-sol sol-dó. Vi una cafetería con bar que no es lo mismo que un bar con cafetería, entré y me refugié de mí mismo, alguien habría con quien apurar palabras y recuerdos. La partitura se construye, la música se crea, he aquí cómo los dos polos, el de la técnica y el de la insuflanimación artística, se enlazan en un único acto insuflanimado de carencia y perfección.

Tron trocotrón tron trón.

Si te pierdes en las palabras, lector, si te pierdes entre el tú y el yo, si te pierdes en la insignificancia del significado, no eches la culpa nunca al autor, es siempre del escritor.

Tron trocotrón tron trón.

Tendría que acordarme-se de ella. Tendría. Lo haré, cómo no, entre trago y trago, está en mi pensamiento, es una constante, es una obsesión, es un contínuum, mitad alma, mitad vísceras. Pero también debo defenderme de las sirenas que cantan recitativos, te enseñan los pechos y te esconden las piernas. Ulises y los tapones de cera. Ulises el ingenioso. Ulises el estratega liante y mentiroso ─que para eso están los mitos, para desmontarlos─. O ese otro Ulises, el que tiene que ver con el síndrome de las vidas perdidas que nunca volverán porque son segadas ahogadas atrapadas asesinadas en una zodiac que transporta límites humanos al peso, véase diferencia entre tara, peso y carga no material, asesinatos consentidos ─pienso, luego, no miro─; sí, este Ulises me gusta más, quizá por eso sigue sin volver, habrá dejado de hacerse el héroe mítico, fantasma fantasmal sin palacio, sin hijo y sin tejedora penepoliense, y se habrá convertido al humanismo anónimo, a ese, al de una oenegé sin nada de ayudas pero con cientos de bombas sobre sus techos provisionales, cabezas indefensas, en cuanto se descuidan.

Ulipold bloom. Leolises blum cataplún blum blum.

Estrechos desfiladeros, desprendidos barrancos y melancólicas depresiones. Lugares admirables para el pífano, la flauta, el caramillo, la dulzaina, la turuta, el mirlitón y, cómo no, también para las declaraciones bucólicas bajo el aroma suave y dulce del heno, lugares tibios por donde pasea el pastor con sus pulgas acompasadas y sus ganas de follar ovejas sincopadas porque larga y dolorosa es la soledad de la entrepierna:

Oh, Naturaleza divina,

Oh, Amor, que llamas a mi puerta

 

Tuve una cita con ella, la Deseada, fue el primer día de la primera era, la Luminosa, fue nuestra primera cita, la Antivirginal. Ella vestía de cereza y yo de hueso. Ella bailaba el vals y yo la polka. Ella cantaba en mis oídos y yo baritoneaba en sus pezones. Cuánta felicidad escondida lleva un tres por cuatro, cuánto cromatismo la escala frigia, loas a Gregorio el gregoriano, el medieval, el del canto recogido, la capella y las notas elevadas de capilla y cielo raso: DOblolacerviz REmomuslos MIdoingles Falo-pio SOLotupielsolo LAmoloquelamo SIentollegarlaluzylaespuma Doblodenuevo.

Oh, Mundo mortal,

Oh, Amor, que visitas mi huerta,

Entra, entra, ¡entra!

 

Ella. Ella. Ella. La obsesión. Dron trocotrón tron trón.

Ella. Ella. Ella. Mi amor. Dorremifasol lasidó lasidó

Acabemos con la palabrería, amigos de taberna y tenoreo cuasiverdiano, dejemos la clave fa -arsa y escribamos en modo menor, adiós Rimafácil, adiós Rimarripiosa, adiós Rimachuscorripiosa. Petrarquistas convencidos del amor y de la elevación, compañeros literarios, dadme once sílabas y dejadme ya que me lance a la ilustre tarea de encontrar la música sonetil en la escritura, toma, Garcilaso, y no me olvido de ti, juan boscán. La poesía programática es música incidental. Una ópera: en esto que llega EleKtra y dice: Clitemnestra, madre, no tenías suficiente con tirarte al amanerado de Egisto, qué polla cegó tu juicio; Clitemnestra, madre, no te bastó devorar la hacienda de mi padre y alejar de mi vida al insulso Orestes, mi queridísimo hermano, qué polla cegó tu juicio; no, no te valía, claro que no, mi padre, Agamenón, volvió y tú valoraste, mediste y comparaste y, al final, te has quedado con la verga egistiana porque la agamenoniana no te daba ni siquiera para abrirte de piernas, elegiste egistogusto por agamenodisgusto: ¡Clitemnestra, madre, no te valía con poner los cuernos a mi padre!, no, claro que no, son secretos de alcoba clitoriana los que te han llevado a matarlo, a asesinarlo en la bañera, desnudo de armas, retícula fina sobre su piel y tres golpes mortales, pero yo su única hija, la Elektra-varón, te lo haré pagar:

Blablablá blá, canta la soprano,

Blablablá blá, canta la contralto,

(Estos griegos y sus excesos. Mejor, dejarlos.)

Molly, tú, qué cantata vas a cantar: ¿te bastará con suplantar Egisto-Almaviva por Bloom de forma transitoria o llegarás a algo más? ¿Temo por mi cabeza? Qué pregunta tan retórica, en ambos casos mi cabeza será modificada. ¿Quién entiende la naturaleza humana? ¿Quién la puede comprender? Quizás un músico, nunca un sicólogo. Sin embargo tampoco ellos se escaparon a la fatalidad de un aria esmirriada o un do a destiempo. Ahí tenéis a wolfganguillo, el salzburgués más mozartiano, el músico universal, viajando por su época de corte en corte, de salón en salón, de sensibilidad en sensibilidad para acabar con un gran mausoleo que encierra la gran mentira vital, porque, en realidad, no sabemos dónde está enterrado, qué paradoja, divinas sonatas, divinos conciertos sobreviven en nuestra memoria y él, enterrado en el mismo lugar que Tamino y Papageno, el más allá ilocalizable; o el caso de ese otro vienés, franz, el schubert más schubertiano, que cambió pentagrama por sífilis porque el ensimismamiento de la creación le hizo confundir partitura con batuta y pentagrama con apretón (estos austriacos son igual de excesivos que los griegos, al parecer); a lo que íbamos, malditos sean los tiempos de injusticia y de olvido que condenan a enterramientos prematuros o indebidos.

Cuándo llegarán Harmonía y Equilibrio.

La reunión se prolongaba en esta tasca histórica porque nos dimos a la conversación trascendental, tres con las que saques, blanca, o las que tú lleves, que son dos. Me olvidé de ti, fue por poco tiempo, mi amor, pero lo hice, todo me llevaba hacia el Leteo: la dialéctica y la visión, porque ante mis ojos la plaza donde dicen que está Cervantes ─otro que tiene monumento histórico y, sin embargo, todo en plan muy español, se lo tiró a la fosa sin memoria─ y en la fachada posterior de este sancta sanctorum se descerrajó un tiro Larra ─a este lo español encoñado fue quien lo mató, así de claro─; ves, si te paras a pensar, lo nuestro, este suplantar identidades en la cama, no es para tanto, dejémonos llevar por la música, esa música de orquesta y auditorio que la dicen clásica y esa otra música celestial que lleva consigo la literatura bien escrita, sí, hagámoslo así, y he de decirte que en ello estábamos cuando llegaron a nuestros oídos notas ajenas que no casaban ni con el modo mayor ni con el menor, ¿Ulises, volvía?, si era así, lo hacía en proteico modo, vestido de comunidad de vecinos y administrador de portales, escaleras y sótanos, todo junto y en el mismo lote, y fue oírlas, las notas, cuando, al unísono, dijimos todos: ¿estos hipidos?, ¡esto solo puede ser flamenco!

Y, llevados del paroxismo nacional, como si fuéramos llamados por los ancestros de mantilla y toró, alguien entonó: Tontón torontón tontón; menos mal que vivimos otros tiempos, así que otro alguien se anticipó a cualquier catarsis folklórica y dijo que nos olvidáramos que lo único que llegará será el tiempo del Dron, indefinible tiempo, sin que sepamos todavía si será por soleá o por bulerías: cojo ol dron, lo cojo por ol rotor, lo jodo yo, lo rompo con on pompón porompompón

Tengo que conocer a otra gente, me voy a volver loco.

Me voy, me fui. Abandoné mi retiro voluntario de música ilustrada con lecturas de mollejas y riñones al jerez, abajo la Ópera, al lado, el Conservatorio, acera adelante un destino, pies en puntera, taconeo y zapateo, me pasan un prospecto, justo a la entrada del metro, casa patas, flamenco y menú, tú pones los euros y yo la guitarra, tú pones los aplausos y yo las palmas:

Tirititran tran tran tirititrero

 

Oh, mi dulce Erín,

Oh, Sueño contemplado en la distancia.

 

(Crónica de la sesión Joyce-Ulises correspondiente al jueves 6 de abril de 2017.)

 

VOCES / #Joyce-Ulises

 

 

Avanzaba por la acera como quien lleva consigo una carga excesiva, un peso añadido que era algo más que la proyección de su cuerpo, se trataba de algo inmaterial instalado entre sus neuronas, ocupando espacios y dictando tiempos; se cruzaba con la gente sin percibirla, avanzaba mecánicamente y ellos se apartaban para evitar el choque, modificaban su trayectoria, le increpaban con la mirada, le insultaban con el gesto.

Él no les hacía caso.

Él solo sabía caminar.

Él amasaba obsesión tras obsesión.

«Poldy, mi amor», le dijo ella hace mucho tiempo ya, aquella tarde en la que se pensaron solo a través de la piel y de los sexos; «Poldy, mi amor», le había repetido ella esta misma mañana de este día en que los dos sabían lo que iba a pasar solo desde sus cabezas sin sexo.

Pero por qué decirlo; si él no lo hace por qué hemos de hacerlo nosotros.

Niebla. Espesa niebla. Bruma. ¿Existe el amor o es una pura entelequia?, ¿es engaño de nuestra cabeza o una creación distorsionada de los sentidos?, ¿simple necesidad de las palabras y de los nombres que se otorgan gratuitamente o vacío que los encierra al pronunciarlos?: «Molly, ¿nos amamos tú y yo alguna vez?, espera, no me contestes, te propongo algo mejor, hagamos el amor, unamos nuestros cuerpos sin mesura, conjuremos la idealización fácil de una relación cansada y neguemos la quimérica proyección de nuestra capacidad para engañarnos con ideas superiores». Pero quién es este que habla, seguro que no soy yo, ¿será el fantasma de Stephen que asoma por entre las almenas de mi cerebro?, yo hubiera dicho, follemos, yo pensaría tu coño, yo abriría tus labios y besaría tu fruta fresca hasta secarla. La diferencia entre el mono y el hombre es que el mono coge el plátano y se lo come, el hombre, sin embargo, piensa el plátano como ente posible, lo coge y, por último, lo come o lo deposita displicente sobre la mesa a la espera de un hambre sin reflexión. Si existe el verbo amar es porque se puede recrear y practicar; si existe el sustantivo amor es porque se puede identificar con el sustantivo sexo; si puedo ser follante en el participio más activo es porque puedo ser follado en el participio más pasivo. Stephen no se ha ido, o si se ha ido lo ha hecho para volver cuando quiera e instalarse gozoso en la muralla de mis ojos y hacerse visible sin contraseña delante de toda mi guardia, y yo, mientras tanto, a la espera de Fortimbrás el noruego, ese que va provisto de cuernos vikingos para prestar y en busca de un Valhalla que no se sabe muy bien dónde está; Dedalus es mi conciencia vitalista, cuando yo ejercito  el conformismo, la aceptación impertérrita de mi destino, él se me presenta de inmediato para decirme que la resignación es categoría de lo cristiano tal y como lo es la fe, palabra preferida de curas, sacerdotes, frailes y de toda la curia, reclaman beligerantes la fe que no pone en duda y exigen la resignación misericordiosa para aceptar sumisamente los designios superiores, más allá incluido, en realidad, para no mandarlos al paseo de la basura, allí en el barrio de la inmundicia, oremus, y luego mi querido Stephen me contaría cómo le llevaron toda la infancia detrás de un padrenuestro y a través de un avemaría, y cómo le encerraron en el mantra idiotizante de un credoquecreeendioscreador, mandamientos por aquí, pecados capitales por allá, retiros, ejercicios espirituales, ignaciojavier javierignacio. Stephen, mi amado hijo putativo, no vuelvas, ni a Irlanda ni aquí, quédate en la gala plácida y piérdete en pos de la creación, eres artista y necesitas de ese exceso de voluntad orática que te permita ahogarte en tu propio vómito visionario, digerirlo y devolverlo en forma de novela que luego ha de ser deglutida por un lector que se intelectualiza en la medida que se despersonaliza. Poesía antropófaga. Novela carnívora y salvaje.

Lo recuerdo.

Me acuerdo.

Lo rememoro.

Stephen en París me sigue dando la lata aquí en Madrid. Él es mi fantasma. Cómo era aquella teoría boscosa que pergeñaste sobre William y su hijo, el nacido de entre las piernas de Ana y el parido de entre las plumas del teatrador teatrero teatrante Shakespeare. Padre e hijo que son sin ser porque no fueron más que productos de la literatura, el uno y el otro, el dios creador y el hijo sacrificado, todo literatura. Sigo en tus hipótesis: Segunda cama de la Hathaway que era habitada por el segundo hermano de Guillermo. Infidelidad, vuelves una y otra vez hasta mí. Complejidades de la vida que atentan contra el mundo. Stephen tú no eres el hijo atribulado nacido de su mente todopoderosa y desplegada en forma de Hamlet-asesino de profesores de inglés para niños no-ingleses ─porque todo Hamlet que se precie lleva algo de asesino consigo, ¿llevamos todos algo de asesino que no nos atrevemos a reconocer?─, sería bueno que Ofelia no se hubiera mostrado tan mística, sabríamos algo más, monja de las aguas y sor de los charcos, allí tendida como la pintó John Everett Millais, flores y agua, flotando sobre la muerte o navegando por encima de ella, sin barca y sin óbolo, Caronte al paro. Oh, bardo inmortal, nacido de una vagina mortal, por qué te empeñas en no dejarme en paz, ¿acaso quieres que rocíe veneno en la oreja de Almaviva y automáticamente se convierta en tu padre más Claudio que un ciruelo?, yo lo prefiero, descansaría, así te tendrías que presentar ante él como reo de tus culpas, juzgado y condenado por mano que no es de hombre sino por un juez que es algo más que todo eso y que está por encima de los demás, crucifijo antes que código, fanatismo antes que interpretación, prejuicio antes que mente abierta, ¡Justicia que penas tus penas por entre la realidad!, ¡Iustitia pisoteada y profanada!, ¡Justicia sin venda y sin balanza!, en esta España que es de pandereta y de mantilla no están los tiempos para esperar justicia, líbrate del mal como si oraras aún, como si lo hicieras antes de masturbarte en tu cama de blanca sábana e impoluto semen. Escribe, hijo mío, que nunca lo fuiste. No descanses porque el descanso es concesión gratuita a la muerte. Cuenta, si te parece bien, la vida apretada en dieciocho horas de un judío que únicamente trató de ser bondadoso en la misma medida que se perdió en las ganas de amar, ahora puedo decírtelo, porque descubrió que Amor es palabra para perderse sin medida.

Siguió andando.

Tropezó.

Se cayó.

Volvieron a reírse de él.

Se levantó. Miró hacia el mundo que es una forma tan válida como otra cualquiera de intentar verse reflejado en él. Quiso llorar. No lo hizo. Quedaban muy pocas lágrimas en su lagrimal. Se sacudió la ropa. La gente se fue marchando detrás de sus inquisidores comentarios. Son españoles, yo no lo soy, no quiero serlo. Juran banderas por lo civil y tienen santos por lo militar. Adoradores de la violencia y de la muerte. Irracionales como un devocionario católico apostólico y romano. Pensó en sus posibilidades. Necesitaba, necesitamos de la gente, de los nuestros, de los iguales en la diversidad y en la discrepancia. Dónde ir, dónde marchar. Siempre son cuatro las direcciones: norte, este, oeste y sur. Una calle le llamaba, otra le rechazaba, un callejón le excitaba, una avenida le cegaba. Tiempos de Claudio, Polonio y Gertrudis. Adiós Yorick, “el destino me llama”.

¿Cuándo se pierde el sentido de la realidad?

¿Cuándo los fantasmas están más vivos que aquello que te rodea?

¿Cuándo?

Simples desvaríos. La ingesta de una porción de extremidad porcina entregada durante dieciocho meses al clima de Teruel y a la sal acabaría con todo extravío.

 

Vale

 

 

(Crónica de la sesión Joyce-Ulises correspondiente al jueves 9 de marzo de 2017.)